Un lugar
Hace mucho tiempo, en una época de gran conflicto entre el bien y el mal. Se decía entre los pobladores de la aldea del Lago Mariposa que existía un árbol que se llevaba a las personas al mismísimo infierno. Aunque solamente eran rumores, muchas de las personas que vivían en la aldea creían en la existencia del «portal infernal».
Algunos siguiendo las historias que se relataban, se adentraban en el bosque para buscar el árbol y destruir el portal que, según se contaba, se devoraba las almas de los pobres incautos que se topaban en sus dominios. Pero, misteriosamente, aquellos que se aventuraban en la búsqueda nunca regresaban. Simplemente desaparecían. Los habitantes de la aldea usaban cualquier pretexto para no ir al bosque. Tenían mucho miedo y no querían ser de los desafortunados que se tropezaban con la maldad. Aunque el sacerdote en cada sermón los intentaba apaciguar, el temor no terminaba de crecer entre los pobladores de la aldea.
—¡Hijos míos! —gritó el sacerdote desfilando los ojos entre todos los presentes. Su tono de voz les hizo saber que tenía un anuncio muy importante—. ¡A mis oídos han llegado los rumores de un terrible portal infernal que les quita el sueño!
Las personas asistentes comenzaron a susurrar entre ellas. ¿Sería ese el final de la temible historia?
—¡No quiero que teman! Dios nos da la protección que necesitamos. Ningún mal puede atacarnos —añadió al notar el miedo en los presentes.
—¡Mi hermano lleva desaparecido tres días! —gritó un hombre que se puso de pie.
Agachó de inmediato el rostro en señal de respeto. No deseaba contradecir al sacerdote, pero tampoco quería que se pasara de largo la desaparición de su querido hermano.
—Escuché tan lamentable noticia. —Reconoció el sacerdote y, al notar la expresión de los aldeanos, añadió—: ¡Voy a buscar el árbol y al hijo de Dios que ha desaparecido!
El sonido de sorpresa se elevó de a poco en el lugar. Algunos sacudieron la cabeza, otros se persignaron de inmediato al escuchar tal noticia. Aunque no lo decían, todos pensaban que el sacerdote estaba mal de la cabeza. Nadie en su sano juicio iba a querer adentrarse en el bosque para buscar el Árbol del Diablo. Incluso los leñadores tenían sus propias reglas para poder mantenerse a salvo.
—¡Es peligroso! —vociferó una mujer.
—¡Puede morir! —secundó otro hombre.
El sacerdote alzó ambas manos y poco a poco las voces se fueron apagando.
—¡Poseo el gran poder de Dios y en esta travesía podré responder todas sus dudas! —terminó de decir ante las miradas atónitas de todos.
Al día siguiente, el sacerdote partió a su misión acompañado de sus pergaminos y un frasco de agua bendita. Los pobladores, asustados, brindaron lo necesario al hombre de Dios para que concluyera su cometido. Todos rezaron para que las horribles historias y desapariciones llegaran a su fin.







![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)
