Diséñame

Summary

La vida de Sergio en la Hacienda Monte Azul es tranquila y predecible. Se levanta con el sol, supervisa sus tierras, negocios y campos de agave, pasa las tardes en el centro ecuestre que acaba de inaugurar y por la noche se va a dormir con la tranquilidad de saber que ha hecho lo que ama. Pero todo cambia cuando conoce a Max Verstappen, un joven apuesto que parece un súper modelo internacional y que luce tan fuera de lugar en su mundo de polvo y sudor, pero hay algo en él que llama su atención. Con la intención de aprender a montar y desconectar de la ciudad y su ocupada vida, Max se suma a las clases de equitación de la Hacienda. Sin embargo, pronto descubre que la conexión con los caballos no es la única que siente en el lugar...

Genre
Romance/Erotica
Author
Ari
Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝐈

𝑴𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕𝒂𝒏 𝒕𝒖𝒔 𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒕𝒆 𝒔𝒂𝒍𝒖𝒅𝒐

𝒀 𝒔𝒖𝒅𝒐, 𝒔𝒖𝒅𝒐 𝒅𝒆 𝒏𝒆𝒓𝒗𝒊𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒑𝒆𝒏𝒔𝒂𝒓

𝑸𝒖𝒆 𝒑𝒖𝒅𝒊𝒆𝒓𝒂 𝒕𝒐𝒄𝒂𝒓 𝒕𝒖 𝒂𝒍𝒎𝒂, 𝒎𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕𝒂 𝒕𝒖 𝒂𝒍𝒎𝒂

𝑻𝒖 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒎𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕𝒂,𝑴𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕𝒂𝒔.

Checo cerró la laptop y sus ojos, cansado porque había llegado temprano por la mañana, y fue directo a su oficina a seguir trabajando.

Sintiendo que necesitaba estirar las piernas, salió de su oficina y de la Casona y se dirigió directamente al centro ecuestre, saludando a los invitados.

Heredó de su abuelo una fábrica de tequila que estaba ubicada en una enorme propiedad con kilómetros y kilómetros de campos de agave, un hotel y el centro ecuestre.

A su familia le encantaban los negocios y eran conocidos en el país por eso. Su hermano tenía varias concesionarias de autos y su hermana tenía muchas propiedades en Jalisco. Todo les fue heredado por su abuelo, pero ellos lograron hacerlo más grande.

A Sergio le encantaba invertir y ganar más dinero. También amaba los caballos.

Así que desde el año anterior había abierto una academia de equitación. Era una gran atracción para los huéspedes del hotel.

Una vez dentro del centro, se acercó a su amigo Jorge, que era el encargado y supervisor. Lo saludó y, tras una breve charla, miró a los estudiantes. Eran de diferentes edades y los profesores eran fantásticos.

Miró alrededor, analizando hasta que sus ojos se posaron en un hombre. Un hombre hermoso. Rubio, pálido, alto.

Dejó de escuchar hablar a su amigo ya que su voz se había desvanecido porque todo lo que tenía en mente era ese joven.

Cabalgando con tanta elegancia, completamente concentrado, ignorando a todas las personas que lo rodeaban, luciendo atractivo con sus jeans, botas y camisa blanca.

Como si fuera modelo.

- Oye, vuelvo enseguida. -Le dijo a Jorge sin dejar de mirar al otro hombre y su amigo se rió. -¿Qué?

- Te conozco, Checo. ¿Al menos vas a preguntarme sobre él?

Puso los ojos en blanco y suspiró.

- Bien, ¿quién es él?

En realidad, no le importaban las palabras de su amigo. Quería conocerlo de inmediato, temiendo que desapareciera.

- Él es Max. Ha estado aquí desde la semana pasada. Dijo que quería aprender a montar a caballo.

¿Acaba de aprender?

- ¿Una semana? Aprende rápido.- Vio a Max cabalgando, ahora sonriendo, claramente disfrutando de su tiempo.

