Hereje ☆ KookV

Summary

Le pareció extraño cuando escucho a la señora Jeon del otro lado de la línea invitándolo a una cena; creía que todo el pueblo sabía que ya no era amigo de su hijo. Después de todo, se había construido una imagen que jamás podría cruzarse con lo que su antiguo amigo es ahora. Pero la invitación ya estaba ahí. Sentía que debía pedir permiso a su madre mas sabía que no le parecería que su hijo pisara esa casa. Tenía miedo de mostrársela, pero algo en él decía que debía ir, solo para asegurarse de que lo que una vez fue en su adolescencia realmente había cambiado y terminado.

Genre
Drama/Romance
Author
luv♡
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Prólogo

Who are you?

'Cause you're not the boy

I fell in love with, baby

Who are you?

'Cause something has changed,

you're not the same, I hate it




Los ojos del pueblo.

Todos en ese pequeño pueblo parecían seguir una norma; que nunca nadie expreso en voz alta, Taehyung no era la excepción. Su madre se había encargado de criarlo para que fuera uno más y nunca llamara la atención, pero a su corta edad de ocho años no podía comprender del todo esa regla no escrita, por lo que a veces -casi siempre- era castigado.

Él era un niño alegre y carismático por lo que no se le dificultaba decir y hacer lo que sentía, solo quería ser él mismo; riendo cuando algo le parecía gracioso, preguntando a algún adulto cuando para él no era obvia la respuesta, jugar con los niños de su escuela antes de que -inevitablemente- ellos mismos vinieran con él diciéndole que sus mamás les prohibían volver a hablar con el pequeño, siempre lo entristecía y sentía ganas de ir corriendo donde se encontraba su madre y contarle todo, sin embargo, ella siempre lo esperaba detrás de la puerta de la casa con el ceño fruncido mirándolo con esos característicos ojos oscuros llenos de desaprobación, sentir esa mirada sobre él causaba un nudo en el estómago.

Empezó a anticipar los castigos que ella le imponía, apretaba sus manos sintiendo como sus nudillos empezaban a cosquillearle mientras escuchaba como le hablaba en ese tono tan frío, pero el prefería eso -y no lo malentiendan, nunca hizo nada apropósito- pues siempre, con cada uno de sus regaños le seguían recompensas que hacía que olvidara esas desagradables sensaciones, reemplazándolas con grandes sonrisas cuando su madre interrumpía en su cuarto con helado, galletas, rebanadas del pastel que ella misma horneaba siendo siempre su favorito. Apretaba los labios, dudando entre aceptar el soborno o rechazarlo, pero siempre cedía. Y terminaba sonriendo, mientras escuchaba a su madre decirle: ¨Todo lo que hago es por tu bien¨, seguido de una sonrisa, que parecía cálida más nunca le llego al corazón.

Eso lo confundía. Pasó miles de noches preguntándose si era un buen niño o un mal niño, pero nunca obtuvo respuesta y a pesar de que lo intentó preguntándoselo con cautela, ella solo le respondía que le debía hacer caso.

Todo siguió igual por unos años, hasta que, sin esperarlo, observó a través de la ventana un camión de mudanza al frente de la desocupada casa. Recordando también como el niño que vivía al lado solo dejo de hablarle después de que los encontraran jugando. Agitó su cabeza para volver a concentrarse en ese camión, miro con detalle como bajaban varios hombres con cajas pesadas, pero lo que realmente llamo su atención fue el ver a un niño bajando con cajas más pequeñas, esforzándose por cargarlas con ambas manos. A su mente solo vino una cosa: Un nuevo amigo, gracias a Dios.

Volteo a ver en varias direcciones, observando la cocina, la sala y el comedor sin notar la presencia de su madre, por lo que bajo del asiento que se encontraba debajo de la ventana, poniendo en su lugar la cortinas, tratando de dejar el mínimo rastro que indicara que él estuvo otra vez espiando a sus vecinos, pues si ella se enterara seguro lo regañaría, de solo pensarlo le dio un escalofrío. Continúo con lo que tenía planeado, revisando por ultima vez a su alrededor asegurándose que nadie estuviera en casa; tal vez su madre había salido para la iglesia mientras el dormía, pensó.

