La princesa y el lobo guerrero: el esplendor de la ciudad.

All Rights Reserved ©

Summary

Ha surgido la bestia. Lo destroza todo con su fuerza. Imponiendo su autoridad. En las sombras, una pareja huye, buscando como hacerle frente a este terrible mal.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

La princesa y el lobo guerrero: el esplendor de la ciudad

De un lado para el otro sobrevuela, como si se tratara del terrible ángel de la muerte. Surca los cielos nocturnos en busca de cualquier disturbio. Observa atentamente. No quiere que exista el menor resquicio de resistencia. Se sabe triunfador. Se siente inmenso. Se piensa inevitable. Aprovecha la altura para contemplar su nuevo reino. La observa detenidamente, la ciudad, su ciudad, mientras se le dibuja en su rostro una enorme sonrisa de satisfacción.

Puede verlo: edificios destruidos por sus llamaradas; cuerpos sin vida, dispersos, destrozados, en todas las calles, por todas partes. El enorme agujero que ha dejado su libertad. La destrucción de la biblioteca. El desmoronamiento del metro citadino. Rastros y más rastros de violencia e incendios. Una gran pérdida de sentido, incrustada en los ojos de cada ser humano.

Puede escucharlo: llantos incesantes de niños, mujeres y hombres. Gritos de angustia y dolor. Sonido, furia y resentimiento. Llenando cada espacio, cada rincón. Explosiones por doquier. Su canción, entonada con gran sufrimiento. Murmullos de aquellos que declaman su libertad:

- “¡Merecemos más! Es momento de tomar todo lo que se nos ha negado. Por eso debemos venerar la velocidad, la inmediatez, la competencia desmedida. ¡En ellas está la verdadera libertad!”. -

Puede sentirlo: el miedo y la incertidumbre. Ambos alojados en los pensamientos de las personas; penetrando hasta lo más profundo de sus almas. Transformando su humanidad. Cambiando su esperanza por desolación. Empujándolas a la orilla de la existencia. Ese lugar en donde se define lo humano y lo bestial. Donde se enfrentan nuestra valentía y la voluntad de poder.

Todo eso le hace sentir mucho orgullo; un inmenso poder; una gran superioridad. Ha logrado que la ciudad este alumbrada con su fuego; impregnada de su cálido aliento; cubierta por una gran desesperanza. La siente envuelta en el feroz canto del sinsentido y el nihilismo.

Su visión es aguda. Sus sentidos están en alerta. Al más mínimo movimiento que detecta, desciende imponiendo su fuerza. Aplicando su voluntad. Sin embargo, por más que lo desee, un tirano jamás podrá abarcar la totalidad de la existencia. Y lo sabe. Sabe que por más extensas sean sus llamas, siempre habrá algo que quiera y que pueda escapar. Algo o alguien, qué, para él, inútilmente se resistirá. O que al menos lo intentará. El monarca de fuego, sabe que esta ocasión, no es la excepción.

Su devastación es enorme, sí, no obstante, entre la oscuridad que queda por la ciudad, dos sombras, una delgada y otra gruesa, se mueven con mucha cautela. Tratan de ser muy cuidadosos. Se esconden debajo, y entre cualquier cosa que les sea útil. Debajo de cornisas, arboles, tejados. Entre autos, entre escombros, entre callejones. Entre el grito oprimido de desesperación de la gente. Aprovechando la cobija de temor que cubre completamente a la ciudad. Transitan entre luces, entre destrucción. Entre el llanto y el miedo de las personas. Tratando de esquivar todo lo que tenga una relación al fuego. Todo lo que delate su misteriosa identidad. Todo lo que revele su existencia, a la bestia.

Huyen, como si buscaran refugio. Por momentos se detienen. Su respiración es agitada. Su pulso acelerado. Se quejan, como si tuvieran un gran dolor en el cuerpo. Esperan, recargados en cualquier objeto que les sirva de apoyo. Una de las sombras, con silueta femenina, se toca el lado izquierdo del abdomen. Se nota, le duele.

De pronto, el nerviosismo se apodera de ellos. Una de las sombras, la de silueta femenina, se aferra a los brazos de otra. La sombra con silueta más gruesa, de cierto aspecto varonil, la abraza muy fuerte hacía su pecho. Le cubre el rostro a ella, mientras observa como el dragón sobrevuela muy cerca de ellos. El latido del corazón de ambos se acelera, con mucha rapidez. Ella, pegada a su pecho lo escucha. Sabe que la bestia esta muy cerca, Que puede descubrirlos y atacarlos en cualquier momento. Sin embargo, después de un tiempo el monarca se aleja, lentamente. Ambos se miran. La tensión persiste en el ambiente, aunque poco a poco es cambiada por un sentimiento de alivio. Esperan un poco más. Exhalan fuerte, y continúan su camino.