- Lo hace, es un gran estudiante.

Checo siguió mirándolo por unos minutos y luego comenzó a caminar hacia el hombre que ya estaba de pie, guiando al caballo para llevarlo al establo.

Afortunadamente, iba saliendo de su oficina, por lo que se veía decente con su playera blanca debajo de su camisa marrón medio abotonada, jeans y botas.

- Hola. -Saludó y el hombre lo miró sorprendido. Sergio vio un brillo en sus ojos azules.

- Hola -respondió Max, caminando a su lado.

- Eres nuevo aquí -continuó.

- Tú también -dijo el hombre mientras caminaba y cepillaba a Ares.

- En realidad no. Simplemente no he estado por aquí -confesó, encogiéndose de hombros. -Eres realmente bueno.

- Gracias.- Max sonrió y se sonrojó un poco. -Siempre he querido aprender a montar a caballo, supongo que se nota y mi entusiasmo me está ayudando.

Entraron al establo y llevaron a Ares a su lugar. Se limitó a mirar a Max acariciando la cabeza del caballo suavemente, plenamente consciente de su mirada.

- Le agradas- dijo y el hombre levantó la mirada.

- Sí, supongo que sí. Pero apuesto a que pasa lo mismo con otras personas. Es muy paciente con los estudiantes.

Él se rió y negó con la cabeza.

Joder, no.

- Realmente no, es muy quisquilloso, no le agrada mucha gente y menos deja que lo monten.

- ¿Cómo sabes? ¿Trabajas aquí? Y ni siquiera sé tu nombre.

Ah carajo, es verdad.

Quedó tan cautivado por él que olvidó esa parte.

- Ah, sí, mi nombre es Sergio.

- Sergio... -dijo el hombre, practicando la pronunciación. -Hola Sergio, soy Max.

- Hola Max -respondió y pasó suavemente su mano por la cabeza de Ares.

- ¿Trabajas aquí?

Sergio se rió ante la pregunta.

- Sí, algo así- dijo mientras salían. -¿Cuánto tiempo llevas aquí?

- Desde la semana pasada. Me estoy quedando en el hotel. Es un lugar fantástico para relajarse.

- ¿Ya fuiste al tour? -preguntó Checo mientras caminaban hacia el hotel. Estaba hablando del tour de agave y tequila que ofrecían a los turistas.

- No, el día que lo programé llovió y he estado un poco ocupado pero definitivamente quiero hacerlo antes de irme.

- Bueno, puedo darte uno.- Se encogió de hombros.

- ¿En serio? -preguntó Max sonriendo.

- Sí, uno privado, y puedo responder todas tus preguntas. ¿Qué dices?

- ¿No va a llover hoy?

- Hoy no -confirmó.

El hombre asintió y volvió a sonreír.

Quedaron en encontrarse en el lobby después del almuerzo y Checo regresó a la Casona a seguir trabajando.

El tiempo pasó volando y de repente estaba frente a Max otra vez. El joven se había puesto una playera blanca debajo de una camisa roja, unos jeans ajustados y unas botas. Lucía elegante con ropa que parecía cara.

Una vez que comenzaron a caminar fuera del hotel, Max habló.

- Uh, ¿cómo vamos a ir? ¿Caminando?

El campo de agave estaba lejos, por lo que era normal que el hombre preguntara eso porque no había ninguna camioneta afuera.

- No, pondrás en práctica tus clases. Nos llevaremos los caballos.- Max se mordió el labio nerviosamente y luego asintió, y se preguntó por qué estaba tan nervioso. -Es para que tengas una mejor vista y experiencia, pero podemos ir en camioneta si quieres.

- ¡No! -dijo Max sonrojándose-. Está bien, el caballo es perfecto.

Caminaron hacia el establo en silencio, mirando a su alrededor y entre ellos de vez en cuando, Max mordiéndose el labio y con un lindo rubor en sus mejillas.

