El Hada Y La Joven Anciana ( Twisted Wonderland ) by Doncella_Pereza at Inkitt
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El hada y la joven anciana ( Twisted Wonderland )

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Él encontró una hermosa flor en invierno, pero pasó el tiempo y sus pétalos empezaron a caer, se marchita.

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Atesora este primer amor.

Estaba demasiado cansado y ya no podía seguir. Dió todo en la batalla y hasta obtuvieron la victoria, y solo tuvo una herida de muerte.

Lilia cerro sus ojos.

Se recostó en un árbol a descansar, esperando reunir magia para curarse a sí mismo. Afortunadamente ya no hay enemigos cerca, y aún si hubiera tiene ventaja al ser una hada quien puede mirar en la noche mientras que ellos no.


Escuchó pasos levantó la mirada molesto, solo quiere descansar un momento, ya le dió todo a su reino, ha servido bien, entonces, ¿Porque no puede tener algo de paz?, Suspiró sosteniendo su espada, atacaría desde abajo, pero se detuvo al instante al notar que se trata de una ¿Anciana, jovencita?, Sin duda puede verse algunas líneas de vejez en su rostro, con un cabello gris claro, pero se ve joven, bien conservada, sus labios tiene una tonalidad clara color durazno, con su cabello suelto y una capa roja, arrugas apenas ve, es extraño, pero no le importa. —¿Hmm?.—La joven anciana se acercó más.


—Siga su camino, o puede meterse en problemas.—No, no la está amenazando, pero si hay soldados detrás suyo no puede asegurar que la pueda proteger y atacar al mismo tiempo menos con su herida que apenas se cura.


—Pero, estás herido, deja que te ayude, mi cabaña está cerca...—Ella le sonrió con amabilidad pero Lilia dudo, después de todo se trata de una humana, no es que los odie, pero, con ellos ha peleado, y no tiene mucha confianza.


Ella avanzó hacia él se agachó un poco, extendió su mano, pero Lilia se negó a sujetarla. —Pero que hombre tan terco... ¿Que puedo hacerte yo?, Me duele la espalda y haces que me agaché.—Dijo ella, aunque no molesta más bien quería aligerar el ambiente entre ellos, el Vanrouge entendió sus intenciones se sentía algo mal al no confiar pero no puede bajar la guardia.


Solo hay dos resultados en esto, el primero ir con ella pero arriesgarla a qué la ataquen por estar con un hada, la segunda, que sea una trampa y pretenda entregarlo, la joven anciana tiene sus ojos cerrados así que no puede adivinar sus intenciones así.


Con algo de duda alzó su mano y ella lo sujeto, Lilia podía sentir el leve temblor en sus manos debe estar esforzándose para levantarlo, y es que de verdad está muy cansado para estar de pie por si fuera poco carga con su espada y parte de la armadura. —Ah... Vaya que eres pesado.—Ella lo apoyo en su hombro, y el se recargo.


—Es por la armadura, no me la puedo quitar ahora, lo siento...


—¡Vaya!, Ya hablaste más calmado, eso significa que ya nos estamos llevando bien.—Se rió la anciana, y Lilia no dijo nada más.


Al menos no mintió al decir que su cabaña está cerca caminaron poco, bueno para ambos, la anciana ya se estaba arrastrando con Lilia, cuando llegaron lo dejo en el sillón mientras recupero el aire unos minutos paso y se recompuso. —Mi cuerpo grita que haga ejercicio, uff.


—Lamento las molestias causadas, solo déjeme descansar aquí, en cuanto se cure mi herida me iré.—Comento el con tranquilidad.


—En ese caso te hubiera dejado en el bosque, te quiero ayudar... Déjame revisar tu herida, sería menos pesado para ti si te quitas la armadura.—Sugirio ella.


—No me puedo dar ese lujo puede haber alguien queriendo revancha.—La expresión de ella cambio unos segundos, lo noto y ella sonrió.


—Cierto... Traeré algo para que comas, cuando te sientas mejor puedes darte un baño si quieres.—Se fue a la cocina y Lilia empezó a ver la pequeña cabaña, no había mucho, muebles resistentes, ventanas que tienen pedazos de madera en vez de vidrios, una chimenea que apenas tiene leña, se asoma un poco, solo hay una habitación, parece ser que vive sola se pregunta si habrá perdido a su familia en la guerra.


