After Dark

Summary

Él amor es el sentimiento máximo, pero a su vez es el más doloroso. Seguir adelante no siempre es fácil. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, o quizás, solo quizás si lo sabes, pero te niegas a aceptarlo, una decisión que desencadena una serie de circunstancias, la pérdida del ser amado.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Siempre he sido utilizado.

Tan solo un perro fiel.

Todo fue mentira…

Tus falsas caricias, tus falsas promesas… Al final, nunca te importé.

El vacío en mi pecho me oprime, no me deja respirar. No me deja vivir, pero tampoco dormir.

Una semana ha pasado desde que dejaste de existir. Una semana y aún tu imagen me atormenta. Mis manos están tan manchadas de sangre que no tengo retorno hacia la luz. He visto innumerables cadáveres, ninguno me ha quitado el sueño, no, nunca me había pasado. Hasta que vi el tuyo.

Tu maldita jodida sonrisa.

Te burlabas, como siempre, de mí.

Ahí estaba yo. El perro estúpido que siempre me negué a creer que era, tratando de comunicarme contigo, pero no entraba la maldita llamada. Debí suponerlo. Tú siempre tienes un plan.

De pie, frente al gran ventanal de tu oficina, con el celular en mi oreja enviándome de nuevo al buzón. No pude hacer nada, tan solo te vi caer sonriente. Burlándote de mí en tu última broma cruel. El celular cayó de mis manos. En ese momento, todo se vino abajo, como si la gravedad que manipulo tan libremente ahora me estuviese aplastando, sofocando, matando lento.

Solo permanecí estático. No tengo idea por cuanto tiempo. Para mí, fue una eternidad, pero al parecer solo fueron unos minutos. Ni siquiera escuche el ruido del impacto.

Necesitaba llegar a ti. Comprobar que no era un juego, que todo estaba pasando. Port Mafia se estaba desmoronando, el lugar al que pertenezco se me iba de las manos. Así como, el dulce amor prohibido que me permití disfrutar.

El resplandor rojo me rodeó. Con mi habilidad activada me permití saltar, no te pude alcanzar. Ni ahora ni nunca lo haré. Siempre un paso adelante.

Llegué al final, en silencio toqué el suelo. Ahí tendido sobre el asfalto estaba lo que alguna vez fuiste.

—Nadie puede huir de la gravedad, ni siquiera tú — comienzo a reír de forma histérica sin apartar la mirada de tu cuerpo inerte. Tu sangre tiñendo de rojo el asfalto — te odio…

Mascullo después de mi risa para luego comenzar a llorar, porque en realidad no te odio, me odio a mí por ser tan estúpido.

—Mierda, Dazai, este es el adiós — me dejo caer de rodillas a tu lado — mi corazón nunca te olvidará, lo sabes bien, no importa donde estés… — golpeo el asfalto con mis puños — pero te juro que no volveré a perder. Maldito seas por siempre. Me has arruinado finalmente.

Comienza a llover. No me muevo. Escucho las sirenas a lo lejos, poco a poco se van acercando.

Pero ya no me importa nada. La sede está tan destrozada. Ya no hay líder. Ya no tengo que proteger. Quizás sea mi momento de caer también.

—Dime, hijo de puta, ¿eso querías? — me levanto, observo al cielo — supongo que tuve una buena vida. Aunque todo haya sido mentira, supe lo que era amar…

Debes estar burlándote desde el infierno de mí. No hay nadie más, estoy solo… realmente solo.

O eso creí. Pero aún no era mi momento. Las sirenas cada vez más cerca. Un abrazo cálido me envolvió, una sombrilla roja cubrió mi cuerpo de la lluvia.

—Vámonos, aún no es tu momento — su voz suave me reconfortó. Me empujó para moverme. Sin soltarme de su agarre, le seguí con pasos torpes — estarás mejor sin ese imbécil…

Solté un quejido de angustia.

Si no te hubiera conocido no me sentiría triste. No sentiría el dolor en mi pecho, no me sentiría triste en estos momentos. Pero, si no te hubiera conocido no hubiera conocido el amor.

Ane-san me trajo al departamento. Me baño. Yo solo era un cascarón vacío que no reaccionaba. Me mimó como hace mucho no lo hacía, siempre con su rostro inexpresivo, pero sus ojos, su mirada, atravesaba mi alma, se compadecía de mí. Ella lo sabía.

—Lo sabes — logré articular a medio vestir.

—Lo sé — afirma mientras me seca el cabello — ojalá lo hubiese podido evitar.

—No es tu culpa. Solo yo soy demasiado idiota.

—Eres demasiado bueno. Siempre fuiste demasiado para Osamu Dazai, mi bella flor del infierno…

Peina mi cabello, solo sollozo.

—Tú y yo fuimos desafortunados en el amor, pero lo superarás, así como lo hice yo —besa mi cabeza — descansa… pronto debemos retomar el control.

