El Camaleón Detective | Brawl Stars

Summary

Tras varias desapariciones de Brawlers en Retropolis, el detective Gray se pondrá manos a la obra para buscar su paradero. Leon, el protagonista de esta historia, intentará encontrar a su padre Bo pasando un sin fin de odiseas acompañado de sus amigos, y Piper estará en constante búsqueda para encontrar a los criminales que asesinaron a su pareja. Los Fanarts presentados en este Fanfic no me pertenecen, créditos a sus respectivos autores. Historia creada por: YisusCrownTM & MJT_Trejo Portada hecha por: AilatanB8 (Rose)

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Últimamente, Retropolis se ha visto marcada por una serie de desapariciones inexplicables. Cada noche, en los barrios más oscuros de la ciudad, las personas desaparecen sin dejar rastro, como si la tierra se las hubiera tragado. Y en otros casos, los cuerpos aparecen, pero sus muertes son un enigma.


El Coronel Ruffs, al mando de la policía, ha emitido una advertencia clara: este año, el festival Brawl-O-Ween está prohibido. En las noticias, pidió a los ciudadanos que se mantuvieran alejados de las celebraciones, alertándolos de lo que podría suceder. Sin embargo, muchos ignoraron su llamado, para no romper la tradición de las festividades.


Incluyéndome a mí, esa noche...


31 de Octubre, Noche de Brawl-o-Ween.

10:00PM


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La noche de Brawl-O-Ween era una de las fechas más esperadas del año en Retropolis. Padres e hijos llenaban las calles con risas y algarabía, recorriendo puerta tras puerta en busca de dulces. Los disfraces coloridos y la música festiva convertían la ciudad en un escenario vibrante y lleno de vida. 


Entre la multitud, destacaba una joven pareja que se dirigía a una fiesta de disfraces. Piper lucía un llamativo atuendo de catrina, mientras Rico, vestido de gallina, no dejaba de arrancarle risas con sus ocurrencias. La atmósfera era perfecta, hasta que un desvío los llevó por una calle desconocida, donde el bullicio de la celebración empezó a desvanecerse. 


Piper: ¿Estás seguro de que es por aquí, Rico? —preguntó intentando captar alguna música en la distancia—. No oigo nada... 


Rico: Estoy seguro de que Mortis anotó bien la dirección… —Dijo sacando un papel arrugado del bolsillo.— Oh, ya veo. Nos pasamos varias calles


Piper: ¡Ay, Rico! —Hizo un puchero, recostándose en su hombro—. Estoy cansada de tanto caminar


Rico: Ánimo, cariño. No quiero que lleguemos tarde. 


Sin embargo, antes de que pudieran continuar, una furgoneta salió de entre las sombras, bloqueándoles el paso. Las luces cegadoras los paralizaron por un instante. De la cabina emergió un cuervo blanco con un parche en el ojo, cuya risa maquiavélica rompió el silencio. 


—¿Les doy un aventón? —preguntó con un tono burlón que helaba la sangre. 


Rico sintió el peligro en el aire. Sin dudarlo, tomó la mano de Piper. 


Rico: ¡Corre, Piper! ¡Vámonos de aquí! 


La pareja echó a correr, pero sus pasos los llevaron a un callejón estrecho donde una figura sombría les bloqueó el paso. Una joven con una máscara de hockey y un bate de béisbol los esperaba. Sin previo aviso, la chica atacó, dejando a Piper inconsciente de un golpe. 


Rico: ¡PIPER! —El grito desesperado de Rico resonó en la oscuridad. 


Impulsado por la ira, Rico logró arrebatar el bate a la atacante y se lanzó contra ella. La lucha fue breve pero intensa. En un descuido, la joven golpeó a Rico en la cabeza con una fuerza brutal, desprendiendo su ojo robótico, que cayó al suelo con un chasquido metálico. 


—¡Idiota! —gritó el cuervo al bajar de la furgoneta—. ¡Te dije que lo quería en una sola pieza!


—¡Cállate y ayúdame a subirlo! —respondió la joven, arrastrando a Rico hacia el vehículo. 


Mientras se llevaban a su novio, Piper apenas podía mantenerse consciente. Desde el suelo, vio el ojo destrozado de Rico, y una lágrima silenciosa rodó por su mejilla antes de que la oscuridad la envolviera. 


Han pasado tres días desde aquella noche. Piper, atormentada por los recuerdos, se refugiaba en casa junto a su amiga Tara, intentando calmar sus nervios con una taza de té. El sonido del teléfono interrumpió el silencio. 


Piper: ¿Hola? —respondió Piper, su voz temblando. 


