EL PASADO
La aldea de Konoha era considerada una de las más fuertes dentro del mundo ninja, siendo testigo del nacimiento de grandes héroes y a la vez generando terribles villanos, la villa que sigue la voluntad de fuego impuesta desde generaciones pasadas es liderada por el Hokage, quien, al ser el guerrero más fuerte o el mejor estratega, tiene la obligación de mantener la paz entre todos los habitantes.
Los años habían pasado desde que culminó la última gran guerra mundial liderada por Madara Uchiha, la época moderna, rodeada de avances tecnológicos, es la que ahora siembra los cimientos para una nueva generación de ninjas. Sin embargo, a pesar de todos los cambios que trajo la nueva era, aún existen detalles que ayudan a recordar lo que alguna vez fue Konoha, entre ellos, el despacho del hokage Naruto Uzumaki, el cual alberga imágenes y pergaminos repletos de la historia dentro de la villa e incluso de clanes fuera de ella.
—¡Como digas viejo! —dijo Boruto, uno de los hijos del hokage, mientras se hacía un espacio en el sofá que ya estaba ocupado con algunos de sus amigos.
—¿Por qué pintaron los rostros hokages? —reclamó enojado Naruto enfocándose precisamente en su hijo varón.
Sin embargo, el niño volteó la mirada ignorando la voz de su padre.
—Porque estábamos aburridos —Intervino Sahu al ver que su compañero no pensaba responderle a su padre.
—Si están aburridos existen muchas cosas que pueden hacer ¿por qué pintar los rostros? —comentó molesto Sasuke ante la patética excusa que usó su hijo.
—¿Por qué el mío, dattebayo?
—Usted es el actual hokage, no tiene chiste molestar a los muertos o jubilados —Se burló Kento, un chico de ojos perla y cabello largo, sin embargo, se vio intimidado por la mirada de su padre— ¡Vamos! No me diga que no hizo una cosa como esta antes —le preguntó al hokage.
—Claro que no, dattebayo, yo era un niño de bien.
—Eso no es lo que dice Kakashi sama —Sonrió Sarada.
—Pues Kakashi se equivoca —Naruto se frotó el rostro con desesperación— Nos estamos desviando del tema.
—Tienes razón, ya perdimos mucho tiempo, vámonos —Shikadai se levantó de su asiento dispuesto a escapar de la situación, ya se había aburrido de escuchar nuevamente los sermones de los adultos.
—Ustedes no van a ir a ningún lado hasta que arreglen todo lo que hicieron —Shikamaru se puso firme frente a los menores— Si se aburren de escucharnos decir lo mismo una y otra vez dejen de hacer vandalismo.
—Pero… —replicó Shikadai.
—Dos chunin los estarán vigilando mientras arreglan el rostro de Naruto, para que no se hagan los listos —Con un chasquido de dedos del Nara mayor dos hombres con máscaras ambus aparecieron en el despacho.
Los muchachos replicaron entre quejidos, pero ninguno de los adultos pensaba dar su brazo a torcer.
—Ojalá que esto les enseñé a no hacer travesuras en la aldea —regaño Sai.
—Que gracia tiene una aldea sin gente que le de color—Le respondió su hijo, Inojin.
—Para color esta la tele ustedes no son artistas para andar garabateando las paredes —Volvió a replicar Shikamaru.
—Así que chiste —dijo Lucy, la otra hija de Sai, mientras trataba de ignorar la mirada acusadora de su padre.
—Vámonos de aquí, quiero acabar con esto rápido —Himawari fue la primera en cruzar las puertas del despacho.
Sus compañeros fueron tras de ella y los chunin desaparecieron al instante que los menores ya no estaban.
—No sé qué hacer con ellos, dattebayo.
—Siempre que las chicas se van empiezan actuar así —dijo frustrado Neji.
—Llegará el punto en que los chunin ya no los puedan detener —comentó Sai al ver a través de la ventana como los muchachos corrían hacia el monte hokage y los ambus los perseguían desde muy atrás.
