ocean of leaves - kookmin

Summary

"El óceano y el bosque. Hablamos de ellos como dos caras opuestas de una misma moneda y pensar en ellos como uno jamás cruza por nuestras cabezas, pero en el fondo, esta es una idea errónea. Ambos son parte del mismo mundo, y cuando están juntos se complementan, se protegen y se fortalecen entre si a pesar de sus diferencias. No importa como lo pienses o lo que tardes en darte cuenta, donde inicia uno, termina el otro y donde uno vive, también el otro. El óceano es el bosque y el bosque es el óceano y el día donde el fuego y los horrores del mundo los consuman, el recuerdo de su amor quedará plasmado como un óceano de hojas sobre la tierra." Inspirado en la trilogía de Los Juegos del Hambre.

Genre
Scifi/Fantasy
Author
Status
Ongoing
Chapters
30
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1

                               PARTE 1: LOS TRIBUTOS


Cuando me despierto, aprieto los párpados con fuerza, esperando recibir los rayos del sol de golpe, pero eso no sucede. La oscuridad cruza la fina capa de lino que cubre las ventanas. A pesar de tener la opción de dormir un poco más hoy, mi cuerpo que ya está acostumbrado a madrugar, ha decidido que es hora de levantarse.


Aparto la vista de la ventana y la dirijo a mi regazo, encontrándome con la peluda figura de mi mascota, Clío. Una perri

ta que terminó siendo una bola de pelos y la más bonita que he visto alguna vez, con su pelaje rubio y desordenado, ojos color miel y una carita pequeña que a pesar de su edad, la hace ver como una tierna cachorra aunque a dos patas por poco y alcanza mi altura. Estiro mi mano para acariciarla y aunque está durmiendo, se inclina hacia mi palma por más, por lo que continúo hasta que finalmente decido levantarme, teniendo el cuidado suficiente para que no despierte. Me coloco unos pantalones cortos y una camisa bastante ligera antes de salir del cuarto.


Al pasar por fuera de la habitación de mis padres, una risa silenciosa sale de mis labios al ver la puerta entreabierta, confirmando mi teoría. Clío había hecho de las suyas para poder escaparse de la habitación y colarse a la mía.


Bajo las escaleras con una pequeña sonrisa y me detengo un segundo frente al comedor al ver un trozo de papel sobre ella que no tardo en tomar entre mis dedos, además de una pequeña bolsa de tela. Olfateo por fuera y el aroma a pescado frito inunda mi nariz. Dirijo mi atención a la nota y enseguida se que fue mi madre.


“Dile a Taehyung que venga a almorzar con nosotros hoy, regresen a tiempo para comer y prepararse para la cosecha. Disfruten su desayuno.”


El recordatorio de la cosecha fue suficiente para quitar la sonrisa de mi rostro, transformándola en una mueca. Tomo la bolsa, me coloco mis botas y salgo de casa.


Normalmente a esta hora, quienes trabajan en la industria del distrito comienzan a salir de sus casas para iniciar el día. Los comerciantes llegan al mercado para preparar sus puestos, los pescadores avanzan hacia los muelles para iniciar su jornada de pesca y así el distrito va despertando poco a poco para empezar sus actividades a primera hora de la mañana, pero hoy es la excepción. Todo está vacío, solo estoy yo.


Me muevo a trote ligero por el camino de tierra rodeado de casas hasta que consigo ver a unos metros el camino de madera desgastada que va hasta la playa. Bajo por este con cuidado hasta el final, donde me quito mis botas y cierro los ojos, disfrutando de la sensación que me deja la arena colándose por entre mis dedos. Dejo salir un suspiro de satisfacción y sigo avanzando, buscándolo con la mirada.


No es difícil encontrar la silueta de mi mejor amigo, Taehyung, sentado a pocos metros del agua. Voy en su dirección pero él no nota mi presencia, por lo que me aclaro la garganta para llamar su atención.


— Pensé que hoy no vendrías. — le digo, bajando mis ojos hasta sus manos, que juegan distraídamente con la arena.


— Y yo creí que hoy aprovecharías a dormir un poco más. Siempre has odiado madrugar. — responde, sin quitar sus ojos del agua mientras me siento a su lado.