Se acercó a pasos lentos hasta la puerta, giro la perilla y salió, sintiendo como el aire fresco golpeó su rostro, avanzó dudando hacia el camión, escondiéndose detrás de este, esperando el momento perfecto para observar con más detalle a aquel niño.

Antes, cuando tenía ocho o nueve años, las cosas parecían más sencillas. Recordaba la emoción al correr por el parque con su vecino de entonces, un niño de su edad con el que compartía tardes enteras jugando a las escondidas. No pensaba demasiado en lo que hacía o decía, simplemente se dejaba llevar por la emoción. Lo que un niño normal a su edad haría. Le encantaba reír a carcajadas, sin miedo a que se lo callara porque estaba haciendo mucho ruido, sin preocuparse si estaba haciendo algo incorrecto.

Pero todo cambió el día en que su madre lo agarró de su brazo. No fue un agarre fuerte, pero sí lo suficientemente firme. apartándolo de los demás, siempre con una sonrisa en su rostro, pues quería aparentar que todo siempre estaba bien. No soportó el ver a su hijo jugar con ese niño de una manera, que a sus ojos era inmoral, pero, a los ojos de cualquiera solo parecían dos niños divirtiéndose. Su voz fue más dura de lo habitual, y aunque no gritó, cada palabra se sintió como una sentencia.

''No debes jugar así, Taehyung.'' Murmuró en voz baja, aún forzando una sonrisa. ''Cualquiera pensaría que mi hijo es un marica.'' Apretó los labios, en una fina línea recta y miró a su hijo con el ceño fruncido. ''No quiero que le vuelvas a hablar.'' Aunque no entendió a que se refería con lo último, no pregunto por qué. A partir de ese día, algo en él cambió. Aprendió a medir sus movimientos, a calcular cada risa y pensar dos veces antes de acercarse a alguien, aprendió que preguntar solo empeoraba las cosas.

Su madre siempre decía que todo lo hacía por su bien. Entonces, ¿por qué le dolía tanto? ¿Por qué sentía que había perdido algo ese día? Sintió como su mamá lo soltaba, después de haber apretado más su agarre con cada palabra.

El recuerdo lo golpeó con tanta fuerza que sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, como si aún sintiera aquel tacto. Instintivamente se llevó su mano izquierda sujetándose la contraria, intentando disipar la sensación. Su mente estaba atrapada en el pasado... Tanto que no notó que alguien ya lo había encontrado primero.

El contrario ya se había percatado de una presencia ajena, por lo que aprovechó a sorprenderlo primero. Lo empujo y dijo bajito un bu.

El sobresalto lo hizo girarse rápidamente para ver quien fue el que se atrevió asustarlo, frunciendo el ceño al ver ese niño riéndose de él.

''De verdad te asusté, ¿no?'' Fue el primero en hablar, aún con una sonrisa en su rostro, sintiéndose triunfante.

Taehyung no dijo nada, después de todo, si lo pensaba mejor eso le pasaba por meterse en donde no lo llamaban.

''¿No puedes hablar?'' Inquirió, sin ningún tono malicioso, solo curiosidad. Se lamió los labios antes de continuar. ''No sé que se supone que debo hacer ahora.'' Murmuró, llevando su dedo índice a su cara.

''Si puedo hablar.'' Por fin respondió, aun con el ceño fruncido.

El niño sonrió aún mas.

''Que alivio.'' Y un gesto lo acompañó mientras hablaba, ''sería raro que no pudiéramos hablar''. Se tomo un momento, dudando en si debía preguntar, pues no quería espantar a su primer amigo. ''Porque yo quería preguntarte algo.'' Se acercó un poquito más al contrario, llevando su segundo dedo al entrecejo del chico, pasándolo de arriba hacía abajo, antes de decir. ''Pero primero deja de arrugar la cara, te pondrás viejito''. Dijo riéndose al terminar.

El otro se le quedo viendo, mientras su expresión cambiaba -forzosamente- de un ceño fruncido a una de curiosidad. Abrió un poco más lo ojos, expectante. Después de tanto, esta era su primera interacción social después de animarse de llevarle la contraria a su mamá. Y esperaba que no saliera mal.

''¿Qué cosa?'' Preguntó Taehyung, ignorando lo de ponerse viejito. Aunque no solía pensarlo con frecuencia, a veces se preguntaba si era normal sentirse tan preocupado en una simple conversación. Pero, al final del día, solo era un niño de diez años. No sabía mucho de la vida.

