Prólogo
Cerca de las 8 de la noche bajé la cortina de mi cafetería, satisfecha con las ventas del día esperaba con ansias el siguiente; en cuanto me arrodillé a cerrar el candado, casi como si hubiese activado un interruptor, se escuchó un fuerte estruendo, al levantar la mirada, las ventanas reventaron y los fragmentos fueron llevados por el viento, me cubrí instintivamente con los brazos a la altura del rostro, gire mi cabeza y por un pequeño segundo como si fuera en cámara lenta, pude notar una especie de onda, como si fuera hecha de neblina que venía directo hacia mí, cerré con fuerza los ojos hasta que perdí el conocimiento.
Tiempo después, los sonidos de gritos y llantos me despertaron, no sé por cuánto estuve inconsciente, pero al despertar parecía que avancé a un futuro post apocalíptico de algún videojuego, toda la calle parecía haber pasado por un terremoto, la carretera se veía cubierta escombros, los autos en su mayoría estaban destrozados como si algo los hubiera aplastado y mi cafetería parecía que avanzó años en el futuro con la pintura sucia, grietas y el vidrio que restaba en las ventanas estrellado, me levanté asustada y preocupada forzando mis piernas lastimadas por el impacto hacia la puerta trasera, necesitaba saber cómo se encontraba el interior.
Habían escombros, se podían ver algunas de las máquinas de expreso con el metal exterior golpeado, mi respiración comenzaba a agitarse conforme avanzaba a ella, con cada paso reconocía más y más las piezas que una vez formaron parte de mi sueño, tazas rotas en el suelo, las mesas y sillas tiradas con algunas piezas separadas, granos de café regados por todas partes y polvo proveniente de las fisuras del techo esparcido por el suelo.
Aún no daba crédito a lo que mis ojos veían, me senté en mi ahora desordenada y sucia oficina, vi mi computadora estrellada y mis pertenencias maltratadas. Ahora sí, comencé a llorar, esto me parecía una maldita pesadilla, tan irreal que aún no la procesaba.
Todo por lo que trabajé, todo por lo que había luchado estaba hecho pedazos, empecé a golpear y patear todo lo que estaba a mi paso, no era justo, no creía merecerlo y antes de continuar ese ridículo berrinche sin sentido, un segundo sonido estridente me trajo de vuelta a la realidad, o mejor dicho, otra explosión, mi corazón dio un vuelco a la vez que me desplazaba hasta la ventana, donde vi como a lo lejos el polvo y tierra volaban con fuerza y un edificio realmente alto caía como si lo aplastaran hacia abajo. Mis ojos se abrieron como platos, incapaces de ocultar el asombro por lo que presenciaba, retrocedí asustada, tomé mi celular con prisa y busqué información de lo que ocurría, las redes sociales estaban plagadas de videos de distintas partes del mundo donde mostraban lugares públicos con personas aterradas corriendo a donde sea, aviones del ejército sobrevolando las ciudades desde muy cerca del suelo, saqueos en centros comerciales, lugares antes muy concurridos como metros o aeropuertos vacíos, edificios destruidos y por si fuera poco, personas dando su punto de vista sobre la situación. Lo único que entendí es que distintos países entraron en guerra, no sé con exactitud cuáles pero al parecer nosotros estamos del lado de Rusia y Alemania, como era de esperarse Estados Unidos es nuestro principal agresor, parece ser que USA declaró la guerra a China y entre el fuego cruzado una bomba cayó en nuestro territorio, aunque USA pidió disculpas, nuestro presidente se puso a la defensiva alegando que no fue ningún accidente y más cosas. No había visto noticias en mucho tiempo, mi atención y esfuerzo estaban enteramente en mi negocio y eso gastaba mucha de mi energía, me había desconectado durante años de lo que pasaba en el mundo y a consecuencia, ésta situación me había tomado en completa ignorancia, al levantar la vista del móvil las luces del departamento se apagaron y la señal telefónica desapareció por un momento.
No podía pensar con claridad y no sabía si era por tanta información por procesar o alguna cosa distinta, pero tenía la sensación de que iba a desmayarme y eso me asustaba, me desplacé chocando con todo en mi camino, esperando llegar hasta mi cama, si iba a desmayarme no quería correr el riesgo de golpear mi cabeza en el proceso, en cuanto llegué, se podría decir que dejé de luchar por mantenerme despierta, y aunque tenía la idea de dormir en mente, esta fue totalmente imposible, pues al relajar mi cuerpo, casi al instante éste se paralizó, aunque mis ojos estaban abiertos no podía ver nada más que un profundo color negro, el ruido que se encontraba a lo lejos lo percibía con claridad, un sutil olor a quemado hormigueaba en mi nariz y el vibrar de las ventanas se esparcía por mi cuerpo como si la estuviera tocando; mi boca se había secado, comenzaba a sentir un fuerte dolor de cabeza, náuseas, mucho frío y extrañamente podía sentir como la sangre circulaba por mis venas, no sé cómo explicarlo, pero era como si algo avanzara por debajo de mi piel, era algo realmente aterrador.
La noche se volvió increíblemente larga, no logré dormir ni un minuto pues la parálisis mantenía mi mente despierta y a mi cuerpo inmóvil, mientras mil sensaciones dolorosas y desagradables me torturaban. La esperanza de dormir y que al despertar todo siguiera como siempre, que lo que vi fuera una pesadilla, que yo estaría bien y que todo volvería a la normalidad desaparecía a la par del avance de las horas. Todo el tiempo los gritos de desesperación provenientes del caos de la calle me decían que este infierno era totalmente real.
Cuando la parálisis finalizó mi cuerpo volvió a la normalidad, de nuevo sentía control sobre mi, pero el miedo aún permanecía. ¿Qué se supone que fue eso?. Tardé un par de segundos en reaccionar y al levantarme de la cama, con cuidado me acerqué a la ventana, había más cuerpos tirados en la calle que ayer, me alejé aún en shock, respiré profundamente y me dirigí al piso de la cafetería, encendí el televisor, la luz había vuelto, las noticias mencionan las cosas que ya había visto, pero cuando hablaron de los síntomas que tuve el día anterior mi atención fue total.
Dijeron que al menos la mitad de la población, tuvo esos síntomas y aproximadamente un 85% falleció después de 16 horas. Quería llorar, ¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿Moriré yo también? ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Esto era en serio?.
¿No podía hacer nada?, con las horas limitadas y no exactas avanzando, casi resignada, me dispuse a relajarme un poco en el tiempo que me quedara. Limpié la cafetería, el apartamento, tomé un baño y me cambié. Preparé una taza de café, el delicioso aroma me hacía sonreír, llevé mi taza a la terraza, si este sería mi último día quería estar tranquila, me había cansado de llorar y preocuparme, si mi destino era morir, lo haría con una sonrisa y sin arrepentimientos.
El aire me refrescaba pero el café me mantenía caliente, no había sol, era como si el clima nublado se hubiera adelantado y aunque era debido a la muerte, el silencio de la ciudad era muy agradable, de alguna forma empecé a sentir melancolía, la sensación de las veces que me sentía estresada y al acabar un mal día subía aquí mismo a despejar mi mente, había algo en el lugar y momento que me provocaba paz y tranquilidad, pensaba en mis padres, podré encontrarme con ellos de nuevo, solo debía esperar mi muerte.