Danyre: Royal Blue

Summary

En un reino donde los matrimonios se deciden más por estrategia que por amor, Louis, un alfa italiano que creció entre las playas y el arte de Milán, es llevado lejos de su hogar para cumplir un destino que nunca quiso: casarse con el príncipe Harry, el misterioso heredero de Inglaterra. O, "La Reina Charlotte" AU. ✦ abo dynamics omega harry/alfa louis arranged marriage

Genre
Romance/Drama
Author
kam
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

Louis estaba inmóvil, completamente inmóvil mientras el hombre seguía dando vueltas a su alrededor, mirando cada centímetro de su cuerpo con crítica y mucho desprecio, palpable odio en su mirada aunque pretendía ser una amable. Cada vez que los ojos del omega se posaban en él, Louis sentía el peso de un odio latente, como si el simple hecho de estar allí fuese una ofensa personal.

—¿Dientes? —Louis lo miró con confusión, sin comprender inmediatamente lo que se le pedía. Sin embargo, un leve gesto de su hermana, que se encontraba al borde de la habitación, le hizo recordar su entrenamiento. Louis separó los labios y mostró sus dientes en una sonrisa vacía, revelando una dentadura perfecta. Los colmillos blancos y afilados se asomaron, un recordatorio de su naturaleza alfa, un atributo que en otro contexto podría ser motivo de orgullo, pero que ahí se sentía como una carga. El omega asintió con la cabeza, apenas satisfecho, y Louis cerró la boca de nuevo.

—¿Manos?

El omega pequeño siguió dando vueltas en círculos sobre su cuerpo, inspeccionando y juzgando con una mirada más relajada esta vez, pensando en lo bueno que llegaría a ser el alfa para su hijo. Sus ojos eran afilados, tomando nota de cada detalle, cada imperfección, cada posible debilidad. Finalmente, sus dedos finos y fríos rozaron las manos de Louis, inspeccionando la piel, buscando marcas. Louis sabía que el omega estaba evaluando su capacidad de trabajo, de sostener, de proteger.

—Tienes buenos hombros, anchos —el rey palpó sus hombros por encima de su vestimenta—, sostendrás a todos los cachorros. Eso es bueno. Ese es tu deber. Sostener y cuidar de los cachorros del príncipe, cuantos sea posible.

El eco de las palabras resonó en la mente de Louis, recordándole que su vida se resumía en esa misión impuesta. No era un alfa para sí mismo, sino una herramienta para asegurar la descendencia real. Louis tragó saliva, manteniendo su expresión impasible mientras asentía ligeramente.

—Sí, Alteza.

El omega por fin sonrió, una sonrisa pequeña pero que parecía ser honesta. Louis apenas le devolvió la sonrisa, pero ese gesto desapareció cuando un médico —con el que había tenido contacto antes de llegar a la sala de té— entró en la habitación con sus enfermeras detrás de él.

A Louis no le agradaba, había tocado partes de su cuerpo por las que ni él mismo había pasado sus manos. Lo había visto con una fina túnica de tela transparentosa y había medido todo su cuerpo de manera incómoda. Su hermana no había estado en la sala del médico y Louis había estado demasiado nervioso y tenso para dejar al beta hacer su trabajo.

—Su Alteza, por fin hemos podido tener los datos que nos pidió anteriormente a esta reunión, ¿gusta que le sean entregados privadamente o es un momento justo?

—Adelante. Aquí ya hemos terminado, hablaremos en mi sala de té —el omega pareció emocionarse, aplaudiendo con manos enguantadas de finos guantes de seda blanca—. Frederick, lleva a Louis con el sastre para que pueda ajustar su traje de boda.

El médico, un beta de mediana estatura con el cabello canoso y una expresión reservada, hizo una pequeña inclinación y se dirigió al rey.

Frederick dio unos pasos hasta Louis y el alfa se inclinó para despedirse de los diplomáticos y el rey mismo para salir de la sala. Su hermana ya estaba a su lado y ambos salieron de la sala en la que los habían recibido apenas llegaron.

Al pasar por la puerta, Louis lanzó una última mirada a la sala, donde el médico estaba ya preparando los documentos y el rey parecía prepararse para la conversación. Aunque no pudo escuchar los detalles, la presencia del médico significaba que la evaluación estaba a punto de ser revelada.

—¿De qué datos habla? —Louis caminó al frente de los tres y se detuvo no mucho después de la salida de la sala. Tenía una mirada llena de confusión, sus labios ya estaban agrietados por haberlos mordido todo el camino y su olor estaba saliendo a pesar de los aceites que le pusieron por todo el cuerpo.

Su hermana, Marianna, le dirigió una mirada preocupada, sus ojos reflejaban la misma confusión y preocupación que sentía Louis. Ella se adelantó, colocando una mano firme y tranquilizadora sobre el brazo de su hermano.