'' Mi nombre es Jeon Jungkook.'' Hizo una pequeña pausa antes de continuar diciendo. ''¿Cuál es el tuyo?'' Observó como el chico frente a él se quedaba mudo, tragando con fuerza.

'' K-kim Taehyung.'' Titubeo antes de finalmente responder. No sabía que le pasaba, pues siempre le había resultado fácil hacer amigos y seguir con naturalidad las conversaciones, pero esta vez era distinto. Tenía varias hipótesis. Tal vez había pasado demasiado tiempo sin hablar con niños de su edad -todas las vacaciones, antes de que su antiguo vecino le dejara de hablar y se mudara-. Últimamente, solo intercambiaba palabras con su mamá en las noches, cuando ella entraba a su cuarto con la biblia en la mano.

''¿Quieres ayudarme con las cajas y luego jugar con mi nuevo balón de futbol?''

La pregunta lo sacó de sus pensamientos y sin pensarlo se puso manos a la obra, sintiendo una pequeña chispa de valentía, agarrando la primera caja que tenía al frente. Para su mala suerte parecía ser una de las más pesadas -para la fuerza de un niño de diez años-, aunque su tamaño dijera lo contrario. Todo sea por un amigo, pensó, mientras se esforzaba el doble en cargarla.

Sin más, ambos chicos se adentraron a la casa, repitiendo el mismo recorrido varias veces mientras conversaban. Ahí, Taehyung se entero de varias cosas:

1. Su nuevo vecino era dos años menor que él, lo que le sorprendió, pues había asumido que Jungkook era el mayor o de la misma edad, basándose únicamente en su altura.

2. Le encantaba la música y, sobre todo, el fútbol. De hecho, por eso lo había invitado a jugar a la pelota. Además, le comentó que su equipo favorito de todos los tiempos era el... ¿Real Barcelona?, No estaba seguro si había escuchado bien.

3. Amaba cualquier cosa que contuviera chocolate. Incluso le confeso que podría comerlo todos los días sin cansarse, con lo que Taehyung estaba completamente de acuerdo, asintiendo cuando el lo mencionó.

''Ahora es tu turno.'' Dijo Jungkook con una sonrisa, rebuscando una de las tantas cajas apiladas que se encontraban en la habitación.

''Soy mayor que tú, vivo al frente y-'' No termino de decir, ya que el pelinegro lo interrumpió.

''Dime cosas nuevas.''

''Bueno, no sé...'' Murmuró, mordiéndose su labio mientras frotaba sus manos con nerviosismo, mientras avanzaba con el menor hacia afuera de la casa, buscando algo más que decir. ''Mi mamá hace el mejor pastel de red velvet, voy a la iglesia todos los domingos y... no soy bueno en el fútbol.''

Apenas terminó de hablar, sintió como una mirada le perforaba su nuca, girándose de inmediato, y su cuerpo se tensó al ver como su madre se acercaba con pasos lentos pero firmes, siempre con esa mirada de desaprobación, aunque ahora parecía expresar algo más. Sintió como la sangre le abandonaba el rostro, el aire se hizo más pesado en sus pulmones, su piel se erizó y sus pies se hundieron en el suelo. Solo reaccionó cuando se percató que el menor lo miraba con desconcierto, no era necesario que preguntara, pues él sabía que estaba pensando en quién era aquella mujer.

Jungkook lo notó un instante después, pero no pudo decir ni hacer mucho.

''Entra a la casa, Taehyung.'' Su rostro trato de esbozar una sonrisa pero terminó siendo una mueca tirante, un gesto extraño, casi incómodo.

Jungkook también lo percibió. Sabía que ya se estaba haciendo tarde y que pronto sería la hora de la cena, pero algo en esa mujer no le cuadraba. Su tono, su mirada. Algo en ella parecía inquietarle. Su propia madre jamás le hubiera hablado de esa forma y menos mirarlo así. Incluso admitiría que le causo un poco de miedo, sintiendo como un escalofrío le recorría la espalda. Y eso que el se consideraba un niño bastante valiente.