Al notar la tensión en el ambiente entre sus amigos, Shikamaru decidió cambiar el tema de conversación.
—¡Oigan! Hoy Gaara viene de visita, deberíamos ir a verlo para relajarnos un poco .
—¿Relajarnos? Él la debe estar pasando peor —dijo Naruto sonriendo ligeramente— Al menos con ustedes yo no me siento tan solo cuando lidio con mis hijos.
—Por eso siempre viene cuando su esposa se va de misión —Sasuke se reincorporo de la esquina en donde se había recostado para irse.
—Vamos entonces.
Todos salieron de la oficina rumbo a la estación de tren, sin embargo, la ventana por donde Sai estaba mirando antes a sus hijos permaneció abierta, dándole entrada a dos figuras. Estas, luego de asegurarse que nadie amenazaba los alrededores, empezaron a rebuscar sin cuidado por todos los cajones y cuando obtuvieron su objetivo se fueron del lugar dejando la huella de que habían estado allí.
Por otro lado en la estación del tren, Naruto y sus amigos estaban conversando entre ellos mientras esperaban al pelirrojo, luego de unos minutos escucharon el sonido de las vías moverse, el vehículo se detuvo delante y de este descendió el Kasekage.
—Hola muchachos —El pelirrojo les regaló una media sonrisa mientras agitaba su mano.
—Gaara, me alegra que decidieras venir dattebayo.
—Lo necesitamos, ya saben cómo son estas épocas.
—Y ¿Dónde está el mocoso? —preguntó Sasuke buscando con la mirada al menor.
—Bueno… —murmuró el pelirrojo— Decidió bajarse antes del tren.
Todos suspiraron frustrados, era lamentable la situación en la que se encontraba la relación con sus respectivos hijos.
Los padres más experimentados alegaban que era normal a esa edad, las investigaciones realizadas por especialistas respaldaban estas ideas; los pre adolescentes son egoístas, traviesos e impulsivos debido al cambio hormonal, físico y psicológico que experimentan. Sin embargo, las conductas de sus hijos no se limitaban a lo que pasó esta mañana, enserio deseaban que solo fueran berrinches de niños buscando forjar una personalidad, pero era algo más profundo, algo anormal.
—Creo que a todos nos va mal con nuestros hijos —Intentó bromear Neji.
—Si, debemos hacer algo, un momento de descuido y toda Konoha podría amanecer destruida —mencionó Sai aparentemente exagerando.
—Aquí no es el mejor lugar para conversar de estas cosas, mejor vamos a mi oficina, creo que Shinki fue al monté hokage a ver a los demás.
En el monte hokage
El grupo de amigos intentaba quitar las manchas del rostro de Naruto, lamentándose en el proceso por haber utilizado una pintura tan resistente.
—El viejo se pasó al mandarnos a limpiar, dattebasa.
—Justo hoy papá decidió no irse de misión, siempre desaparece, porque ahora no —Se quejo el Uchiha varón.
—Tienes razón, cuando no lo queremos esta hay como mosca —Confirmó su hermana.
—Que mal que mamá se fue, estos días son muy aburridos sin ella —comentó triste Himawari.
—Yo estoy feliz que mi mamá se halla ido, no la soportó —contradijo Lucy.
—Pues yo prefiero mil veces a mamá que al insoportable de papá —respondió su hermano.
—Cuida tus palabras Inojin —Le advirtió, iniciando una pelea.
Todos empezaron a quejarse sobre su insoportable vida, sin darse cuenta que empezaron a tallar de más el rostro, cambiando ligeramente el relieve de las líneas que le daban forma.
—Yo no los soportó a ninguno de los dos —susurró Boruto irritado por los comentarios de sus amigos, sin embargo, no podía negar que le causaba algo de gracia.
—No sé por qué no nos entienden, es como si nos quisieran dejar encerrados en la casa —dijo Gina, la hija de Neji y Tenten.
