Prólogo
En Valerion, la justicia es un espejismo, el amor, un susurro sofocado, el deseo, una llama moribunda, y la paciencia, una virtud desconocida.
Solo la traición florece como una flor venenosa, alimentándose de la guerra, la destrucción y la soledad. Valerion, inmutable en su oscuridad, se aferra a su destino.
El pueblo calla, acallado por el peso de los Reyes y la hipocresía de una nobleza de plata, cada uno un rostro doble, una máscara que oculta la podredumbre. Morir en la horca, bajo la guillotina, o de cualquier otra forma…
A veces, incluso eso palidece ante el horror. En Valerion, hay destinos peores que la muerte, destinos donde ser devorado por un dragón es la opción menos cruel.