Chapter 1 — NUEVO CASO
Tokyo, Japón
Las calles de aquella estaban con las luces de las casas adornando el ambiente. Parejas, familias e incluso uno que otro soltero/a paseaba por ahí. Las personas normalmente se fijan en eso, más no se dan cuenta de lo que ocurre en los callejones, u otro lugar.. donde podrías ser víctima de un asalto, un secuestro o simplemente una mala borrachera.
Caminaba por un callejón perteneciente al territorio de la mafia, ahí se encontraría a un hombre de utilidad. A primera vista parecía una alguien normal que decidió dar un paseo, pero el tatuaje en su hombro oculto por su polera decía todo lo contrario.
Aquel tatuaje era un claro mensaje de quien era el, a que se dedicaba, o para quien trabajaba.
Una última vuelta por ese callejón basto para llegar al lugar acordado. Al entrar como de costumbre tres sujetos le esperaban, dos de ellos eran simples guardaespaldas que vestían con ropa normal pero ambos con armas a su alcance, pero el tercero...
—¿Me mando a llamar jefe? —pregunto con algo de duda al ver el semblante de pocos amigos de su superior, el cual asintió en forma de respuesta.
—¿Que demonios te ocurre? ¿En donde está mi dinero? —dijo sin rodeos.
—¿Di-dinero? —tartamudeo.
—Eres mi hombre de confianza. Y como tal debes informarme de todo —sentencio — La mayoría de traslados de mercancía no fueron entregados. ¡¿Por qué?! -Exigio una respuesta-
—T-tal vez la policía —intento hablar debido al miedo.
—La policía está comprada —se levanto de su sitio —Si ellos hubieran hecho algun movimiento ya lo sabría a estas alturas.
El sonido del teléfono siendo puesto en la mesa retumbó, confundido se acercó y lo tomó en sus manos.
>Así cuatro cómplices de contrabando en el narcotráfico fueron capturados está tarde cuando intentaban cruzar los límites de la ciudad. Ambos camiones llevaban aproximadamente dos toneladas de cocaína perfectamente distribuidos para pasar desapercibidos en los registros de retenes. La policía aún continúa en shock pues no se a dado informes de lo que pudo haber pasado y como esas cantidades de droga pasaron desapercibidas por tanto tiempo, pues está mas que claro, esta no es la primera vez de estos delincuentes en la que transladan mercancía de este calibre.
La imagen en la pantalla le hizo sorprenderse y preguntarse, ¿como paso?, y es que aparecía un camión de carga rodeado de patrullas que claramente no eran de los policías a los que tenían comprados.
—Akatsuki —pronuncio en un hilo de voz aún sin procesarlo.
De pronto un estruendo les alarmó tanto a ellos como a los guardaespaldas quienes sacaron sus armas.
La puerta no se había roto ni mucho menos abierto por lo que al otro lado se escuchaban maldiciones y quejas.
—¡Quítate! —Se escucho, segundos después la puerta fue tumbada revelando a dos figuras las cuales no dudaron en disparar a ambos guardaespaldas, así logrando entrar sin complicaciones.
—Zabuza Momochi, quedas bajo arresto por el tráfico de estupefacientes —habló el más alto.
—Así que los perros de Akatsuki vinieron por mí —gruñó con una sonrisa torcida —Qué conmovedor.
—No nos hagas perder el tiempo —dijo Naruto, con el dedo en el gatillo —Suelta el arma y ven con nosotros. Por las buenas —Advirtió.
Zabuza rió bajo.
—Prefiero morir.
Y entonces apretó el gatillo.
El estruendo de la escopeta resonó en la bodega mientras Naruto y Deidara se lanzaban a cubierto. La bala impactó contra los contenedores metálicos, haciendo saltar chispas. Naruto respondió con un disparo rápido, pero Zabuza se movió con una agilidad sorprendente.
—¡Joder! —Maldijo Deidara mientras sacaba una granada de humo y la lanzaba al suelo —¡Necesitamos reducirlo!
El humo blanco envolvió la zona, y Naruto aprovechó para moverse a una mejor posición. Cuando Zabuza disparó de nuevo, Naruto salió de la cobertura y vació tres balas en su dirección. Dos impactaron en su chaleco antibalas, pero la tercera le atravesó el muslo.
Zabuza gruñó y cayó de rodillas.
—¡Ahora! —gritó Naruto.
Deidara se movió con velocidad y le propinó un rodillazo en la cara, tirándolo de espaldas. Antes de que el sicario pudiera reaccionar, Naruto le pisó el brazo armado y le quitó la escopeta, apuntándole directamente a la cabeza.
—Fin del juego, Momochi —jadeó Naruto.
Zabuza escupió sangre y sonrió con burla.
—Malditos bastardos...
Deidara se agachó y sacó unas esposas de acero reforzado.
—No te preocupes, vamos a divertirnos mucho con el interrogatorio.
Naruto suspiró mientras le esposaba las manos a la espalda y lo levantaban a la fuerza.