—Louis, calma —le susurró, su voz suave tratando de atenuar el evidente nerviosismo del alfa—. Estoy segura de que no es nada grave. Probablemente sólo son los resultados de los exámenes que te hicieron antes de llegar aquí.

Frederick, que había estado caminando unos pasos detrás de ellos, se detuvo también y se volvió hacia Louis. Su expresión era neutral, como si la conversación que acababa de escuchar no le hubiese afectado en lo absoluto.

—Su Alteza, el médico simplemente debe estar confirmando su buen estado de salud y su aptitud para... —Frederick hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—... cumplir con las responsabilidades que se esperan de usted en su unión con el príncipe Harry.

Louis apretó los puños a los costados, su mente estaba inundada de preguntas. Se había sometido a todas las evaluaciones y exámenes sin protestar, había sido examinado y medido como si fuera un mero objeto, un simple medio para un fin. Y, sin embargo, escuchar que su vida y su futuro estaban siendo discutidos en ese momento, sin él presente, como si su opinión no importara, le hacía hervir la sangre.

—¿Y si no estoy de acuerdo con esas responsabilidades? —Preguntó Louis, más para sí mismo que para los otros dos. Su voz era un susurro bajo, lleno de frustración contenida. Sabía que la respuesta era evidente; desde el momento en que había sido elegido para este papel, sus deseos y necesidades habían sido relegados a un segundo plano.

Marianna apretó su brazo con más fuerza, llevándolo a moverse de nuevo, consciente de que quedarse allí no ayudaría a su situación.

—Vamos, Louis —Le instó—. Cuanto más pronto terminemos con los preparativos, más rápido podrás tener un momento para ti mismo. Necesitas descansar antes de la ceremonia.

Louis asintió lentamente, obligándose a dar un paso adelante. Pero su mente seguía en la sala de atrás, donde el rey y el médico discutían su destino sin él. Frederick abrió una puerta hacia un corredor más pequeño, lejos de las miradas curiosas de los sirvientes y diplomáticos que deambulaban por los pasillos principales del palacio.

—Es por el bien de todos, Su Alteza —Comentó Frederick con voz neutra mientras caminaban.

Las palabras de Frederick, aunque bien intencionadas, hicieron que Louis sintiera un nudo en la garganta. No quería ser recordado como un alfa que cumplió su deber estando atado a un omega despiadado que sólo lo utilizó para tener cachorros, descendientes que milagrosamente podrían resultar todos omegas para que la realeza estuviera contenta con él.

Las pinturas de los anteriores reyes en el pasillo principal parecían mirar a Louis con más desprecio que el rey vivo. Quizá sólo estaba paranoico, todo estaba sucediendo demasiado rápido y el alfa no podía procesar correctamente todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Jamás había visto al príncipe Harry, había escuchado de él por todos en su país y sobre su asombrosa presentación como omega. Había visto las pinturas del omega de impresionantes ojos verdes en el siguiente pasillo y siguió caminando a donde Frederick los guiaba, no estaba muy seguro de querer casarse con él.

Sabía que el príncipe era mayor que él, simplemente no sabía por cuántos años y eso también lo estaba preocupando más de lo que debería. Marianna le había dicho que seguramente no era demasiado, que ambos podrían llevarse bien y no sólo comportarse como un matrimonio arreglado, tenía que amarlo y todo sería más fácil para él.

Pero Louis había leído demasiados libros de romance para hacerle caso a su hermana. Él quería toparse con alguien en la calle, recoger un guante arrastrado por el viento y ver a la persona que le pertenecía, conocerla y enamorarse del omega de manera natural. Su alfa se vio obligado a olvidar sus deseos y acoplarse a lo que su familia había decidido que era lo mejor para él.

Finalmente, llegaron a una sala más pequeña, donde un sastre esperaba con un traje de boda en las manos. Louis entró en la habitación, dejándose guiar una vez más. Mientras el sastre comenzaba a ajustar las medidas, el alfa dejó que sus pensamientos se deslizaran hacia el rostro del príncipe Harry, tal como aparecía en la pintura. Intentó imaginar cómo sería verlo en persona, cómo sería escuchar su voz, sentir su presencia a su lado.

El traje era de color claro, pulcro sin marcas ni cortes mal hechos. El pantalón le quedaba apenas ajustado en las piernas y el saco tenía una cola larga que terminaba en forma de medio círculo, era tan larga como la alfombra que rodeaba hasta un espejo y Louis temía pisarla cuando caminara por la ceremonia.

La camisa blanca era suave contra su piel, los primeros cuatro botones quedaron libres y la camisa se abrió hasta la parte superior de su estómago. Tenía la piel bronceada, no había músculos muy marcados y algo de vello que el médico no le quitó cubría entre sus pectorales con algo de elegancia.

