Capítulo 1
Dulce venganza, dulce deseo, dulce vida, dulce sueño.
Cuatro protagonistas que conforman una historia.
Cuatro diferentes vidas que se entrelazan.
Caminaba a prisa por las calles oscuras de Noale, Venecia. Sentía los latidos de su corazón retumbando en su cabeza, hasta sentirlos y oírlos con claridad.
La situación era extraña, sentía que le perseguían pero cuando miraba a todos lados, en los reflejos de autos, ventanas de locales o miraba de reojo, no lograba encontrar nada fuera de lo usual. Vale que vio muchas películas de miedo y eso, pero sabía que la sensación no era claramente por eso. Si bien en un principio lo tomo como síntoma de cansancio o estrés, supo que algo andaba mal, solo que no lograba dar con ese algo.
Su hotel se encontraba a dos cuadras, ya veía sus luces y ventanales de las habitaciones, apuro aun más su paso que parecía ya casi un trote, le importo poco que alguien le mirara raro, mejor, si había alguien que mínimo le mirara se sentiría con más seguridad. Ahora era capaz de ver la entrada al hotel, solo unos pocos metros~
Fue lo último que alcanzó a ver antes de que su visión y conciencias fueran pintadas por un color negro.
-... ella?
-... descripción...
Las voces se oían lejanas y distorsionadas, una fuerte punzada en su cabeza le alerto de su entorno y lo sucedido. Claramente no sabia donde se hallaba o que estaba pasando a su alrededor, lograba notar que tenía una luz encima suyo o cercana a donde se encontraba, pues la intensidad de esta traspasaba sus parpados.
-Ya no tardara en llegar el jefe... ¿Y si no despierta?
-Tu tranquila. Cualquier cosa le diré que no tarda en despe-
-¿Quién no tarda? -esa voz~
-¡¡Jefe!!
Apretó los ojos inconscientemente rogando que no fuera quien pensaba, con todas sus fuerzas se obligo a despertar y tener control de su cuerpo, más unas manos apretando su pierna izquierda y dejando caricias en su mejilla le detuvieron.
-No te esfuerces -definitivamente la había cagado, ahora tenía que- Se que estas pensando y no, no cometiste error alguno, solo quedemos en que fue casualidad o llámale suerte que diera contigo.
Sintió como su cuerpo era levantado estilo princesa, sin más opciones decidió disfrutar de ese pequeño gesto, importándole poco ya quien era la persona que le cargaba.
-Conozco los efectos de lo que te pusieron, disculpa que lo hicieran pero ellos lo vieron necesario. No te presiones por forzar a tu cuerpo, en una o dos horas estarás bien. Aparte de que estaremos en el aire y no creo que se tu estilo saltar de un avión.
Cuando despertó abrió lentamente los ojos, reconociendo la habitación donde se hallaba, intento tallarse su ojo y pararse, más esto le fue imposible. Enrojeciendo de vergüenza y enojo maldijo en su mente. Se regañaba igual por bajar su guardia ante él, si bien ya se esperaba algo similar, no era para estar desnudo y atado con una corbata uniendo sus dos pies y otra inmovilizando sus manos a mitad de una gran cama.
Oyó la puerta abrirse y fingió dormir, mínimo esperaba alarga lo obvio, pues así que te reencuentres con tu ex futuro esposo, papá de tus hijos, o bueno seas secuestrado por él y estés como Dios te trajo al mundo para recibirlo no era muy común que digamos...
Claramente nunca podía engañar a aquel hombre, pues sintio la cama hundirse y el calor que desprendiá el cuerpo contrario.
-Sabes, antes de que nos conociéramos, lo que tenía que ver son el tema de la sexualidad me importaba poco -dijo acariciando su pierna lentamente- yo no era alguien que se interesara en esos placeres-paso sus dedos por sus muslos- luego llegaste como un huracán y moviste, revolviste -beso el interior de estos sacándole un gemido al contrario- toda mi vida e ideales -acaricio o mejor dicho rozo su pene- y te lo agradezco, me mostraste una nueva forma de placer -mordió sutilmente su muslo interno izquierdo- un nuevo mundo- y dio y soplido en su entrada, rojita y palpitante, o bueno así la sentía- Estar un año en abstinencia, amor, fue muy frustrante -rozo con su índice un pezón y dio una lamida a su muslo derecho, comenzando en la rodilla y finalizando cerca de su ansiosa entrada.
-Y-yo... mgh~
-Lo se, lo se, pero -volvió a morder el interior del muslo izquierdo, solo que esta vez ejerciendo más fuerza provocando un gemido en el castaño sobre la cama- igual escapaste cariño -y volteándolo rápidamente dio un azote fuerte sobre su nalga izquierda- solo que te olvido una cosa -lamio su glúteo adolorido- soy el monstruo que te atormenta -dio una segunda nalgada en el mismo glúteo- por lo que no puedes escapar de mi~
Nuevamente volteo al castaño, apreciando una imagen inolvidable. La saliva se escurría en un fino hilo por su mejilla izquierda, sus ojos estaban vidriosos con lagrimas bajando, sus labios rojos de seguro por aguantar las nalgadas y sus mejillas a rojo fuego.