—Solo cállate y camina. Ve por su cómplice —Volteó hacia Deidara, quien asintió y fue directamente a esposar de igual forma al muchacho.
Bajo la lluvia incesante de Ame, arrastraron a Zabuza hacia el auto negro de Akatsuki. La misión estaba completa.
—Buen trabajo Agentes —felicitó su jefe por medio de la llamada.
—Sabuza y su complice ya están en camino, las armas ya fueron confizcadas y llevadas a la base. —informó el mayor.
—De acuerdo. Por cierto Deidara, Naruto, su madre llamó, no me dijo mucho, solo que los necesitaba en casa —dijo antes de cortar la llamada-
Ambos hermanos intercambiaron una mirada de confusión ante lo dicho por su jefe, si querían averiguar que sucedió tenían que terminar rápido.
~×~
El automóvil como de costumbre fue aparcado en la cochera de la casa. La gran puerta metálica fue bajando poco a poco hasta cerrar completamente.
—¿Para que nos habrán llamado? —preguntó el menor, extrañado mientras bajaba del vehículo.
—Ni idea.
Al pasar por la puerta que llevaba al interior de la casa se llevaron una sorpresa, su padre estaba sentado en el amplio sillón, aparentemente les esperaba, y en sus manos estaba el periódico del día.
El ruido y olor proveniente de la cocina les indicaba que su madre estaba ahí, como todas las noches, preparando la cena. Esperando algún inicio de conversación ambos se sentaron en el sillón aparte donde su padre estaba, quien al levantar su vista y verlos les dedico una radiante sonrisa.
Los ruidos cesaron de un momento a otro, de la puerta de la cocina había salido su madre con un mantel amarrado a la cintura.
—¿Que sucede? —interrogó el doncel —En el trabajo nos dijeron que-.
—Yo les llamé —comenzo la mujer —Hay un asunto —tomo asiento al lado de su esposo.
—¿Que cosa hicimos ahora? —Naruro sacó conclusiones.
—Espero que nada —Dejó el periódico doblado a un lado —Se les a asignado una nueva misión, la agencia no estaba segura de los agentes a los cuales mandarían ya que es un caso...grave
—Ustedes son los únicos que reúnen los requisitos, fueron los mejores de su generación, tienen un récord de más criminales atrapados en el menor tiempo posible.
—¿De que se trata?
—Desmantelar una mafia —Dijo, Minato— Un narcotraficante, anónimo, mueve el 90% de la mercancía en el país, varios capos han intentado por décadas hacerle caer e incluso cooperando con nosotros para su detención. Intento tras intento el a escapado y los informantes asesinados.
—La organización dirigida por una sola cabeza —Comentó Naruto — Creí que solo era un mito.
—¿Ese criminal, se hace llamar de alguna manera?
—The Shadow —Respondió Kushina —Sus subordinados le llaman de esa forma. Esta misión es importante, además, ambos tendrán que irse.
—¿¡Irnos?! —Exclamó Deidara sorprendido.
—Konoha es el sitió principal, la mayoria de sus negocios está ahí.
—¿Cuando nos iríamos?
—Mañana a primera hora —informó el padre de ambos —¿Entonces?, ¿que dicen?
—Misión aceptada —dijeron al mismo tiempo.
~×~
Los primeros rayos del sol se asomaban por el horizonte, las aves cantaban, todo era hermoso a vista de cualquiera pero no a la de alguien que estaba obligado a madrugar.
—¿Estas listo? —pregunto el varón desde la entrada de la habitación, cargando con un par de maletas.
Deidara y Naruto salieron de su casa a la hora acordada junto con sus padres ya que ellos los llevarían al aeropuerto... Cuando llegaron ambos hermanos se despidieron de sus padres y se subieron al avión correspondiente.
—Los voy a extrañar -admitió el menor, mirando por la ventana-
—Yo también, mientras más pronto terminemos, más pronto volveremos —Dijo mientras se recostaba en su aciento y se colocaba los audífonos para después cerrar los ojos
~×~
Para una persona paciente el vuelo en avión era un determinado pequeño tiempo en el que simplemente esperarían para poder llegar a su destino. Pero ese no era el caso de Naruto.
Afuera, el dia era un manto brillante salpicado de luces diminutas, y en el interior de la cabina, la iluminación tenue proyectaba sombras suaves sobre los rostros de los pasajeros.
Naruto suspiró, dejando caer la cabeza contra el respaldo de su asiento. A su lado, Deidara dormía plácidamente, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza ligeramente ladeada. Su cabello rubio caía desordenado sobre su rostro, y el leve subir y bajar de su pecho indicaba que estaba profundamente dormido.
Naruto frunció el ceño y lo miró con algo de fastidio. ¿Cómo podía dormir tan tranquilo? Él mismo llevaba casi tres horas en ese maldito vuelo y ya sentía que se iba a volver loco. No había Wi-Fi, no tenía ganas de leer el dossier de la misión por décima vez, y el ruido blanco del avión lo estaba matando de aburrimiento.
