Kamigami [ Dioses ] BL

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Summary

Hai Ka, es una deidad del fuego sometido por la jerarquía autoritaria de sus hermanos. Despreciado por ser tan débil y pequeño. Una noche cualquiera fue testigo de una presencia divina. Hoshiri, un príncipe prófugo de los Cielos, que no duda en usarlo para su beneficio, sin saber que comenzará a sentir algo más por ese gran perro de fuego. Aunque, no todo será tan fácil. El destino tiene planes específicos, y una fuerza más poderosa se encargará de hacerlos cumplir. Sin importar qué tan caóticos sean. . . . . . . La trama es original. La mayoría de los personajes son parte de la mitología japonesa, o inspirados de la misma.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

1- La primera noche de otras más.

🔥

La luna era su única compañía.

Ambos eran tan parecidos. Si la luna era considerada un testigo de los sentimientos ajenos.

Sin embargo, se sentía más como un perro sin dueño y sin propósito. Un perro callejero que iba por las calles rogando por un pedazo de carne.

Al menos se conformaba con la tranquilidad que le daba pasear en la noche por la ciudad humana. Entre las calles oscuras y callejones donde los hombres humanos se emborrachaban.

Sus manos se guardaron entre sus telas de color negro, reflexionando sobre lo solitaria y aburrida que era su vida. A pesar de ser una deidad, así siempre se sintió para él.

Hasta que...

Una extraña figura que causaba un ritmo irregular sobre el techo de una de las casas, llamó su atención. Su forma era humana, pero lo que le pareció más extraño era que no usaba la puerta como un humano normal haría.

La curiosidad de Hai Ka lo impulsó a ver lo que esa figura enigmática iba a hacer allá adentro. Se aventuró a seguirlo.

Con cuidado se deslizó por la puerta y entró a la casa. Primeramente pidió disculpa a la deidad que protegía ese hogar y siguió hacia los cuartos, en donde se suponía que estaba ese personaje misterioso.

Al llegar, se asomó y vio que sí tenía razón.

Esa silueta creó una esfera oscura de energía irregular y la depositó en la frente de uno de los niños, lo que causó que este se removiera en el futón sobre el tatami.

Aquella sombra repitió el mismo proceso con el padre y la madre en la habitación de al lado.

« ¿Qué se supone que está haciendo? ». Se preguntó mentalmente sin terminar de comprender esa energía tan misteriosa y sospechosa que creaba ese enigma.

— ¿Será una especie de brujo? —cubrió su boca para callarse aún más.

Dio un paso en falso. La madera del suelo hizo un sonido rechinante por su peso. De inmediato retrocedió y volvió a esconderse.

El sonido provocó que el cuerpo de telas negras saliera huyendo del lugar.

Hai Ka se apresuró a seguirlo antes de perderlo por los pasillos de esa casa.

Sin embargo, la presencia fantasmal saltó rompiendo la ventana como papel.

Saltó igual por la ventana rota y buscó su presencia entre las grietas de las calles nocturnas.

Encontró su sombra corriendo hacia uno de los callejones cerca de un bar, donde siempre habían humanos desbordados en alcohol.

Le dio gracias a su forma omnipresente. Ya que pasó desapercibido ante los humanos igual que ese sujeto misterioso. Eso último lo hizo pensar en que esa persona no era un humano. Sino era un hechicero, o un brujo, quizás era un espíritu, o un demonio.

En el caso más extraordinario, se podía tratar de una divinidad.

— ¡Espera! —alzó su mano para poder atajarlo.

Pero, esa personita fue más ágil y se desvió en el último instante. Hai Ka notó su desvío poco después, por eso chocó contra una pared de madera con fuerza.

Tomó ventaja de ese choque tan vergonzoso de la deidad, para escapar y desaparecer, finalmente en la oscuridad del crepúsculo.

🔥🔥🔥

El rostro de su hermano lo decía todo.

No le importaba ni una de las sílabas que salía de su boca, pero el pelirrojo no sabía leer las expresiones, así que continúo hasta que por fin culminó su relato.

—Alucinaste, eso fue todo.

— ¡No aluciné! Se estaba metiendo en su cabeza con magia negra. Lo juro, lo vi con mis propios ojos.

—Hai Ka, no viste nada de eso, y si en dado caso fuese real, no ha sido nada de lo que deba ser importante. Solo es un simple monje hechicero de las montañas o algún fenómeno raro del bosque —rodó sus ojos, devolviéndolos a su pergamino medio escrito.

