Celos (Obanai Iguro x Mitsuri Kanroji)

Summary

A pesar de su corto tiempo de casados, Obanai y Mitsuri han iniciado una vida de recién casados, caracterizada por la pasión y los celos cotidianos. Dirigen un restaurante de comidas tradicionales japonesas en una zona concurrida, donde las ventas prosperan gracias al delicioso sazón que aporta Obanai, de cabello oscuro y ojos pintados. Obanai se encarga de la cocina, mientras que Mitsuri gestiona la caja y atiende a los clientes. Bajo la atención de aquellos clientes seductores y desenfadados, la mesera, caracterizada por su cabello rosa con puntas verdes fluorescentes y su amor por los gatos y la gastronomía, se ve en la necesidad de afrontar piropos y miradas insinuantes. Aunque Mitsuri intenta ignorar estas situaciones manteniendo una actitud amable, aunque su comportamiento no es bien recibido por su esposo, quien se pone celoso con facilidad y reacciona de manera impulsiva, dirigiendo cuchillos a los clientes. Un día, después de la deliciosa reconciliación, el destino pone a prueba al joven matrimonio. Esa misma noche, también reciben una noticia.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1 Celos

Mitsuri Kanroji necesitaba conversar con alguien, así que decidió llamar a su mejor amiga, Shinobu Kocho, para encontrarse en uno de los mejores bares de la ciudad. Ambas acordaron disfrutar de una noche dedicada a la amistad, en compañía de buena comida, música en vivo y bebidas alcohólicas. Entraron al bar luciendo deslumbrantes.


Mitsuri no indicó que esta reunión de mujeres tenía un propósito específico, ya que buscaba obtener un consejo de alguien con una perspectiva más madura que la suya. Nadie mejor que Shinobu para ofrecer apoyo en los primeros desafíos que ha enfrentado en su matrimonio con Obanai Iguro.


Después de una hora disfrutando de la comida y de música en vivo, la joven de cabellos oscuros, apasionada de las mariposas, comenzó a hablar:


—La comida estuvo exquisita. Recuerdo que cuando recién cumplimos 18 años deseábamos con ansias poder entrar —comentó Shinobu mientras daba el último sorbo a su piña colada. —Llegamos en el momento perfecto; tuvimos suerte de conseguir una mesa en el portal. Mitsuri, te he notado un poco distraída. ¿Cómo va todo con tu esposo?


Estaba a punto de plantear en la mesa el asunto de su esposo Obanai, el joven que conocí en el parque de las flores; sin embargo, Shinobu percibió la distracción de Mitsuri y, por lo tanto, decidió preguntarle cómo le estaban yendo las cosas en su reciente matrimonio.


—En efecto, por esa razón quise reunirme contigo, ya que necesito tu consejo. Verás, en nuestro primer mes de matrimonio hemos enfrentado algunas complicaciones. Los celos son un tema constante que se presenta especialmente durante el día, cuando atiendo a los clientes. —Mitsuri desvió la mirada hacia el suelo, recordando cómo una olla de estofado se rompió al caer tras la intensa discusión de la noche anterior. Todo esto se debe a una persona llamada Tengen Uzui.


Shinobu percibió la seriedad de la situación a partir del comportamiento inusual de Mitsuri. Aunque su relación con Giyu Tomioka tampoco era del todo satisfactoria, sus dificultades se atribuían a la falta de comunicación de su parte. El tema de los celos constituía un problema grave, con el potencial de volverse perjudicial y dañino.


—Obanai siempre ha sido celoso —comentó Mitsuri—, pero su comportamiento ha empeorado desde la boda.


—¿Has hablado de esto con él? —indagó Shinobu, visiblemente preocupada.


—Pocas veces, pero no es únicamente culpa de él. Yo... —una luz de tristeza brilló en sus ojos— soy demasiado amigable con los clientes, especialmente con uno llamado Tengen Uzui.


—No comprendo, ¿estás diciendo que reconoces que tu comportamiento provoca celos en tu esposo? ¿Por qué actúas de esa manera?


