LA ESTRELLA (Relato corto)

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Summary

Una pareja de científicos, refugiados en el anonimato, trabaja en un proyecto revolucionario: una máquina del tiempo capaz de cambiar el curso de la humanidad. Su éxito atrae la atención de un peligroso enemigo que los obliga a tomar decisiones desesperadas para proteger su obra y a su hijo. Años después, en un lugar remoto, una pareja encuentra una misteriosa estrella brillante.

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AÑO CERO

Para Robert, no es una mañana como otra cualquiera, hoy se encuentra más contento de lo habitual. Está deseando que se despierte Elena para contarle lo que tiene pensado llevar a cabo en el día de hoy. Esta será su prueba definitiva, la última, el intento final. Lleva muchos años invertidos y por qué no decirlo, tirados a la basura. Aunque nunca haya desistido, jamás ha conseguido sacar exitosamente ningún ensayo, dejando detrás de cada intento de éxito, una frustrante ansiedad junto a un puñado de enemigos inversores con ansias de poder. Si esta vez no consigue lograrlo, desistirá de más propósitos y se dedicará a otros proyectos de no tan difícil envergadura.

Mientras espera a su amada en la cocina, Robert, sin desconectar su ensimismada mente del boceto bautizado por él como “Año Cero”, prepara el desayuno de ambos. Unas tortitas con chocolate, acompañadas de un soporte de energía vulgar pero eficaz, el café. Al doctor, le es imposible encauzar el día, sin su habitual dosis de cafeína. Él lo llama, su combustible neuronal. Con todo preparado y degustando su primera taza de café, hace acto de presencia en la cocina, su esposa y madre de su hijo recién nacido, Elena. Está, aún con cara de sueño y con Brian en brazos, se aproxima a su esposo para darle su habitual beso mañanero, seguido de un “buenos días mi amor”. Robert, que los espera con una sonrisa, recibe con carantoñas a su hijo, mientras lo toma en brazos y besuquea por todo el cuerpo. Tras este entrañable momento padre e hijo, Robert deja a Brian en el moisés que tienen preparado en la cocina y con su ilusionante entusiasmo, se abraza por detrás a Elena, para contarle mientras desayuna, su nueva voluntad de triunfar con su Año Cero.

—Buenos días doctora.

—Te veo muy contento. Cuéntame, ¿Qué tiene preparado en mente mi Einstein favorito?.

—Pues veras, si mis cálculos no fallan,  hoy será nuestro día. El día que nuestro proyecto cobre vida. Hoy pasaremos a la historia como los científicos que cambiaron el mundo. 

—¿Estás seguro de seguir?, ya te dije que no veo preparada a la humanidad para un avance tan grande y poderoso como éste. 

—Sí, seguro. Buscaremos inversores reales que no tengan intereses políticos o religiosos. Todavía existen buenas personas con intenciones reales, solo que no dimos con ellos.

—Robert, te recuerdo que la última vez lo tuvimos que hacer mal intencionadamente y casi nos cuesta la vida.

—Destacar que tanto Robert como Elena, son dos prestigiosos científicos que actualmente se encuentran viviendo y trabajando clandestinamente en el sótano de un chalet, a las afueras de la ciudad de Marbella.

La pareja, se conoció cuando ambos trabajaban en Estados Unidos al servicio de la CIA. En esta etapa, estos científicos españoles, realizaron una labor extraordinaria haciendo trabajos de bien para la humanidad, como descubrir vacunas y antídotos entre otras cosas. Con el paso del tiempo, lo que unió la ciencia, terminó siendo perfeccionado por el amor. Robert y Elena, dieron un paso más en su relación y contrajeron matrimonio. Meses después, decidieron dejar su aventura americana y ponerse al servicio de Nikolay, un poderoso magnate ruso. Este ambicioso empresario, que se vendió a los científicos como el próximo salvador del mundo, con el paso del tiempo, pasó a mostrarle a la mediática pareja, su verdadera identidad y propósito de vida. Tras la máscara monetaria de Nikolay, se esconde un ser despiadado, un ser con intenciones mundialmente avariciosas. Niko, como le llamaban ellos, es un terrorista que intenta acabar con el mundo en el que vivimos. Es una persona ambiciosa que solo tiene en mente una cosa, un proyecto personal, un sueño. Este maquiavélico ruso, quiere ser el dueño y señor de este mundo,  desea tener el poder sobre todos los países y personas y para eso, necesita crear su propia máquina del tiempo. Ante tan vil descubrimiento, Robert y Elena, que en esos momentos se encontraba embarazada de Brian, se ven obligados a huir rápidamente de sus labores científicas. Llevándose entre otras cosas, todos los informes actualizados del proyecto, para acabar escondidos en donde actualmente se encuentran, en tierras andaluzas.