La primera vez que Louis se vio en el espejo quedó sin palabras, su cabeza daba vueltas y sus ojos estaban demasiado abiertos mientras admiraba su imagen reflejada. Se pasó las yemas de los dedos por las mangas forradas cuidadosamente de encaje y sus dedos temblaron al sentir la textura cara. Le ajustaron los pantalones y no quiso demostrar su incomodidad cuando la costura mostraba su entrepierna sin mucha discreción.

Podía ver lágrimas en los ojos de su hermana, no sabía cómo debía reaccionar ante ello y simplemente sonrió con labios apretados cuando Frederick lo felicitó por su apariencia. La situación le parecía absurda, días antes estaba paseando por las playas italianas de su hogar y todo había girado para tenerlo ahí, vestido con las ropas más finas, presentado como el alfa ideal, con cada detalle de su ser expuesto, vulnerable ante los ojos de todos.

El idioma del reino todavía se enredaba un poco en la lengua de Louis, no había practicado mucho con su institutriz en su hogar y ella tampoco le había enseñado la manera correcta de pronunciar algunas palabras pero había leído demasiado y quizá hablar él solo en su habitación había sido más beneficioso para él.

Louis se giró hacia Frederick, aunque no muy listo para seguir. El beta asintió, reconociendo la señal, y se dirigió a la puerta, abriéndola para que Louis y Marianna pudieran salir. Mientras atravesaba el umbral, Louis echó un último vistazo al espejo, grabando la imagen de sí mismo en su mente. Esta era la última vez que se vería a sí mismo como un hombre libre, aunque fuera solo en apariencia. Después, su vida estaría ligada a la del príncipe Harry, su destino sellado por un lazo que no había pedido.

Louis se enderezó, ajustando las mangas del saco. Aunque su corazón estuviera lleno de dudas y miedos, no permitiría que nadie los viera. Caminó con la cabeza alta y la mirada en el piso, siguiendo a Frederick por el pasillo.

El sonido de los pasos de Louis y los tacones bajos de sus zapatos resonaban en los pasillos del palacio mientras avanzaba hacia el próximo destino que le había sido asignado. Frederick caminaba unos pasos por delante, guiándolos por corredores estrechos y pasadizos que parecían laberintos. Las paredes estaban adornadas con tapices antiguos y cuadros que mostraban la historia del reino, una historia de la que él también formaría parte.

Marianna caminaba en silencio a su lado, sus dedos rozando apenas su brazo, como un recordatorio de su presencia. Louis apreciaba el gesto, pero el peso de sus pensamientos hacía que incluso el contacto más ligero se sintiera abrumador. A su alrededor, el palacio bullía con actividad: sirvientes llevando bandejas, diplomáticos susurrando en grupos pequeños, todos ajenos a la tormenta que se desataba dentro de la cabeza de Louis.

Finalmente, Frederick los condujo a una sala de espera amplia y lujosamente decorada, con ventanales que dejaban entrar la luz del sol de la tarde. Las cortinas de terciopelo rojo caían pesadamente a los lados, y una mesa baja en el centro de la sala estaba cubierta con libros encuadernados en cuero y una bandeja de té de plata. Louis se detuvo cerca de una de las ventanas, mirando hacia los jardines exteriores, tratando de encontrar algo de calma en la vista.

Marianna tomó asiento en uno de los sillones de tela gruesa decorada con hilos de oro, su vestido se extendía alrededor de ella en un charco de tela color vino. Observó a su hermano con preocupación, notando la tensión en sus hombros y la rigidez de su postura.

—Louis, ¿estás bien? —preguntó suavemente, rompiendo el silencio que había caído sobre la habitación.

Louis no apartó la mirada de los jardines, pero asintió un par de veces.

—Solo... solo necesito un momento para procesar todo esto —admitió, su voz apenas audible—. Es mucho y está cambiando muy rápido.

La omega se levantó y se acercó a él, colocando una mano reconfortante en su brazo.

—Lo sé, y me gustaría poder hacer más para ayudarte. Pero estás haciendo lo correcto. Esto es lo que nuestra familia necesita, lo que tu futuro necesita.

Las palabras de Marianna eran bien intencionadas, pero no lograban aliviar la carga que Louis sentía en su pecho. Lo correcto. Había soñado con encontrar su camino, con elegir su propio destino, pero parecía que ese sueño estaba siendo eclipsado por las expectativas y los deberes.

—¿Y si no puedo hacerlo? —preguntó de repente, girándose para mirar a su hermana—. ¿Y si no puedo ser lo que todos esperan de mí?

Marianna lo miró con una mezcla de compasión y determinación.

—Eres más fuerte que eso, Louis. Has soportado tanto, y continuarás haciéndolo. Sé que esto no es lo que esperabas, pero confío en que encontrarás la manera de ser feliz. De hacer que esto funcione, por nosotros.

—¿Siquiera es apuesto? ¿Artístico? ¿Amable? ¿Divertido? ¿Por qué nadie me dice nada sobre él?