—No es mi intención, te lo aseguro.


Desde siempre, Mitsuri ha mostrado una cordialidad extrema hacia los demás, lo cual le ha generado numerosos malentendidos durante su adolescencia. Shinobu era plenamente consciente de este aspecto, y no podía imaginar que Mitsuri fuera capaz de traicionar a Obanai. Más bien, consideraba que eran los hombres quienes interpretaron de manera errónea la naturaleza amistosa y cariñosa de la joven de cabello rosa.


Después de finalizar su cena y liquidar la cuenta, decidieron compartir un taxi de regreso a casa. Durante el trayecto, Shinobu aconsejó a Mitsuri que moderara su comportamiento amistoso con los clientes, especialmente con los hombres, y que hablara con su esposo para abordar esta situación.


Frente a un establecimiento de comidas japonesas caseras, aguardaban su llegada. Era domingo y el local permanecía cerrado. Tomioka tenía una relación muy cercana con Obanai, debido a la cita programada con las chicas, pasó cuatro horas en compañía del amante de las serpientes.


Las chicas se despidieron y Tomioka y Shinobu se retiraron en su automóvil. Mitsuri, por su parte, dirigió una mirada a su esposo, esperando que Obanai estuviera un poco más dispuesto a comunicarse, pero lamentablemente no fue el caso.


—Entremos —indicó él, dándose la vuelta para ingresar por la entrada principal del establecimiento.


Mitsuri lo siguió, y él cerró la puerta tras de sí.


—¿A dónde te diriges? —preguntó ella, sujetando su bolso de mano con ambas manos. Había consumido algunas bebidas, pero no lo suficiente como para comportarse de manera inapropiada.


—Necesito atender un asunto en la cocina. Sube a casa, te acompañaré más tarde.


Obanai se dirigió directamente a la cocina del establecimiento sin mirar a su esposa, quien permaneció en el mismo lugar durante unos minutos antes de subir las escaleras hacia la segunda planta donde se encontraba el inmueble.


Transcurrieron dos horas y Obanai no se presentó. Mitsuri le preguntó desde la planta baja si deseaba que le preparara la cena, a lo que él respondió que no, ya que había comido pizza con Tomioka.


Mitsuri, una vez más, se dio cuenta de que Obanai no deseaba estar a su lado. Lo comprendió y decidió no insistir más. Se cambió a una ropa más cómoda, se puso sus calcetines verdes favoritos y sus pantuflas. Luego, alimentó a sus seis gatos y salió al balcón para disfrutar de una taza de té en una mecedora de madera. Mientras bebía, observó los locales enfrente, a los vecinos que pasaban y a extraños paseando a sus mascotas.


La noche comenzaba a caer cuando fue testigo de una disputa entre los hermanos Gyutaro y Daki, frente a la tienda de cosméticos. La discusión se intensificó, y se podía oír con claridad cómo ella reclamaba por la falta de un kit de sombras de alto costo. Daki, en un arrebato, exclamó que su hermano era poco atractivo por no cumplir con sus deseos. Por su parte, Gyutaro optó por ignorar a su hermana menor y decidió alejarse de la tienda de cosméticos. Al darse cuenta de que no podría satisfacer su deseo y de que había sobrepasado los límites con su único hermano y familiar, Daki se dirigió hacia él y lo abrazó con fuerza, solicitándole disculpas. Gyutaro aceptó sus disculpas y ambos continuaron su camino hasta desaparecer en la esquina.


Mitsuri estaba absorta en la breve discusión entre los hermanos, cuando de repente se dio cuenta de que la noche había caído y que Obanai había encendido la luz de la habitación. Se levantó, permitió que sus gatos entraran y luego cerró la puerta corrediza de cristal.


Obanai dejó a su serpiente blanca en su hábitat y se dirigió a tomar una ducha. Cuando Mitsuri entró en la recámara, él acaba de salir de la ducha. Secó su cabello con una toalla y se puso ropa para dormir, eligiendo una camisa de manga larga y unos pantalones cómodos. Al parecer, nuevamente pasarían la noche sin abrazarse.