Antes de irse, Taehyung volteó a ver a Jungkook, tratando de despedirse con una mirada. Apenas alzando su mano y agitándola débilmente. Luego se giró sobre sus propios pies y, con pasos apresurados y, la mirada gacha, cruzó la calle rumbo a su casa, escuchando pasos fuertes detrás de él. Sabía lo que le esperaba

Esa noche, por primera vez, el hambre se mezcló con el miedo. Pero lo que más le pesaba no era su estómago vacío, sino la certeza de que no sería la última vez. Solo le quedaba rezar para que el día siguiente fuera mejor. Y, sobre todo, para que su nuevo amigo no se alejara. Como siempre terminaba pasando.

( ☆ )

Taehyung se sentía nervioso.

No sabía cuanto había pasado desde la última vez que había pisado una escuela. Luego de repetidas advertencias sobre su cercanía a Jungkook. Su madre había tomado una decisión: educarlo en casa.

Le había tomado cinco años recuperar su confianza. Cuatro años de obediencia, de sacrificios, de demostrarle que había aprendido la lección. Ahora, por fin, tenía la oportunidad de volver. No era total libertad, pero era suficiente.

Estaba nervioso, sí, pero también se sentía emocionado. Entrar al colegio no solo significaba una cuantas horas fuera de su casa y fuera del alcance de su progenitora, sino, también pasar más tiempo con su mejor amigo, en realidad, único amigo.

El nerviosismo lo hacía moverse rápido. Recogiendo las cosas en su habitación con meticulosidad, asegurándose de que todo estuviera en su lugar, dejándola impecable. No quería darle ninguna razón para regañarlo y hacerla cambiar de opinión. Una vez satisfecho, abrió la puerta de la habitación, dirigiéndose a la cocina, sin esperar nada en particular.

Pero ahí estaba ella, esperándolo.

Su madre sonreía con suavidad, sosteniendo lo que parecía ser su merienda. No era una escena fuera de lo común, pero algo en esa sonrisa lo hizo dudar.

''Buenos días, mamá.'' Saludó con cautela.

''Buenos días, Taehyungie''

Extendió la mano para tomar la merienda, siendo un fracaso, pues aquella mujer lo alejo antes de que pudiera tomarlo, siendo un gesto casi juguetón.

''Recuerda que una sola queja será suficiente para que regreses con mamá.'' Dijo con dulzura, ladeando la cabeza. ''Donde estas a salvo.'' Hizo una pausa, apenas perceptible, antes añadir en un murmuro. ''Del pecado.''

Taehyung asintió de inmediato, sin rechistar, con una pequeña sonrisa, tratando con todas sus fuerzas de que no se transformara en una mueca, sonrisa que no llegó a sus ojos.

''Lo sé, mamá.''

Pareció dudar, pero al final relajo su semblante, pareciendo satisfecha con la respuesta de su hijo. Le entregó finalmente la merienda, soltando un suspiro. ''Ten cuidado de no aplastarlo.'' Señaló con suavidad, antes de que el pelinegro lo metiera a su mochila. ''Mi adorado hijo.'' Se acercó y le acomodo el cuello del uniforme con un gesto que al principio pareció cariñoso, pero que pronto se torno en algo más. Sus dedos presionaron apenas un poco más de lo normal.

Taehyung sintió congelarse.

Y entonces como si nada hubiera pasado, aflojó el agarre, volviéndose cariñoso. ''Trae buenas notas a casa''. Dijo, con un tono amable, pero que tenía un peso diferente, casi imperceptible, aunque lo suficientemente claro para él.

Presionó ahora sus manos en los hombros del chico, dándole unas pequeñas palmadas, antes de dejarlo ir.

Taehyung se alejó, girando sobre sus pies, sintiendo aún la presión en su cuello. Antes de cruzar la salida, no sin antes mirarla por el rabillo de su ojo, le escuchó decir con la misma calma de siempre.

''Recuerda que todo lo hago por tu bien.''

Salió con calma, aunque algo incómodo por lo último. Caminó hacia la parada del autobús, sintiendo el fresco aire de la mañana, pero con un ligero peso en el pecho.

Pero algo más pareció llamarle la atención; la puerta de la casa del al frente se abrió, dejando ver a un contento Jungkook, su sonrisa iluminando su rostro al verlo ahí. Por un instante Taehyung sintió un impulso de corresponderle, pero algo dentro de él lo contuvo.