Robert, como gran científico que es, no quiso destruir todo lo que tenía en su poder. Así que como pudo, empezó a reconstruir en el anonimato su “Año cero”. La finalidad, no es otra que la de intentar llevarlo por el camino que siempre quiso que llevara, el camino del bien. Robert y Elena, siempre imaginaron que su máquina del tiempo iba a estar destinada a fines pacíficos, tales como evitar guerras, asesinatos e incluso pandemias. Pero con la aparición de este señor de la antigua Unión Soviética, sus propósitos fueron confinados en el más grande de los abismos.

Dejando atrás el pasado y volviendo de nuevo a la actualidad. Robert, termina su desayuno y marcha hacia el sótano para continuar experimentando sobre su compleja máquina. El doctor, quiere darle unos retoques antes de realizar la prueba definitiva. Por lo que rellena su segunda taza de café y emprende el camino de las escaleras a su inmerso despacho  bunkerizado. Una vez abajo y aislado de la realidad, Robert, observa pensativo su pizarra, a la vez que repasa intensamente sus libretas rellenas de fórmulas mil, sobre su renovada teoría cuántica. Pasado unos noventa minutos aproximadamente, el doctor, con todo repasado y seguro de sus actos, se aproxima a la máquina del tiempo con forma de estrella e introduce en su interior la taza de café rellena y preparada de nuevo para la ocasión. Antes de cerrar la puerta e iniciar el viaje secuencial, introduce manualmente un código en el frontal y centralita de la estrella, para segundos después a modo ritual de buena suerte, finalizar el proceso con tres fuertes palmadas a la puerta, seguido de un beso. Con los dedos cruzados y todo preparado, mientras cierra y hermetiza el espacio donde tiene ubicada la máquina del tiempo, se aparta lentamente, sin quitar su mirada de esta. Por su mente cavilante, no dejan de pasar recuerdos pasados de todo tipo, momentos que sin darse cuenta, se han convertido en parte de su historia. El Año Cero, ha sido, es y será, el proyecto de su vida. Tras sentarse detrás de la mampara y colocarse delante de su ordenador, da comienzo la marcha atrás.

—Tres… (se coloca sus gafas protectoras).

—Dos… (su corazón empieza a latir con más intensidad).

—Uno… (cierra los ojos y grita): —¡Fueraaaa!

Un pequeño temblor, seguido de una luz muy potente, se apoderan del sótano. Robert, cegado unos segundos por la intensidad del flash, no ve lo que está ocurriendo dentro de la cámara hermética. El doctor, que no quiere esperar más, se acerca lentamente a la cámara a la vez que se quita las gafas. ¡Funciona!, ¡Funciona!, grita saltando emocionado al ver que su máquina no está, ha desaparecido. Su efusividad momentánea, no le hace pensar en otra cosa que no sea el éxito. Hasta que la realidad vuelve a su prodigiosa mente en forma de reflexión. ¿Y si la estrella no ha viajado en el tiempo y simplemente se ha volatilizado?. Su susurrante mente, ha creado un nerviosismo intenso que solo puede subsanarse con la espera de su estelar regreso. La estrella, está programada para volver en cinco minutos. Durante el proceso de letargo, el doctor para amenizar y acortar de algún modo la espera, a modo de ansiolítico, devora varias uñas de sus temblorosas manos, mientras se sitúa nuevamente tras la mampara. Pasado el dichoso tiempo y con Robert prácticamente sin uñas, una luz brillante, hace su aparición en el sótano. Esta luz, deja sin visión al científico durante unos pocos segundos. Cuando pudo recobrar la vista, la estrella estaba ahí, estaba brillando como nueva, como si nunca se hubiera movido del lugar.  De un salto, se coloca frente a su estrella y repite su ritual de buena suerte antes de abrir la puerta. Una vez dadas sus palmadas y su beso a la puerta, realiza la apertura de esta y mira en su interior. La máquina del tiempo está intacta y lo mejor de todo, su aroma. Un aroma a café recién hecho sale de su interior. Su taza está ahí y lo mejor de todo, está entera, tal como él la dejó. Emocionado y con lágrimas en los ojos, empieza a gritar mientras corre escalera arriba.

—¡Elena!… ¡Elena!…  ¡funciona!… ¡lo conseguimos!… ¡lo conseguimos!…

La fusión de gritos y emociones, hacen que Robert no se percate de una cosa cuando llega a la cocina y es que Brian se encuentra solo en su moisés, cuando Elena normalmente, es incapaz de dejarlo solo ni medio segundo.