No escucho más que solo la puerta al cerrarse. Ni siquiera recuerdo como llegué a mi cama. Solo sé que lloré hasta desfallecer. Los siguientes días solo era un cascarón vacío moviéndome por mi hogar…

Ahora, una semana después de tu pérdida, despierto de la pesadilla que se ha vuelto una constante en mis noches. Me levanto directo a la cocina y me preparo un café. Una vez listo, salgo al balcón y permanezco ahí. Aún no sale el sol. Con la taza de café entre mis manos, decidiendo reunir las piezas de mi corazón, decidiendo sobrevivir y nunca más volver a amar.

—¿Me pregunto si tendrás una tumba digna? — le doy un sorbo a mi café — ¿me habrás amado? — niego — no, tú no tenías corazón…

Siempre fui tu sucio secreto ¿no? Tú estuviste tantas veces con otras personas tanto como conmigo. Siempre repitiendo el mismo escenario sin lograr avanzar. Termino mi café y aprieto la taza en mis manos rompiéndola. Un par de astillas se clavan en mis manos desnudas. Uso mi habilidad para levantar los pedazos y depositarlos en la basura. El sol está por salir, así como mi resolución. Tomo mi celular y marco.

—Ane-san… tomaré las riendas de Port Mafia, o lo que queda de ella…

Ella me apoya. Me dice que reunirá a los hombres que quedan, algunos fueron capturados esa terrible noche. Me levanto dispuesto a prepararme. Sigo mi rutina como si nada hubiera pasado, ya no habrá más lamentaciones. No puedo vivir así.

Realizo una rutina de ejercicio. La misma que siempre he seguido. Desayuno, debo reponer energías. Y lo cierto, es que, esta semana no me había alimentado. Me doy una ducha relajante y me visto con la ropa de trabajo.

Salgo de mi hogar directo a lo que queda de la sede. No hay guardias, no hay policías. Todo está tan vacío. Así que, voy al archivo central. Comienzo a revisar, buscando algo que me ayude a saber la razón de este desenlace, algo que me revele lo que me ocultaste. De Atsushi no hay rastro, así como de Kyouka, supongo que ese par se fue junto. Tan concentrado y tan perdido en mis pensamientos estaba, mientras analizo la información, que no me percato de la hora hasta que mi celular suena. Es Ane-san. Ya vienen. Decido que es mejor recibirlos en tu oficina. Bueno, ahora será mi oficina.

Una vez acomodado en el escritorio, continúo revisando. Solo encuentro notas inconexas que no logro comprender bien acerca de un libro que lo puede todo.

Escucho el golpe de la puerta.

—Adelante — los observo, los usuarios de habilidad de Port Mafia — como ya saben Osamu Dazai ha muerto. Ha llegado una nueva era para Port Mafia — me levanto — espero contar con su lealtad — los observo serio.

Se inclinan ante mí jurándome lealtad.

Estoy por dar una orden nueva cuando lo escucho: son tropas. Nos esperaban.

—Y una mierda — gruño, activando mi habilidad — acabemos con ellos, simples policías no podrán contra nosotros…

¡Oh cuan equivocado estaba! No eran simples policías, era la élite del gobierno.

No venían por Port Mafia, venían a por mí…

Así que, también me vendiste. Esto también era parte de tu plan.

Una encarnizada lucha comenzó. Nos superaban en número. Además, había usuarios de habilidad. Vi como herían a Kouyou, llegué hasta ella con rapidez.

—Ane-san, escúchame — logré ganarnos un poco de tiempo — vete, todos váyanse. No vienen por Port Mafia…. Ustedes pueden vivir y restablecer todo — sus ojos me veían con miedo por primera vez desde que la conocí.

—No te dejaré, prefiero morir contigo…

—Es una orden — le digo serio — no soy tan fuerte como tú… pero al menos quiero que vayas a la luz. O permanece en la oscuridad y reina sobre ella. No me importa, solo quiero que estés a salvo…

—Te amo — susurra.

—¡Retirada, todos! — grito mi última orden.

Avanzo hacia el resto de las tropas. Ahí están los perros de caza. Así que, por eso nos costó tanto. Comienzo a retirarme los guantes y comienzo a recitar.

—Concesionarios de desgracia oscura — el resplandor me invade — no me despierten nuevamente…

El poder comienza a correr por mi cuerpo, mi conciencia se va sumiendo en la oscuridad, en el abismo. Todo mi cuerpo se corrompe. Sé que sin ti no me detendré hasta morir, pero yo no soy un maldito cobarde, no soy un egoísta. Si mi vida es el precio a pagar por que mis compañeros tengan paz y libertad, es un precio muy barato que estoy dispuesto a pagar…

Ha pasado mucho tiempo. Arahabaki está feliz de tomar el control. No percibo nada, solo dolor, caos y destrucción. Pero esto no es nada, no, el dolor físico no es nada en comparación con el dolor del alma. Solo soy un humano, soy Chuuya Nakahara, ejecutivo de Port Mafia. No soy un dios. No soy una rata de laboratorio.