—Espero te guste la fruta y sopa, tienes suerte que la estaba haciendo en este momento.—Tenia una bandeja en sus manos y la dejo en la pequeña mesa que está en la sala, el tenía hambre bastante, pero sus manos... La mujer se dió cuenta de lo que ve ella guarda silencio unos segundos.


—Usaba guantes pero los perdí, lo siento si le incómoda.


—Ah, está bien traeré una vasija con agua para que las limpie, debe ser muy horrible tener que traer las manos así, nadie debería pasar por eso...—Murmuro aquello, a pesar de que no puede saber nada debido a su mirada con los ojos cerrados está seguro que le afecta.


Tuvo una cena bastante silenciosa, ella también comía, aunque lentamente escogiendo bien que comer. —¿Eres una anciana no?.—Pregunto repentinamente. —Pero a pesar de eso apenas y se nota tu vejez, no eres una hada ya lo sabría.


—Va-Vaya... De repente te pusiste muy animado, supongo que fue gracias a mi comida.—Lilia se le quedó mirando, quería respuestas. —Ya estoy vieja... Unos 80 años pasan rápido, aunque si tomas lo necesario puedes verte linda como yo.—El ladeó su cabeza, quería saber más. —Me estás poniendo nerviosa... —Menciono, con un leve sonrojo, desviando la mirada. —Tengo conocimiento en magia, aunque no mucho use pociones, también me ayudan para los problemas de la edad.


—Eres... Bastante joven, podría ser tu abuelo. —Ella guardo silencio unos segundos y después empezó a carcajear.


—Gracias... No me había reído así desde hace tiempo, es cierto, mis modales, soy Isabella.


—Lilia Vanrouge.


—Que lindo nombre, entonces es todo un gusto tenerte aquí, iré a descansar un poco, las pociones cada día pierden efecto, allí está el baño, puedes calentar agua o bañarte con fría, hmm... ¿A las hadas les gusta el agua fría?.


—Esta bien, se lo agradezco en serio, es mejor que pasarla afuera.—Comento, poco a poco se relaja, tanto que mete su dedo en la nariz, Isabella observo eso bastante sorprendida, señalando lo que hace Lilia no captó a la primera.


—Tu... Creí que eran muy educados.


—¿Educados?.—Cuestiono el, hurgando un poco su nariz, Isabella cubrió su boca y empezó a reírse.


—Realmente eres divertido, como sea iré a dormir un poco o moriré de la risa aquí.


No era su plan permanecer allí, pero es muy reconfortante la pequeña cabaña la joven anciana dormía tranquilamente, pensaba dejarle una carta para agradecerle su amabilidad, pero se recostó en el sillón se había quitado su armadura para bañarse aunque permaneció con su espada, no podía bajar la guardia, no le preocupa que ella le haga algo, más bien que a ella le pase algo por su culpa.


Despertó exhausto por la mañana aunque su herida ya sano, percibió el aroma de la carne, olía bastante bien fue hasta la cocina allí estaba Isabella, preparo un poco de carne de conejo, para ser sincero jamás se fijó mucho en lo que comía, estaba en el campo de batalla se acostumbró a comer cualquier cosa. —Ya despertaste, vamos a comer... Se ve que tienes hambre.


Comieron tranquilamente, Isabella solo hablo de cómo fue que consiguió el conejo y las cientos de trampas que puso para conseguirlo, debido a la guerra era difícil conseguir carne y los animales huían de los soldados, él podía ver lo entusiasmada que está al tenerlo aquí.


Se pregunta... Lo que habrá pasado con ella, con su familia si es que tuvo, como terminó aquí, alejada de la nada, seguramente debe sentirse muy sola, sintió pena por la humana, ¿Cuánto años ha estado en soledad?. —¿Lilia?.—Le llama, el alza la vista.


—Lo lamento solo estaba pensando.


—¿Que cosas?, Digo, si se puede saber señor misterioso.


—¿Soy misterioso?.


—Oh no~ no me respondas una pregunta con otra pregunta.—El Vanrouge sonrió, hacía tiempo que no tenía una conversación como está nada que tuviera que ver con puestos de guerra, con quién debía adelantarse para dar ventaja, es muy tranquilo ya había olvidado lo que es una vida cotidiana.


