Traficados A Otro Mundo by Roy58111 at Inkitt
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Traficados a otro mundo

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Summary

Tres chicos son enviados a otro mundo por accidente. Se esforzarán en regresar a su antiguo mundo, pero no saben cómo hacerlo. Por lo tanto, intentarán sobrevivir y adaptarse a este nuevo mundo lleno de magia, monstruos y demonios, cosas que nunca imaginaron que existieran. Durante su recorrido, conocerán amigos y compañeros. Sin embargo, no todos están dispuestos a regresar a su mundo original...

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
13+

Un extraño mundo

El cielo azul se extendía sobre mi ciudad, donde la vida estaba sometida a una presión abrumadora. Las personas caminaban absortas en sus propios problemas y deberes, mientras el ruido de los motores de los autos llenaba el aire, creando una sinfonía de tensión.

Salía de una parada de autobuses, mientras me desplazaba con un trote ligero, sintiendo la música en mis auriculares marcando el ritmo de mis pasos. El aire fresco de la mañana me acariciaba el rostro, y no pude evitar sonreír mientras me acercaba al cruce de peatones. Al ver que el semáforo aún no daba el paso, reduje la velocidad, con una leve impaciencia en mi mente.

—Mañana tengo práctica de esgrima con mi amiga; no puedo llegar tarde otra vez. También tengo karate a las dos...

Miré mi reloj rápidamente, para evitar perder la noción del tiempo.

—Son apenas las nueve de la mañana, tengo tiempo de sobra. Desde que me mudé aquí, hacer amigos se ha vuelto mucho más fácil.

Cuando el semáforo cambió a verde, cruzó la calle con pasos decididos, y el parque se desplegó ante mí, una vista reconfortante. Mientras caminaba, me rasqué mi cabello castaño distraídamente y solté un suspiro. Fue entonces cuando vi una figura familiar acercándose en dirección contraria. Era Sophia, una amiga que siempre hacía caminatas diarias. Ella me alarmó y levantó una mano para saludarme.

—¡Buenos días, Hiroshi! Veo que sigues con tu rutina diaria de caminatas. Ten cuidado, ¿sí? A veces la gente pasea con sus perros, y algunos pueden ser un poco intimidantes.

Asentí, agradecido por la advertencia, y respondí con amabilidad:

—Buenos días, Sofía. Gracias por el consejo, lo tendré en cuenta. Pero debo seguir, tengo que cruzar el parque. Estaré atento con los perros.

Después de despedirme de ella, continúa mi camino hacia el parque. Apenas puse un pie en el césped, sentí un leve temblor bajo mis pies. Me detuve de inmediato, frunciendo el ceño con desconcierto. La sensación, extraña e incómoda, desapareció tan rápido como había aparecido, dejándome confuso. Entonces murmuré para mí mismo:

—¿Un terremoto? Fue tan leve... Tal vez solo lo imaginé. Debería preguntarle a alguien.

Mis ojos se posaron en un hombre cercano, que parecía tan fuera de lugar como yo sentía. Decidí acercarme a él para aclarar mis dudas.

—¡Disculpe! Quiero hacerle una pregunta.

El hombre tenía el cabello gris y una barba que apenas delineaba su rostro, como si no se hubiera molestado en afeitarse por completo. Su traje, que en algún momento debió lucir impecable, ahora estaba arrugado y desaliñado, un reflejo de su aparente descuido. Me miró con una expresión marcada por el cansancio, con ojeras profundas y ojos que parecían haber perdido su brillo. Me pareció alguien poco confiable, como si cargara un peso abrumador sobre sus hombros. Finalmente, habló con una voz apagada, casi monótona, como si las palabras le costaran:

—Sí, está bien... Pregunta rápido, por favor. Tengo que estar en el trabajo a las ocho...

Dudé un momento, sin saber si mencionar que la hora de trabajo del hombre ya había pasado o seguir con mi pregunta sobre el temblor.

—Bueno, sentí un temblor, algo leve no estoy seguro si fue solo mi imaginación. En esta ciudad, no solemos tener terremotos; no estamos en una zona sísmica como en otras partes del mundo como donde yo vengo.