Movió la pierna inquieto y desvió la mirada hacia la ventanilla, observando el vacío oscuro del cielo nocturno. Nada interesante.
—Tsk… —chascó la lengua y volvió a ver al doncel, esta vez con una idea en mente.
Alargó la mano y le dio un leve empujón en el hombro. Nada. Otro más fuerte. Silencio.
—Oye, despierta —susurró Naruto, sacudiéndolo un poco más.
Deidara ni se inmutó, salvo por el leve movimiento de su boca cuando murmuró algo incomprensible.
Naruto resopló y se cruzó de brazos.
—Maldito bastardo, cómo duermes tan fácil…
Miró a su alrededor en busca de algo con qué entretenerse. Una pareja estaban sentados en la parte trasera del avión, conversando en voz baja sobre negocios y dinero, lo cual no le interesaba en lo absoluto. Más adelante, un doncel roncaba con los pies sobre la mesa plegable, y el resto de los pasajeros parecían sumidos en su propio mundo.
Naruto regresó la vista a Deidara y, sin poder evitarlo, sintió la tentación de molestarlo un poco más.
Con una sonrisa traviesa, sacó su teléfono y abrió la cámara.
—Veamos cómo te ves durmiendo —murmuró mientras enfocaba a su compañero.
Le tomó un par de fotos, asegurándose de capturar la forma en que su cabello caía desordenado sobre su rostro. Luego, con una idea aún mejor, activó los filtros y empezó a probar diferentes efectos: primero unas orejas de perro, luego un bigote falso, y finalmente uno con maquillaje exagerado.
Naruto contuvo la risa al ver el resultado y, sin poder resistirse, tomó una más con un corazón rosa flotando sobre la cabeza de Deidara.
—Ja, ja, ja… esto es arte. Eso dirías tú.
Pero su diversión se vio interrumpida cuando Deidara gruñó y abrió un ojo somnoliento.
—¿Qué demonios haces…? —murmuró con voz ronca, girando la cabeza hacia Naruto.
El rubio mayor parpadeó varias veces antes de notar el teléfono en su mano y la sonrisa culpable en su rostro.
—Naruto… —dijo lentamente.
—¿Sí, hermanito?
Deidara estiró la mano como si intentara alcanzar el teléfono, pero Naruto fue más rápido y se apartó, soltando una carcajada.
—¡Ja! ¡Muy lento, dormilón!
Deidara entrecerró los ojos y se incorporó, pasando una mano por su cabello mientras lo miraba con expresión amenazante.
—Dime que no hiciste lo que creo que hiciste.
Naruto guardó el teléfono y se encogió de hombros con una sonrisa inocente.
—No sé de qué hablas.
Deidara gruñó y se talló la cara con frustración.
—Eres un hiperactivo… ¿Por qué no puedes simplemente dormir como una persona normal?
Naruto se recostó contra el asiento con los brazos detrás de la cabeza.
—Porque dormir es aburrido. Y porque si tú duermes, alguien tiene que cuidar de la nave, ¿no crees?
—No estamos pilotando la maldita nave, Naruto.
—Detalles, detalles…
Deidara bufó y se acomodó de nuevo en su asiento, mirando de reojo a Naruto.
—Si sigues molestando, juro que te arrojo del avión.
Naruto sonrió con diversión.
—Oh, vamos, admítelo. Mis fotos mejoraron tu imagen.
—Si me haces algun Sticker ten por seguro que subiré tu video.—regañó en voz baja.— En calzoncillos, cantando “libre soy”.
La expresión del varón se congeló mientras su rostro palideció, habia olvidado ese video.
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Las horas habían pasado, cuando el avión aterrizó los dos rubios bajaron de este con maletas y documentos en mano.
Una vez fuera del aeropuerto pidieron un taxi.
La dirección de su nueva casa y barrio fue dada al taxista quien con una amable sonrisa comenzo comenzó una conducir.
No paso mucho tiempo cuando el taxi aparco en una acera, frente a una casa que nada más verla cualquiera se quedaría con la boca abierta
La casa era blanca y grande con un pequeño jardín en frente y al parecer con uno más grande por la parte de atrás.
—A esto se refería el jefe cuando dijo que estaríamos cómodos —exclamó Naruto con sarcasmo ya fuera del auto.
—¿Esta seguro que es aquí? —Deidara pregunto al señor, recibiendo un “seguro” por respuesta.
No quedando de otra las maletas de ambos fueron bajadas del vehículo, lo acordado en efectivo para el señor fue entregado, y como de costumbre un agradecimiento le fue dado por su servicio.
Ya estaban ahí y no había vuelta atrás. Ambos esperaban que la misión fuese sencilla, como siempre, leer la información que estaban en las carpetas que les habían sido entregadas, buscar e investigar a la mafia o banda, atrapar al líder y sus aliados, etcétera.
Todo parecía fácil si se decía así, más sin en cambio sabían que al ser agentes de un rango superior a cualquier otro la misión no se les habría sido asignada.
—Bien Naru, tú llevas las maletas grandes y- —Ve que Naruto ya no está— Desgraciado —Susurró.