Hasta que te pude leer

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Summary

Un interesante y emprendedor joven, misterioso y encantador tiene un pasado turbulento, lucha por encontrar su lugar en el mundo mientras una extraña enfermedad avanza silenciosamente en su cuerpo. A medida que sus sueños de éxito se hacen realidad, su tiempo se ve cada vez más limitado. Pero el destino tiene otros planes cuando se cruza con una joven decidida, de corazón puro y una pasión inquebrantable por lo que siente. Ella, dispuesta a luchar contra todo, desde sus propios miedos hasta las sombras del pasado de él, se convierte en su esperanza. ¿Será su amor lo suficientemente fuerte para vencer los oscuros secretos que los acechan? ¿O el tiempo será el mayor enemigo de todos?

Status
Complete
Chapters
27
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1- Gema Preciosa

– En realidad ¿no sé por qué haces esto? seguro para molestarme. - Dijo Silvana con descontento

– Claro que no Silvana, como tu amiga debo hacer esto, siento que es lo correcto, mi querida drama Queen. - Dijo Rebeca muy emocionada

Rebeca, la mejor amiga de Silvana, era rubia, alta, de unos 20 años, decidida y valiente, se conocieron curiosamente en un concierto de su artista favorito y desde entonces eran inseparables, como hermanas.

– Aah sí, ¿por ser mi amiga tienes un contrato de propiedad que te hace mi dueña?, ¿en qué subasta me compró mi Lady? - Silvana le decía esto con el tono pícaro que la caracterizaba pero a la vez con el ceño fruncido, al parecer le molestaba la propuesta de su mejor amiga.

Su amiga Rebeca terminó convenciendo a Silvana de ir a una cita con un total desconocido, ¿Quién sabe de dónde lo sacó? Rebeca hacía las peores citas, aunque fuera el mejor partido del mundo, Silvana sólo tenía Ojos para uno sólo.... Santiago

Silvana era una chica recién graduada de derecho, inteligente, tierna, dulce, leal y risueña, de ojos verdes oscuros, pelo ondulado, de unos 24 años. ¿si es bella ? lo es, pero no es una belleza como las que vende la publicidad, no, era una belleza natural; delicada y muy femenina, su belleza iba muy de la mano con su carácter y personalidad.

– Hoy me pondré de lo más fea para esta cita, no me importa lo que piense el payaso desconocido, solo quiero que no se haga ilusiones conmigo, total, seguro es un idiota más del montón que sólo se interesa por lo superficial y quiere a una chica más para su lista de admiradoras. ¿Es mucho pedir tener a Santiago como pretendiente y no como su amiga y peor aún su compinche?- Se dijo Silvana a sí misma mientras terminaba de alistarse

Silvana se colocó la ropa de su madre para verse descontinuada, y escogió lo peor de lo peor, un vestido horripilante que le llegaba hasta las rodillas, pero eso no es todo, el color era como de un azul gastado que debería ser trapo de cocina, se puso unas botas sucias llenas de barro y para completar se peinó con un moño de anciana, se veía muy chistosa.

– ¡Ya estoy lista! de que espanto a este lo espanto, lo único que pido es no encontrarme en el camino a Santiago. jajaja sería demasiada mala suerte, noooo seguro que no lo veré. - Se dijo a sí misma Silvana

Silvana caminaba por las aceras cuando de repente unas manos fuertes y a la vez delicadas le taparon los ojos, Silvana no tenía ni idea de quien era hasta que una fragancia agradable que despertó sus sentidos la ayudó con la interrogante.

– ¡Santi!- Dijo Silvana apenada por su atuendo.

-Trágame tierra-pensó la joven vestida chistoso, rápido alzó la vista y pudo ver la risita burlona de su muy buen Santiago, era una risa extraña no era como de burla solamente sino de diversión , de comprensión, extrañeza....