El hombre ajustó su corbata con una expresión de sorpresa. Luego, con un toque de nerviosismo en su voz, respondió:

—Yo también lo sentí, pero pensé que era solo la resaca de ayer. Todavía me estaba afectando...

Antes de que pudiéramos profundizar en la conversación, un segundo temblor sacudió el suelo, alertándonos a ambos. Mi mente estaba confusa cuando un joven, claramente desorientado y aterrorizado, irrumpió en la escena y chocó contra mí, cayendo pesadamente sobre mi cuerpo.

—¡Oye, mira por dónde vas!

Exclamé, empujándolo con brusquedad para que se apartara.

— ¡Casi me quedo sin aire!

El chico, temblando y visiblemente asustado, tartamudeó disculpas mientras trataba de levantarse. Llevaba una camiseta negra con estampados de kaijus y pantalones de mezclilla. Su cabello oscuro y su ansiedad eran evidentes.

—Sé que estás asustado por los temblores, pero ¿por qué corrías así? Podrías haber lastimado a alguien.

Le dije, intentando calmarlo, mientras lo miro a la cara.

Con voz temblorosa, el chico señaló hacia los árboles y arbustos cercanos, su miedo palpable en cada palabra.

—Hay... hay algo allí. Una luz parpadeante. Estaba observando y escribiendo sobre los animales del parque cuando la vi aparecer.

Mientras escuchaba al chico, me di cuenta de que el hombre desaliñado ya se había dado cuenta de que era tarde para llegar al trabajo. Se masajeó el cuello con una resignación evidente, y su voz estaba cargada de frustración.

—No puedo creerlo... es la tercera vez que llego tarde. Seguramente me van a despedir.

Observé cómo el hombre se lamentaba y luego me volví hacia el chico, tocándole el hombro para tranquilizarlo antes de avanzar hacia los arbustos que estaban a unos veinte metros de distancia. Me moví con cautela, apartando las ramas con cuidado hasta que, finalmente, vi una esfera blanca flotante, rodeada por un aura púrpura.

—¿Qué es eso? es bastante raro, mejor debemos salir de aquí cuanto antes...

Retrocedí lentamente, sintiendo cómo la esfera blanca parpadeaba. El suelo tembló con mayor intensidad, y esta vez la sacudida fue suficiente para derribarme. El aura púrpura se expandió, envolviendo el área de los árboles y a mí mismo, sumiéndome en una oscuridad total.

El miedo me envolvía mientras quería pensar en el mejor de los escenarios, pero no podía. Entonces pensé: ¿Por qué está todo oscuro? ¿Qué está pasando? ¿Es este mi final?

—No imaginé que moriría así... mamá, papá, amigos... ¿Realmente voy a morir sin haber cumplido mis sueños?

La oscuridad me envolvió por completo, y el ruido se desvaneció. A pesar de todo, seguía respirando. Me preguntaba si, de alguna manera, estaba vivo. Abrí los ojos lentamente, intentando recuperar la calma tras el shock. Mis manos tocaron el césped mientras me esforzaba por levantarme, mi cuerpo temblando con el esfuerzo.

—Pensé que era el final... pero parece que sigo vivo.

Murmuré, tratando de asimilar la intriga y el alivio al mismo tiempo. Miré a mi alrededor, confuso. En mi mente surgieron preguntas: ¿Qué era esa esfera de cristal con el aura púrpura? ¿Un truco de algún tipo? ¿O simplemente un sueño...? Me dejé caer de nuevo al suelo, suspirando pesadamente, y cerré los ojos.

—Al menos no me ha pasado nada grave...

Mientras mi respiración se estabilizaba, comencé a examinar mi entorno con atención. Algo no encajaba. El horizonte ya no mostraba la ciudad; en su lugar, enormes paneles de vidrio formaban un muro distante que reflejaba mi entorno de manera distorsionada. Sobre mí, un imponente techo de concreto se alzaba, reforzando la sensación de encierro. A lo lejos, unas ventanas colosales dejaban pasar una luz tenue y artificial, apenas suficiente para iluminar el lugar.

