Trazos Incompletos

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Summary

Charlotte, una joven artista extranjera radicada en Bangkok, vive marcada por una pérdida. Charlotte hereda un pequeño departamento y un fideicomiso que, aunque alguna vez solventó sus gastos, ahora apenas le alcanza para sobrevivir. Charlotte cae en una profunda crisis emocional que la lleva al borde del colapso. Pero la vida en Bangkok aún no ha terminado de escribir su historia. En medio del duelo y la precariedad, Charlotte conoce a Engfa, una mujer carismática, cálida y fuerte, que poco a poco empieza a tocar las partes rotas del alma de la artista. Entre pinceles, memorias dolorosas y nuevos amaneceres, Charlotte debe decidir si merece una segunda oportunidad de amar.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Mientras el sol se ponía, Bangkok prometía una tarde fresca y una noche húmeda. Desde la ventana de uno de los edificios, se podía ver a una mujer sirviéndose un whiskey en las rocas, casi con memoria muscular, ya que tenía la vista perdida en el gran ventanal.

Engfa no lograba calmar su mente; aquella pintura la atormentaba. Quería saber quién era la persona que la había creado. Tan pronto como su celular emitió el sonido de una llamada, todos aquellos pensamientos se evaporaron. Había encargado a su asistente, Nawi, que buscara a la persona detrás de la obra.

—Lo tengo —se escuchó a través de la bocina—. Mañana dará una exposición en Silom Galleria, a las cinco de la tarde.

—Espero que... —comenzó a decir Engfa, pero Nawi la interrumpió.

—Tengo un boleto para ti. —Tras estas palabras, Engfa colgó la llamada.

La noche comenzó con una tormenta que amenazaba con permanecer toda la noche. Engfa se apresuró a tomar su abrigo y una sombrilla; odiaba mojarse con la lluvia. Llegó intacta a su automóvil, pero sabía que al llegar a su departamento no saldría bien librada.

Engfa solía conducir en absoluto silencio; eso le permitía concentrarse. Dificultosamente permitía que algo interrumpiera su paz, incluyendo el tráfico de una ciudad atareada por la lluvia. El nivel de control que tenía era casi obsesivo. En vez de seguir directamente hacia su departamento, se desvió para pasar frente a la galería donde sería la exposición.

Afuera del recinto, se encontraba una mujer que parecía exhausta. Bajo su paraguas, observaba como la lluvia atormentaba a algunos transeúntes y vehículos. Engfa no se entretuvo mucho en ella; una vez que analizó dónde podrían estacionarse, aceleró y retomo su camino a casa.

Engfa era una mujer de rutinas; había mantenido la misma desde hacía cinco años: llegaba a casa, preparaba la comida, se daba una ducha y luego se sentaba en su comedor a disfrutar lo que había preparado mientras escuchaba algún audiolibro. Este día no fue la excepción.

La lluvia había dado tregua a los transeúntes, que corrían para llegar a sus casas antes del segundo ataque del clima. La mujer que anteriormente estaba frente a la galeria ahora caminaba por la avenida Silom Rd, sus ojos cansados y las manchas de pintura en sus manos reflejaban cansancio, soltó un suspiro de esos que se emiten cuando sabes que ya no hay más por hacer, mientras se diria con mucha más calma que el resto de la gente en la misma calle.

Engfa se despertó puntualmente a las cinco de la mañana, como había hecho durante varios años. Dedicaba media hora a meditar, una hora al gimnasio, y además se tomaba media hora para desayunar. Después de eso, se preparaba y acudía al trabajo. Así pasó la mañana y salió rumbo a su empleo.

A diez calles de donde Engfa comenzaba su día laboral, había una mujer que no había logrado conciliar el sueño. Envuelta en una cobija que la cubría hasta los hombros, esperaba que su alarma sonara. Casi como en una película, con un movimiento se quitó la cobija y en otro saltó de la cama. Se metió al baño y comenzó a tomar un baño, cantando a todo pulmón una canción inventada por ella.

La mañana se le estaba pasando demasiado rápido; sentía que en cualquier momento llegaría la hora de la exposición y quería darse el tiempo de verla antes de que la galería abriera. Se quedó un momento pensativa hasta que sonó su teléfono.