—Temo hacerte sentir mal, tengo preguntas sobre ti.


—Ah... ¿Por mi edad?, Sabes aún me da risa lo que dijiste anoche, más vieja que yo, si como no.


—Pero lo soy...


—¿Que cosa?.


—¿Mi voz no me delata acaso?.


—Se que no eres un jovencito, de hecho tu voz es muy encantadora y algo gruesa pero, no creo que seas un anciano, solo mírate tan joven que envidia.


—Soy un hada, así que eso podría explicar mi apariencia, pero no miento al decir que soy más viejo que tú.—Isabella se quedó callada, poco a poco su expresión de confusión cambio y después su rostro se iluminó al entenderlo, se puso toda roja al no tener eso en cuenta.


—Bien, eso explica muchas cosas...—Murmuro. —Como sea... ¿Que querías preguntar?, ¿Sobre que hace una anciana como yo lejos de todo?.


—¿También lees las mentes gracias a las pociones?.


—Si fuera así, no me hubiera equivocado con tu edad... Pero creo que ya veía venir esa pregunta.


—Entonces...—El espera paciente.


—Mi familia murió a causa de la guerra, para ser sincera no recuerdo bien que o quién los mato y no quiero recordar... Después de eso no fui capaz de hacer una propia, me daba miedo perderla, soy demasiado cobarde para lidiar con la perdida.—Comento tranquilamente siempre con sus ojos cerrados y una sonrisa tranquila. —Me enamore, pero... Mejor me fui antes de que ocurriera algo malo, entonces ví este lugar, cero contacto con nadie asegurado. —Ella suspiró con pesadez, para así sorber de su té. —Sabes, siempre anhele tener hijos pero...


—Lo lamento...—Susurro Lilia para así interrumpir la mujer apenas lo escuchó bien. —Seguramente fue uno de los míos quien te quito a tu familia. —Bajo la mirada avergonzado. —Deberia irme no quiero molestarte.


—Oh no, quédate... Hace tiempo que me arrepentí de lo que hice, pero ya no sabía cómo volver después hubo más caos, era peligroso regresar, estoy feliz de verdad que estés aquí.—Sostuvo la mano de Lilia para que no se levantará él miro ese contacto entre ellos. —Por favor lo que dije no fue contra nadie, tristemente la guerra te arrebata cosas.


—Tampoco quisiera ponerte en peligro, si bien ya acabo está guerra, puede haber huma--- soldados que quieren aunque sea venganza. 


—Soy vieja, mi vida ya fue, no la aproveche, se que es algo egoísta y extraño pero quédate... Si ya acabo entonces descansa, solo un poco más. —Ella sonrió suplicante, Lilia se quedó pensativo.


Tenía razón, esto acabo, bien lo pudieron dar por muerto además si solo se queda algunos años pasarán como meses para él, supone que está bien disfrutar un poco de una vida tranquila.


El invierno pasó, llegó la primavera florecía hermosamente, pero Isabella se marchita.


Ya le costaba un poco caminar, se cansaba con facilidad, cuando recolectaban fruta debía sentarse en el césped, Lilia ya siempre traía agua consigo, incluso había veces que la cargaba aunque Isabella insistía en que no lo hiciera. —Escuche tu espalda tronar, ¿O-O fue tu cuello?.—La anciana preguntaba muy preocupada, él era fuerte en cuanto a la espada pero admite en sus pensamientos que ella pesa más que él, aún así no se detuvo siguió cargando a la joven anciana. —Ya te dije, puedo esperar en el suelo...


—P-Para nada, soy un soldado ¿Recuerdas?.—Agrego, hasta se esfuerza para hablar.


Termino consiguiendo una silla de ruedas, cómoda para la anciana, incluso hizo un camino para que no la molestarán los bordes de la tierra.


Isabella aún le gustaba cocinar, Lilia una vez lo hizo pero la comida... Se podría decir que la pudo consumir pero se quedó todo el día en cama.


El solo se encargaba de cazar conejos, o un animal que se pudiera consumir, la cabaña el mismo la arreglo, consiguió cortinas, y decoro la casa con flores. 


Al principio nunca se alejaba de su espada pero ahora iba a grandes distancias sin está, se sentía muy cómodo con ella alegre, estaba en paz.


