Reclamada por Caín

All Rights Reserved ©

Summary

Leonor aprendió desde niña que su apellido materno no debía pronunciarse. Encerrada entre reglas, silencios y un padre que controla cada paso que da, lo único que quería en su cumpleaños número treinta y tres era comer pastel y dormir temprano. Pero alguien más tenía otros planes. Un mensaje firmado por “CC” despierta un linaje que llevaba generaciones oculto. Y esa misma noche, Caín aparece con un regalo imposible de ignorar: el diario de su bisabuela, la primera mujer que desafió al hombre equivocado… y pagó el precio. Caín no es un salvador. Es un estratega. Un príncipe en un reino donde el poder se negocia con sangre y promesas. Y quiere un trato. Un matrimonio que no nace del amor, sino de la necesidad. Una alianza para proteger el linaje Abadía… o usarlo. Leonor siempre creyó que la maldición era su apellido. Hasta que entendió que lo verdaderamente peligroso era el hombre que estaba dispuesto a reclamarla. Porque en esta historia, el amor no es redención. Es guerra.

Genre
Young Adult
Author
Cami
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

La invitación

Cada acción tiene su consecuencia; mi padre, en afán de retenerme a la vida, hizo un voto que hoy pagaré. Soy Leonor de Bolívar. Hoy que cumplo 33 años, me cuentan que debo casarme para que mi familia no pierda la vida, con un hombre capaz de quemar el mundo por un capricho.



El teléfono suena y yo realmente no tenía ganas de contestar. Había acabado de terminar mi relación de más de 12 años; me iba a casar y demás. El hombre se fue, al que detesto y odio con la existencia entera. Han pasado 5 minutos y el teléfono sigue sonando, hasta que Martha, mi secretaria, me habla por mi teléfono personal. Cansada de que el teléfono suene, supongo a saber quién es y no tengo ganas de hablar con él.

—Señorita Leonor, su padre le llama —escuche a mi secretaria Martha, doy un suspiro audible—, señorita, usted sabe que su padre es insistente, conteste, por favor.

—Está bien, recuerda que mi terquedad es heredada. —Suspiré y dije—: Ponlo en línea, por favor y gracias.

No demoró ni un segundo para estar en la línea.

—Hola, hija mía. —Escuchar a mi padre saludarme con ese tono de voz me daba muy mala espina.

—Papá, ¿cómo estás? —saludé de una forma fría.

Su respiración se escuchaba por la bocina, algo no tan extraño cuando tenía algo que decirme, algo importante, algo que podría cambiar mi existencia. El hombre me envió a un centro de rehabilitación y después me sacó y me metió en un monasterio de mujeres y después me sacó y me metió en un monasterio de mujeres para convertirme en monja, pero, por cosas de la existencia, a los 20 años me salí de allí y estudié leyes.

—Padre, dime por qué carajos me llamas hoy, qué tienes planeado para mí. —Hablé de una forma adulta, sin miedo, sin temor, solamente con algo cierto en la cabeza; ya no me iba a dejar manipular.

—Hijita, 33 años, ahorita ahorita te acuerdas y se supone que uno como padre debe estar con sus hijos en esas fechas. —Esto cada vez me huele más mal.

Mi padre me estaba enojando cada vez más; doy un suspiro observando a la Virgen de las Mercedes la que tengo en una mesa cerca de un archivero viejo.

“Madre mía, dame paciencia”.

—En estos momentos sí, ¿te acuerdas que tienes hija? —comencé a subir la voz—, pero cuando mamá murió, noo, ¿dónde te encontrabas? ¡Ah, sí!, te encontrabas en Medellín buscando fondos para tu ONG. —Guardé silencio y, antes de que dejara de hablar, le reclamé un poco más. —Cuando me acusaste de que yo lo había mandado al otro mundo, padre, dime, ¿qué quieres?

—Hija, cálmate, por favor, solamente quiero celebrar tu cumpleaños, pues después de todo eres lo único que me queda. Además, te quiero presentar a muchos amigos que estarían interesados en aportar en tu negocio, en tu bufete.

“Ya sabía yo que este señor que tengo como padre estaba jugando sucio; es que de verdad me parece totalmente extraño que mi padre se preocupe por tanto mí“.