Mitsuri observó a su esposo sentarse al pie de la cama y, de repente, una intensa calidez invadió cada rincón de su cuerpo. Su matrimonio con Obanai había aumentado su sensualidad, y la necesidad de intimidad diaria se había convertido en un ritual que la ayudaba a relajarse y conciliar el sueño profundamente. A su vez, Obanai percibió aquella mirada que tanto le fascinaba. Desde el primer momento en que la vio, él sentía una profunda admiración por esa mujer. Ningún malentendido podría impedir que volvieran a comunicarse, pero era fundamental para él expresarle que ciertas actitudes le resultaban muy incómodas.


Los celos han representado un obstáculo constante en la relación de Obanai. Ser el esposo de una mujer carismática y generosa ha resultado ser un desafío considerable para él. En esta ocasión, Obanai reconoce que no fue responsable de la situación, sino que su malestar proviene del comportamiento amable de ella hacia los clientes. Anhela una disculpa, y si no la recibe, su pesar se intensificará al verse privado de su afecto.


—Lamento lo sucedido, cariño; mi actitud fue simplemente un gesto amable hacia los clientes —se disculpó con tono sincero mientras se acercaba a él—. Te prometo que no volverá a ocurrir.


Ella pensó que sus sinceras disculpas podrían conseguir su perdón, pero fue recibida solo con un profundo silencio. Era la primera vez que Inguro no respondía con afecto tras una discusión, y esa falta de respuesta le penetró hasta lo más profundo.


—Tómate un baño, ya es tarde para que laves tu cabello —comentó él, enviando una mirada que no duró más de un minuto.


Dentro del baño, se despojó de su ropa y entró en la ducha. El sonido del agua cayendo disimuló sus sollozos, ya que le dolía profundamente recordarse sola al momento de bañarse. Rememoró la primera vez que ambos compartieron la bañera; aquella noche de luna de miel fue tan romántica e inolvidable. También lo hicieron en una ocasión más bajo la ducha, alcanzando el clímax del orgasmo. Desde entonces, compartieron la bañera incluso durante los días de la menstruación. Asimismo, se produjeron encuentros inapropiados, ya que a él no le preocupaba que ella estuviera menstruando; penetraba en ella y alcanzaba el clímax como si fuera algo completamente normal.


Al regresar a la habitación, lo halló bajo la sábana, dándole la espalda. Parecía que, una vez más, la intimidad entre ellos no tendría lugar ese día. Mitsuri se deslizó en la cama, luciendo un elegante baby doll de seda en tonalidades pastel, acompañado de aquellas calcetines que él le había obsequiado al inicio de su relación. Estos valiosos calcetines representaban un auténtico tesoro del amor que Obanai sentía por Mitsuri, así como el cariño que ella le profesaba a él.


Transcurrieron treinta minutos dando vueltas hasta que ella se cansó del comportamiento de su amado. Se sentó en la cama, deslizándose la sábana hacia un lado. La espalda de Obanie quedó al descubierto ante la mirada de Mitsuri. Su deseo comenzó a intensificarse; anhelaba que él la amara.


—Lo siento, prometo que no volverá a suceder —dijo, con una voz quebrada, mientras admiraba cada detalle de aquella espalda masculina.


Iguro también enfrentaba sus propios problemas; anhelaba la intimidad de dormir abrazado y, en medio de la madrugada, deseaba quitarle la ropa interior para mantener relaciones sexuales. Sin embargo, le preocupa que Mitsuri no comprenda la profundidad de su dolor y que, en su amabilidad hacia los clientes masculinos, no reconozca la necesidad de un trato más adecuado que un simple 'lo siento'.


—Iguro, por favor, escúchame. Necesitamos resolver esta situación de inmediato; no podemos continuar de esta manera.


No recibió respuesta. A punto de retirarse, pasó las yemas de los dedos por la parte posterior de su cuello hasta llegar a la cadera. Obanai sintió un ligero escalofrío que erizó su piel. Mitsuri interpretó esto como una señal para iniciar el juego de seducción.