Louis dirigió su mirada a Frederick, tenía el ceño fruncido y sus ojos buscaban alguna mueva en la cata del beta que pudiera decirle algo. Marianna tenía una sonrisa un tanto divertida y confundida, pero no le dijo nada.

—¿Acaso es feo? Puede ser bello por dentro, aunque la belleza no sea interna. Si es feo tendré que superarlo, seré una buena persona y lo superaré.

Louis no había hablado tanto hasta ese momento y Marianna creía que era una buena señal. Quizá eran los nervios que hablaban por él, pero al menos estaba hablando y no para decir cosas negativas o para negarse una vez más a su destino.

Frederick mantuvo una expresión neutral, pero había un destello de comprensión en sus ojos. Louis estaba buscando cualquier información, cualquier indicio que pudiera aliviar su ansiedad. La incertidumbre era una carga que llevaba desde que llegó al reino, y en ese momento, tan cerca de conocer a su futuro esposo, su necesidad de respuestas era palpable.

—Su Alteza —comenzó Frederick, escogiendo sus palabras con cuidado—, el príncipe Harry es... un hombre que muchos consideran de gran belleza, tanto exterior como interior. Su presencia es amable, y su carácter es conocido por ser considerado y justo. No soy quien para hablar de sus dotes artísticas, pero se dice que tiene un gran aprecio por las artes y que su palacio está adornado con obras de todo tipo.

Louis frunció el ceño, procesando la información. No era mucho, pero era más de lo que había sabido antes.

—Está bien.

—Discutiremos el orden de la ceremonia ahora, Su Alteza.

Frederick hizo un movimiento con la cabeza y uno de los guardias en la puerta abrió la madera para dejar entrar a siete hombres alfas que seguramente harían parte de los alfas de compañía de Louis. Todos llegaron y se reunieron a su alrededor para acomodarle el cabello, el rostro y las manos. Llenaron sus dedos de anillos con piedras preciosas y colocaron aceites en sus muñecas, cuello y nuca.

Ajustaron el cuello de su camisa para que sus clavículas quedaran al descubierto y le pusieron un polvo en la cara que lo hizo estornudar un par de veces. Uno de los alfas le sonrió con suavidad mientras continuaba aplicando el maquillaje, asegurándose de que su piel se viera perfecta, sin imperfecciones. Louis apenas reconocía su propio reflejo en el espejo que no se había dado cuenta que había. Era como si lo hubieran transformado en alguien más, un reflejo de lo que el reino esperaba de él.

Los alfas de compañía murmuraban entre ellos, ajustando detalles aquí y allá, discutiendo sobre qué combinación de anillos y aceites resaltaba más su tono de piel bronceada. Louis sentía como si fuera un muñeco, una figura que estaban decorando para una exhibición, en lugar de un ser humano con pensamientos y sentimientos propios.

Frederick dio un paso adelante, observando el resultado final con una ligera inclinación de cabeza.

—Perfecto —dijo, su tono satisfecho—. Ahora, es esencial que todo se desarrolle sin problemas, y usted, Su Alteza, deberá seguir las instrucciones al pie de la letra. Cada movimiento, cada palabra, ha sido cuidadosamente planeada para asegurar que el evento sea digno de la realeza.

Louis asintió, sabiendo que no tenía otra opción. Los alfas de compañía se hicieron a un lado, permitiéndole moverse. La presión en su pecho era casi insoportable, pero trató de ignorarla. Eso era su deber, su destino. Frederick empezó a detallar la ceremonia, desde su entrada hasta los votos que debía recitar, cada paso meticulosamente cronometrado. Louis escuchaba, asimilando las instrucciones, cada palabra era como una cadena que lo ataba más firmemente.

—Debe ser un honor para ti —comenzó uno de los alfas de compañía—, casarte con el príncipe Harry. Pocos tenían el privilegio de estar entre las opciones.

Louis asintió ligeramente, sus ojos azules brillando con una chispa de ironía. Aunque sus labios apenas se movieron, dejó escapar un comentario afilado.

—Privilegio o no, dudo que alguien haya considerado mi opinión en esta decisión —repitió Louis, su voz apenas un murmullo, como si temiera que al decirlo más fuerte, su miedo se hiciera realidad. El tono sarcástico en su comentario no lograba ocultar completamente el nerviosismo latente.

El alfa que estaba ajustando el dobladillo de su chaqueta tragó saliva, incómodo por la tensión en la habitación. Marianna, desde su posición a un lado, observó a su hermano con preocupación. Sabía lo difícil que era para él adaptarse a un entorno en el que no tenía control.

—Louis —Marianna, intentando aliviar el momento—, sé que te sientes... expuesto, pero todos queremos lo mejor para ti, incluso si ahora no lo parece. Es amable, escuchaste a Frederick decirlo.

Louis giró su cabeza, sus ojos penetrantes se posaron en ella.