- ¿No es demasiado para él hoy?- Max preguntó preocupado mientras estaban preparando a Ares.

- Nah, le encanta salir. No lo hace mucho porque, como dije, es muy quisquilloso con la gente. Es difícil de domar. Lo saco a pasear todos los días cuando estoy aquí, pero nadie más puede montarlo. Excepto tú.

Eso es una buena señal.

- Es increíble, y tan paciente-. Dijo Max, pasando la mano por el lomo del caballo. -¿A quién vas a llevar tú?

Caminó unos metros y dejó salir a otro impresionante caballo.

- Él es Enzo, mi caballo.

- Ferrari-. le dijo Max y él asintió.

- Sí, a mi padre le gusta el equipo y a mí me gusta el nombre.

- ¿ Eres fan de la Fórmula 1?-. preguntó el joven mientras salían y se despedían de los empleados.

- En realidad no, tengo una idea general porque a mi padre le gusta pero no he ido a ninguna carrera ni nada. Soy más fan del fútbol y el béisbol. ¿Y tú?

Max volvió a sonrojarse y esbozó una sonrisa. Era tan adorable.

- Es interesante. He ido a algunas carreras-.¿Dónde vive?-Entonces, ¿montas a los dos?

- Sí, Enzo es mío pero también monto a Ares. Me alegro de que haya encontrado a alguien en quien confiar. Es hijo de Enzo.

- Los dos son impresionantes-. Comentó Max, mirando a padre e hijo.

Cabalgaron hasta los campos de agave, disfrutando de la tarde, él detrás de Max, asegurándose de que estuviera a salvo en todo momento. Le habló de los distintos tipos de agave que existían y de las bebidas que se podían producir.

Realmente le gustaba Max. El hombre era tan guapo, inteligente, divertido y encantador, así que Sergio decidió alardear, impresionarlo. Sobre todo porque Max era realmente obvio con la atracción que sentía hacia él.

Con sus ojos azules brillantes, su risa, su sonrojo y cómo se tocaba el cabello nerviosamente y se mordía el labio.

Le enseñó a plantar el agave y a cortarlo como debe de hacerse para que tuviera una mejor idea del proceso.

Max tomó algunas fotos de todo y después le preguntó a Checo si podía tomarle algunas.

Aceptó encantado y se quedó sin respiración al ver lo guapo que estaba, el hombre sabía claramente qué ángulo era mejor para la cámara.

Más tarde lo llevó a la fábrica y le dio un recorrido incluso por lugares a los que el público no podía acceder normalmente.

Uno de los empleados le dijo que le debía $1,000 pesos porque su equipo favorito había perdido la noche anterior y, con dolor, le entregó un billete.

Estaban en la antigua fábrica y, una vez que Max terminó de tomar fotos, volvió a hablar.

- ¿Cuál es tu rol en esto? Me dijiste que trabajas aquí.

Se rió y asintió.

- Adivina.

- Bueno, tienes un caballo, se te permite dar tours privados, eres un experto, puedes traer gente aquí y te llaman«jefe»y aunque mi español no es muy bueno sé lo que significa esa palabra.

Es muy listo.

Volvió a reírse y negó con la cabeza.

- Eres muy observador-. Max se limitó a arquear las cejas, esperando. -Soy el dueño.

El rubio abrió mucho los ojos.

- ¿Qué? ¿Dueño? ¿De qué?

- Bueno, de todo esto. La propiedad-. Contestó encogiéndose de hombros. -¿Difícil de imaginar?

- Es sólo que eres muy joven. ¿La escuela ecuestre?- Asintió. - ¿El hotel? - También asintió.

- Todo.

Max se mantuvo callado unos segundos, asimilando todo.

- Wow. Así que tuve un tour con el dueño.

Volvió a reírse.

- Sí, lo hiciste.

- ¿Es algo habitual?