Y era cierto, siempre me había quejado de lo mucho que odiaba levantarme temprano y él, sin dudar, secundaba mis quejas e inventaba mil razones del porqué hacerlo debería considerarse ilegal, aunque eso había cambiado para ambos.


Una vez, mientras le contaba de las novedades en la escuela, ahora que él ya no tenía la obligación de asistir, había dejado de recibir respuesta de su parte. Me giré en su dirección con toda la intención de reclamar, pero no pude. Se había dormido. No me atreví a despertarlo luego de detenerme a ver su rostro, donde unas ojeras ahora decoraban sus ojos que, desde su regreso, siempre lucían perturbados y agotados. Lo dejé descansar y cuando el sueño me inundó, nos acomodé a ambos sobre las sábanas, cubriéndonos con las cobijas. No muchas horas después, Taehyung se había despertado gritando el nombre de una chica que no conocía pero que pude distinguir como el tributo femenino de los juegos ese año. Le pregunté si estaba bien pero jamás respondió, parecía totalmente inmerso en sus pensamientos mientras pequeños espasmos atacaban su cuerpo, como si aún se encontrase dentro de su pesadilla. Luego solo se levantó y salió corriendo de casa.


Claramente yo no había tardado en salir detrás de él. Corrí tras sus pasos por varios minutos hasta que noté que se dirigía a la playa. No tardé mucho en alcanzarlo cuando se detuvo en la orilla, donde el agua danzaba sobre la arena y acariciaba nuestros pies. Ese pequeño tacto fue suficiente para hacerlo reaccionar y notar que yo también estaba ahí, me observó con pánico, como si hubiese descubierto un secreto del que no debía enterarme. El miedo en su mirada me obligó a mantener la boca cerrada y abrir mis brazos en su dirección. Se acercó al instante y lo envolví en un abrazo apretado mientras él rodeó mi cintura y escondió su rostro en mi cuello. Me atreví a dejar caricias en su cabello y esa pequeña acción desató el llanto. Lo dejé desahogarse en silencio. Luego de eso, me quedé en su casa los días siguientes a pesar de recibir sus quejas constantes diciendo que no era necesario, sin embargo, al llegar la noche, todo se volvía a repetir. Sus gritos me hacían saltar del sofá donde descansaba y antes de llegar a su habitación, él ya había huido a la playa. Cada noche lo seguí. Cada noche esperé en silencio hasta que saliera de su aturdimiento. Cada noche lo abracé lo más fuerte que podía y lo dejé sollozar sin decir ni cuestionar nada. Cuando él decidió que debía regresar a mi casa, seguí levantándome por la madrugada a escondidas e iba con él. Comenzó a esperarme en silencio luego de unas semanas hasta que mi madre me descubrió. Nunca me lo dijo directamente, pero la bolsa con comida que comenzó a aparecer sobre la mesa del comedor era señal suficiente para saber que lo había hecho.


Desde hace dos años que mantenemos esta rutina. El se despierta por las pesadillas y yo me levanto por la madrugada para ir a acompañarlo a la playa, como si fuese el único lugar en el distrito que le permite volver a la realidad. Comemos juntos en silencio hasta que el sol comienza a salir en el cielo y esa es nuestra señal para volver a casa. A veces vamos a la suya, otras a la mía. Nos dirigimos a la habitación del otro y nos metemos a la cama, donde él se acomoda sobre mi pecho y yo me dedico a acariciar su cabello e intentamos conciliar el sueño un par de horas más hasta que debemos levantarnos a primera hora. El regresa a su casa y yo me preparo para ir a la escuela.


— No podía dormir. — respondo luego de unos minutos, acomodando la bolsa entre mis piernas. — Mi madre ha preguntado si quieres almorzar con nosotros.


Él asiente en seguida y yo sonrío conforme. Regreso mi atención a la bolsa que ha preparado mi madre y la abro. En su interior hay varias brochetas de pescado frito con queso envueltas cuidadosamente en una tela, junto con una caja pequeña con el pan verdoso de nuestro distrito y una segunda con unas cuantas galletitas glaseadas. — Mi madre se ha entusiasmado con la comida hoy.