Buscan rápidamente un lugar en donde ocultarse. Les aborda una sensación muy intensa de miedo. Como si algo les indicara que el dragón está cerca de encontrarlos. La adrenalina aumenta rápidamente. El cansancio le sustituye pronto. Todo se encuentra cerrado o bloqueado por escombros. Saben que en cuanto intenten utilizar fuerza para acceder a algún sitio, y ante la menor señal de ruido, la bestia se aproximara velozmente. Deben ser lo más sigilosos que puedan. Sin embargo, el agotamiento aumenta. Han caminado mucho. Cierta desmoralización es inminente. Por eso, cada que se miran uno al otro, se alientan, se apoyan, se sostienen. Siempre uno al lado del otro. “Todo estará bien”, se repiten entre ellos, como si se tratara de un rezo. Luego, callan. Aguardan. Miran pasar al monarca. Lo ven alejarse. Y reanudan el camino.

De pronto, la sombra más gruesa se detiene. Observa a su alrededor. Nota que una puerta se encuentra abierta. El ánimo le regresa. Señala la entrada. Y sigilosamente se desplazan hacia ella.

Sin tener algún contratiempo, entran. Dentro, encienden las luces. No ven ni sienten la presencia de persona alguna. Con ayuda de la luz, notan, casi de inmediato, que este lugar es una librería. Para nosotros, quienes estamos leyendo, lo más importante de que hayan entrado, es que al fin podemos conocer la identidad de estas dos sombras.

- “¿Cómo te encuentras?”, le pregunta con un tono de preocupación el lobo guerrero a la princesa. -

- “Creo que estoy bien. Mi armadura tiene algunas abolladuras; tengo un gran dolor en la parte izquierda del abdomen; pero nada que sea de gravedad. Porque, a pesar de lo que hemos recorrido, la verdad me siento aun con muchas fuerzas”, le contesta la princesa, con la respiración bastante agitada. –

Hurgan por todo el lugar. Observan estantes repletos de libros, pero otros más tirados. Algunas maletas y mochilas en el piso. La caja registradora abierta y vacía. El lobo guerrero va a la parte de atrás. Ve, sillas y mesas tiradas; agua escurriendo del lavabo; todo en completo desorden.

- “Se han ido despavoridos”, dice el lobo guerrero regresando con la princesa. Ella lo mira un instante. Y rompe en llanto. Un llanto desesperado. -

- “Lo viste, lobo, ¡fue terrible! Ver a toda esa gente quemándose; escuchar todos esos gritos de ayuda y temor; presenciar toda esa maldita destrucción. Fue tan triste y a la vez tan espeluznante, observar como la ciudad bailaba con la canción de esa terrible bestia. Como todo se mezclaba con sus llamas. Como podía despedazarse en un instante lo que necesito décadas para ser construido. Así, de un momento a otro. En un simple pestañeo, todo era consumido por la ira, el miedo, el dolor y la frustración”, le dice la princesa al lobo, en una declamación angustiosa. -

- “Sabes, lobo… después de observar todo ese fuego, y mientras huíamos, no he podido dejar de preguntarme: ¿cómo es que esa bestia logró triunfar?, ¿cómo es que esta hermosa ciudad, emblema de todo lo que es humano, ha caído ante ese terrible mal?”, continua la princesa, ahora, con mucha mayor angustia y miedo en su voz. -

El lobo guerrero la escucha. No deja de mirarla. La princesa tiene su total atención. Comienza a notar que algo en ella cambia; que se transforma poco a poco. Sus expresiones de miedo se vuelven furiosas. Su desesperación, se vuelve frustración. La ve apretando cada vez más fuerte sus puños. Escucha que sus palabras son cada vez más agresivas. El lobo sabe que ella se está acercando rápidamente al abismo de la violencia y la muerte.

- “Debemos matarlo, lobo. Debemos destruirlo. Acabar con él. No debemos permitir que siga haciendo daño. Que siga sembrando su fuego en la humanidad. No importa lo que tengamos que hacer. Sobre quién tengamos que pasar, o lo que debamos pactar. Esa terrible criatura debe ser arrancada de raíz de este mundo. Es tanto el mal que provoca, que no debemos dudar en aceptar o llevar a cabo cualquier cosa que nos ayude a exterminarlo”, le dice la princesa con una mirada llena de furia; con el cuerpo tenso, como si en cualquier momento pudiera lanzarse en feroz ataque. -

El lobo guerrero se acerca a ella. Le toma la cara cuidadosamente, y la abraza. La princesa, tensa por un momento, suelta su cuerpo, mientras llora intensamente. El lobo trata de calmarla, abrazándola muy fuerte. Acariciando su cabello. Besando su frente.

