Cap 1
šāš
El viento helado de la maƱana entraba por la gran puerta del aeropuerto y se colaba por mis cabellos, congelando me la nariz, podĆa ver como las personas corrĆan desesperadas hacia sus vuelos, cargando sus maletas y sus bolsos, ansiosas por subir.
Las calles iluminadas por los focos comenzaban a aclararse por los rayos de Sol en el horizonte que se colaban entre los grandes edificios, las tiendas y centros comerciales comenzaban a abrirse y los carros empezaban a transitar las avenidas, un paisaje al que definitivamente tenĆa que tomarle foto.
Estaba parado frente a uno de los grandes ventanales apreciando el amanecer cuando detrĆ”s mio se empezó a escuchar los gritos de alguien, sabĆa que esto iba a pasar, asĆ que solo me puse mis audĆfonos que colgaban de mi cuello.
---Me estÔ diciendo que mi maleta se quedó en Malasia?!
---Lo s-sentimos pero la maleta era demasiado grande y le dijimos que no p-podĆa entrar
La causante de todo este alboroto era mi prima, Yuna, como siempre, haciendo un drama por la mĆ”s mĆnima cosa.
---Yuna ya, deja de hacer tanto escÔndalo por una maleta--- esta vez habló mi abuela, al igual que yo, ya estaba harta.
---Pero abu, en esta maleta estaban mis maquillajes y-
---”¿Haces tanto berrinche por unos maquillajes?! Bien que nisiquiera los vas a usar. Ya vamonos, por favor, porque en serio estoy muy cansada.
---Pero....ahĆ estaban mis labiales de channel...
---No me importa, se te avisó que no entraba la maleta, pero tu no hiciste caso, asà que muévete, el auto ya nos estÔ esperando afuera.
Mi abuela arrastró a Yuna con paciencia, ya que al parecer no pensaba moverse hasta recuperar su maleta. Para empezar, no entiendo por quĆ© ella estĆ” aquĆ; se suponĆa que solo serĆamos mi tĆa y yo. Pero Yuna no se rinde hasta conseguir lo que quiere; siempre supe que la mimaban demasiado...
Ashš
Tal como mencionó mi abuela, en el estacionamiento del aeropuerto nos estaba esperando una antigua camioneta naranja, un tanto oxidada. De ella bajaron unas botas marrones, que estaban acompaƱadas de unos jeans azules y una camisa a cuadros rojos, un estilo caracterĆstico del seƱor Harold.
---”Hola chicas!
---TĆooo---Yuna se lanzó a abrazar al seƱor Harold. No Ć©ramos familia, pero solĆamos llamarlo asĆ por cariƱo. Ćl habĆa sido uno de nuestros vecinos en Malasia durante un tiempo, y luego se mudó a vivir aquĆ.
---Hola, tĆo--- saludĆ© yo tambiĆ©n con un gesto de mano.
---Ā”Harold! Ā”CuĆ”nto tiempo sin verte! ĀæCómo has estado? Te agradezco mucho por venir a recogernos, no era necesario que te tomaras la molestia.---mi abuela saludó tambiĆ©n con un pequeƱo abrazo, cambiando drasticamente su tono de voz a uno mas suave, contrario al que habĆa usado para regaƱar a Yuna.
---No es ninguna molestia, Gyu. Para eso estĆ”n los amigos, Āæverdad? Ahora, por favor, pĆ”senme sus maletas para colocarlas aquĆ, parecen pesadas.
Con un poco de ayuda, pudimos acomodar todas las maletas, ya que, efectivamente, eran pesadas. Bueno, la mayorĆa pertenecientes a Yuna, repletas de maquillaje y vestidos que probablemente nisiquiera llegarĆ” a usar.
Nos subimos a la camioneta y comenzamos a avanzar por la carretera, disfrutaba de la mĆŗsica suave de fondo que sonaba en la radio mientras los adultos conversaban sobre algĆŗn tema entretenido. Yuna estaba a mi lado, tomando fotos al paisaje. El trayecto hacia nuestro nuevo hogar resultó ser un poco largo, ya que la casa donde Ćbamos a quedarnos se encontraba prĆ”cticamente al otro lado de la ciudad, por lo que el viaje duró aproximadamente una hora.
