Capítulo 01
Dicen que las flores son delicadas. Frágiles. Lo cierto es que existen flores tan fuertes que logran crecer incluso en los entornos más hostiles.
Una tempestad puede llegar a destrozar una flor, pero también puede servirle de prueba para demostrar que de delicada y frágil no tiene nada.
Esta no es una típica historia de fantasía. No hay princesas esperando a sus príncipes, ni dragones custodiando torres encantadas. No hay batallas épicas contra temibles brujos oscuros, ni profecías antiguas de héroes por llegar. Pero sí hay magia, la magia de descubrirse a uno mismo y entenderse; la magia que un pequeño o gran cambio puede albergar; la magia de encontrar el camino y luchar por lo que desea el corazón.
No, esta no es una historia de fantasía más. Esta es la historia de una flor que superó la tempestad.
Parte 1
GALANTO
· · · ·
Pureza, esperanza, renacimiento, consuelo.
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Uno
I know it hurts, it’s hard to breathe sometimes.
Ruelle & Fleurie
Eydell
La noche de la inauguración de la muestra artística a la que había asistido por petición de Dean… Había terminado muy mal para mí. Desde el inicio, mis ánimos no habían sido los mejores para aceptar ir, pero eran ya varias las invitaciones que le había rechazado a mi mejor amigo, que me sentí mal de solo pensar en rechazar una más. Finalmente, acepté ir.
La inauguración había sido otro de esos eventos elegantes a los que Dean, con frecuencia, asistía, y que a mí en particular no me gustaban del todo, primero, porque tenía que usar tacones y prefería mil veces unos cómodos tenis; segundo, porque tenía que usar maquillaje muy elaborado; y tercero, porque pensar en estar rodeada de obras de arte rebosantes de talento me hacía sentir… miserable; me recordaba que no había elegido ese mundo para mí.
Se puso peor cuando mi amigo ejecutó la canción que había compuesto especialmente para esa ceremonia, misma que conforme avanzaba, me había hecho sentir abrumada, con el peso de la decisión que había vuelto mi vida infeliz sobre mí. Empeoró un poco más cuando me presentó con unos docentes y financiadores a los que les había hablado de mí, y hasta incluso les había mostrado las casi nulas fotos que conservaba en mi Instagram de algunas acuarelas que había hecho con anterioridad, nada que pudiera considerar aceptable, si me lo preguntan. Escuchar sus cumplidos me había puesto de nervios.
Tal vez solo lo dicen para no quedar mal, para no herirme.
Poco después, Dean había visto a la chica que le hacía latir el corazón con emoción y quería hablar con ella, por lo que me dejó sola, rodeada de los cuadros que me recordaban, uno tras otro, que jamás vería una de mis obras en un lugar así, porque había decidido abandonar ese anhelo. La noche se fue completamente a la borda un momento después, cuando me acerqué a escuchar un número musical; como si todo el universo se hubiese alineado para evocarme tanto sentimiento abrumador y taciturno como pudiese, la mujer cantaba sobre luchar entre las adversidades y no dejar atrás los sueños, cosa que terminó por tocarme la fibra más sensible para lograr fragmentarme más de lo que ya estaba.
Lo curioso era que mientras la letra de aquella canción estimulaba mi oído, en mi mente solo podía verme cuando era una niña, feliz al tiempo que dibujaba sobre el papel con mis colores. Ese recuerdo incluía a Dean, quien estaba sonriendo junto a mí viéndome elegir el color perfecto para seguir con el dibujo.
—Eydell, ¡tu dibujo estará en un museo!
La voz del pequeño Dean del pasado se había colado entre la de la cantante del presente, y recordé casi al instante la forma tan animada y segura con la que había asentido ante esa afirmación. Tan alegre. Tan inocente. Tan ilusionada.
No pude más y casi salí corriendo del lugar, porque necesitaba tomar aire fresco. Pero, pese a eso, no había podido sacarme de la cabeza todos los pensamientos que me atormentaban a raíz de lo vivido en la ceremonia. Porque había decidido renunciar a mi sueño de ser artista y estaba estudiando la carrera de administración. Porque había cedido a las presiones de mis padres y me había traído con ello una vida infeliz.
Y, aun así, no tenía el valor para cambiarlo.
Sobrellevar el cúmulo de emociones que me había mantenido decaída durante los días siguientes a la inauguración no fue lo más fácil, si he de ser honesta. Dean me llamó esa misma noche para preguntarme por qué me había ido, y tuve que mentirle porque no quería que se preocupara por mí, así que solo le dije que me sentía muy cansada y que tenía que terminar ensayos para la universidad, pero había insistido cada día porque, sí, él me conocía bastante bien. Y pese a que me hacía sentir mal, lo ignoré todo y fingí estar bien.
Lo cierto es que me encontraba muy mal.