- No, en absoluto. Soy hospitalario, pero nunca tanto. Éste es mi primer tour, en realidad.

El joven se sonrojó, sus mejillas con un bonito tono rosado.

- ¿Y por qué yo?

Pudo haber inventado una excusa, pero no estaba de humor para mentir, así que decidió ser sincero.

- Bueno. Porque me gustas.

Mucho. De hecho lo quería invitar a cenar con él en la Casona, su gran residencia en el lugar. Visible para los turistas pero no permitida para las visitas.

Cuando Max estaba a punto de contestar, recibió una llamada de su asistente, diciéndole que tenía una reunión urgente en 40 minutos.

Max fue paciente y educado, se dedicó a pasear y observar de cerca la fábrica.

- Hey, esa era mi asistente. Tengo una reunión de emergencia en 40 minutos así que tenemos que irnos.

Max lo miró y sonrió.

- Sí, por supuesto. Ya te he robado mucho tiempo y hospitalidad.

- No, en absoluto-. respondió Sergio negando con la cabeza. -En realidad quería invitarte a cenar, pero supongo que no será esta noche.

Max se sonrojó y se peinó el cabello de forma nerviosa.

- Oh, ¿en el hotel?

- No, en la Casona.

Max abrió mucho los ojos.

- Pero no está abierta al público.

Él le sonrió.

- No. Porque es mi casa. Yo vivo ahí.

- Oh, eso es genial.

- Sí, entonces, ¿mañana?- Preguntó. -En la Casona para cenar.

Max asintió entusiasmado y en el camino de vuelta no dejó de hacer preguntas sobre los agaves.

Pasó el día siguiente en reuniones, pero se tomó el tiempo de pedirle al chef que cocinara algo especial para la cena porque Max se merecía lo mejor.

El tiempo pasó volando y cuando miró el reloj eran las 8:10. Maldijo porque Max probablemente lo estaba esperando así que salió de su oficina y lo encontró en la sala de estar.

Cuando el hombre se dio cuenta de que estaba ahí, se dio la vuelta y le sonrió. Se quedó sin aliento.

Max vestía una playera blanca, jeans ajustados y tenis blancos.

- Lo siento. Perdí la noción del tiempo-. Se disculpó.

- Está bien. Me distraje aquí. Es como un museo.

Asintió porque tenía razón. El lugar era muy tradicional y ahí habían ocurrido cosas importantes.

- Lo es, mi padre creció aquí y mi abuelo también cerró muchos negocios en este lugar.

- Quizá podrías darme un tour por aquí también en otro momento-. le dijo Max, esbozando una sonrisa coqueta, y él asintió.

Una excusa perfecta para volver a verlo.

- Por supuesto. Ahora, te prometí una cena-. Contestó, y se perdió por un segundo en el sonrojo de Max.

- Sí, lo hiciste.

Sergio confirmó que Max era una compañía increíble mientras ambos disfrutaban de la cena, hablando de las clases de Max y de cómo se pasaba el día encerrado en su oficina, todo eso mientras disfrutaban de una de las mejores botellas de vino que tenía.

- Así que, suficiente de mí, cuéntame sobre ti, Max.

El hombre tosió un momento, claramente sorprendido.

Max guardó silencio unos segundos, mordiéndose el labio, y él se sintió confundido.

¿Qué pasa?

- Bueno, me llamo Max Verstappen-. Respondió el hombre y permaneció callado unos segundos, esperando. Como Checo no hablaba, continuó. -Soy de Países Bajos y viví ahí hasta que cumplí 19 años, porque me mudé a Inglaterra.

- ¿Y a qué te dedicas?

¿Empresario? ¿Profesor? ¿Abogado? ¿Heredero? ¿Reportero?

Max se sonrojó y dio un sorbo a su vino, parecía nervioso.

- Soy modelo.

Era lógico teniendo en cuenta lo guapo y sexy que era, y además con estilo, pero también era tan random.