—Y si no lo es... ¿Qué haré entonces? —preguntó en voz baja, apenas un susurro. La idea de enfrentarse a un desconocido que podría ser frío o indiferente lo aterraba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Antes de que Marianna pudiera responder, Frederick interrumpió, en un tono diplomático pero firme.

—El matrimonio, Su Alteza, es en gran parte lo que hacemos de él. Puede ser una carga o una bendición, dependiendo de cómo elijamos verlo. El príncipe Harry ha expresado interés en conocerlo. Quizá encuentre en él un amigo más que un simple esposo.

Louis dejó que las palabras de Frederick se asentaran, tomando un momento para procesarlas. Su mirada se suavizó apenas, sus pensamientos regresando a la imagen del príncipe Harry, aquella pintura de ojos verdes y expresión amable. Tal vez había verdad en lo que decían. Si el príncipe realmente deseaba conocerlo, entenderlo, entonces podría haber esperanza para algo más allá de una simple alianza política.

—Quizás tengas razón —admitió finalmente, más para sí mismo que para los demás—. Pero debo verlo con mis propios ojos, no a través de los rumores o las opiniones de otros.

Frederick asintió con una leve inclinación de cabeza, satisfecho con la respuesta de Louis.

—Y lo hará, Su Alteza.

—¿Estos alfas estarán siempre conmigo? —Louis los miró a todos, había sonrisas en sus rostros mientras hablaba sobre el traje que Louis usaba y todos lo miraban con cierta atención.

—Así es, Su Alteza. El rey los escogió a todos justo para usted.

—¿Y si quiero... un momento a solas? —preguntó, sin poder ocultar el rastro de desesperación que se colaba en su voz. No estaba acostumbrado a tanta compañía, a la falta de privacidad. Las playas de Italia parecían ahora un sueño lejano.

Frederick esbozó una sonrisa tranquilizadora.

—Siempre habrá alguien cerca, Su Alteza, para su protección. Pero sus deseos serán respetados en la medida de lo posible. Si necesita un momento de privacidad, se hará todo lo necesario para garantizarlo.

—Bien —Louis se relamió los labios y se mordió el inferior. Dudaba un poco sobre si lo dejarían en ese momento. Podría salir por la puerta que no tenía guardias y esperar encontrar una salida a los jardines; había visto una pared llena de enredaderas que podría serle útil para escapar—. ¿Y si quiero usar el baño ahora?

—Oh —Frederick se movió nervioso y todos los alfas dejaron de ajustar detalles invisibles en su traje—, retírense. Denle privacidad a Su Alteza.

Frederick dirigió un asentimiento a Louis y todos los alfas salieron con una reverencia, incluyendo a los guardias y a su hermana. Todos salieron de la habitación y lo dejaron sumido en el silencio que tanto había esperado desde que llegó al palacio.

Giró la cabeza a los lados para confirmar que no había nadie más en la sala y se acercó a la puerta principal, podía oler a todos fuera de la madera y empezó a ejecutar su apresurado plan.

Salió de la habitación, cerrando la puerta más lejana a la otra con cuidado para no hacer ruido. Se desplazó por el corredor, manteniéndose cerca de las paredes y evitando las zonas más iluminadas. Cada vez que escuchaba un sonido, se detenía y se escondía detrás de un pilar o una esquina, con la respiración contenida.

Sus pasos eran rápidos y cautelosos, no quería que alguien advirtiera al rey sobre su escape recién planeado y que lo enviaran de regreso a Milán con una mala reputación por no saber enfrentar sus problemas. No se detuvo ni un segundo, siguió caminando y quizá se perdió un poco entre tantos pasillos, pero llegó a la entrada de los jardines.

Eran grandes, verdes y bien cuidados. Había muchos arbustos con flores entre las ramas y grandes árboles que cubrían la luz del sol. Unas cuantas bancas con formas elegantes junto a una fuente fue lo primero que encontró cuando empezó a caminar para perderse de la vista desde las ventanas más altas.

Había cuatro arcos llenos de flores de colores lindísimos a los lados de la fuente, no se veía lo que escondían detrás y parecían ser la entrada a un laberinto de altos y cuadrados arbustos. Louis escogió uno al azar y los zapatos le empezaron a lastimar mientras caminaba por los pisos de piedras pequeñas.

No recordaba que fueran tan grandes mientras admiraba y analizaba los terrenos del jardín desde la ventana antes, pero llegó a la pared de enredaderas que se veía mucho más alta estando cerca. Probó subir por las ramas resistentes y su mano se rasgó con las espinas de una rosa que estaba incrustada de manera ridícula.

Trató otras partes de la pared, pero sería demasiado incómodo subir tantos metros en la pared y dudaba mucho que nadie lo viera. Caminó un par de veces en círculo y se pasó la mano por el cabello aunque los alfas se habían encargado de dejarlo pulcro y bien peinado.