Jungkook se sorprendió al verlo ahí parado bajo la señal de la parada, se apresuró, cerrando la puerta y mirando a ambos lados de la calle antes de cruzar.

''Kim Taehyung.'' Exclamó con entusiasmo. ''Así que es tu primer día de clases oficialmente.''

Su sonrisa era cálida, y sus ojos se hicieron pequeños, como siempre que estaba feliz. La familiaridad del gesto le provoco un nudo en el estómago.

Aunque la diferencia de altura entre ellos había disminuido con el paso de los años, Taehyung seguía siendo un poco más bajo. Era un detalle insignificante pero el mayor se aferró a eso para no pensar en otra cosa. Se ve tan lindo en las mañanas, pensó.

El pensamiento le llegó de golpe, como un reflejo natural, y eso lo hizo sentirse culpable. No había pasado mucho desde que recuperó su libertad y ya le estaba fallando a su madre.

Miro a los lados con discreción, asegurándose que nadie los estuviera observando. ''Así es Jungkookie.'' Murmuró, suspirando al final de la frase, sus ojos se posaron en sus manos, que intentaba mantener quietas para ocultar su nerviosismo, dudando en si debía mirar a aquel chico lindo.

Pero esta vez, no sostuvo la mirada.

Jungkook sintió el cambio de ambiente, pero no tuvo tiempo de decir nada. El autobús ya estaba aquí, y tan rápido como llegó, Taehyung se subió sin dudarlo.

No mentiría: Le habría gustado que Taehyung se sentara en una asiento vacío donde alcanzaran los dos. Pero en lugar de eso, el mayor se sentó en el primer asiento vacío que encontró, sin siquiera mirarlo. No dejándole más opción que irse atrás y sentarse junto a su amigo.

''Pensé que moriría antes de verlo fuera de su casa y con uniforme.'' Bromeó su amigo, causando la risa de los demás.

Jungkook quiso voltear, mirarlo, encontrar algún indicio de que su distancia no significaba nada. Pero se detuvo y solo suspiró.

''Yo también.'' Dijo, con una sonrisa triste.

Parecía que solo él había extrañado su presencia durante los 5 años en los que estuvo recluido en su casa.

Lo recordó con claridad.

Al principio , intentó acercarse a Taehyung de todas las formas posibles. Incluso le pidió a su madre que lo llevara a la iglesia cada domingo, y por un tiempo funcionó. Sin embargo, no tardó en notar que la madre de Taehyung parecía disgustada al verlos jugar juntos.

Poco a poco, la distancia entre ellos se volvió inevitable.

Entonces Jungkook encontró otra manera de mantenerse cerca.

Nunca fue el mejor escribiendo, pero su madre lo había obligado a memorizar cada letra y vocal hasta altas horas de la noche. Gracias a eso, podía hacer lo único que le quedaba: escribirle cartas.

Las dejaba con bastante cautela cerca de la ventana de la habitación de Taehyung, asegurándose que nadie más las viera. No eran grandes cartas; a veces solo contenía preguntas triviales como: ¿Qué hiciste hoy? ¿Viste el partido de fútbol por la televisión? Si fueras un carro, ¿te gustaría ser Mate o el Rayo Mcqueen?

Esa última pregunta nunca tuvo una respuesta clara. Para su sorpresa, Taehyung nunca había visto la película. Aquello lo indignó demasiado, tanto que se atrevió a escribirle una última carta con una única pregunta:

¿Te gustaría verla conmigo?

Espero días para recibir un simple ''sí'' como respuesta, junto con la hora en la que podrían verse. Jungkook nunca imaginó que esa sería la parte más difícil de todo.

''Mamá.'' Murmuró, mientras se acercaba a la cocina, donde ella preparaba la cena. ''¿Qué tan posible es que me prepares unas palomitas y me des dos refrescos?'' Hizo una pausa, sintiendo que algo importante se le olvidaba. Se apresuró a añadir. ''Por favor.'' Le sonrió ampliamente , con esa expresión que sabía que debía poner cuando quería conseguir algo.

Su madre suspiró, pero accedió, aunque frunció el ceño al notar el detalle.

''¿Vas a invitar al hijo de la señora Kim?''

Jungkook tardó un poco antes de responder. ''Sí.''