No podía dejar de pensar en lo que había sentido al escuchar la melodía de Dean, al ver las obras de la exposición rodearme, en la letra de la canción que escuché después. Y todo se transformaba en reproches hacia mí, en molestia y culpa, porque a pesar de que era consciente de que mi estado era gracias a mi decisión de dejar de lado el arte, no podía o no quería responsabilizarme de ello y me era más fácil fingir.
Había pasado más de una semana, y todo, a excepción de mi deplorable estado emocional, seguía como siempre. Tareas, ensayos, clases a las que no les prestaba del todo mi atención, sentimientos de hastío. Lo único extraordinario había sido el correo que entró una mañana en mi buzón electrónico, con una invitación de uno de los docentes de la Academia de Dean que había conocido la noche de la inauguración para que participara en una selección para una muestra colectiva de artistas emergentes. No sabía cómo había obtenido mi dirección —o puede que sí, seguro había sido Dean—, pero el correo vaya que había removido, si es que eso era posible, más sentimientos en mí, la mayoría enfocados a la sorpresa y a la inseguridad.
Como ya se había vuelto costumbre, lo único que hice fue ignorar. Insistieron, tanto el docente como Dean, pero no estaba lista para darles una respuesta. Para decirles lo que de verdad quería, y eso era que no tenía intención de participar porque no tenía el talento, porque no podían desperdiciar el espacio con mis pinturas, y, más importante, que no me dedicaba al arte.
Con el pasar de los días, mi estado había ido deteriorándose, porque se había sumado la presión que sentía de la invitación al no entender por qué apostaban por alguien como yo, al no creerme capaz de defender la confianza que depositaban en mí, al no querer dar mi brazo a torcer. Y, en conjunto con todo lo que ya sentía, de pronto me encontré en un callejón sin salida, consciente de que nada de lo que tenía me hacía feliz, de que nada de lo que decidía parecía lo correcto.
Consciente de que no tenía la voluntad de cambiar mi vida.
Saliendo de clases, esa tarde, decidí que no iría a trabajar y caminé sin definir exactamente a dónde quería llegar. Mi cabeza iba hecha un completo lío, con pensamientos sobreponiéndose a otros con demasiado ruido para prestar atención a uno solo. Y lo único que deseaba era acabar con ello, tener un poco de paz porque lo que había iniciado en la inauguración ya me había superado y me hundía más y más en una inestabilidad desesperante.
En mi andar despistado, y sin saber cómo, llegué a un lugar parecido a un parque, pero que no ubicaba como conocido. Observé con extrañeza el espacio rodeado de árboles frondosos y grandes ramas que se mecían con el suave soplar del viento, y no me pasó desapercibido que no había persona alguna salvo yo. Y aunque parte de mí pensaba que lo mejor era irse, la tranquilidad que se sentía en el ambiente del lugar me invitaba a seguir ahí, porque ahí sería donde encontraría la paz que estaba anhelando con fuerza.
Me abrí paso entre los troncos, grandes y firmes de corteza gruesa y rugosa, con el sonido que las hojas hacían al ser rozadas por el viento ambientando de fondo. La luz comenzaba a perderse, pues la tarde estaba cayendo y era muy poca la que se filtraba entre los árboles; no le presté demasiada atención a ello, simplemente seguí caminando mientras mis pensamientos caían con más peso sobre mí.
¿Por qué no tenía la fuerza para detener mi propia infelicidad? ¿Qué había hecho para cambiar las cosas? ¿Qué caso tenía seguir así?
Mi vista se nubló en cuestión de segundos, porque el tormento que yo misma me estaba ocasionando se había convertido en las lágrimas acumuladas en mis ojos, esas lágrimas que me había negado derramar días antes. En ese momento no había podido contenerlas, de ninguna forma, porque pronto sentí mis mejillas húmedas, y todo lo que había acumulado de días, o quizás, de semanas, meses o años, se desprendió de mí junto con mi llanto desconsolado.
Gracias al cielo no había gente a mi alrededor, porque mis lamentos habrían alertado a cualquiera, y posiblemente habrían malinterpretado la situación. Pero el estar sola también jugó en mi contra, porque no había alguien que me acompañara o que compartiera conmigo la carga de mi tristeza y culpa, de mi enojo, de mi debilidad y desconfianza. Eso lo volvió más difícil y mucho más desolador.
Mis pies no se detuvieron sino hasta que estuve al borde de una barandilla de madera que marcaba el límite entre el terreno estable que proporcionaba la tierra, y el agua de un lago. Recargué mis brazos en el pasamanos y lloré más todavía, molesta con la vida, molesta conmigo; hundida en mi lamento. Después de un rato observé el agua a mis pies, que lucía oscura y profunda, así como el sentimiento que me rodeaba con respecto a mi vida.
Me bastó un momento para encontrar alivio en el lago, aunque no estaba del todo consciente de lo que estaba a punto de hacer. Unos cuantos movimientos de mi parte, y me encontraba del otro lado de la barandilla, sin nada que se interpusiera entre mi cuerpo y el agua, salvo el pasamanos del que todavía me sujetaba a mi espalda.