No estaba muy preocupado sobre si los demás lo estaban buscando; lo que sí le consternaba era que esas ramas no iban a aguantar su peso y que seguramente el incómodo traje lo tiraría abajo antes de siquiera subir lo suficiente para saltar.

A lo lejos podía escuchar la música del gran salón, las notas suaves y elegantes se filtraban hasta los jardines, recordándole la riqueza del palacio del que intentaba escapar. Louis se pasó una mano nerviosa por el cabello por enésima vez y un suspiro frustrado escapó de sus labios; el sonido de las risas y el murmullo de conversaciones lo hacía sentir aún más atrapado.

Se giró, decidido a buscar otra salida, pero un crujido de ramas llamó su atención. Louis se quedó quieto, de espaldas y todavía agarrando con dedos débiles los tallos, conteniendo la respiración. Miró alrededor, sus ojos escaneando la penumbra del jardín que ahora se veía demasiado grande. El corazón le latía en la garganta, y por un momento, temió que algún guardia lo hubiera seguido.

—Uhm... —escuchó el carraspeo de alguna garganta y no se giró—. ¿Necesita que lo ayuden en algo, mi lord?

La voz era muy ronca, profunda y suave como si se derritiera de la garganta del hombre y saliera en un tono tan dulce. Sus palabras eran lentas, pero no demasiado, Louis cerró los ojos y se imaginó a esa voz hablándole en las mañanas después de despertar o en las noches antes de dormir.

Pero no estaba dispuesto a dejar ir la oportunidad de escapar, tal vez era solo un sirviente que no sabía quién era y que quizá sólo estaba preocupado.

—Estoy muy bien, gracias —Louis se limitó a responder—. Puede ir adentro con los demás curiosos.

—Eso haré... Pero sólo por curiosidad, ¿qué está haciendo?

—Nada.

—Pero... Veo que hace algo —la voz ronca del hombre seguía insistiendo y Louis sólo pudo rodar los ojos y esperar que se fuera.

—Dije que no.

—Así es.

—Claro que no —Louis pudo escalar uno de los tallos más fuertes y subió un poco, no más de unos cuantos centímetros que raramente se sintieron como metros.

—Que sí.

Pero Louis no podía llegar más allá, los zapatos eran demasiado incómodos y sus manos se iban a rasguñar en las palmas si seguía agarrándose a las ramas. Bajó con un salto pequeño y se puso las manos en las caderas, mirando hacia la altura del muro con ojos entrecerrados con el sol. No sabía cómo debía sentirse, estaba ahí y podía escapar, pero ese hombre había llegado a interrumpir su plan casi perfecto.

—Si tanto insiste en saber, estoy tratando de encontrar una manera de trepar por ese muro.

—¿Trepar? ¿Para qué quiere trepar?

—Porque temo que sea una bestia —la voz de Louis salió más segura de lo que había sido en todo el día—. O un troll.

—Y, ¿de quién hablamos?

Louis soltó una risa, llena de sarcasmo. Ni siquiera sabía con quién estaba hablando y hacía preguntas demasiado atrevidas. Sin embargo, cuando acabó su pequeña carcajada y volteó por fin a ver al hombre, vio que estaba vestido con buenas telas y con un traje similar al suyo, sólo que sin la molesta cola ni las mangas de encaje demasiado llamativas.

—Eso no le incumbe —el alfa se giró de nuevo y volvió a pensar en las molestas ramas que no lo dejaban subir—. Pero, el Rey. Nadie quiere decirme nada sobre él. Entonces asumiré que debe ser una bestia o un troll.

—Entiendo.

La voz del hombre estaba más cerca de Louis, podía escucharlo caminar detrás de él. Una rama que parecía estar salida del muro de piedra podría ayudarlo muy bien, si sólo pudiera alcanzarla y encajar ahí para subir mejor.

—Um, una pregunta —Louis volvió a escucharlo hablar—. ¿No le gustan los trolls o las bestias? ¿Su apariencia importa?

—No me importa su apariencia. Lo que no me gusta es no saber. Ahora, si pudiera ayudarme a saltar un poco para tomar ese tallo.

—¿Quiere que lo ayude a escapar? ¿Y qué hará cuando se den cuenta de que no está?

—Me preocuparé después por eso. Vamos, rápido.

El olor a nervios de Louis había empezado a escapar de los aceites, seguramente todo lo que le habían puesto había sido absorbido y en su lugar el sudor que apenas estaba generando iba a sustituir las esencias. Volvió a ponerse las manos en las caderas, el sol estaba demasiado alto y no podía mantener la mirada hacia arriba por más tiempo. Tenía que ser rápido y ese hombre lo estaba distrayendo demasiado.

—En realidad, no tengo intención de ayudarlo a escapar.

Louis se giró por fin, apretó los labios y sus manos no abandonaron sus caderas.