Con delicadeza, retiró su tanga y la dejó a los pies de la cama. Luego, se arrodilló y, lentamente, colocando su mano sobre el hombro de Obanai, le indicó que se diera la vuelta.


—Deseo que me tomes. No puedo soportar más —confesó, con un matiz de timidez en su voz.


Obanai se disponía a tomar a su reina por las caderas y elevarla hacia su entrepierna, pero ella tomó la iniciativa y se posicionó sobre él. Al hacer contacto, su deseo se encendió de inmediato.


—No hagas nada —dijo ella—. Quiero que esto lo consideres como mi forma de disculparme.


Mitsuri comenzó a moverse suavemente hacia adelante y hacia atrás mientras se inclinaba para besar a su esposo. Obanai susurró el nombre de Mitsuri al recibir sus tiernos besos, sintiendo una conexión intensa mientras su cuerpo se rozaba con el de ella. Bajó las manos a su cadera y acarició su figura, dándose cuenta de un pequeño detalle.


—No llevas ropa interior —murmuró entre los besos—. Parece que lo deseas.


Mitsuri susurró el nombre de su amado mientras comenzaba a deslizarse lentamente, dejando delicados besos a lo largo de su cuello. Una vez que alcanzó la camisa de resaque, la removió y continuó su trayecto de besos hasta llegar al ombligo. Luego, tomó el borde del pantalón de pijama y descendió con suavidad por la pelvis, deteniéndose en el torso musculoso. Con gran delicadeza, rozó la punta de su lengua, sin desviar la vista del pecho desnudo de Obanai.


—Te deseo mucho. No puedo soportar más la ley del hielo —susurró Obanai, deslizando su mano sobre el cabello rosado de Mitsuri para acariciarlo. Ese hermoso cabello que tanto admiró en el pasado, cuando aún no se atrevía a hablarle, ahora podía acariciar a su antojo.


Mitsuri comenzó a realizar sexo oral de forma suave y pausada. Al liberarlo, llevó la punta de su lengua a la cabeza del miembro, realizando movimientos circulares que provocaron la expulsión de los primeros fluidos. El sabor que tanto anhelaba experimentar al ofrecer una placentera felación se desvaneció en su boca y descendió por su garganta. El miembro, de tamaño promedio, ni demasiado grande ni pequeño, ingresaba en su boca mientras ella lo chupaba con delicadeza para no hacer daño. Repitió el movimiento una y otra vez, provocando los deliciosos gemidos de Obanai que suplicaban por más contacto.


—Espera, hay dos cosas que faltan —dijo ella con una voz seductora, mientras recorría con la punta de la lengua el tronco del miembro, descendiendo hasta los testículos, que tomó con cuidado en su boca para succionarlos.


Obanai, impulsado por la curiosidad, levantó ligeramente la espalda para observar sus testículos dentro de la boca de Mitsuri y su culo levantando.


—Te amo profundamente —murmuró nuevamente Obanai, sumido en un estado de euforia.


La pelirosa con verde fluorescente, sonrió dulcemente tras sacar los testículos de su boca, luego usó sus pechos para aplicar una rusa mientras hacía gastos seductores. Fue tanto la excitación que, Obanai no pudo contenerse y eyaculando entre las tetas de Mitsuri.


—¡Disculpa, lo siento, me adelanté! —se lamentó entre jadeos.


Mitsuri no se alteró por la prontitud habitual de su esposo. Era consciente de que, en el futuro, él le devolvería el mismo placer. Se arrodilló sobre sus piernas y le sonrió, con las tetas cubiertas de semen.


—No te preocupes, sé que mañana podremos intentarlo de nuevo.


Obanai se sonrojó, avergonzado por haber alcanzado el clímax antes de poder disfrutar plenamente de ella, ya que no era la primera vez que su esposa provocaba esa reacción.