Traté de respirar profundo, y sí, hoy es mi cumpleaños número 33, pero es algo que me gusta, pues desde hace algunos años me he sentido vigilada, pues en algunas ocasiones veo una sombra de un hombre sentado en la esquina del edificio en donde vivo; es más, Raúl, mi exprometido, decía que era paranoia y que eso hacía que todo lo de ambos fuera mucho más complicado y no su mamitis aguda… Si yo lo hubiera permitido, creo que aún hoy esa señora dormiría con él y conmigo. Pero volviendo con mi amoroso y fariseo padre, le pregunté: —¿Qué tienes preparado, papá?

—¡Solo quiero que te diviertas, hijita! —expuso, rápidamente. —Necesito hacer las paces contigo.

Aquello sí que me sorprendió; aunque lo dudé por un rato, llevaba mucho tiempo sin ir a casa. Ese lugar nunca se sintió mi hogar, pero había algo que me jalaba a decir que sí. Tal vez algo pasó en casa durante mi ausencia y necesitaban que alguien lo solucionara.

—No ha pasado nada, ¿verdad? —pregunté.

—No, hay nada que temer —y de verdad lo último que deseaba era estar vestida con ropa incomoda luciendo un apellido que nunca me ha gustado —. Algunas personas que conoces vienen a esta fiesta, como por ejemplo algunas amigas de tu madre y demas…

—Pero no tengo nada para la reunión, tú sabes que no tengo mucho tiempo para fiestas o algo así —hablé tratando de tener el mejor ánimo de la vida, aunque todavía con algo de duda.

—De eso me encargo yo —escuché a mi padre salir de la oficina, tratando de averiguar mi talla de vestido—. Dime qué color prefieres. —Me hizo la pregunta como si de verdad no me conociera, ni un poquito. Suspiré y dije.

—Compra un vestido de color azul mineral con un corte en V… —dije tratando de verme poderosa—, quiero zapatos y maquillaje, también joyas.

—Te verás preciosa. Las cosas te llegarán en media hora a tu apartamento. ¿Todavía vives en ese edificio viejo?

—Sí, padre, todavía vivo en el apartamento que mi abuela Aina, me compró.

—Aina Hoyos Marco era una gran escritora, como tu bisabuela Alana Marco. —Me quedé en silencio, tratando de ver sin mirar el computador, esto hizo que mi padre entendiera que no necesitaba más compasión o algo así. —Debes de estar ocupada, hija mía. Hasta luego, y recuerda, discúlpame por todo, nunca fue mi intención que te sintieras mal.

“No, padre, nunca me sentí sola, solamente sentí que era rechazada por mi padre por no seguir los mandatos tuyos”, eso le pensé mientras colgaba.

—Y tú, Martha, cuelga y ven… —Sabía que mi secretaria estaba pendiente si necesitaba interceder.



Después de unas cuantas horas en el trabajo, justo cuando estaba por apagar el computador y salir hacia mi apartamento, mi teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido; esto se me hizo extraño, es más, pensé que era de uno de mis primos, entonces lo abrí sin pensar.

El mensaje decía de esta manera, tan íntima que me hizo dudar un poco de ir.

Nos vemos en la noche. Y feliz cumpleaños… heredera de las Abadía.

— CC

Sentí cómo el estómago se me vaciaba.

Ese apellido no lo usaba nadie en casa; evitaban pronunciarlo, y en el monasterio me enseñaron a no hacer preguntas sobre el lado materno de mi familia; nunca supe exactamente por qué. Solo entendí que decirlo en voz alta no estaba bien. Tal vez mi padre, al perder a mi madre, decidió encerrarme; nunca lo sabré. Después guardé el teléfono y dirigí mis pasos hacia mi edificio. A pesar de todo, ese mensaje me dejó intrigada y un poco preocupada, pues tal vez era una señal de que todo iba a cambiar.

Cinco minutos más tarde, en casa, un paquete de una marca reconocida estaba en el pie del segundo piso. Recogí aquel paquete y entré; lo primero que hice fue dejar mi bolso de mano en la sala e irme al baño.

Pero aunque trate de no pensar en el asunto, algo muy profundo decía que esta noche del 25 de marzo algo cambiaría y no es bueno; además, la idea de que me siguen es persistente.

Saco de la bolsa el famoso vestido y no puedo negar que es hermoso; va muy bien con mi tono de piel y los pequeños tatuajes que tengo. Enseguida del baño, de un baño tranquilizador, me quedo mirando la hermosa prenda, que, aunque sea bonita: no gritaba: “¡Feliz cumpleaños!” Gritaba: “Miren lo que tengo”.