Ruffs: Señorita Piper, tengo noticias sobre su pareja. Lo hemos encontrado. —La voz del Coronel Ruffs sonó grave, pero contenida—. Por favor, venga a mi oficina de inmediato


Piper colgó, con el corazón acelerado. Acompañada por Tara, llegó a la comisaría con la esperanza de reencontrarse con Rico. Al llegar al lugar acordado, ambos se sentaron en la oficina a esperar la llegada del Coronel Ruffs para que les informe sobre el estado de Rico. Piper no podía evitar sentir una gran ansiedad por volver a ver a Rico, lo extrañaba tanto que deseaba no volver a separarse de él nunca más.


Cuando el Coronel Ruffs entró en la oficina con un paquete en las manos, Piper se levantó de inmediato, sus ojos llenos de angustia.


Piper: ¡Coronel! ¿Dónde está Rico? ¿Está a salvó? ¿Se encuentra bien? —preguntó con urgencia, su voz temblando.


Ruffs evitó mirarla directamente mientras se dirigía al escritorio. Colocó la caja sobre él con cautela, creando una atmósfera de tensión. buscar las palabras correctas, pero no las encontré. Finalmente, sacó un puñado de fotografías y se las tendió a Piper.


Ruffs: No sé cómo decirle esto... Tal vez debería ver esto primero. —Su voz era grave y su rostro reflejaba preocupación.


Piper tomó las fotografías con manos temblorosas. Apenas al primer vistazo, un nudo se forma en su garganta. Las imágenes mostraban a Rico completamente desmantelado, sus piezas dispersas y abandonadas en un basurero como si no valieran nada. Su cuerpo metálico, ahora destrozado, era una sombra de lo que una vez fue.


La tristeza y el horror la invadieron al mismo tiempo. Las fotografías se le cayeron de las manos mientras sus lágrimas empezaban a brotar sin control. Un grito ahogado salió de su pecho, y cayó de rodillas, derrotada.


Tara: Piper, tranquila... estoy aquí —dijo con suavidad, intentando consolarla.


Sin embargo, Piper consumida por el dolor, dejó que este se transformara en ira. Se levantó del suelo con los ojos enrojecidos y la respiración entrecortada. Caminó hacia el escritorio del Coronel Ruffs y, sin previo aviso, golpeó la mesa con fuerza.


Piper: ¡Yo juro... juro que los voy a encontrar! —dijo con la voz quebrada, pero cargada de determinación—. No me importa cuánto me cueste, Coronel, los encontraré y haré justicia por mi cuenta. ¿Me ha entendido?


El Coronel la observó en silencio, incapaz de responder. La pasión y el dolor en las palabras de Piper eran un recordatorio de su propio fracaso. Sin añadir nada, Piper giró sobre sus talones y salió de la oficina, llevándose a Tara consigo. La puerta se cerró de golpe, haciendo eco en el silencio opresivo de la habitación.


Ruffs se quedó allí, inmóvil por un momento, con el peso de la impotencia aplastándolo. Se llevó las manos al rostro, frotándoselo con frustración. Las desapariciones estaban fuera de control, y cada día que pasaba solo aumentaba la lista de víctimas.


Sabía que necesitaba ayuda, alguien capaz de enfrentarse a una situación tan oscura. Con un suspiro resignado, abrió un cajón de su escritorio y sacó una tarjeta. El nombre y número del Detective Grey estaban impresos en ella, una opción que había evitado hasta ahora. Sin más alternativas, levantó el teléfono y marcó.




Había jurado dejar esa vida atrás. Un juramento que, hasta ahora, había cumplido con esfuerzo, eligiendo una existencia tranquila junto a su amado. Pero todo cambió. La promesa se rompió, y con ella, la paz que tanto había anhelado. Ahora, estaba lista para regresar, para cazar a quienes le habían arrebatado todo. 


En el centro de la repostería de Piper, los restos del suelo de azulejos se esparcían en mil pedazos. Con un mazo en la mano, había creado un agujero profundo, desenterrando un baúl que durante años se prometió no abrir. Ese baúl simbolizaba un pasado que enterró para buscar armonía, un pasado que ahora resurgía con la fuerza de una tormenta. 


Minutos después, salió del baño con su cabello teñido de un vibrante color naranja, un contraste llamativo con el lazo negro y amarillo que adornaba la parte superior de su cabeza. En su dormitorio, frente al espejo, ajustó el vestido negro ceñido que abrazaba su figura, con un diseño que revelaba una de sus piernas y detalles amarillos en forma de mariposa. 


Con movimientos calculados, aplicó un labial rojo intenso en sus labios, el toque final para su transformación. En sus ojos brillaba una mezcla de determinación y peligro. 


Piper Mariposa había renacido. 

Y esta vez, estaba lista para la cacería.