—Los humanos ven a otros humanos. Eso no era un humano, estoy seguro de que era una deidad. Jamás había visto que las deidades se meterían con los humanos directamente.

—Y no deben —soltó su pincel y tomó su entrecejo. Cada vez que lo oía, sentía una molesta migraña—, Hai Ka ¿por qué no hablas de esto con los otros? Estoy seguro de que Okuya Ka o Haya Ka estarán felices de oírte.

—Haya Ka es distraída, y Okuya volvió a irse. Shigi Ka no va a querer oírme, Toya anda gastando bromas y Kuraya está entrenando. Ni hablar de Masa Ka. Tú eres el único que me escucha —comentó con una sonrisa.

—Es porque no tengo opción —murmuró molesto acomodando con desdén los papeles sobre la mesa—, Masa Ka me obliga a estar transcribiendo día y noche.

—Haraya, tú sabes sobre magia y esas cosas, ¿qué clase de poder mental es ese?

—Solo hay alguien con esa capacidad, y dudo mucho que el dios de la luna se tome la molestia en bajar y perturbar humanos, uno a uno. Ya olvida lo de esta noche, ¿sí? Estoy ocupado, Hai Ka.

—Claro. Veré qué hacen los demás, en ese caso... Te dejo trabajar tranquilo —sonó algo decaído.

Aún así, se levantó de la mesa rumbo a la salida, dándole a Haraya Ka una sensación de paz.

Los pasillos con antorchas aumentaban más la temperatura caliente del Inframundo rojo.

Su palacio era único en esos territorios. Nadie más se atrevía a invadirlo, no si querían morir quemados al dar el primer paso.

Se percató de la presencia de su hermana mayor, Masa Ka, la cabeza de la familia, al frente de su propio camino.

—Masa Ka —saludó por lo bajo—. Que bueno que te veo desocupada. Hay algo que quiero contarte. No te imaginas lo que me pasó...

—Debe ser emocionante —puso su mano al frente, deteniendo su habla. Ya se veía fastidiada—, pero no tengo tiempo para oírlo. Estoy ocupada.

—Pero... Te prometo que no es algo trivial como lo que pasó con los lobos, o con el agua... Es algo bastante curioso, que...

—Sí, sí, otro cuento fantástico —giró la mirada—, Hai Ka, me encantaría escuchar lo que tienes para decir —era una mentira—, tienes una imaginación ilimitada, pero sinceramente no me importa lo que tengas para decirme, ahora y nunca.

—Te prometo que no voy a quitarte nada de tiempo, seré breve.

—Hai Ka, ve a contárselo a Haraya Ka. Está en su sala de escritura, desocupado.

—Vengo de ahí —desvió sus ojos al suelo.

—Entonces ve y sal a contar las aves, o a quemar hojas secas, yo que sé —quiso irse, pero Hai Ka no se le desprendió—, quizás Haya Ka quiera oírte, aunque con lo que le mandé a hacer, lo dudo.

El pelirrojo bajó sus ojos, sintió la fuerte bofetada del aislamiento, otra vez. Debería de estar acostumbrado, siempre había sido ignorado. Sus palabras no valían nada para sus hermanos, todos tenían cosas ” importantes ” que hacer.

— ¿Masa Ka?

Pensó que Hai Ka ya se había rendido, pero al escuchar su nombre salir de su boca respiró profundamente, intentando calmar sus instintos violentos. Se giró y lo miró de la forma más amable que pudo.

Aunque para Hai Ka era más que evidente la molestia que causaba.

— ¿Qué?

— ¿No tienes algún trabajo que yo pueda hacer? Como el de los demás. Para mantenerme ocupado y dejar descansar mi imaginación —agarró su cuello.

—Como dije, ve a contar aves o a jugar con piedras. Solo no estorbes, Hai Ka.

Suspiró decaído, era obvio que por más que lo intentará no volvería a ganarse otra tarea seria. Su vida siempre fue así. Sus hermanos lo consideraban inútil por no poder hacer lo que una deidad del fuego debía hacer.

Todavía recordaba esa vez que Masa Ka le ordenó supervisar las ofrendas hace más de cinco inviernos, realmente porque estorbaba. Terminó quemando algunas e incluso perdió varías de las creencias.

Fue un día inolvidable, después de todo, ese día le dieron una lección brutal y dolorosa.

Aún cuando lo habían castigado de formas inhumanas, seguía queriendo a sus hermanos. Ese sentimiento no podía morir en él, durante años se había asegurado de bloquear todas las emociones negativas.