Al oír lo que digo, Taehyung parece emocionarse de golpe  y yo solo me río mientras me quita la bolsa para husmear el contenido. Lo veo acercar su nariz a la apertura e inhalar profundamente.


— Realmente amo la comida de tu madre, podría vivir de sus brochetas de pescado. — dice, sacando una mientras habla y da la primera mordida. Enseguida vuelve a mirarme. — Nunca le digas a la mía que dije eso.


Yo vuelvo a reír y le aseguro que su secreto está a salvo conmigo. Ambos comenzamos a comer en un silencio cómodo, sin otro sonido rodeandonos más que el de las olas para guardar todo dentro de la bolsa cuando terminamos. Cuando el sol hace su aparición, volteo en su dirección y él hace lo mismo. Es hora de volver, lo sabemos, pero sin siquiera cruzar palabras entendemos que ninguno de los dos quiere irse, así que, simplemente me dejo caer de espaldas sobre la arena y abro mis brazos. El capta enseguida y no tarda en tumbarse a mi lado y acomodarse sobre mi pecho. En esa posición, observamos por primera vez el amanecer aunque no mucho después la respiración de Taehyung se vuelve más lenta. Se ha quedado dormido y en algún momento, yo también lo hago.



Calculo que son alrededor de las once de la mañana cuando el sol se vuelve lo suficientemente molesto y brillante para obligarme a abrir los ojos. Hago el intento de levantarme pero el cuerpo de mi mejor amigo que aún está sobre mí me lo impide. Sus brazos se cierran alrededor de mi cintura con más fuerza cuando intento quitarlo de encima. No puedo no sorprenderme al notar lo mucho que hemos dormido, o más bien, lo mucho que ha logrado dormir el sin despertarse por las pesadillas. Siento una punzada de culpa cuando debo despertarlo y le digo que debemos irnos, cuando nota la hora, veo la sorpresa cruzar por su mirada pero no dice nada, se pone de pie y me ayuda a levantarme. Recogemos todo e iniciamos nuestro camino de regreso. 


Tomamos una ruta distinta esta vez y nos desviamos hasta su casa. Mientras él se ducha, yo doy un pequeño paseo por la primera planta hasta que su madre, Hye, aparece en el salón y me invita a tomar un poco de té en lo que espero. Poco tiempo después se nos une su hermano, Namjoon y aprovechamos de ponernos al día hasta que Taehyung baja ya listo, con un traje verde oscuro bastante elegante, de aquellos que son enviados por el Capitolio y aunque son de su gusto, estoy seguro que odia usarlos. Me despido de su familia con un abrazo y me desean suerte.


Cuando llegamos a la mía, mi madre fue la primera en recibirnos. Nos abraza a ambos y Taehyung no tarda en agradecerle por la comida de antes. En casa, él es prácticamente un integrante más de nuestra familia y puedo asegurar que mis padres lo ven como un segundo hijo. Sonrío ante el pensamiento mientras los observo platicar con bastante entusiasmo hasta que llega mi padre, quién hace lo mismo y nos abraza a los dos antes de recordarme debo prepararme también. Taehyung lo apoya enseguida y me lleva a empujones hasta mi habitación para decirme que él se quedará cuchicheando con mis padres y que me dejará sobre la cama lo que debo ponerme para la cosecha. Antes de que pueda quejarme me arrastra hasta el baño y cierra la puerta.


Me toma poco tiempo el darme una ducha y salgo a mi habitación, encontrándome con el atuendo que ha elegido. Una camisa suelta de color crema y unos pantalones negros. Me visto con prisa y decido volver a colocarme mis botas de siempre, acomodando los bordes del pantalón en su interior. Cuando me reuno con ellos en la mesa de la cocina, noto enseguida que los ánimos de hace rato habían desaparecido totalmente y eso me hace voltear hacia el viejo reloj, indicando que ya es medio día. Probablemente habían hablado sobre la cosecha y aunque intentan disimularlo, están preocupados por mi. Mis posibilidades son pocas, de hecho, solo seis papeletas llevarán mi nombre en la urna pero son suficientes para que estén asustados, yo también lo estoy, claro está,  sin embargo me había propuesto no exteriorizar ese miedo, no quería angustiarlos más de lo que ya estaban.