—Soy unalfa en apuros,¿en realidad no va a ayudar a un alfa en apuros?

—Me rehúso a ayudar si ese alfa en apuros trata de escapar saltando un muro para no casarse conmigo —el hombre ladeó la cabeza y miró el muro detrás de Louis, sus cejas se habían fruncido un poco y sus manos se juntaron al frente de su vientre.

Louis pudo ver entonces todos los anillos que decoraban sus dedos y el fuerte aroma a omega que no pudo detectar antes. El hombre tenía los ojos verdes más lindos que no había visto jamás, unos hoyuelos hundieron la piel suave de las mejillas del omega cuando le sonrió a Louis, causando que el alfa diera unos pasos hacia atrás y soltara los huesos de sus propias caderas.

—Hola, Louis —el omega se acercó hasta que Louis tuvo que bajar la mirada, no podía creer que él estaba ahí, enfrente de él—. Soy Harry.

Louis se miró las manos y sus ojos estaban casi a punto de salirse de sus cuencas. No había notado la apariencia del omega por su interés en las condenadas ramas que seguían siendo inútiles para escapar de los jardines del palacio. Pero cuando lo vio, estaba seguro de que el hombre de impresionante sonrisa era el mismo que había visto en las pinturas de los pasillos cuando Frederick lo llevó con sus alfas de compañía.

—L-lo lamento mucho. Su Majestad.

El alfa fue detenido a mitad de hacer una reverencia por las manos de Harry en su muñeca; su toque era tan suave en su piel que contuvo unos segundos el aliento por la sorpresa.

—No. “Su Majestad” no, sólo Harry —el omega entrelazó sus dedos con los de Louis, ambos temblorosos por el primer contacto que estaban teniendo. Harry se apresuró a explicarse ante la mirada demasiado confundida del alfa sobre él—. Digo, sí soy Su Majestad, pero prefiero que tú me llames por mi nombre.

—Por favor, acepte mis disculpas —Louis bajó la voz, casi avergonzado—. De haber sabido que era usted...

—¿Qué hubieras hecho? ¿No me habrías dicho que querías escapar?

—Pues sí, pero —sin embargo, Louis no habló más. Su frase quedó incompleta al escuchar la suave risa que el omega estaba soltando de sus labios, era casi más aguda que su voz y estaba casi seguro de que jamás había escuchado a nadie más reírse con tanta espontaneidad y delicadeza como Harry—. Lo siento de verdad, Su Majestad.

—Solo Harry, ¿sí? Parece que el asunto de que sea Rey nos supera; resulta que nacer así fue un accidente —Harry soltó el agarre en sus manos y Louis sintió como si hubiera perdido el brazo completo. El omega se acercó a con las manos entrelazadas detrás de la espalda y su sonrisa sólo creció, a pesar de la confusión escrita en la cara de Louis—, pero pensé, que como mi esposo, podrías ignorar el asunto y tratarme por mi nombre. Eso, claro, antes de saber que no quieres casarte conmigo.

—Yo nunca dije eso —Louis se tambaleó para atrás y sus cejas se fruncieron un poco más; claro que estaba muy inseguro sobre casarse tan pronto, pero jamás dijo que no quería—. Ni siquiera lo conozco.

—Yo tampoco te conozco —Harry se mordió el labio, una sonrisa de costado se deslizó—. Aunque veo que eres terrible para trepar muros.

—Intente trepar un muro con todas estas ropas —Louis tomó la cola de su saco y la levantó—. Esto sí que es terrible, apenas puedo caminar sin que se atasque en algún lado.

Harry seguía viéndolo con un aire de adoración, como si no tuviera a todos los pretendientes de todo el mundo a sus pies rogándole que eligiera uno, pero había elegido a Louis y eso estaba despertando algo de orgullo en el pecho del alfa. El omega tomó una respiración profunda, el olor de Louis estaba picándole la nariz y de repente quería encajar su nariz en el cuello del ojizarco y quedarse a vivir ahí.

Pero se contuvo.

Siguió observando a Louis; sus ojos azules eran tan profundos que le recordaban al cielo despejado en las mañanas, tenía unos pómulos demasiado marcados y sus mejillas se hundían cada que hablaba, hacía gestos con las manos y parecía tener más venas que una persona promedio. Jamás había estado cerca de un alfa con un olor tan incomparable y adictivo, Harry apenas podía olerlo y ya estaba bastante dispuesto a tenerlo en su piel tanto como pudiera.

—¿Sucede algo? —La voz de Louis lo sacó de su ensoñación, seguía viéndose igual de confundido.

—Eres... No dijeron que serías tan hermoso, quizá demasiado para mí. Nos van a criticar, ya que soy un troll.

—Su Majestad...

—Solo Harry, por favor.

—Harry —escuchar su nombre de los labios de Louis fue demasiado abrumador. Un escalofrío recorrió su piel y trató de disimular el efecto que tuvo sobre él con una sacudida de hombros.