Su madre dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar y lo miro con seriedad. ''Cariño.'' Hizo una pausa, como si dudara en decirlo. ''Su madre me pidió que te mantuvieras lejos de él. No quiero que la gente hable mal de ti o de nuestra familia ahora que recién llegamos.'' Volvió agarrar el cuchillo y terminó de cortar la verdura en silencio. Luego la guardó en un recipiente y, tras un momento, lo metió en la nevera. ''Hay cosas que es mejor evitar''. Dijo con calma, cerrando la puerta con suavidad. ''Aunque parezcan inofensivas.''

Aunque apenas tenía 8 años a Jungkook se le quedó grabada esas palabras: No quiero que la gente hable mal. No pudo evitar preguntarse ¿Qué tenía de malo que dos niños fueran amigos?

Jungkook bajo la mirada y asintió. No dijo nada más, pero en su cabeza, la pregunta seguía dando vueltas... ¿Por qué no se siente como algo malo?

Agitó la cabeza, se sentía incómodo, pero trató de concentrarse en lo que estaba haciendo. Miró por última vez a su mamá, observando cómo su rostro aun mantenía calma. No estaba seguro si podría contar con lo que pidió, pero aún así, lo haría.

Se retiro de la cocina y se dirigió a su cuarto, ahí buscando su preciado cofre donde yacía la película. La tomó y la coloco cerca del DVD y la televisión.

Ahora solo quedaba esperar a que fuera la hora acordada.

Cuando finalmente llegó la hora, Jungkook vio cómo Taehyung salía de su casa a escondidas, dejando detrás de él una casa completamente oscura, iluminada solo por la luz tenue de la habitación del mayor. Se apresuró y salió de su habitación con calma. Sin embargo, la adrenalina recorría su cuerpo, sintiendo cómo le hormigueaban las manos y cómo su corazón estaba apunto de salirse de su pecho. Se aseguró de que su madre no estuviera cerca y abrió la puerta de la entrada con cuidado, encontrándose con un Taehyung visiblemente nervioso.

''Pasa.'' Susurró, haciéndose a un lado antes de cerrar la puerta con delicadeza.

Le hizo señas a Taehyung para que lo siguiera hasta su habitación, aunque estaba seguro de que el otro ya se sabía el camino.

Después de que Jungkook puso el CD en el DVD, ambos se sentaron en el suelo, conservando distancia al principio. La luz del televisor iluminó la habitación mientras las voces de los personajes llenaban el silencio. Jungkook se acomodó a su lado, acortando la distancia de un principio, estirando las piernas y apoyando las manos en el suelo. Por un instante, olvido las palabras de su madre. En ese momento, no sintió culpa por haberla desobedecido.

El sonido del motor del autobús rugiendo al arrancar lo sacó de su ensimismamiento, pestañeó, volviendo al presente, sus manos estaban apretadas a su regazo, como si su cuerpo aún estuviera aferrado a algo que su mente ya había aceptado.

Los días pasaron, luego meses. Al principio, Jungkook estaba emocionado por el regreso de su amigo, convencido de que podrían acercarse como antes, a pesar del estrepitoso inicio. Pero que equivocado estaba. Literalmente, no pasó nada. A veces intercambiaban palabras, pero nunca las que él esperaba, limitándose únicamente a temas académicos, y ni siquiera compartían el mismo curso. Jungkook se sentía decepcionado, había esperado tanto... para tan poco. No le quedó más opción que darle el espacio que Taehyung parecía querer. Finalmente había entendido las señales.

Sus amigos ya se habían despedido de él, dejando el aula en silencio. La sonrisa que había llevado hace un momento se desdibujó poco a poco, dejando su rostro serio.

Aspiró hondo, el aire en la sala que se sentía tan monótono como siempre. Otro día más, pensó, pero se retractó de inmediato, ya que algo había cambiado, siendo totalmente nuevo a la rutina que ya se había acostumbrado. Lo supo en cuanto sintió una presencia a su lado, no necesitó voltear para saber quién era. Taehyung estaba ahí, de pie, sosteniendo su mochila, con ambas manos, como si estuviera debatiéndose entre quedarse o marcharse.

''¿Vas a salir?'' Preguntó con voz neutra, fallando en mostrarse tranquilo, pues se movió en su propio lugar, balanceándose levemente sobre sus pies.