Finalmente, las ruedas de la camioneta se estacionaron frente a una bonita casa color celeste de dos pisos, con los marcos de las ventanas y puertas pintadas de color blanco.
Fui el primero en salir del auto y me acerquĆ© a la puerta, observando cada detalle con atención. TomĆ© el pomo plateado y brillante, que tenĆa pequeƱas figuritas grabadas, y lo girĆ© lentamente hasta que se abrió, permitiĆ©ndome entrar a la sala.
Los muebles eran de madera, acolchados, y en el centro habĆa una pequeƱa mesita de vidrio. Al frente, se podĆa ver un televisor enorme.
La cocina se encontraba a la izquierda, con una pequeƱa barra de mĆ”rmol gris al frente. Aunque era algo diminuta, resultaba muy acogedora. Me internĆ© un poco mĆ”s y subĆ por las escaleras, que estaban revestidas con una suave alfombra. En el segundo piso habĆa cuatro habitaciones: una principal, una de invitados al lado, y dos habitaciones mĆ”s pequeƱas al frente.
---Uhm, yo quiero la primera habitación--- dijo Yuna, apareciendo sorpresivamente al lado mio.
---Me da igual, mientras no te escuche hablar mientras duermes...
---Ush, aburrido--- dicho eso, se fue corriendo hasta meterse a su nuevo cuarto, yo hice lo mismo.
Al entrar, encontrĆ© todo perfectamente organizado, con tonos neutros y cĆ”lidos. En el centro habĆa una pequeƱa cama con sĆ”banas blancas, a un lado habĆa un escritorio de madera acompaƱado de un armario, y justo frente a la puerta, un pequeƱo balcón, adornado con pequeƱos focos en la baranda. La verdad es que no me quejaba; era similar a mi habitación en Malasia, aunque un poco mĆ”s espaciosa. Era el lugar perfecto para mĆ.
AdemĆ”s, el paisaje que se veĆa desde el balcón era precioso; la imagen del Sol saliendo entre los edificios era verdaderamente maravillosa. Sin duda, no podĆa sentirme mĆ”s a gusto en este nuevo espacio.
ColoquĆ© mis maletas a un lado de la cama, ya tendrĆa tiempo mĆ”s tarde para desempacar y organizar todo adecuadamente. Me dejĆ© caer sobre la cama, sintiĆ©ndome muy cansado, ya que tenĆa mucho sueƱo, porque a que cierta persona que estĆ” al lado de mi cuarto no paraba de hablar mientras dormĆa. En serio, Āæcómo es que habla mientras duerme? Eso me da miedito. Recuerdo perfectamente una vez, cuando era pequeƱo, que tuve que dormir con Yuna porque una plaga de cucarachas habĆa invadido mi casa en Malsia. Fue realmente una tortura escuchar a Yuna durante toda una semana; creo que hasta me asustaba mĆ”s ella que las propias cucarachasš
Mi cuerpo empezaba a relajarse sobre la cama, mis pĆ”rpados se sentĆan pesados a causa del sueƱo y se cerraban lentamente. Me acomodĆ© un poco mejor entre las sĆ”banas y estaba a punto de quedarme dormido cuando llamaron a mi puerta.
---Ā”Jisuuung! Tienes que salir un rato, tĆo Harold nos tiene que decir algunas cosas antes de irse--- era Yuna.
---”Ya voy!... no me dejan dormir en paz, maldición--- susurré para mà mismo.
Me levanté poco a poco, frotÔndome los ojos, me puse una pequeña manta sobre los hombros y me preparé para salir. Salà hacia a la sala, donde Harold hablaba con mi abuela cerca de la puerta, y en uno de los muebles estaba Yuna sentada, concentrada en su celular.