Después de limpiar la masa salada de entre sus pechos, Mitsuri regresó a la cama vistiendo solo la parte superior del baby doll, sin el tanga. Obanai ya había repuesto su pantalón. En cuanto tuvo a su esposa a su lado, la abrazó por detrás con fuerza.


—No puedo soportar dormir sin tenerte cerca —susurró junto a su oreja.


—Yo tampoco. Se ha hecho tarde; mañana prometo no hablar demasiado con los clientes.


—Mitsuri, olvídalo.


—Buenas noches, mi amor.


Permanecieron abrazados, sumidos en el sueño en el centro de la cama. Obanai era consciente de sus serios problemas en lo que respecta a la confianza. Creció en un clan donde las mujeres ocupaban posiciones de mando, y su condición de hombre lo llevó a experimentar diversas adversidades, como la cicatriz que adornaba su rostro, resultado de un corte profundo. Le costaba confiar en las mujeres y, a pesar de sus esfuerzos diarios por depositar su confianza en Mitsuri, encontraba dificultades debido a la manera en que ella trataban a los hombres.


A la mañana siguiente, Mitsuri fue la primera en despertarse, ya que tenía la intención de preparar un delicioso desayuno. Los seis gatos la aguardaban al pie de la cama, esperando que su cuidadora les sirviera la comida.


Con una radiante sonrisa, producto de haber reconciliado diferencias con Obanai, se levantó, se colocó la bata y se dirigió a la cocina para llenar los platos de sus gatos con exquisitas croquetas.


De retorno a la alcoba, acarició suavemente los lisos cabellos oscuros de su esposo y le besó la mejilla antes de dirigirse a la ducha. Minutos más tarde, el agua tibia se deslizaba sobre su piel mientras pasaba la barra de jabón por su abdomen. De repente, sintió y vio las manos de Obanai deslizándose hacia adelante, justo por encima de donde sostenía la barra de jabón. Luego, la barbilla de él descansó sobre su hombro.


—Antes de comenzar el día, deseo llevarte a las nubes —susurró cerca de su oído, acercando su cuerpo desnudo al de su esposa.


Mitsuri soltó un leve gemido y dejó caer la barra de jabón al escuchar lo que estaban a punto de vivir y cómo eso la haría sentir. Su cuerpo se sintió débil y, por impulso, apoyó ambas manos contra la pared del baño.


El agua de la ducha continuaba deslizándose por la espalda de Mitsuri mientras Obanai la envolvía con un brazo por la cintura, acercando sus cuerpos de manera íntima. Un miembro erecto se entró por en medio del delicioso culo y terminó dentro de las paredes vaginales. Mitsuri emitió un suave gemido y, ligeramente, abrió las piernas y bajó sus glúteos, dado que Obanai era un par de centímetros más bajo que ella.


—Amor… —susurró, apoyando la cabeza contra la pared y girándose ligeramente para mirar a Obanai—, deseo que estés en mí una y otra vez; lo necesito tanto como a la comida.


Mitsuri tiene una gran pasión por la comida, y Obanai se dio cuenta de que, así como disfruta de comer, también le gusta la intimidad que comparten. Obanai exhaló con suavidad y comenzó a acercarse a ella con un ritmo suave, mientras observa cómo el brillo en los ojos de Mitsuri refleja la satisfacción de ser abrazada por él.


Los hermosos glúteos rebotan contra su pelvis al mismo tiempo que su virilidad mojada ingresa al pozo profundo de jugos afrodisíacos. Ese hermoso cabello en tonos rosados con destellos de verde fluorescente cae con gracia sobre la esbelta espalda femenina, lo que provoca en él una profunda fascinación llevándolo a aumentar la penetración al igual que los gemidos de Kanroji pidiendo más. Obanai estaba por volver a correrse antes que ella, así que sacó su pene y se puso de cuclillas para abrir el culo que dejó descubierto un rosado ano.


Mitsuri volvió a gemir al tacto de la lengua de Obanai escarbando su ano. Sus piernas tiemblan, pues ya habían intentado sexo anal la semana pasada y había dolido como mil demonios. Sin embargo, si su esposo desea meterse en ese estrecho sendero lo haría por complacer al hombre que ama.