Todo dentro de mí colapsa. Apenas y vislumbro, en un atisbo breve de conciencia, todo destruido, cadáveres por doquier… Caigo. La sangre brota de mi cuerpo. Ya no puedo más, ya no queda más.

Perfecto. Ahora en las puertas de la muerte comienzo a alucinar.

—Chuuya — escucho tu voz a lo lejos.

¿Has venido a recibirme en el infierno? Bastardo.

Mi cuerpo arde por dentro ¿Cuánto tiempo pasó? He recuperado un poco de conciencia. Solo noto un poco de luz… es el sol, estoy seguro ¿está saliendo o se está ocultando? no importa, no puedo mantener mis ojos abiertos…

Algo me mueve.

Algo me sostiene.

Siento gotas caer en mi rostro. Intento abrir mis ojos. No puedo, no tengo fuerzas…

—Chuuya — tu voz resuena demasiado fuerte, demasiado real. Con mis últimas fuerzas, entreabro mis ojos.

Ahí estás sosteniéndome, maldito bastardo.

—Dazai — logro articular. Escupo sangre. Todo dentro de mí está destrozado. Con mi último esfuerzo, esta vez el último suspiro — te amo — llevo mi mano a su rostro, o al menos eso intento, pero no lo logro.

Cierro los ojos. La oscuridad me arrastra, ya no siento nada, ya no…

Estoy llorando. Nunca he llorado antes…

Cometí un error. Mi primer error y el más grande.

Salvé a mi mejor amigo a costa de la única persona que me ha amado.

Del único que no merecía nada de esto. Al único al que siempre dañé.

Avanzo entre todos los escombros de lo que fue una feroz batalla. Quiero alcanzarte. Quiero salvarte.

Te he herido y no cabe duda que resulté más herido yo. No pude ver las consecuencias de todo. No puedo aceptar esta culpa. No puedo tolerarlo.

Llego a ti. Es tarde. Ya no te queda más. No escucho tu respiración. Te tomo en mis brazos, no siento tus latidos por más que busco tu pulso. Te llamo entre gritos, no me respondes. En ninguna otra realidad te he perdido, no quiero ser el primero en hacerlo. Tú y yo estamos unidos por el hilo rojo.

Abres ligeramente los ojos y me observas. Tus ojos ya no tienen el mismo brillo. Observo un par de gotas caer en tu rostro, pero no es lluvia, solo son mis lagrimas. Intentas tocarme, lo cierto, es que ya no das más. Tus manos están destrozadas. Tomo una y le doy un suave beso en el dorso. Un te amo es lo ultimo que dices y tu cuerpo queda laxo, inerte….

—No, Chuuya, esto no debía ser así — lloro, te estrecho con más fuerza contra mi pecho.

No quiero soltarte. No quiero dejarte ir.

Escucho unos pasos acercarse. Se quién es sin girarme.

—Vete… — mi voz es carente de ánimo — ya se cumplió con el plan según lo estipulado.

—No vine por eso — no se mueve — vine por el usuario A5158…

—No te lo entregaré…

Mascullo con ira. Estoy dispuesto a alterar todo si con eso logro que no lo aparten de mí.

—Dazai, no lo hagas más difícil — se acerca, por el rabillo del ojo observo como se ajusta las gafas — ni siquiera quiero hacer esto, pero es parte de mi trabajo, el cual consiste en llevar a A5158 a las instalaciones ya sea vivo o muerto.

—Es Nakahara Chuuya, no es un simple número… — lo observo sin vida — siempre luchó por su humanidad — suelto una risa — el chiico tonto no se daba cuenta que era incluso más humano que yo.

—Lo sé — afirma con seriedad.

—Está muerto…

—Y tú también. Al menos para salvar a este mundo así debe de ser.

Me permito darle un último beso en los labios, tan fríos. Solo me quedará tu recuerdo. Con delicadeza lo deposito en el suelo y me levanto colocándome al lado de Ango. Él con una señal moviliza a sus hombres y de inmediato colocan el cuerpo de Chuuya en una camilla. Un auto llega y lo suben. Vislumbro un gran número de aparatos médicos.

—Está muerto — repito como un idiota.

Sakaguchi permanece en silencio. Despide a sus hombres quedándose a solas conmigo. Tan solo está una joven mujer esperándolo a unos metros al lado de un vehículo negro.

—Tú también estabas muerto hace una semana, ¿no?

Camina sin dirigirme mirada, dejándome en mi lugar. Analizo sus palabras.

Aún hay esperanzas para que sigamos avanzando en el camino de la vida juntos.

Aún no te he perdido.

—No tengo permitido rendirme ¿no? — alzo mi vista al cielo — incluso yo puedo encontrar la felicidad, yo que soy indigno de ser humano — las lágrimas corren por mi rostro — iré por ti, Nakahara Chuuya…