---Chicos, solo querĆa comentarles algunas cosas. EstarĆ© fuera de la ciudad durante unos dĆas y probablemente no volverĆ© hasta el próximo lunes para dejar algunas cosas. Bueno, como pueden ver, no pasan muchos autos por aquĆ, y el Ćŗnico autobĆŗs que pasa lo hace a las siete y media de la maƱana y a las cuatro de la tarde, aunque de todas formas voy a dejar mi camioneta por si quieren salir a algĆŗn lado. La tienda de conveniencia estĆ” a la vuelta a la derecha. Si por alguna razón llegan a perder la llave de la casa, pueden decirle a Ryujin, que es la vecina de la casa amarilla que vive enfrente, ella tiene la copia. No duden en pedirle ayuda, ella es de confiar. Oh, y les recomiendo no salir despuĆ©s de la nueve u ocho de la noche, aveces suele ser peligroso y no sabes lo que te puedes encontrar afuera.
---Oh, no te preocupes Harold, igual no salimos mucho por las noches. Gracias por avisarnos y por dejarnos quedar en tu casa, siempre estarƩ agradecida.
---No es nada Gyu. Esta casa es demasiado grande para mi, tenĆa que hacer algo con ella. De todos modos, me voy a mudar en poco tiempo.--- dijo mientras caminaba hacia la puerta principal ---Bueno, eso es todo, ya me voy, espero que se sientan cómodos aquĆ.
---Chau tĆo.
---Adiós tĆo Harold.
Mi abuela siguió conversando un poco con Harold hasta que finalmente se despidió con un abrazo, al parecer ninguno querĆa alejarse, eran buenos amigos desde la adolescencia por lo que me contó mi abuela, casi como hermanos, asĆ que tenĆa sentido que se echaran tanto de menos, no se veĆan desde hace un aƱos.
Me tire sobre uno de los muebles y me acomodĆ© mejor, agarre el control remoto, mi sueƱo se habĆa ido un poco, asĆ que me dispuse a ver que programas habĆan en la tv.
---Oigan, Āæpodemos ir de compras? AquĆ hay unas tiendas suuuper famosas que necesito ir a ver--- dijo Yuna mientras se levantaba del sofĆ”
---Me encantarĆa cariƱo pero me estoy muriendo del sueƱo.
---Y tĆŗ Jisung? Por favorsitoš„ŗ de verdad necesito ir a comprar a esas tiendas. Los sĆ”bados no hay mucha gente. Si?
---Ay, no fastidies-
---POR FAVOR. Te lo pido de rodillas Jisung, tu sabes que yo soy adicta a las compras, me muero si no lo hago, por favor Jisungieš„ŗ
Pinche voz de corneta, como le hace para manipular tan bien a la gente ---Ya cƔllate. EstƔ bien, pero me compras algo a mi tambiƩn.
---Sisi, te quiero mucho Hansito
---ĀæCómo es que no puede estar cansada?--- susurrĆ© para mi mismo, mientras observaba como Yuna corrĆa hacia su habitación para ponerse sus zapatos.
Me alistĆ© yo tambiĆ©n, todavĆa era temprano y hacia frio, por lo que me abriguĆ© hasta las cabeza, en este lugar hace mucho mĆ”s frio que en Malasia. DespuĆ©s de unos minutos, ambos salimos, dejando a nuestra abuela descansar en casa, a mi la verdad se me habĆa pasado el sueƱo, asĆ que aceptĆ© para no quedarme despierto yo solo.
ļæ¼
HabĆan pasado aproximadamente unas dos horas desde que habĆamos salido de casa, y tan solo en ese corto periodo Yuna ya estaba rebalsando de bolsas y cajas, joyeria y ropa para ella, y algunas cosas para el hogar, querĆamos llenar la casa lo mĆ”s pronto posible para que no se viera tan vacĆa.
Ahora mismo el Sol habĆa salido y estaba en su plenitud mĆ”xima, haciendo que la calor alcance altos niveles, Yuna y yo estĆ”bamos prĆ”cticamente derritiĆ©ndonos cada que dĆ”bamos un paso, pero al parecer a Yuna no le importaba, ella querĆa seguir con sus compras impulsivas. Pero yo ya no daba para mĆ”s, asĆ que la jalĆ© a un pequeƱo Starbucks, para tomar algo frio; tal vez eso podrĆa refrescar.