...

Tomó el consejo de su hermana.

Salió a tomar aire, y contó las aves coloridas que cantaban en los árboles. Una actividad que lo alejaba de su soledad, al menos hasta que llegó la noche. Las aves se fueron a dormir y únicamente quedaron los búhos cazadores y los grillos cantores.

Se le vino a la mente el recuerdo de aquella sombra de la noche anterior, por tanto, se dirigió a la ciudad con la esperanza de volver a encontrarse con ese ser, y entretenerse un poco.

No entendía la extrema curiosidad por saber quién era ese extraño, sin embargo, siempre seguía a su corazón quien lo impulsaba a vigilar las calles en busca de esa sombra escurridiza.

Hai Ka no esperó mucho. La sombra delgada se delató bajo los reflejos de la luz de la luna. La deidad del fuego no dudó en seguirla con una sonrisa de niño travieso.

Otra vez metió esas esferas de energía en la frente de los humanos que plácidamente dormían. Inevitablemente la pregunta “¿Por qué?” invadió su cabeza.

Las luces no tenían esa apariencia oscura como antes, pensó en que se veían inofensivas con ese color blanco que brilla en medio de la penumbra del cuarto.

La sombra se volvió a mover veloz. Hai Ka no estaba dispuesto a perderla, así que se apresuró en seguirla al exterior de esa casa.

Cuando salió, buscó en todas las direcciones su rastro.

No obstante, determinó que se le había escapado otra vez.

Aunque la figura que se posaba encima del techo demostró lo contrario.

— ¿Por qué me estás siguiendo? —cuestionó aquel ente, con una voz un poco gruesa y contundente.

—Ah, supongo que no fui lo suficientemente silencioso —sonrió con discreción, dando un paso atrás.

—No es difícil concluir que una deidad del fuego está detrás. Tu aura delata tu presencia —señaló la luminosidad que rodeaba el cuerpo de Hai Ka.

—Bueno, soy curioso, y quisiera saber que haces con esos humanos.

—Ese problema no te compete. Vuelve a tus asuntos, deidad del fuego.

Hai Ka inhaló ofendido.

— ¡¿Y según tú cuales son mis asuntos?!

—No lo sé directamente, ¿quemar leña? No parece que tengas nada mejor que hacer esta noche.

— ¿Eso es lo que crees que hago? Para tu información, señorita, no hago nada —mostró una sonrisa orgullosa. El ser delante de él, soltó una carcajada llena de chiste.

— ¿Y es algo de lo que debas estar orgulloso? Ja, ja, ja, ja. Eres un perro tonto —bajó del techo y se acercó a la deidad más alta, sin demostrar miedo.

—Al menos no deambulo en los sueños ajenos. Ten tus propios sueños.

—Es mi trabajo, perro tonto. Permite que trabaje en paz y deja de meter tu nariz en asuntos fuera de los tuyos.

— ¡Eso no es excusa para... —Lo calló con una fuerte patada lateral en la cara.

Cayó al suelo y trató de adivinar lo que había pasado.

Todo le daba vueltas, pero luchó contra el mareo para mantener los ojos sobre esa peligrosa personita.

—Ay... —limpió la sangre que salía de su boca—. Para ser una mujer pegas fuerte —movió su quijada confirmando alguna dislocación.

—No soy una mujer —sentenció.

Agarró a Hai Ka del cuello de su ropa y terminó dándole un fuerte golpe en la cara que lo dejó inconsciente por un buen tiempo.

🔥🔥🔥

— ¿Decías que te dio una paliza? —preguntó levantando su mirada—. ¿No has visto tu apariencia? ¿Cómo dejas que alguien, bajo y esclenque te golpee así?

—Es que pega como deidad de dos metros —Se excusó poniendo unos ojitos llorosos—, además, hace años decidí ir por el camino de la paz.

—Ahg, ¿cómo te haces llamar deidad del fuego si no puedes defenderte como se debe? Has dejado que ese enano pisotee tu dignidad. Que decepción.

Estaba acostumbrado a oír esas crueles palabras, pero los años hicieron que el peso de esos insultos fuera menos para él.

No quitaba que todavía fuera molesto escucharlo todos los días.

—Ni siquiera entiendo por qué estás aquí contándome esto. ¿Sabes lo que hará Masa Ka cuando se enteré?

—Me va a insultar y posiblemente me castigue. Es una costumbre en esta familia —respondió abrazándose así mismo con una cara de temor.