—¿Deseas ingresar por ahí? —preguntó Mitsuri apoyada contra la pared.


Iguro pasó una vez más su lengua por el altar de sodoma y se separó de entre las nalgas para responder.


—Con gusto lo tomaré para la próxima. —Nalgueo y se puso de pie. Otra vez tomó las caderas e ingresó su miembro en la vagina.


Mitsuri comenzó a gemir nuevamente, girando ocasionalmente la cabeza para contemplar el torso masculino de Obanai presionando contra sus caderas. La escena resultó ser deliciosa; en poco tiempo alcanzaron el clímax, acentuado por los susurros de la pelirosa y la forma en que sus paredes vaginales contraen obligaron a Obanai penetrará más fuerte hasta correrse.


Con las piernas temblando por la debilidad que las había dejado, Mitsuri apoyó todo su cuerpo contra la pared, mientras Obanai realizaba sus últimas penetraciones con gran vigor.


—Acércate —afirmó Obanai con determinación, girando a Mitsuri al tomarla de la cintura para quedar frente a frente. Su boca se dirigió hacia la de ella, buscando unirse como imanes.


Bajo la ducha, continuaron besándose con intensidad; él acariciaba los glúteos de ella mientras ella lo rodeaba con los brazos por el cuello. Al separarse brevemente, Obanai mencionó que debían darse prisa, ya que en unas horas abriría su local de comidas caseras. Mitsuri asintió y lo besó nuevamente antes de que ambos finalizaran su baño juntos.


[***]


Minutos más tarde, Mitsuri secaba su larga cabellera frente al tocador, mientras su esposo preparaba un desayuno rápido para comenzar el día. Aunque sus planes no se desarrollaron como los había concebido, esta situación derivó en un momento de intimidad. Mitsuri había planeado hablar sobre los malentendidos y los celos antes de dirigirse al local, por lo que se preparó mentalmente lo que quería expresar.


Observó a su esposo ingresar a la alcoba con el desayuno servido en una bandeja, reflejado en el espejo. Obanai tenía la habilidad de preparar todo lo que su esposa disfrutaba. Así, dejó la primera bandeja sobre una mesita de noche y se dirigió a recoger otras tres. El apetito de la pelirosa era notable, especialmente después de haber compartido un momento íntimo bajo la ducha.


Debido a que a Mitsuri le resultaba complicado dedicar mucho tiempo a arreglar su largo cabello, Obanai se ofreció a ayudarla a peinar su sedosa melena mientras ella disfrutaba de su desayuno. Él ya lo había hecho anteriormente.


—Debemos conversar al respecto... —dijo Mitsuri, mientras observaba a Obanai peinarse a través del espejo—. Me gustaría sugerirte que busques otra mesera y que yo me enfoque únicamente en la caja y la administración, pero considero que eso no resolvería el problema. Es necesario que lo hablemos.


—Mejor dejémoslo así. Confiaré en ti. —Obanai no deseaba que esta conversación terminara en una discusión, por lo que interrumpió.


—Eso es algo que siempre mencionas; luego ocurre un malentendido y terminamos discutiendo nuevamente.


—Mitsuri... —interrumpió, deteniéndose en su actividad para besar su hombro desnudo—, te pido que también demuestres tu compromiso. Las acciones hablan más que las palabras.


No se dijo nada más. Obanai continuó peinando el largo cabello de Mitsuri. Al finalizar, llevaron todo a la cocina y, antes de descender al local, se detuvieron al comienzo de la escalera.


—Confío en ti —dijo Iguro, besando sus labios mientras acariciaba suavemente su intimidad por encima de la falda.


Mitsuri emitió un suspiro involuntario y su cuerpo tembló. Se preguntaba si ese momento duraría, ya que ese mismo día Tengen Uzui había mencionado que visitaría el restaurante de comidas caseras acompañado de un amigo para conocer a su cuarta esposa.