—Dime, ¿qué quieres saber? No me conoces, dime qué es lo que quieres saber sobre mí.

—Eso es algo, eh... Uh, yo no... —las palabras no podían salir de los labios de Louis, había esperado tanto conocer a quien sería su omega y no estaba muy seguro de querer esa primera vez ocurriendo de esa manera. Harry sólo sonrió de nuevo, parecía que no le dolían las mejillas por haber sonreído tanto tiempo—. Uhm, todo.

—¿Todo? Vaya, veamos... Bueno, nací antes y todos pensaron que iba a morir, pero no. Soy bueno escribiendo y disparando con arco. No me gusta comer cordero, pero no le digas a los cocineros porque les toma mucho tiempo; no como pollo, es horrible. Adoro leer, sobre todo, pero tengo un gusto particular hacia la botánica. Y también escribo, mucho a decir verdad, creo que es algo de lo que no puedo escapar. Adoro el arte y las letras por igual, también las buenas conversaciones aunque el silencio cómodo también es aceptable. Soy un buen florista, me gustaría serlo si no fuera, ya sabes.

Una sonrisa por fin se extendió en los labios de Louis por primera vez en el día, una real después de todo. La voz del omega se estaba convirtiendo en su sonido favorito aun cuando era de las primeras veces que lo escuchaba. Escuchar al omega hablar tan animadamente sobre las cosas que le gustaban lo hacían ver más normal, quizá Louis estaba siendo muy dramático al pensar que Harry no tendría sentimientos por el simple hecho de que era de la realeza.

—Tengo demasiadas cicatrices para ser alguien decente, lo cierto es que soy muy torpe y no me gusta salir mucho —Harry continuó—. Y estoy muy nervioso por casarme con alguien a quien acabo de conocer justo antes de la boda. Pero, creo que no voy a escapar. Soy el siguiente rey de Gran Bretaña e Irlanda y sería ciertamente escandaloso.

Louis asintió, su sonrisa no vaciló y bajó la mirada otra vez cuando Harry lo miró a los ojos en su silencio.

—Pero, te prometo que no soy un troll ni una bestia.

—Fratellino. Te hemos buscado por todos lados, ¿dónde has estado? —La voz de Marianna gritando en el jardín interrumpió lo que fuera que ambos estaban creando. La omega estaba tan molesta que Louis dio unos pasos hacia atrás cuando la vio—. Oh, oh. Su... Su Majestad.

Marianna hizo una reverencia y abrió los labios en sorpresa cuando Harry le extendió una mano, tratando de saludarla.

—Supongo que eres la responsable de mi posible dicha futura.

—Sí, eh. Me disculpo. Sí.

—Bueno, llegó en un momento oportuno —Harry le tomó la mano y besó la mejilla de Marianna antes de extender su toque hasta el antebrazo de la omega—. Louis estaba a punto de decidir si quería o no casarse conmigo.

—Ah, er. Bueno, Louis se siente deleitado de poder-

—No —Harry lo detuvo, alzando las cejas y juntando las manos de nuevo detrás de la espalda baja—, él aún no decide. La idea de saltar el muro todavía lo tienta. De igual modo, la decisión es sólo suya.

Louis sintió la mirada de los dos omegas encima de él, dio unos pasos atrás y se aclaró la garganta cuando Harry lo miró con ojos brillantes y su hermana con ojos expectantes, como todos lo habían visto en el palacio.

Harry abandonó el lugar que había tomado al lado de Marianna y se acercó lentamente a Louis, como si supiera que cualquier movimiento brusco podría hacer que el alfa volviera a pensar en huir. Tomó ambas manos del alfa en las suyas, suave en su tacto como lo había sido durante todo su encuentro, y le sonrió con hoyuelos a la vista.

—Ahora debo volver, creo que hay guardias muy ansiosos que sospechan que fui secuestrado —se excusó y beso la mano derecha del alfa—. Louis, espero verte dentro. Y si decides que sí, estaré esperando al lado del arzobispo de Canterbury.

Harry soltó las manos del alfa y asintió con la cabeza en dirección a Marianna, despidiéndose de ambos por el momento. Su espalda apenas se movía por la rigidez y lo derecho de su espalda en su andar, sus pasos no eran muy lentos y pronto el alfa de Louis se quejó en su pecho por tener al omega cerca. Louis suspiró con una exhalación ruidosa y vio a su hermana acercarse a él, estaba tensa.

—No me digas que aún tienes dudas, no fue más que amable contigo.

—Bueno, creo que debo cambiarme antes.


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hola!

volví con esta historia que he tenido guardada por un tiempo y ya no pude aguantar las ganas de publicarla! trataré de actualizar cada diez o doce días como máximo para no atrasarme tanto.

espero que les guste mucho y comenten todo lo que les guste! besos, muak muak