Murmuré en voz baja, intentando calmarme:

—Tranquilo, Hiroshi, no entres en pánico. ¿Cómo demonios ha llegado el parque aquí? Debe ser un sueño... Aunque no es momento para entrar en pánico. Necesito averiguar qué está pasando.

Me esforcé por levantarme y caminé rápidamente entre los arbustos. Encontré al chico gordito tendido en el suelo, aparentemente desmayado por el shock. Lo sacudí suavemente mientras le susurraba:

—Oye, despierta... ¿Estás bien? ¿Recuerdas cómo llegamos aquí? Despierta rápido, algo raro está pasando.

Mientras lo tocaba, vi a lo lejos un objeto metálico en forma de esfera, con cristales azules girando a su alrededor. La visión del objeto me perturbó. En ese momento, el chico gordito abrió los ojos y, confundido, me respondió:

—Me llamo Iván. Espera… ¿Qué sucedió? Lo último que recuerdo es que una energía púrpura nos envolvió. ¿Seguimos en el parque? ¿O todo esto fue solo un sueño?

Antes de que pudiera continuar hablando, la esfera metálica emitió un rayo que impactó cerca de nosotros. De inmediato, el suelo comenzó a transformarse, cristalizándose en una estructura brillante que se extendía lentamente, conquistando más y más terreno a nuestro alrededor. La sensación de urgencia me invadió. Sin dudarlo, agarré a Iván por la camisa, tiré de él con fuerza y exclamé:

—¡Tenemos que irnos, Iván, ahora mismo! Solo mira el suelo. ¡También los árboles se están convirtiendo en esas estructuras! ¡Esto no es normal!

Mientras corríamos, se escuchaba el sonido de voces que se acercaban más en la dirección que tomábamos. A lo lejos, algo inquietante acompañaba esas voces: el acento era extraño, y las risas que las acompañaban resultaban perturbadoras. No podía evitar sentir que esas personas estaban directamente involucradas en lo que estaba sucediendo. Si continuábamos avanzando, sin duda nos toparíamos con ellos.

De repente, un susurro emergió de los arbustos junto a una fuente, deteniéndonos en seco. Me giré, sorprendido al reconocer al hombre desaliñado que había desaparecido. Ahí estaba él, entre la maleza. Las voces se acercaban cada vez más, y sin pensarlo dos veces, Iván y yo nos escondimos entre los arbustos, cayendo sobre un montón de basura. Casi me clavo un objeto metálico al aterrizar. Mientras intentaba despejar un poco el área, el hombre, con su voz rasposa, rompió el silencio:

—Me sorprende que estén bien. No daba un centavo por ustedes, pero es aburrido estar solo. Me alegra ver que están sanos y salvos, considerando la situación en la que nos encontramos.

Iván y yo nos miramos, compartiendo la misma confusión ante sus palabras: ¿Sabía él algo sobre lo que estaba ocurriendo? ¿Estaba involucrado de alguna manera? Las preguntas se agolpaban en mi mente, cada una más insistente que la anterior. Finalmente, resolví tomar la iniciativa.

—¿En qué situación estamos? ¿Sabes algo sobre lo que está pasando? ¿Quién eres?

Pregunté, tratando de mantener la calma. Este sujeto era bastante raro. Entonces, el extraño hombre sacó un poco su cara de los arbustos.

—¡Primero silencio! Después miren.

Me rasqué la cabeza mientras me asomaba con cautela desde los arbustos. Con un gesto imperceptible, hice que Iván y yo fijáramos la vista en un grupo que se aproximaba. Eran cinco figuras, algunas con máscaras, otras sin ellas. Todos estaban armados con lanzas y vestían armaduras adornadas con un logotipo de león. Avanzaban en formación, escoltados por un imponente reptil que se asemejaba a un varano gigantesco del tamaño de un caballo, y que arrastraba un carro de carga.