—Ya vámonos —Shikadai tiró el balde.
—Pero, todavía no acabamos y no podemos escaparnos por esos ogros que nos vigilan —Boruto señaló a los ambus.
—Son ambus, con un poco de arena en el ojo saldrán corriendo —respondió el Nara con una sonrisa.
—¿Arena?
De pronto, algo golpeó a uno de los chunin, desmayándolo; para luego continuar con su compañero y dejarlo en el mismo estado.
—Bienvenido primo.
—Ustedes se meten en cada problema.
Una voz se escuchó desde lo más alto del monte, todos dirigieron su mirada hacia esa zona encontrándose con la figura del chico de la arena sentado sobre una de las cabezas de piedra.
—Como si tu no lo hicieras —replicó Boruto.
—Yo lo hago, pero nadie nunca se entera —Sonrió Shinki—, como sea, ahora ¿Qué hacemos? —preguntó bajándose de la cima recibiendo los saludos de los demás.
—¿Qué tal si terminamos de pintar los rostros? Creo que Tobirama se vería lindo con un sharingan —Sonrió Sahu.
El resto asintió de acuerdo y se pusieron a vandalizar de nuevo los rostros, menos Shikadai y Shinki que no eran tan tontos como para malgastar sus fuerzas en una broma que traería como consecuencia un castigo el doble de forzoso.
En la oficina del hokage
—¿Qué mierda pasó acá? —gritó Naruto observando todos los papeles tirados en el piso.
—Ojalá que no sean los que creo que fueron —susurró irritado Shikamaru.
—Recojamos todo esto y esperemos que no falte nada, dattebayo.
Empezaron a ordenar los papeles, algunos eran sumamente importantes no podían imaginar cómo es que la persona o personas que entraron los dejaran abandonados en el suelo.
—¿Te falta algo Naruto? —preguntó Gaara.
Naruto tenía sus facciones fruncidas en un gesto de preocupación, lo cual alertó a sus amigos.
—Me falta un pergamino prohibido.
—¿Qué clase de pergamino prohibido? —preguntó Shikamaru.
—Uno que puede matar a los niños —respondió mirando a Gaara.
El pelirrojo se estremeció por aquella revelación, a gran velocidad todos salieron del despacho.
Y aunque no estaban cien por ciento seguros de que sus hijos fueran los causantes del desorden, no podían imaginarse a alguien más con los cojones para meterse a la oficina de la persona más poderosa en el mundo ninja y robar algo.
—Ellos lo tienen, debemos recuperarlo antes que lo activen.
En el monte hokage
—Acabamos, ahora vámonos a comer algo dattebasa —dijo sonriente Boruto, pero antes de que pudiera dar un paso adelante algo impacto sobre su cabeza— ¿Quién fue el maldito? ¿Dónde estás? me las pagarás dattebasa.
—No seas tonto Boruto, es un pergamino —Sahu recogió el rollo.
—Ábrelo —propuso Sarada.
—Yo lo hago —Kento le quito el objeto a su amigo y lo abrió para comenzar a leer lo que había dentro—. Qué raro, no dice nada de sellos, ni siquiera de que es, solo pone sangre.
—Interesante, parece una broma, que les parece si lo usamos —Lucy se asomó detrás de su amigo para observar el objeto.
—No lo sé y si pasa algo malo —reflexionó temerosa Himawari.
—Si pasa algo malo solo revertiríamos el jutsu, todos los pergaminos tienen ese tipo de soluciones —explicó Shinki señalando el reverso del papel donde se notaba un tipo de escritura.
—Así es, pero está en una lengua complicada —dijo Kento, aunque nadie lo escuchó por estar peleando si usarlo o no—, aunque si habría solución en caso de que algo salga mal.
—Y ¿por qué nos arriesgaríamos a que algo salga mal? —respondió la chica Uzumaki.
—Solo se vive una vez, tal vez nos de algo —Sonrió Boruto.
—No pasara nada, hay que usarlo —Shikadai se sentó en el suelo.
