Prólogo
En el momento menos esperado
"Toma mi mano, toma mi vida entera también"
Durante el paso de los años, Nanami había aprendido muchas cosas, desde aprender a amarrarse las agujetas hasta aguantarse las ganas de golpear a su jefe en el trabajo. Su mantra era sencillo, enfocarse en sus propios asuntos, o eso creyó hasta que conoció a Ryoko, la mujer de provincia con un acento gracioso y su mirada de cervatillo perdido cada vez que entraba a la enorme recepción del edificio en donde ambos trabajan.
La mañana en la que Nanami se animó a hablarle fue durante una tarde después de un largo turno, Ryoko estaba claramente estresada y preocupada por algo.
—¿Necesitas ayuda en algo? —preguntó con un tono suave, su figura se impuso ante la pequeña y temblorosa de Ryoko, quien alzó la vista y negó, sus manos jugaban con las llaves de un auto.
—Estoy bien… Gracias —respondió ella con un timbre de voz más agudo por el nerviosísimo, estaba claro que la pobre mujer estaba angustiada por algo.
Inconforme con su respuesta, Nanami suspiró, sabía que no debía exigirle una respuesta a una desconocida que no era tan desconocida, después de todo, trabajaban en el mismo lugar, así que impulsado por su repentino altruismo, insistió un poco más.
—Mmm… ¿Segura? —metió la mano al bolsillo de su abrigo y comenzó a jugar con el envoltorio de un dulce, pues la negativa de ella comenzaba a ponerlo nervioso.
—No recuerdo en dónde dejé mi auto —confesó ella apartando la vista por la vergüenza y observando la pantalla de su celular—, normalmente le tomo foto al piso y lugar en el que me quedé, pero hoy lo olvidé por completo, traía muchas cosas en la cabeza.
Nanami abrió los ojos más de lo normal y uña apenas audible carcajada salió del fondo de su pecho antes de que se reprendiera a sí mismo por estar a punto de echarse a reírse, en su lugar, acomodó su corbata para calmar el cosquilleo en el estómago—. Ah… no te preocupes, a todos nos pasa en algún momento —replicó—, ¿recuerdas en qué piso lo dejaste?
Ryoko sacudió la cabeza en negativa—, solo recuerdo que me tardé una eternidad en llegar a mi piso, el elevador se tardó siglos en bajar.
“Debe ser el nivel 5,” pensó Nanami, el botón de elevador de ese piso había hecho corto hace unas semanas y no se había reparado. Dirigió su mirada hacia ella y aclaró su garganta—, creo saber en qué piso lo dejaste, vamos, te acompaño.
Como abeja a la miel, Nanami se sintió encandilado por aquella mujer distraída y entusiasta, mientras caminaba detrás de ella pensaba en alguna manera de pasar más tiempo a su lado después de encontrar su auto, incluso, en lo más profundo de su ser comenzaba a desear no encontrarlo, así, tendría la excusa perfecta para llevarla a casa y escuchar un poco más de esa voz aguda y ligeramente ronca que le platicaba su día.
Aquella ocasión no fue la única en la que Ryoko había despertado inquietud en Nanami, pues incluso después de tres años y una hermosa boda de por medio, la pareja había estado sumida en un adorable nido de amor y complicidad.
Pero no todo siempre resulta como uno espera, no en un mundo donde el amor se rige por expectativas idealistas y se prohíbe amar con todo el corazón.
Notas.
Hola de nuevo, soy yo otra vez con una nueva historia muy distinta a las que las tengo acostumbradas, sé que es un cambio repentino, pero me gustaría escribir algo más cotidiano y de paso enseñarles a través de este escrito lo que he aprendido a lo largo de este hiatus, estoy muy feliz de saber que aún hay gente que está al pendiente de mi y pregunta por las historias. Quiero aprovechar para decirles que por el momento "Por última vez, será el único fic que escribiré.
Muchas gracias por el apoyo, las quiero mucho