—Brian, tus padres lo han logrado. Busquemos a mamá, se va a alegrar muchísimo cuando se entere.

Robert, con su hijo en brazos, se dirige a la puerta de entrada del domicilio, donde extrañamente se escuchan ruidos.

—¡Amor donde andas!, lo hemos logrado.

La efusividad del doctor al acercarse a la puerta de entrada del domicilio, va disminuyendo conforme advierte que esta, se encuentra abierta y con un llamativo rastro de sangre en el suelo. Este rastro, abarca desde la puerta de la vivienda, hasta el salón de la misma. Las lágrimas de alegría por el meritorio logro del proyecto en común, fueron desapareciendo poco a poco y convirtiéndose en lágrimas de desesperación, al llegar al umbral del salón y encontrarse el cuerpo sin vida de su esposa tendido en el suelo. 

—¡Elena!, ¡Dios mío!

Grita desesperado, sin darse cuenta que al fondo del salón, justo al lado de la chimenea, se encuentra rebuscando entre sus libros, un hombre de indumentaria oscura y oculto tras un pasamontañas.

—Buenos días Robert, ¿Qué tal te encuentras?, ya ves que Elena no muy bien.

—¿Quién eres? contestó con la voz temblorosa y apagada

—Ya os dije, que no os ibais a librar de mi tan fácilmente. Sé que lo has conseguido, te llevo espiando desde hace un tiempo. Solo quiero que me des todos los informes de tu Año cero.

—¡Niko!. (Vocifera Robert, sacando una mezcla de nerviosismo, ira y valentía).

—¡Bingo! (Exclama el magnate y terrorista ruso, a la vez que se despoja del pasamontañas y acercándose al científico, levanta su jersey y deja entrever un arma corta automática que tiene escondida en su funda bajo el pantalón).

Robert, como acto reflejo y sin pensarlo dos veces, sale corriendo con Brian en brazos. El doctor, corre como nunca lo ha hecho. Tiene que salvar la vida de su hijo y destruir toda prueba existente para que no caiga en manos de este asesino. Una vez logre todo eso, debe enfrentarse a Nikolay. Tiene que hacerlo por Elena, se lo debe. De camino al sótano, Robert coge el moisés de su hijo y se encierra bajo llave en el laboratorio. El tiempo apremia, por lo que rápidamente y una vez abajo, deja a Brian en el moisés al lado de su estrella y se pone a formatear el ordenador, mientras destruye todos los informes y libros físicos en la trituradora. Varias detonaciones hacen eco en la puerta del sótano. Nikolay ha logrado entrar. Robert, instintivamente, deja lo que está haciendo y coge el moises con su hijo y lo introduce en la máquina del tiempo. Una mezcla de nervios con mala suerte, provocan que el doctor, golpee con la cuna la taza de café olvidada en su interior, tirándola sobre la centralita y dejándola borrada por completo.

—¡Maldición!, no puede ser.

Robert empieza a secar y darle con la mano a todos los botones. No sabe lo que está programando, pero tiene a Nikolay tras él, por lo que cierra la puerta y sin dilación alguna, pulsa el botón de encendido de su estrella del tiempo. Un estruendo muy fuerte, taponan los oídos del doctor a la vez que le nubla la vista. Nikolay le ha disparado. Robert, herido de gravedad y con la secuencia de su máquina iniciada, solo le queda una cosa por hacer, luchar. Sacando fuerzas de flaqueza, da tres palmadas y un beso paternal sobre su estrella, para acto seguido lanzarse sobre Nikolay. Este, al verlo venir, vacía el cargador de su arma a quemarropa sobre el científico, cayendo este a peso muerto sobre él, arrastrándolo al suelo.

La máquina del tiempo con Brian en su interior, desaparece de su emplazamiento, dejando tras de sí un cegador destello. El bebé, accidentalmente, ha sido el primero y seguramente el último, en realizar el codiciado viaje espacio tiempo. Nikolay, grita desde el suelo encolerizado. Nada le ha salido como tenía planeado, ha perdido la máquina y ha matado a sus creadores. Es el comienzo de su fin. Robert, yace en el firme con la mirada perdida en la nada, no habla. Una nube de recuerdos pasan rápidamente por su cabeza, Elena, la boda, sus padres y como no, su hijo Brian. Su mente, solo anhela que a donde haya ido a parar su precioso bebe, se encuentre bien. Desea que caiga en buenas manos y que Nikolay nunca pueda dar con él.  El doctor, está exhausto, se desvanece. Sus fuerzas, que se disipan con el frío y ensangrentado suelo del sótano, terminan cegandolo eternamente y apagando su metalizado aliento en el eterno abismo de la oscuridad. Robert, ha muerto.