El almuerzo transcurre con el mismo ánimo y totalmente en silencio, solo siendo interrumpido por el sonido de los cubiertos chocando en nuestros platos. Mi madre había preparado un platillo simple con camarones, arroz y verduras y solo me concentré en disfrutarlo, aunque esperaba que a la noche pudiéramos cenar el delicioso guiso de langosta de mi padre.


Una vez todos hemos acabado, Taehyung se levanta y agradece la comida, despidiéndose de mis padres con un abrazo y luego hace lo mismo conmigo, aunque lo extiende por un poco más.


— Te veo en la plaza. — dice.


— No dejes que Evander te espante. — respondo y él se ríe. Me suelta y finalmente sale de casa.


A las una en punto nos dirigimos a la plaza. Hace unas horas, la plaza aún mantenía su apariencia habitual de cada día, y sigue sorprendiéndome la velocidad con la que es transformada para la cosecha, decorando los exteriores de los edificios y casas con banderines y luces colgantes. No soy capaz de negar que todo este espectáculo le da una apariencia más colorida y llena de vida ante el contraste de las decoraciones con las construcciones en piedra caliza del distrito y aunque, es algo realmente bonito de ver, no quita el ambiente de tristeza que nos genera, como una clase de recordatorio del porque estamos allí.


Probablemente la mayoría de las familias desearíamos no estar aquí pero nuestra asistencia es obligatoria a menos que estés al borde de la muerte, si esa no es tu situación, nadie se atreve a ausentarse. Por la noche, cuando la ceremonia termina, los funcionarios y agentes de la paz recorren las casas y cada rincón de nuestro territorio para comprobar que nadie ha mentido y faltado a la cosecha. Si te descubren, terminas en la cárcel.


Cuando llegamos al centro de la plaza, me acerco con mis padres a los puestos instalados por el Capitolio para el registro y antes de hacer la fila, me giro hacia ellos y los abrazo por unos instantes, diciéndoles cuánto los amo en voz baja.


— ¿Nombre? — exige la mujer cuando llego al frente de una de las mesas.


— Park Jimin. — Contesto, extendiendo mi mano hacia ella.


Con brusquedad, toma mi muñeca y siento el ardor del pinchazo en mi dedo que luego es empujado hacia el libro que descansa sobre la madera, donde me obliga a ejercer presión y marcar mi huella. Me suelta de un tirón y me da una última mirada.


— Siguiente.


Pongo mis ojos en blanco y continúo mi camino.


Enseguida me dirigen hacia las áreas delimitadas con cuerdas en el centro de la plaza, donde a los jóvenes entre doce y dieciocho años nos dividen por edades, con los mayores adelante y los más pequeños atrás. Los familiares se ubican en una fila alrededor del perímetro, tomándose de las manos y brindando apoyo entre ellos. Aquellos que ya no tienen que perder o solo quieren ver el espectáculo, se cuelan entre la multitud y esperan, ya sea con la intención de apostar sobre las edades y físico de los tributos que salgan seleccionados, así como si se derrumbaran o no, mientras que otros, solo están ahí para lamentarse si uno de doce años sale elegido.


La plaza se va llenando poco a poco y yo no puedo evitar sentirme ansioso. Estoy con algunos chicos de mi edad, reconozco a un par de la escuela y los saludo con un asentimiento de cabeza para centrar mi atención en el escenario provisional que han construido frente al Edificio de Justicia. Allí, hay cuatro sillas, dos de cada lado justo detrás de dos grandes urnas de cristal que brillan con el reflejo del sol, una para los chicos y otra para las chicas. Ambas totalmente llenas de trozos de papel. Veo a subir a algunas personas al escenario y las cuatro sillas se ocupan. Las dos de la derecha reciben al Alcalde Baird (Un hombre robusto con su cabeza llena de canas peinadas pulcramente hacia atrás) y Evander Lowtree, el acompañante del distrito 4, recién llegado del Capitolio, con su piel verdosa llena de escamas y espinas tatuadas en un verde oscuro, cabello crispado hacia arriba en un blanco reluciente y un traje azul brillante que lo hace ver más repulsivo que años anteriores. Luego, en las siguientes dos sillas se ubica el ex mentor del distrito, Mackerel Renfrewshire (alto y musculoso) quién aún no deja su labor para poder guiar al nuevo mentor y más reciente vencedor de los quincuagésimos terceros juegos del hambre, mismo que ocupa la cuarta y última silla. Kim Taehyung.