Nos sentamos en una de las mesas y aprovechamos para descanzar un rato, pero mientras esperÔbamos nuestro pedido, en una de las pantallas gigantes que estaba sobre un edificio apareció un anuncio que me llamó la atención.
---Jiji mira en esa pantalla, Āæviste a ese nuevo modelo famoso?
---¿Quién?
---Ese que acaba de aparecer, se llama Lee Know
---Quien verga serƔ, jamƔs escuchƩ su nombre.
---Ush, ¿qué esperaba si te la pasas encerrado en tu cuarto durmiendo? En fin, su familia tiene una marca de ropa famosa por estos lugares, y ahora su hijo mayor estÔ comenzando como nuevo modelo principal. De hecho, ahora mismo pensaba ir a una de sus tiendas a ver su nueva colección. Andando.
Sin dejarme descansar mĆ”s, me tiró del brazo hacia afuera del Starbucks, con el baso a punto de caerse me arrastró a un sinfĆn de tiendas, hasta llegar a la del dichoso modelo, tenĆan bonitas prendas y diseƱos, los modelos tambiĆ©n estaban por todas la paredes del local, incluso de la de āLee Knowā, en una pantalla gigante dentro de la tienda, luciendo sus prendas.
LucĆa muy bien, aunque la mitad de su rostro estaba tapada por las telas de su atuendo, parecĆa bastante joven, tal vez de mi edad o incluso menos. Su piel se veĆa extremadamente limpia y bien cuidada, adornada con su ropa tan lujosa. Aunque nunca lo habĆa visto antes, daba la impresión de ser una persona bastante amable, aunque algo en su mirada no me terminaba de convencer.
ļæ¼
Finalmente, despuĆ©s de horas y horas de compras, regresamos a casa en un uber. TodavĆa no estĆ”bamos familiarizados con las calles y podrĆamos perdernos, o terminar en uno de esos barrios de mala muerte para que nos secuestren y nos vendan en el mercado negro, o que un mafioso nos encuentre y nos convierta en sus prostitutos personales. Ok, basta, debo dejar de ver tantas peliculasš„
Llegamos a casa por eso de las siete de la noche, por suerte, nuestra abuela seguĆa despierta y nos estaba esperando en la sala para cenar.
---Oigan, Āæy si vemos una pelĆcula?--- sugirió Yuna
---Me parece buena idea--- respondió mi abuela, mirÔndome.
---EstĆ” bien, pero, yo elijo la pelĆcula.
---¿Qué? ¿Por qué?---
---La Ćŗltima vez tu escogiste una pelĆcula toda cursi y aburrida, me toca.
---”Ay no Jisung!, seguro tu vas a poner una de esas de terror y yo no quiero ver eso...--- pataleaba Yuna, con sus mejillas llenas de cereal
---Ā”No fastidies!, tu siempre eliges las pelĆculas, me toca poner a mi.
---ĀæPor quĆ© discuten tanto? Si la que va a poner la pelĆcula soy yo.--- mi abuela salió de la cocina, a causa de nuestros gritos.
Y de pronto, nuestra pequeƱa pelea se habĆa vuelto de tres, aunque no de verdad. Siempre solĆamos tener este tipo de situaciones, pero al final solo terminĆ”bamos riendo por las causas estĆŗpidas por las que surgĆa el problema.
Creo que estuvimos alrededor de una hora discutiendo en medio de la sala, solo para que al final Yuna, una vez mƔs, hiciera de las suyas y pusiera por milƩsima vez su serie de k-drama favorita.
Bueno, no fue tan malo al principio, porque nos pusimos a criticar a los personajes por lo estĆŗpidos que eran todos. Pero despuĆ©s de unos tres capĆtulos ya me estaba durmiendo, por lo que decidĆ pararme e irme a dormir, porque ahora si me estaba muriendo del sueƱo. Hasta que hora se habrĆ”n quedado mi abuela y Yuna viendo esa serie.
Me despedà y subà a mi habitación. Me puse mi pijama e hice mi skincare cuidadosamente antes de ir a dormir.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de acostarme, levanté ligeramente la vista y, a través de las puertas del pequeño balcón, pude ver que el cielo estaba despejado y la hermosa Luna llena brillaba. No pude resistir la tentación y decidà salir para poder verla mejor.