Todos asintieron emocionados y se pusieron en un círculo alrededor del antiguo pergamino, se mordieron un poco el dedo hasta que salió algo de sangre.
—Esto es emocionante —dijo entusiasmado Shinki.
—Cierto, que de malo puede pasar —susurró Boruto.
Colocaron sus dedos sobre el pergamino y este empezó a brillar cegándolos.
—¡No! ¡Aléjense de allí! —gritó Naruto quien había llegado muy tarde junto al resto de sus amigos.
—Esto ya no me gusta —Himawari se levantó y fue corriendo hacia donde estaba su padre, pero se dio cuenta que algo la jalaba cada vez más cerca al pergamino.
—Aléjense de ahí ahora mismo, es peligroso —Sasuke también estaba desesperado por salvar a sus hijos.
—¡Corran! —gritó Sarada sacando a sus compañeros del shock inicial.
Los jóvenes se levantaron dispuestos a alejarse del pergamino, pero este empezó a levitar en el aire y su brillo se volvió tan intenso que obligó a todos a tirarse al suelo en busca de un refugio.
—Deben moverse como sea, esa cosa los está adsorbiendo —gritó Gaara.
Los chicos intentaron gatear con lentitud hacia la zona segura, pero cuando el pergamino sintió el chakra alejarse, empezó a actuar, unas manos negras las cuales parecían sombras salieron del objeto tomando a cada uno de los niños para posteriormente jalarlos hacia el interior del resplandeciente brillo que se tornó a un color rojo.
Los gritos de los más pequeños se detuvieron porque repentinamente quedaron inconscientes, dejándolos de esa manera más propensos a ser llevados hacia la perdición roja.
—¡Himawari, Boruto! —gritó preocupado Naruto tocándose el rostro por la frustración de no poder hacer nada.
El resto de hombres tampoco reaccionó a tiempo, sentían que sus pies estaban pegados a la tierra y su chakra no fluía con normalidad para realizar algún ataque; entonces las manos completaron su misión y se llevaron a los niños desapareciendo junto al pergamino.
—¿De qué era el pergamino Naruto? —preguntó preocupado Sai.
—Es una locura.
En las afueras de Konoha
Tirados en el frio suelo todos los chicos despertaron luego de haber sufrido una caída espectacular desde lo más alto, por alguna razón no sentían daños físicamente graves, se miraron confundidos por no lograr ubicarse y el dolor en sus cabezas solo les provocaba mareos.
—¿Dónde estamos dattebasa?
—No lo sé, pero salte de mí encima —Se quejó Shinki, quien había caído sobre Sahu, quien había caído sobre Shikadai y por último la pobre Himawari parecía no tener signos vitales.
—Lo siento —Boruto lo ayudó a levantarse junto al resto de sus compañeros.
Todos seguían intentando ubicarse, aunque con el fuerte golpe en sus cabezas la tarea se complicaba.
—Estamos afuera de Konoha —Intuyó el Uchiha.
—¡Chicos! —gritó Shinki atrayendo las miradas de sus compañeros.
Estos se cubrieron los oídos por lo fuerte que se había escuchado ese llamado para sus tímpanos lastimados.
—Solo hay cuatro rostros en el monte y están limpios.
Las miradas sorprendidas de los jóvenes no se hicieron esperar, no entendían lo que estaba pasando, tal vez todo sea una alucinación debido a aquel pergamino raro.
—Eso significa que... —Kento habló siendo interrumpido por sus compañeros.
—Destruyeron los rostros —dijo Sahu siendo catastrófico.
—¿Estamos drogados? —preguntó histérica Lucy.
—Un genjutsu —Intentó ser razonable Himawari
—Todos suenan igual de mal, dattebasa.
—Estamos en el pasado —dijo Shinki finalmente al señalar la arcaica entrada de la aldea de la hoja, la cual hasta ese momento había pasado desapercibida por todos los muchachos.
—Que problemático.