En el carro vi una jaula que contenía a varias personas de nuestra ciudad, atadas con sogas. La escena se tornó aún más sombría cuando dos soldados aparecieron cargando el cuerpo de un hombre, que arrojaron como si fuera un animal dentro de la jaula. Mientras el resto de los soldados continuaba su conversación, volví mi atención hacia Iván, con mi expresión tornándose grave.

—Como pueden ver, parece que un grupo criminal o colonizadores de algún lugar remoto han trasladado el parque aquí y están esclavizando a todos los que se encuentran en él. No estoy seguro de qué son esas cosas voladoras; tal vez una nueva tecnología. Aun así, ese lagarto me inquieta. Por cierto, me llamo Klaus Schmidt. ¿Y ustedes?

Mientras Klaus hablaba, sacó una cajetilla de cigarros y empezó a buscar un encendedor. Iván, con un gesto nervioso, le cubrió el encendedor con la mano, impidiéndole encender el cigarro.

—No enciendas nada, ¿estás loco?

Iván lo dijo con tono urgente mientras se levantaba y aplastaba el cigarrillo.

—Tenemos que irnos. Los reptiles tienen un olfato sensible a los olores y pueden detectarnos varios metros, incluso algunos kilómetros de distancia, dependiendo de la especie. Aunque estamos a docenas de metros, es mejor no correr riesgos.

Reflexioné por un momento para después dirigirme a ambos, tratando de presentar una solución.

—Iván, dices que tienen un buen olfato. ¿Hay alguna manera de evitar que nos detecten? Si no estamos en la ciudad, debería haber algún lugar donde escondernos. Quizás las alcantarillas... conectaban con el resto de la ciudad a través de un lago cercano. Pero ahora que el parque ha sido trasladado, tal vez solo haya un agujero por el que escapar.

Ambos me miraron pensativos. Klaus suspiró, visiblemente nervioso, y apretó el cigarro en su mano antes de hablar.

—Mierda, necesitamos salir de aquí. Quiero encender mi cigarro para calmar mis nervios. Si lo que dices es cierto, las alcantarillas podrían ser nuestra salida. Pero tendremos que quitar algunas tapas de metal en la calle, lo que podría llamar la atención. Además, ¿qué pasa si nos perdemos en las alcantarillas? ¿Y si tardamos demasiado y, al final, nos encuentran?

Escuché atentamente lo que Klaus decía. Después de un momento de reflexión, solté un suspiro profundo y le coloqué la mano en el hombro antes de responder:

—El lago estaba al norte. Las tuberías deberían ir en esa dirección. Si encontramos desviaciones, solo nos queda tener fe.

Mientras cerraba los ojos para evitar las lágrimas de impotencia, noté la mezcla de nerviosismo y frustración en el rostro de Klaus. Iván, que estaba atento a todo, levantó la mano, como si tuviera algo crucial que decir.

—Para eso necesitamos una palanca, ¿no? Tengo una, aunque está algo oxidada. La encontré mientras ustedes hablaban.

Mi sorpresa inicial se transformó en determinación. Sin perder tiempo, nos preparamos para ejecutar el plan. Observé cómo los soldados se alejaban lentamente hasta que sus figuras se desvanecieron en la distancia. Era nuestra oportunidad.

Nos deslizamos sigilosamente hacia adelante, vigilando cada rincón con cautela, atentos a cualquier peligro. Llegamos a una estrecha calle de concreto y localizamos la tapa de una alcantarilla, nuestra única salida. Con manos temblorosas pero firmes, inserté la palanca en la ranura y comenzamos a abrirla.

De repente, un destello en el cielo capturó mi atención. Un objeto metálico flotante, reluciente y siniestro, se acercaba rápidamente. Su presencia transformaba todo a su paso; el suelo y los objetos a su alrededor se cristalizaban, convirtiéndose en estructuras de cristal frías y brillantes. La expansión de esta transformación avanzaba implacable hacia nosotros.

—¡Mierda! ¡Rápido, rápido, rápido! ¡Si no nos damos prisa, seremos esculturas como esas malditas estatuas!

Finalmente, la tapa cedió con un crujido metálico. Sin pensarlo dos veces, saltamos dentro, dejando atrás el mundo exterior, que se cristalizaba en una belleza mortal.

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