- ¿Modelo? ¿Qué modelas?- Estaba intrigado.

- Ropa, perfumes, autos... En realidad soy lo que la gente llama un supermodelo-. Contestó el hombre, sonrojándose.

- ¿Supermodelo?

Mierda.

- Sí, del tipo que las marcas pagan para que modelen sus productos.

- Como en... ¿pasarelas?

Max sonrió y sus mejillas seguían sonrosadas.

- Sí. Si no me crees puedes buscar mi nombre en Google.

Le creía, pero tenía curiosidad, así que lo buscó en Google.

Joder.

Fotos de Max en fiestas, portadas de revistas, pasarelas, en la playa, con traje, ropa informal, sin camisa, sólo en ropa interior....

Sintió que se le cortaba la respiración una vez más. Tan guapo con sus brillantes ojos azules, su piel pálida, su cabello rubio y sus labios carnosos.

- ¿Estás molesto?

Sergio volvió a la realidad al oír la pregunta de Max.

- ¿Qué? ¿Por qué iba a enojarme?

- ¿Porque no te hablé de mi profesión?

Negó con la cabeza al instante. ¿Por qué iba a enojarse?

- No estoy molesto. Sólo estoy pensando.

- ¿Sobre qué?- Preguntó Max, preocupado.

- Si hubiera sabido que eras un supermodelo no me habría acercado a ti con tanta confianza.

El hombre sonrió, sintiéndose aliviado de que no estuviera molesto.

- Soy el mismo Max que conociste, Sergio.

- Lo sé, pero... ¿61 millones de seguidores?

- Sí, más o menos. No te lo dije porque no quería que me trataras diferente.

- Aunque no me sorprende, eres guapísimo-. Le dijo y Max se sonrojó.Carajo, ¿es un modelo y aún así se sonroja?-Pero esto es tan random. Un modelo hospedándose en mi propiedad.

- Bueno, me encanta México y siempre quise tomar clases-. comentó Max despreocupadamente.

- Ahora entiendo por qué has asistido a muchos Grandes Premios.

- Sí, eventos.

- ¿Y vives en Londres?- Le preguntó, todo era tan raro y sin embargo estaba intrigado.

- Sí, vivía en Mónaco, pero regresé a Londres el año pasado.

- ¿Demasiado pequeño?- Se aseguró de mantener una conversación fluida para que Max no pensara que estaba molesto.

- Y extrañaba a mis amigos-. Confesó el hombre. -¿Y tú? He estado hablando mucho de mí.

- Sólo un poco Max. Apuesto a que hay mucho más que contar.

Mientras cenaban le contó cómo heredó la propiedad mientras que sus hermanos tenían sus negocios y su padre disfrutaba de su jubilación.

Max le habló un poco más de cómo empezó su carrera como modelo y, de camino a dejarlo en su habitación, intercambiaron números.

Se propuso conquistar a Max durante el tiempo que le quedaba ahí.

Todas las noches cenaban juntos mientras se conocían cada vez más. La atracción física era insoportable y Max no ocultaba que le parecía atractivo.

Se enviaban mensajes de texto siempre que tenían tiempo libre y se hacían cumplidos, se sonreían coquetamente y se daban pequeñas caricias.

Le dio un recorrido por toda la propiedad, mostrándole su oficina, los almacenes y establos, disfrutando de su tiempo juntos y fue tan divertido, conduciendo su camioneta por el lugar escuchando música tecno y rap porque eso era lo que a Max le gustaba escuchar. También le gustaba cómo sentía la mano del hombre en su muslo mientras le explicaba todo lo que hacían y la cantidad de empleados que había mientras conducían por el lugar.



Para Max era una experiencia completamente nueva, estaba acostumbrado a las ciudades cosmopolitas, fotógrafos, ropa de lujo, redes sociales y autos deportivos.