Con mi mano libre cogí el dije que cargaba conmigo, una pequeña piedra traslúcida de color esmeralda, pero que, si ponía a contraluz, infinidad de colores se veían en su interior, que llevaba colgado en mi cuello desde que la había encontrado cuando tenía 6 años de edad, siempre como una especie de amuleto. En ese momento, la tenía apretada dentro de mi puño.
Pensé en mi yo de la infancia, en la alegría con la que pintaba y en la fe que tenía en mi futuro. Pensé en Dean, en todas las veces que había intentado alentarme para seguir por ese camino, y en las que le había dado la vuelta para desviar sus intenciones e ignorarlas después. Pensé en los nulos logros que había conseguido a lo largo de mi vida, todos a raíz de mi inseguridad y de no ser lo suficientemente firme para seguir lo que de verdad deseaba. Pensé también en la carrera elegida que tanto aborrecía, en la rutina que seguía de forma automática que me tenía más que cansada.
Pensé en todo eso mientras liberaba con lentitud el agarre que me mantenía a salvo.
Y así, abriéndome paso a la calma que el agua me prometía, sentí el viento en mi rostro desprendiendo las últimas lágrimas que guardaban mis ojos, lo sentí revolver mi cabello y susurrarme al oído que todo pasaría pronto.
Esperaba que el agua limpiara mis malestares y me hiciera sentir mejor. Esperaba que el agua lograra calmar mi tristeza. Sobre todo, esperaba que el agua se llevara todo, incluso mi vida.
Al romper la superficie del lago en calma, sentí mi cuerpo sumergirse, y esperé.
Warren
Me había tomado algunos días de descanso porque no había tenido elección. Porque servir al príncipe Liam Phellgan como parte de su guardia personal durante varios años sin solicitar mi descanso me había orillado a tener que descansar sin que tuviera la opción de elegirlo, porque había sido, literal, la orden directa del príncipe.
«Warren, no puedes seguir así. A partir de mañana, estarás una semana fuera de servicio, y no hay forma de que cambie de idea».
Resoplé.
No podía creer que me diera esa orden, pero era orden, a final de cuentas, y no podía debatirla, sobre todo por la lealtad hacia mi príncipe, a la corona y al reino. Así que, siguiendo su orden, me encontraba bajo la sombra de un árbol en el bosque entre las fronteras de Lenderae y Dheinae, terminando de tallar con mis manos un airob que usaría más tarde para hacerlo sonar. No era difícil, solo tenía que dejar completamente hueco el interior, y dejar unos orificios para que, al soplar por la boquilla y al cubrir con los dedos ciertos orificios, se produjera un sonido que, en mi opinión, era de los más hermosos de escuchar. Por eso me gustaba mucho tocar dicho instrumento.
A mi alrededor había más árboles. La luz del sol bañaba el suelo por los espacios en los que las copas de los árboles no se interponían, iluminando el pasto y toda la hierba que alcanzaba, así como los arbustos y flores que crecían ahí. Unos pasos más adelante había un gran lago con su agua en calma. Nadie más que yo estaba en el lugar, por lo que la tranquilidad era, de alguna forma, cómoda.
Pasaba con paciencia y cuidado la gubia para dar forma a la boquilla de mi airob, cuando un sonido proveniente del lago me distrajo. Pensé que se trataría de un ave bajando a beber agua, o alguna rama que había caído, pero cuando alcancé a ver pequeñas burbujas en la superficie, me puse de pie y me acerqué.
Por Enaid…
Ni siquiera me tomé un momento para procesar lo que estaba viendo. Mi cuerpo reaccionó por instinto, lanzándome de un clavado al interior del lago; aspiré todo el aire que pude antes de sumergirme por completo y, luego de unas brazadas, alcancé el cuerpo femenino para impedir que siguiera descendiendo. Cuando me aseguré de que lo había rodeado con mi brazo, batí mis piernas y nos dirigí a la superficie.
La chica tosía y con bocanadas intentaba llenar nuevamente sus pulmones de aire, mientras nadaba y nos conducía hacia la orilla, hasta que llegamos a tierra firme. Su respiración seguía errática y pesada cuando nos estabilizamos en el suelo, y fue cuando me permití observarla con cierto detenimiento. Tenía la piel morena y su cabello era cenizo. Sus ojos confundidos me miraron y pude notar el color marrón de sus iris, mismos que me parecieron fascinantes pero extraños al mismo tiempo.
Entonces entendí que había algo raro en lo ocurrido.
Y en ella.

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Es el primer capítulo y he encontrado el hilo de la trama, simplemente va a ser bellísima,me hace resonar un poco la historia que me encuentro escribiendo, solo que la diferencia es el enfoque, ya que involucra más los paradigmas fantasiosos a diferencia de tu magnífica obra.