Santiago era inteligente, amante del piano, gracioso, de físico fuerte, de ojos negros y rostro alargado, de la misma edad de Silvana, él era un poco grosero pero eso se debía a su espontaneidad, era un joven de carácter fuerte y a la vez pasivo, era una especie de hombre único, era como una caja de distintas sorpresas que no se puede saber si es amargo o dulce, pero la realidad es que Silvana lo veía como el hombre ideal para ella, bien sabía que tenía sus defectos pero ella los amaba tal como era.

– ¿Para dónde vas tan hermosa Silvana? ¿acaso para una cita?- él explotó en carcajadas

Con las mejillas más rojas que las rosas, Silvana quiso sacarle celos a Santiago y aprovechar la extraña y desagradable ocasión.

– Sabes, es exactamente lo que tengo ahora. - Ella sonrió

– ¡Pobre del chico! ¡ lo vas a espantar!- Santiago se divertía con ella, luego miró su reloj y la abrazó fuertemente, fue extraño, los abrazos deberían tener tipos; el de corta y larga duración, este fue del segundo tipo, y eso le extrañó a Silvana, luego se fue de un brinco todavía riéndose de ella.

– ¡Estúpido! - Dijo Silvana al joven marcharse.



Llegó Silvana, a paso de una tortuga con muletas pero llegó, el restaurante era bastante lujoso y de muy buen gusto, ella se entretuvo un poco observando la banda que tocaba jazz, ese tipo de música le fascinaba y sobre todo era fanática del piano, bueno, ¡era una experta en la materia!, luego dio un vistazo por todo el lugar hasta que observó a un hombre vestido impecablemente, lo increíble es que él era su cita, pero ¡Que tipo! era hermoso, un adonis, era una liga de distintos matices de belleza.

- Rebeca tus gustos han mejorado. -se dijo a sí misma Silvana

Jonas era muy alto, elegante, de ojos marrones claros y rostro muy masculino, de 33 años, era extremadamente brillante, sabio, cálido, tierno y dedicado, un abogado de gran renombre, pero de pasado misterioso y de semblante pensativo y reservado.

Jonas miró a Silvana de arriba hasta abajo con ojos de sorpresa y pensó que esa bella mujer a pesar de todo ese espantoso vestuario le gustaba y mucho, miró la forma de sentarse de la chica y se rio, ella cruzó sus piernas y colocó su mano en su rostro con un gesto muy femenino, a pesar de la botas llenas de barro que desconcentraban al pobre modelito sentado frente a ella.



Pasaron la noche completa riendo y conociéndose, al parecer no era tan desagradable después de todo, era lo contrario, muy inteligente y atento, con temas muy interesantes para conversar, de esas personas cultas que conocen de todo un poco, Jonas era muy brillante y encantador, su voz era muy cálida y grave, además se pasó toda la noche interesándose por Silvana y siendo un caballero como en los de tiempos de época, sin duda era mayor que Silvana, tal vez unos 10 años más, tenía algo sombrío en su presencia a pesar de eso era muy cortés y amable.

– Me la pasé de lo más lindo Silvana. -Lo dijo mirándola fijamente a los ojos como si quisiera ir más allá da sus pensamientos.

– Yo también Jonas, buenas noches.- Dijo ella tímidamente y sonrojada, mirando sus botas sucias de barro, Jonas se dio cuenta de este gesto y se quiso reír pero no la quería hacer sentir mal.

– Lindas botas, te dan un toque original. -Lo dijo con la misma mirada anterior, mirada que hacía que Silvana se sonrojara.

– Regularmente las dejo en casa, tal vez más adelante te cuente la historia de mis botas sucias de barro, debería hacer un libro acerca de este día y de todo lo que me ha pasado....- Silvana hablaba de manera más suelta y atrevida, como realmente era.

Jonas se quedó anonadado con la hermosa joven que tenía al frente, sus ojos brillaban, como si hubiese encontrado una gema preciosa en el fondo del océano, un suspiro salió de él ; mientras todavía Silvana hablaba.

–Realmente acertaste con esta mujer Rebeca,- pensó Jonas con una sonrisa pequeña y tímida.