- “Sabes princesa… te escucho y sé que tienes mucha razón en todo lo que has dicho. Es terrible el mal que provoca la bestia. El dolor que significa para la población lo grande que se han vuelto sus llamas. Tienes razón en sentir toda esa ira hacía ese monstruo. Sin embargo, esa ira no acabara con ella. Es más, estoy casi seguro que sería contraproducente. Me parece que las preguntas que te haces, son la clave. Aunque, me parece que hay unas que nos llevan al fondo de lo que ha sucedido. Por ejemplo, ¿de dónde viene este mal?, ¿por qué habiendo otras ciudades, ha atacado justo aquí?, ¿de dónde proviene su fuerza?, porque tú y yo notamos que mientras luchábamos con él, de pronto se ha vuelto más enorme y fuerte. Pero, ante todo, y la que puede ser la pregunta principal es, ¿qué es este mal, que ataca tan ferozmente a la humanidad?”, le dice el lobo guerrero, cruzando los brazos; tocando su mandíbula de forma pensativa. -

- “Porque, aunque no lo creas Sofí, presiento que ese monstruo, llevaba bastante tiempo cerca de nosotros. Creciendo a nuestro lado. Como si se tratara al principio de una mascota amistosa, que, llegado el momento, y sintiéndose con fuerzas plenas, ahora nos ha atacado a traición. Porque algo así de terrible, de enorme, de fuerte, no es algo que surja de un momento a otro. Estoy casi seguro que encontró algo aquí, en esta ciudad, ideal para querer construir su reinado”, continuo el lobo reflexionando. -

Afuera de la tienda, nada hace ruido. El constante aleteo del dragón ya no se escucha. El sonido de ambulancias, gentío, todo lo que se escuchaba, ha sido intercambiado por un silencio casi sepulcral. El lobo guerrero, guarda silencio. Todo lo que ha dicho ha quedado como una nube sobre ellos.

No dice nada, y el lobo se sienta en un sillón que está cerca de la puerta de entrada. De ocasión en ocasión, echa una mirada a la calle. Su preocupación continúa siendo que sean descubiertos. Por eso se encuentra vigilante, pendiente, preparado, para cualquier cosa que pudiera llegar a suceder. La princesa lo observa. Su mirada se nota llena de dudas. Así que toma una silla y la coloca frente a él. De un termo con agua que lleva encima, le da un trago. Luego, se lo comparte al lobo. Entonces, ella se sienta.

- “Entonces, según tú, lobo, y por lo que me cuentas, ¿Cómo piensas que ese monstruo pudo estar cerca de nosotros sin que lo notara nadie?”, le pregunta la princesa, buscando retomar la conversación. –

El lobo permanece en silencio. Continúa observando lo que sucede fuera. Sus orejas están atentas; su mirada fija. Sin embargo, de reojo observa a la princesa. Ve su cara llena de curiosidad. Por lo que retoma su posición reflexiva. Y tras un breve momento le contesta:

- “¿Acaso no te parece que debe ser muy simbólico el lugar en el que apareció ante todos, Sofía?, ¿lo recuerdas?, ¿el lugar en el que hizo acto de presencia?... piénsalo bien… fue en la gran biblioteca de nuestra ciudad… ¿pudiste verlo?... como le tomo tan solo un instante hacerla pedazos.”, continuo. -

Recargándose en uno de los estantes, un libro cae cerca del lobo guerrero. Lo levanta. Lo hojea por un momento, de forma curiosa. Después de un momento, su cara toma una expresión de sorpresa y lee en voz alta: “El cantar del esplendor de la ciudad: consideraciones urgentes sobre la necesidad del cultivo del alma, por Rob Riemen”.

La princesa lo escucha extrañada, y le pregunta:

- “El nombre de este libro es muy interesante. Pero cuéntame, lobo ¿acaso crees que nos puede decir algo sobre lo que ha pasado?”. -

El lobo, la mira atentamente. Nota su extrañeza. Entonces, tomando el libro con mucha fuerza entre sus garras, y con un tono muy serio le contesta:

- “Sí. Nos dice mucho sobre lo que ha pasado, princesa. Sabes, Sofí. Ahora que lo veo… recuerdo haber leído este pequeño cantar hace tiempo. Me contaron que cuando salió no gustó mucho. Porque si bien, habla de la belleza, y del esplendor de la ciudad, el autor advierte que la llegada de un terrible mal, como el que nos ha acechado, no era algo imposible, o impensable. Es un libro que observa, como se estaba germinando ya un nuevo espíritu en nuestra sociedad: el de la adoración a la tecnología, a la riqueza, a la competencia desmedida. Un espíritu que nos regiría mediante el miedo, la frustración, el odio, el resentimiento. Que nos orillaría hacía la violencia. Que nos traería de vuelta el reino del sin sentido”. -

“El reino del sin sentido”, recalca el lobo con cierta nostalgia en su rostro. Ambos guardan silencio por un momento. La princesa se acerca a su compañero. Le toma la mano.

- “Ha llegado, ¿verdad?, ¿es invencible?”, le pregunta con tristeza en su voz. -

El lobo aprieta un poco su mano. Desea transmitirle calor, esperanza, mucha valentía.

- “Si queremos darle una buena batalla a esa bestia, princesa, primero debemos reconocer que la voluntad de poder se ha vuelto activa nuevamente en la sociedad. Y que debemos llamarla por su verdadero nombre: nihilismo”, le dice el lobo con un brillo muy luminoso en sus ojos. -

- “Sabes, princesa… quizá la clave para enfrentarlo se encuentre en este pequeño cantar. Permíteme leerlo en voz alta. -”, continuo, mientras se sentaba nuevamente. -