-Por fa-aah~
-Lo siento cariño, pero ya estas nuevamente en mis manos, y esta vez no te dejare escapar -y finalmente lo beso.
Un beso que demostraba al ganador, pues aunque lo intentara negar había añorado sus labios, extraño muchas veces su calor, su cuerpo, que le brindaba una sensación de seguridad.
Estaba harto de la situación, simplemente ignoro las palabras de su madre al salir de la casa. Sabia que actuaba inmaduramente pero eso le importaba menos, cada vez se sentía mas sofocado rodeado de los hombres trajeados de negro, incluso ya empezaba a aborrecer dicho color.
¿Por qué nadie lo entendía?
Bien, si comprendía que su vida corría peligro, pero es que ¡joder! su padre era el culpable, nadie le puso una pistola en la cabeza y le exigió hacer negocios ilegales, ni menos le obligaron a meterse con una ¡¡maldita mafia!!
Ahora tenia dos problemas, el primero era que su vida peligraba y la segunda es que su familia estaba en quiebra, si bien tenían sus ahorros y vendiendo unas cuantas propiedades le alcanzaba para una buena vida, tarde o temprano sabía que sus padres se acabarían ese dinero.
El abrir de la puerta del salón logro sacarlo de su nube de pensamientos, se topo con su profesor de literatura entrando.
-Clase -carraspeo el profesor obteniendo toda la atención del aula- hoy se integran dos compañeros nuevos, jóvenes -llamo el profesor, haciendo que dos chicos entraran al aula y con un asentimiento de cabeza saludaron- Bien... espero los integren al grupo. Preséntense y tomen asiento en esos lugares de la ventana por favor.
-Soy Cormac Dohertiy.
-Yo me llamo Géza Lackfi
Esa profunda voz le congelo, extrañamente le parecía familiar, no recordaba a quien le pertenecía pero si sabía que no era la primera vez en oírla.
La clase continuo, pero era obvia la curiosidad en cada rostro. Al terminar las 2 largas horas de literatura salió sin dirigirle palabra alguna a su grupo de compañeros. Simplemente hoy no quería lidiar con ellos.
Llego a la parte trasera del instituto, donde había una puerta, esta siempre estaba descuidada y cualquiera interno podría salir al igual que cualquier externo podía ingresar sin problema alguno. Iba a cruzar la puerta que lo separaba del mundo exterior cuando una mano lo jalo bruscamente sacando le un pequeño grito.
Fue aventado con brusquedad a la pared derecha cerca de la puerta, soltando un quejido al sentir su cabeza impactar contra el duro cemento, sus brazos protegiendo su cara por instinto lo salvaron de que esta se estrellara contra el piso, su pie y tobillo derecho le punzaban horriblemente. Levantando la mirada a pesar de estar terriblemente adolorido y aturdido.
-Pero miren que me encontré. Un cachorro perdido -hablo alguien que nuvamente... e sonaba familiar, pisándole la mano izquierda.
Esa inconfundible voz resonó por toda la estancia, sacandole terror puro a tal grado de sentir su corazón parar.
-¿Ya no hablas perrito? -pregunto con clara burla en sus palabras- No me digas que te harás mierda en tus pantalones -la burla aumento con la ultima frase, intento retroceder pero solo ocasiono que el pie arriba de su mano ejerciera mas presión.
-Y-yo y-yo -intento hablar sin importarle su tartamudeo.
-T-tú T-tú -burlo la persona en pie- eres una mierda sin tus amigos, ¿eh? -sintió su respiración parar cuando nuevamente le agarro de un brazo aventándole firmemente contra el escritorio de entrada- Y yo que creía conocerte bien.
Fue lo ultimo que escucho antes de sentir un fuerte golpe en su nuca y todo su entorno se tornara negro.
-Algún día mataras a tus padres por como te presentas a estas fiestas Daim-reprocho Mark.
-Pues mínimo si voy a estar con un “traje” tengo que vestirlo a mi estilo, ¿o no?
-Pobre Eder, también le dará un infarto cuando te vea con ese choker, ya me lo imagino -y todos soltaron risas por esperar la reacción de su mayor favorito.
Bajaron del ascensor y se dirigieron a la única puerta en ese piso, tomando aire y dándose una última mirada, preparándose para lo que se les aproximaba.
-Recuerden -dijo Mark con voz neutra- nos vemos a las 11 en punto aquí, no quiero que sucedan inconvenientes -dijo viendo fijamente a Dorak, que rodo los ojos como respuesta.
Los cinco se dirigieron una mirada cómplice y entraron finalmente a su nuevo destino, pues sabían más que perfectamente que en esas “fiestas” alguien siempre moría, ya sea literal o simbólicamente. Por que un paso en falso marcaba tu vida.
Todas las miradas repararon en los recién llegados, incomodándolos pero sin hacerlo notorio cada uno se fue a recorrer la estancia en busca de su familia.