Jungkook lo miró de reojo. Hacía meses que no hablaban de nada que no fuera necesario, y ahora, de repente, Taehyung aparecía como si el tiempo no hubiera pasado, confundiéndolo en demasía, por más de que tratara de entender al mayor, no podía, no lo lograba. El tiempo había pasado y con ello un muro entre ellos se había construido.

''Sí.'' Respondió simplemente guardando sus cosas, evitando a toda costa mirarlo.

Taehyung asintió, pero no se movió. Jungkook tampoco lo hizo. El silencio que se instaló entre ellos era denso, incómodo. Uno de esos que hacía el aire pesado, clavando un vacío en su pecho. El menor no estaba dispuesto a gastar más energía en algo que no tenía sentido. ¿Para qué? Taehyung estaba ahí, hablándole de repente, como si nada. Como si el tiempo no hubiera pasado.

Pero había pasado.

Y con él, todo lo que habían sido.

''Me voy a mudar.'' Lo dijo sin más. Sin rodeos. Sin espacio para respuestas innecesarias. No iba a quedarse esperando algo que no llegaría. ''No es que importe ahora, pero ya que estas aquí, supongo que da igual decirlo.''

Taehyung parpadeó. Por un momento, su expresión se volvió ilegible, pero luego simplemente se limitó a asentir. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró de inmediato. Sintió la garganta seca. Había tantas otras cosas que rondaban en su mente, pero cada vez que intentaba pronunciarlas, algo lo frenaba. Quería preguntarle si estaba seguro, si realmente no había otra opción. Quería decirle que se quedara-

''¿Cuándo?''

No. Eso no era lo que quería decir.

''Pronto.''

Otro silencio.

Jungkook esperaba más, no sabía exactamente qué, pero sabía que esperaba algo, pues una sensación incómoda se albergó en su pecho, causando que quisiera llevar sus manos para calmar ese sentimiento, pero se detuvo a si mismo. Quizás esperaba un ¿por qué?, un no te vayas, o al menos una despedida formal. Algo que dijera que su ausencia significaba algo. Pero Taehyung no dijo nada.

Por primera vez, Jungkook sintió que lo entendía. Y esa comprensión no trajo consuelo, sino una tristeza más honda.

Jungkook se colgó la mochila al hombro, rodeando a la única persona que quedaba en el aula, caminó hacia la puerta. No volteó, no había necesidad. Cuando finalmente cruzó la salida del aula, sintió que algo dentro de él también se estaba cerrando.

Y esta vez, no se molestó en esperar señales. Porque, por fin, entendió que nunca llegarían.

Taehyung cerró los ojos por un segundo, como si así pudiera apagar la sensación sofocante que le quemaba el pecho. Pero cuando los abrió, Jungkook ya no estaba. Su ausencia pesaba más de lo que esperaba. Quizás por eso, por primera vez en mucho tiempo, sintió verdadero miedo. Miedo de que, al ignorarlo, al pretender que no le importaba, realmente terminara por convencer a todos, incluso a sí mismo.

Sintió que algo se rompía dentro de él y un nudo en la garganta no tardó en aparecer. Una punzada le recorrió el pecho, algo parecido al arrepentimiento, a la pérdida... ¿pero qué era lo que realmente estaba perdiendo?

No era sorpresa, sabía que Jungkook no se quedaría ahí para siempre, pero tampoco era indiferencia, entonces ¿por qué su cuerpo se negaba a moverse? ¿Por qué sentía esa presión en el pecho, ese impulso desesperado de llamarlo, de detenerlo?

Apretó la mandíbula. La lengua presionó el interior de su mejilla. Su pecho subía y bajaba con respiraciones cortas. No.

Ese tipo de sentimientos solo complicaban las cosas. El sabía que había cosas que un hombre no debía sentir.

No debía pensar en eso. No debía sentir nada.

No era correcto.

¿De verdad había esperado que él hiciera algo? ¿Que dijera algo?

Su madre siempre le dijo que algunas cosas simplemente no debían nombrarse. Que ignorarlas las haría desaparecer.

Entonces, ¿por qué esto no desaparece?

Bajó la mirada, respiró hondo y obligó a su cuerpo a relajarse, como si así pudiera borrar la tensión que lo invadía. No lo logró.

Solo le quedaba hacer lo que mejor sabía: quedarse en silencio y pretender que nada de esto había pasado.