Y se dió cuenta que estaba enamorado, ese día en que Isabella decidió quedarse afuera de la casa para esperarlo lo saludo desde lejos mientras ya se acerca. —Si no fuera tan anciana bien podríamos ser marido y mujer.—Dijo con una sonrisa divertida, volteó a mirarla, en el fondo pensó que ya eran eso, una linda pareja de ancianos alejado de todos.


Solo que olvidó un detalle... Ella era humana, el una hada, no le importaba si era relación prohibida o tabú más bien, el hecho de que no vivirían el mismo tiempo, además Isabella cada vez le cuesta más pararse de la silla de ruedas, su mirada poco a poco empeora, casi acerca su mano a la agua hirviendo le gritó pero no lo escuchó bien si no fuera porque la sostuvo y la hizo hacia atrás habría salido herida.


Puede ver cómo esa hermosa flor que encontró en el invierno empieza a perder sus pétalos.


—Quiero darte un regalo.—Le dijo mientras paseaban por los árboles en dónde solían recoger la fruta, Isabella alzó su vista pero después la bajó cuando Lilia se arrodilló frente a ella. —Te daré años de mi vida y vitalidad.—El que un hada diera un regalo es extraño y el hacerlo con lleva que busque algo a cambio, pero a veces las hadas solo dan presentes porque esa persona les agrada, vieron algo especial en ella.


Lilia vio en ella amor. —Lilia...—Ella sostuvo sus manos. —Gracias, pero no los quiero. —Alzo su vista bastante sorprendido.  —De verdad es un detalle muy especial jamás creí que alguien me daría tales cosas, pero... Si es mi hora es mi hora.—Ella se encogió de hombros, en el fondo quería quedarsebno quería dejar a este amable hada solo, pero también quiere reunirse con su familia disculparse por haberse escondido ese día y no morir junto a ellos.


—¡Pero yo te---!.—Callo al instante bajando la cabeza.


Al último si estaba buscando algo a cambio, hacer que Isabella se quedará a su lado, y que lo amará sonrió con amargura, aún le falta mucho para ser una buen hada. —Yo respetaré tu decisión, me quedaré a tu lado hasta el último momento, porque te quiero. —Ama.


Unos 6 años pasaron, las pociones ahora las hacia él, la belleza de Isabella se conserva pero su vitalidad se pierde, aún así siempre le sonríe, vaya que al principio le tomo tiempo hacerlas bien aunque gustaba probar de estás, tenían un sabor peculiar, Lilia cepillaba su cabello gris, la ayudaba a vestirla cuando estaba muy cansada, incluso la bañaba, aún solían salir, reían juntos e Isabella le enseño juegos de mesa, era tan feliz ahora.


—Deseo que mis cenizas sean esparcidas en este bosque.—Esa fue su petición mientras descansa en la cama apoyando su espalda con las almohadas, Lilia sujeta su mano, era ahora o nunca para confesar su amor hacia ella.


No podía, sentía que si lo decía en este momento haría que su alma no tenga paz. —Así será, las voy a regar por los árboles, los lugares que solíamos visitar.—Ella sonrió agradecida para después toser.


—Gracias por estar al lado de esta anciana.—Lilia sonrió con ternura. —Por formar parte de mi vida ojalá nos podamos ver de nuevo, te quiero Lilia. 


—Fue todo un honor acompañarla estos años dulce dama.—Isabella rió avergonzada, abrió un poco sus ojos, tenía un color hermoso tan claro pero profundo a la vez, Lilia se volvió a enamorar, sujeto su mano con fuerza al sentir que el agarre de ella se vuelve flojo, entonces cierra sus ojos, la respiración se detiene, Isabella murió.


El seguía sonriendo, pero las lágrimas caen lentamente, acerca esa mano que aún conserva calidez a sus labios y la besa con ternura. —Te amo...—Murmuro bajo para así abrazarla por última vez. —Esperame por favor.


Las cenizas las esparció, destruyó la cabaña, era demasiado nostálgico vivir allí solo, recogió un par de cosas, después las va a repartir seguro eso hubiera querido Isabella.


Regreso a su pueblo, fue triste el haberla perdido pero está agradecido con ella, experimento lo que es el amor, la calidez de tener un hogar, familia, quiere eso y ya no pelear más. —Me habría encantado que hubiéramos Sido padres. —Quien diría que podría cumplir ese sueño.

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