La suave y fresca brisa me rozaba el rostro, dĆ”ndole un ligero toque de frĆo. SaquĆ© mi celular para tomarle una foto al paisaje bajo la Luna; parecĆa sacado de uno de esos fondos de pantalla que vienen en el celular. Los edificios resplandecĆan bajo el cielo, pero no tanto como la Luna y las estrellas que la rodeaban.
Estaba tan concentrado en observarla que no me di cuenta de una pequeƱa sombra abajo. En una de las fotos, se podĆan ver las casitas frente a la mĆa, y en una de ellas habĆa una sombra apoyada en los cercos. Al principio, pensĆ© que era un error de la camara, pero cuando levantĆ© la vista, confirmĆ© que efectivamente habĆa alguien allĆ.
No podĆa verlo con claridad, ya que la luz de la Luna iluminaba su espalda, creando una sombra sobre su rostro. Sin embargo, notĆ© que llevaba una mascarilla y una gorra que tambiĆ©n lo cubrĆan. ParecĆa ser alguien algo musculoso, ya que pude distinguir que usaba una camiseta de manga corta ajustada que dejaba ver su hombros y sus mĆŗsculos. Estaba apoyado en el cerco de la casa, a aproximadamente una cuadra de distancia, y parecĆa estar hablando por telĆ©fono, ya que se movĆa constantemente.
No se cuanto tiempo estuve inmóvil observando al chico, habĆa algo en Ć©l que me hacia querer seguir viĆ©ndolo, cada movimiento me resultaba un tanto hipnotizante, a pesar de que no podĆa ver su rostro, podĆa ver su cuerpo, bien formado, y eso me llamaba demasiado.
Estaba por regresar de nuevo a mi habitación, cuando, en un instante, el chico se habĆa quedado inmóvil, se habĆa quedado parado, erguido, pero con la mirada ligeramente hacia arriba. Y en ese momento me dĆ cuenta de que ya me habĆa visto.
Pude notar un leve destello en sus ojos, lo que me confirmaba que, efectivamente, ya me habĆa visto. Un escalofrĆo recorrió mi columna mientras lo observaba. Sin embargo, bajó su celular y, poco a poco, se acercó de nuevo al cerco, apoyĆ”ndose en Ć©l, pero de una manera diferente, quizĆ”s mĆ”s... coqueta. Lo mirĆ© con incredulidad cuando inclinó la cabeza y se quitó el gorro, dejando que sus cabellos rojizos danzaran al compĆ”s del viento.
Mi cara comenzó a tornarse algo rosada porque habĆa sido descubierto, ĀæY si piensa que lo estaba acosando? Mi cuerpo tembló cuando lo vi moverse un poco, aĆŗn mirĆ”ndome fijamente, desde lo lejos destilaba su aura imponente y algo intimidante, pero lo que hizo a continuación, hizo que mi respiración se cortara por un momento.
Con suavidad, a través de su mascarilla, colocó sus dedos sobre sus labios y... me envió un beso...
ME MANDĆ UN BESO, AH-
Seguramente sonrió porque pude ver sus ojos achinarse, mi cara ahora si se habĆa vuelto completamente roja. Mi respiración se volvió irregular, y por instinto, me metĆ rĆ”pidamente a mi cuarto, cerrando las cortinas con desesperación para luego caer de culo al piso, abrazando mis rodillas.
Estaba prÔcticamente temblando, aún con el rostro enrojecido, ¿como tuvo el descaro de hacer eso? Por dios, apenas nos vimos a lo lejos y se atreve a hacer eso, encima yo, con mi pijama de ardilla y despeinado...que vergüenza...
Estuve un momento allĆ, tratando de asimilar lo que habĆa sucedido, hasta que finalmente me levantĆ©. Aun con los nervios a flor de piel, me acerquĆ© a mi cama y me acostĆ©, cubriĆ©ndome hasta la cabeza con las mantas, con la esperanza de dormir.
Sin embargo, en mi mente solo se repetĆa la imagen de ese chico guapo y la forma tan coqueta en que me habĆa mandado un beso.
šāš
ļæ¼


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