—Sí, ya estoy lista —respondió Charlotte a una pregunta que le hizo la persona que la había llamado.

Tras cinco minutos, la persona que había llamado llegó por Charlotte. Ambas iban en el automóvil de Sirin, su mejor amiga. Ninguna se atreve a decir nada; ambas estaban llenas de nervios.

—Todo saldrá bien —rompió el silencio Sirin, una vez que llegaron al estacionamiento, a tres horas de la apertura.

—Tengo fe en que sí —respondió Charlotte, sonriendo a su amiga. Ambas bajaron del automóvil y se dirigieron directamente hacia donde estaba la exposición.

Charlotte se detuvo en la entrada y comenzó a observar cada una de las pinturas que había creado. Era su primera exposición y tenía mucho miedo de que nadie asistiera o de que la crítica fuera demasiado dura. Tenía en la mano su teléfono, con el contacto de su psicóloga listo para marcarle, pero de momento no era necesario.

—Deberíamos comer algo antes de que empiece todo, ¿no crees? —le preguntó Sirin mientras le ofrecía un paquetito de comida que el personal del staff había preparado. Había mucha gente haciendo su sueño realidad.

—Claro —respondió, tomando la comida. Se fueron juntas a comer; cada vez estaba más cerca la hora para que todas las personas entraran.

Algunos periodistas llegaron temprano para cubrir el evento. Charlotte se había graduado con honores en su universidad, y quienes habían visto sus pinturas decían que eran casi como si curaran el alma. El mural que le dio honores en su universidad ahora era visitado por todos los estudiantes para hacer méritos. Contando con millones de reproducciones en YouTube e Instagram, donde siempre subía videos pintando, hoy sería su primera exposición.

La entrevista inicial con los medios se alargó casi una hora; ahora quedaban solo treinta minutos para la apertura. En ese momento, los nervios dominaron su cuerpo, y se perdió en sus pensamientos.

—¿Char? —Sirin intentaba llamar su atención. Desde un punto, se alcanzaba a ver la gente que esperaba afuera.— Mira —y le señaló a toda la multitud aglomerada afuera. Cuando Char se asomó, una cara se le hizo muy familiar, lo que incrementó su miedo. Allí estaba la crítica de arte Engfa Chantharak, conocida por destruir carreras con una sola oración; su reputación la precedía.

Sirin y Char se miraron; no se suponía que ningún crítico estuviera en la exposición y menos ella. El nerviosismo en la artista aumentó considerablemente. En un instante, comenzó a sentir que la ropa le pesaba demasiado; las texturas de su ropa ahí estaban, hacía más calor del que debía haber, y su respiración se tornó complicada. Comenzó a deslizarse hacia el piso; todo sonaba como en una cápsula y no podía ver bien.

A su lado, Sirin notó que las cosas no estaban bien. Se apresuró a sostenerla. Todo el equipo de la galería la atendió y solo cinco minutos después estaba lista nuevamente para estar en pie. Aún había un poco de sudor frío en su frente. Tomó un largo respiro, sonrió y comenzó a ver a todas las personas entrar.

El ruido invadió rápidamente el ambiente. Pasó de ser una sala vacía a tener a una multitud observando todo lo que había creado. En menos de diez minutos, la sala estaba llena. Un joven daba indicaciones a las personas sobre cómo apreciar la exposición, alentándolas a seguir su corazón.

Engfa estaba ansiosa por conocer al artista, asi que le encargo esa tarea a Nawi mientras ella podia disfrutar de la exposición, Pat se percato de inmediato de la prescencia de la critica y se acerco de inmediato.

— Hola, Bienvenida, nos encanta tenerla aqui, hagame saber si necesita algo— comenzo a decir Pat tratandode sonar amable, pero recibio una mirada de desprecio por parte de Engfa

— Te agradezco— indico Engfa y continuo viendo la exposicion, cada obra la impactaba mas que la anterior, estaba esperadando que nadie la interrumpiera de nuevo cuando un mesero llego ofreciendo bebidas, tomo un vino tinto y continuo mirando, con los ojos buscaba algo que no lograba encontrar.