Y ahí estaba él, disfrutando de un paseo en camioneta, en medio de una provincia, vestido con jeans y camisa, tomando fotos sólo para él y olvidándose de su teléfono, regalándole sonrisas de felicidad y dulzura, amando las nuevas experiencias.

- Entonces, tú produces el tequila pero yo no veo ninguna marca-. comentó Max, mientras estaban sentados en la terraza de la Casona una tarde, disfrutando de la noche en privado.

- Sí, eso es porque producimos tequila y también cultivamos el agave para otras personas, dependiendo de lo que quieran.

- ¿Tienes muchos clientes?

- No tienes ni idea. Hasta los famosos que tienen sus marcas de tequila.

- Bueno... Entiendo perfectamente por qué-. Dijo Max, tomando un sorbo de su paloma.

- Ya sabes dónde encontrarme en caso de que quieras lanzar tu marca de tequila-. Bromeó y Max se rió. -En realidad somos considerados como uno de los mejores productores de todo Jalisco.

Max dio otro sorbo a su bebida y asintió.

- ¿Tu emergencia del otro día estaba relacionada con eso?

Le tomó unos segundos recordar de qué estaba hablando.

- Oh, sí. De hecho es divertido. Bueno, para mí lo es.

- Cuéntame-. le dijo Max, realmente interesado en sus negocios. Se veía tan guapo con su camisa azul, shorts caqui y tenis blancos.

Le estaba costando mucho no mirar demasiado aquellos muslos cremosos y deliciosos. No lo estaba logrando y Max lo había sorprendido varias veces mirándolos.

- Bueno, yo era muy joven cuando heredé todo esto. Y varios clientes amenazaron con irse por mi “inexperiencia”, algunos lo hicieron, pero después volvieron. Y algunos de los dueños de las marcas más importantes de aquí solían burlarse de mí después de que me negara a vender la propiedad. Decían que no duraría por mi falta de experiencia y que pronto volvería a mendigar su dinero. Te lo digo porque confío en ti.

Los ojos de Max brillaron y asintió, feliz de contar con su confianza.

- Por supuesto.

- Algunos de ellos me llamaron para comprar algunos agaves porque los suyos no cumplían las normativas.

- ¿Qué? ¡¿Dueños de las marcas más importantes?!- preguntó Max emocionado y él sonrió. -¡Es increíble!

- Sí. Sabía que acabaría pasando, pero se siente tan bien.

Max aprovechó para sentarse más cerca de él, tan cerca que podía mirar todas sus pecas, aquel tentador lunar que tenía en el labio y que hacía juego con el suyo, sus pestañas rubias, lo azules que eran sus ojos.

- Es increíble, Sergio. Eso dice mucho. ¿Y qué dijiste?

- Que tenía que revisar porque mis clientes son mi prioridad-. Contestó mirando fijamente sus labios.

Max se dio cuenta y los lamió.

- ¿Y?

- Bueno, tengo más que suficientes para que nuestros agaves estén presentes en las mejores botellas del mundo.

- ¡Eso es genial! Tendré que comprarlas. Seguro que tu familia está muy orgullosa de ti.

- Lo están, sí-. Dijo mirándolo a los ojos. Pero la verdad era que quería impresionarlo.

El hombre sonrió y se peinó nervioso mientras se mordía el labio, hipnotizándolo con sus ojos brillantes.

Era tan tentador y estaban tan cerca... pero quería ir despacio. Le gustaba todo el proceso de conocerlo, a pesar de querer dar ese gran paso y acabar con su sufrimiento.

En cambio, le puso suavemente la mano en la cintura y se sentia arder, era así siempre que se tocaban. Max también lo sentía y colocó su mano sobre la de él, perdido también en su mirada.

Se miraron durante unos segundos, y él estuvo tan tentado de inclinarse y besar aquellos labios, pero tardó demasiado y uno de sus trabajadores interrumpió preguntando si querían más bebidas.