Aunque su mirada es firme, lo veo removerse sobre la silla y se que está incómodo. Todavía me cuesta acostumbrarme a la imagen de mi mejor amigo sobre el escenario, y claro, durante su día a día, es casi como si nada hubiese cambiado si no contamos su cansancio constante, las pesadillas por la noche y lo perturbado que parece estar siempre, perdido en sus recuerdos, además de su renovada casa en la aldea de los vencedores y su nuevo estatus como ganador de los juegos del hambre.


Hace dos años, Taehyung había sido elegido con quince años como tributo. Cuando su nombre fue pronunciado por Evander Lowtree, el pánico había recorrido mi cuerpo en cuestión de segundos mientras apretaba mi mano aún más sobre la suya. Recuerdo como los gritos de Hye y Namjoon no habían tardado en dejarse oír por encima de cualquier sonido que existiese en la plaza y yo solo me aferré a él, negándome a la idea de tener que dejarlo ir. Él solo intentó sonreír en mi dirección mientras se aguantaba las lágrimas, mismas que también sentía en mis ojos y con la diferencia que estás corrían por mis mejillas.


Verlo subir a ese escenario por primera vez fue como si algo me hubiese atravesado justo en el pecho y la despedida fue aún peor, a pesar de que repetía una y otra vez que volvería a casa.


Ese año me negué a ver los juegos. Solía enterarme a trazos sueltos de su avance durante la escuela o cuando mis padres me informaban que él estaba bien, que seguía vivo. Cada día fui hasta su casa e intenté ser un soporte emocional para su familia, ignorando mi propia angustia y miedos. Solo me permití dejar salir todo cuando los juegos habían terminado y él salió del tren del Capitolio, trayéndolo a casa como el vencedor.


Mantengo mi atención en él hasta que lo veo voltear en mi dirección. Me sonríe y yo respondo con la misma sonrisa.


Cuando el reloj marca las dos, el alcalde se levanta y sube al podio. Su discurso empieza y se que será el mismo que todos los años, donde explica la historia y creación de Panem, un país que se levantó sobre lo poco y nada que quedó de lo que antes se llamaba Norteamérica. Enumera una por una la lista de desastres y guerras previas a lo que se convirtió Panem en un inicio. Luego, comienza a relatar los días oscuros. Esa época donde los distritos se rebelaron contra el Capitolio, quienes derrotaron a doce de ellos y prácticamente hicieron desaparecer el décimo tercero. Con ello, nació el Tratado de la Traición, con leyes nuevas para garantizar la paz y como recordatorio que la historia no debe repetirse, nos dio también los Juegos del Hambre.


Las reglas de los Juegos del Hambre son bastante sencillas. Como castigo por la rebelión, cada distrito debe entregar a una chica y un chico anualmente como tributos para que participen en los juegos. Los veinticuatro tributos son encerrados en un estadio al aire libre donde puedes encontrar miles de escenarios, cualquier cosa. Una vez dentro, todos ellos deben luchar a muerte por varias semanas y el final es simple; el que quede vivo, gana.


Hago una mueca y finjo no escuchar el resto del discurso. Cuando termina, presenta a Evander Lowtree, quien sube alegremente al podio con una brillante sonrisa aunque es tan forzada que me da escalofríos.


— ¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre de su lado!


Empieza a soltar su típico discurso de lo honrado y orgulloso que se siente de acompañar a nuestro distrito para luego anunciar que comienza el sorteo. Parte con la urna de su izquierda, removiendo los trozos de papel hasta tomar uno entre las garras que decoran sus manos en vez de uñas. Lee el nombre de la chica y no lo reconozco. La veo subir de reojo al escenario y acomodarse junto a Evander Lowtree, quién no tarda en dirigirse a la siguiente urna.


Lo veo hurgar nuevamente en la urna y siento mi estómago apretarse. Los nervios habían llegado de pronto y pido con desesperación que no sea yo. El hombre se acerca nuevamente al podio y cuando lee el nombre con claridad, se que la suerte hoy no está de mi lado.