—Eres una deidad del fuego, y lo más importante para una deidad del fuego es la dignidad y el orgullo. Madura y pórtate como lo que eres —apuntó con su pincel, y luego retomó su asiento—. Ahora, lárgate de aquí, tengo mucho que transcribir.

Un suspiro se salió de sus labios. Sin más que decirle a Haraya Ka se retiró de su estudio. De nuevo, reinó la paz.

Hai Ka sabía que ninguno de sus hermanos lo iba a tomar en serio. Conocía su posición en esta rara jerarquía, hasta un caballo salvaje tenía más derechos que él.

Estaba cansado de rogar por la atención de los que vivían bajo el mismo techo, así que se sentó en la entrada del palacio rojo a pensar y hablar consigo mismo un rato.

— ¿Qué deidad será? —se cuestionó recordando la mirada oscura y mítica de ese chico—, quizás pueda seguirlo está noche también... —Se propuso, pero rechazó esa idea y murmuró una sonrisa—. No, voy a parecer un bicho raro. Ni siquiera conozco su rostro completo...

— ¿Otra vez hablas solo? —levantó su rostro encontrándose con la sonrisa socarrona de su hermano favorito, y el más ausente.

— ¡Okuya! —mostró un gesto de suma felicidad—. ¡Al fin! Alguien que me quiera oír... ¡Siéntate! ¡Siéntate! Tengo algo que contarte.

— ¿De verdad? ¿Ahora que cosa asombrosa te sucedió mientras yo no estaba? —Le siguió la corriente, sentándose a su lado.

— ¡Casi de todo! Pero nada tan curioso como lo de ayer en la noche.

—Te escucho —demostró interés.

—Conocí a un chico... o, en realidad vi a un chico, pero no supe que era un chico hasta hace poco —negó y fue al grano—, el punto es que juega con la mente de los humanos a su antojo y tengo curiosidad, quiero saber por qué lo hace.

— ¿Te gustó el chico?

— ¡No! Ayer él me golpeó en medio de la noche con una fuerza parecida a la Kuraya Ka. Me dolió mucho —tocó debajo de su ojo negro.

—Déjame adivinar, no te defendiste.

—Me tomó por sorpresa y creía que era una chica. Sabes que soy pacifista.

—Claro, claro, ¿y cómo era?

—Era más bajo, tenía el cabello negro, pero a la luz se torna de un color azul muy oscuro, como el cielo. Y posee unos ojos nocturnos con nubes de colores y estrellas luminosas —Se le vino a la mente su viva imagen—. Es lo único que pude ver, la mitad de su cara estaba cubierta.

—Cabello como la noche y ojos brillantes. ¿La deidad de los sueños? —Hai Ka no respondió e inclinó su cabeza—, El príncipe de las estrellas, ¿No lo conoces?

—Mm... No lo recuerdo.

—Es poco probable que sea él, porque no suele bajar a la sucia superficie, pero esas características lo describen a la perfección.

« El príncipe de las estrellas ». Resaltó Hai Ka aún más intrigado con ese título, que resaltaba la elegancia de una deidad del Reino de los Cielos.

— ¿En serio piensas que puede ser él?

—Sinceramente lo dudo, según algunas deidades locales dicen que es un chico bastante quisquilloso y que jamás pisaría la sucia tierra del mundo humano.

—No pierdo nada con intentar averiguarlo, ¿Verdad?

El hermano de cabello blanco semi largo soltó risas con suavidad por esa actitud curiosa, característica de su hermano menor.

—No, claro que no. Supongo que es mejor, que estar aquí.

—Sí, lo es —coincidió casi al instante.

Se sintió aliviado de que alguien finalmente lo había escuchado. Para Hai Ka era un alivio hablar con alguien que no fuera el mismo.

Le alegró que uno de sus hermanos lo tratase como a uno más, aunque sea algunas pocas veces.

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Tatami: Eran enteras hechas de paja de arroz que se apilaban para formar una especie de cama.

Futón: Son colchonetas tradicionales japonesas, estaban rellenos de lana y algodón y se ponían sobre los tatamis a la hora de dormir.

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Hola, al fin terminé el capítulo uno, después de tanta lucha, tantos borradores desperdiciados, por fin llegué a uno que realmente me gustó.

Y también espero que les haya gustado.

Estoy poniendo todo mi amor en este proyecto y seguiré haciéndolo con muchos más.

Siguiente capítulo: