kisses.
❝Jennie es una chica que odia cada partícula de su cuerpo, pero Jisoo, se encargará de hacerle amar cada parte de si misma.❞
⋆ contenido lésbico. ⋆ romance. fluff. soft. ⋆ mención de bullyng y abuso s*xual. ⋆ leve contenido maduro.

—¡Haré lo que ustedes quieran, pero por favor paren!
—¡Cállate, Kim! Nosotros decidimos cuando parar.
Los golpes aumentaron su fuerza y velocidad. Quería llorar, gritar, pero si lo hacía, el castigo seria aún peor. Desearía no ser tan débil y poder defenderse de los bravucones que la golpeaban a diario, pero no podía. Nunca podría.
—¡Chicos, el maestro viene para acá! —anunció un pelirrubio, claramente preocupado de que pudieran ser atrapados. —¡Déjenla ahí tirada y vámonos rápido!
Jongin, que aún sostenía a la morena en el aire, gruñó frustrado antes de soltarla bruscamente. Jennie cayó de bruces contra el suelo, sintiendo un ardor punzante recorrer su cuerpo.
Jennie solo se quedó allí, viendo cómo el trío de amigos salía a toda prisa del baño.
Y entonces, lloró. Cómo si fuese lo único que su cuerpo pudiera hacer después de la golpiza que recibió.
Sus párpados fueron cerrándose lentamente; se estaba desmayando, solo esperó a que todo se tornara oscuro, sintiéndose muerta en vida.

Sus orbes esmeraldas se abrieron estrepitosamente al sentir algo acolchonado, pero a la vez un poco duro debajo de ella. Se percató que estaba en la enfermería de la escuela. El lugar estaba en completo silencio, al parecer no había nadie allí. ¿Cómo llegué aquí?
—Oh, Kim, veo que ya despertaste, y me alegra, pero debes seguir descansando, si llegas a levantarte lo más probable es que te desmayes otra vez. La golpiza que te propinaron parece haberte dejado pequeñas secuelas.
Frunció el ceño confundida. Muchas preguntas rondaban su pequeña cabeza.
—¿Cómo llegué aquí? ¿Alguien me trajo? —la enfermera asomó su cabeza en el pequeño cubículo y sonrió cómplice.
—Oh si, olvidaba ese pequeño detalle. —se posó frente a ella con una bolsa de dudosa procedencia. —Kim Jisoo, de tu mismo salón fue quién te trajo. Ella te encontró en el baño y te cargó hasta aquí en su espalda. Créeme, no debió ser fácil subir las escaleras contigo, y ah, ella también te dejó esto. —le extendió la bolsa y Jennie la tomó aún con duda de su contenido.
—¿Qué es?
—No te preocupes, es una muda de ropa limpia, unas pastillas para el dolor de cabeza y algo de comida. Supuso que podrías necesitarlo. —Jennie abrió la bolsa lentamente, aún sin creérselo del todo. Tal como la enfermera había dicho, todo estaba ahí.
—¿Kim Jisoo?
—Sí. La misma.
Sus mejillas se tiñeron de un leve rubor e inevitablemente sonrió.
Kim Jisoo.

Después de un par de horas la enfermera le indicó que podía irse a su casa a tomar reposo todo el fin de semana. Haciendo una leve reverencia, se dispuso a salir del lugar con un mejor ánimo.
—Hey, pensé que te quedarías el resto del día en la enfermería. —levantó la vista y se encontró con Jisoo, quién se mostraba preocupada por ella. Avergonzada de que la mayor la viera con el rostro hinchado, apartó la vista.
—G-Gracias por lo que hiciste, te juro que lo compensaré después. —la azabache rio y se acercó a ella, para sorpresa de la morena, la mayor la atrapó en sus brazos, al principio fue incómodo, pero después, se sintió tranquila, sintió cómo si ese fuese su lugar seguro. Jennie, por alguna razón se sintió cohibida, rara vez tenía muestras de afecto por parte de otras personas que no fueran parte de su familia, así que, era algo sumamente inusual.
—Me alegra saber que estás mucho mejor —dijo Jisoo repentinamente separándose del abrazo, cortando el incómodo silencio que se empezaba a formar entre ambas. —, tenía mucho miedo de que algo grave te hubiera pasado. Y no, no tienes que compensarme con nada, con saber que estás bien es más que suficiente para mí. Siento no haber podido llegar a tiempo para defenderte de esos imbéciles. —sonrió de lado forzadamente.
Jisoo no solía ser muy demostrativa con las personas, y Jennie sabía muy bien eso, así que se encontraba muy, pero muy confundida con esta actitud. Seriamente estaba comenzando a pensar que esto era un sueño, o quizás una pesadilla.
Sacudió la cabeza alejando esos pensamientos, pero cómo aún seguía con la duda se pellizcó el brazo para despertar, pero no. En realidad, estaba frente a frente con la azabache.
—T-Tengo q-que irme. ¡M-Muchas gracias por lo de hoy Kim!
Y sin darle tiempo de responder, Jennie giró sobre sus talones y corrió lo más rápido que sus pies le permitieron, desapareciendo completamente del campo de visión de Jisoo.

Jennie no sabía con exactitud que acaba de pasar hace unas horas. Era extraño que alguien que no fuera Chaeyoung o Lalisa se preocuparan por ella, pues, cada que ocurría una situación como esta, ellas siempre estaban ahí con ella, pero esta vez ellas no estuvieron allí para ayudarla. No se sentía mal por eso, al contrario, se alegraba de que sus dos amigas se encontraran de viaje en una villa no muy lejos de la ciudad, así que daría por hecho que este evento nunca sucedió.
Se encontraba caminando sola por la calle que dirigía a su casa. Perdida en los pensamientos no se dio cuenta en qué momento se encontraba frente a su casa, se extrañó cuando notó que el coche de su madre se encontraba estacionado a unos cuantos pasos de ella.
Hace mucho tiempo no sabía que era ver a su mamá temprano en casa, pero sintió felicidad de poder verla en otra ocasión que no fuera el desayuno.
Introdujo las llevas en la cerradura y al entrar el olor a panqueques inundó sus fosas nasales.
Dejó las llaves encima de la mesa y se dirigió a la cocina en donde efectivamente estaba su mamá, sonrió en grande alegre, pero toda esa felicidad se esfumó cuando vio que estaba acompañada de alguien más.
—¿Mamá? —llamó. Una mujer de unos cuarenta años dejo de reír junto a su compañía cuando notaron la presencia de la morena.
—¡Jennie, hija! Qué bueno que llegas. —la mujer se acercó a la morena con una gran sonrisa y para la castaña fue raro, por lo general el estado de ánimo de su madre no era el mejor y verla tan alegre de la nada le generaba muchas dudas.
—Hola mamá. —saludó correspondiendo al abrazo.
—Me alegra que ya hayas llegado porque quiero presentarte a alguien. —Jennie miró por encima del hombro de su madre y conectó miradas con aquel hombre que vio segundos atrás. —Él es Jungjae, y es mi pareja. —la morena quedo atónita ante la noticia y cómo la castaña parecía no reaccionar el hombre mayor decidió tomar la iniciativa.
—Hey, un gusto conocerte por fin Jennie, tu madre me ha hablado mucho sobre ti y agradable por fin verte. —aquel hombre se posicionó frente suyo y la abrazó. —Y él es Jongin, mi hijo. —señaló el mayor en dirección a la sala.
¿Jongin?
La morena palideció al notar a su abusador sentado en el sofá de la sala de estar viendo televisión con suma tranquilidad sin percatarse de su presencia.
—Jongin, ven a saludar. —el moreno se levantó sin ganas, pero al ver de quien se trataba sonrió burlesco.
—Hey Jennie, que bueno verte otra vez. —el más alto se acercó y apretujo a Jennie en un abrazo para nada amigable. —Ahora tengo más motivos para hacerte la vida imposible. —susurró cerca de su oreja, evitando que fuera audible para la recién pareja. La morena se quejó por el agarre y este la soltó de manera brusca. —Mis disculpas, no medí mi fuerza. —Jennie le sonrió sarcástica. Para Jungjae no pasó desapercibido el notable nerviosismo de la castaña.
—Como los tres ya se conocieron, los invito a pasar al comedor mientras yo sirvo los platos, pueden charlar un poco e irse conociendo si gustan.
—Si no te molesta Jongin, hablaré con Jennie un rato, puedes quedarte aquí si lo deseas. —el moreno asintió y se alejó no sin antes dedicarle una última sonrisa llena de malicia a la castaña.
El hombre se llevó a Jennie hacia el balcón dejando al chico en la sala.
—¿Te pasó algo Jennie? Te noté un poco nerviosa por mi presencia y por la de mi hijo, ¿Te incomoda?
—N-No, por supuesto que no, s-solo que todo esto me tomó por sorpresa. —el hombre rió asintiendo.
—Es entendible, de la noche a la mañana aparezco yo aquí en tu casa como el novio de tu mamá, pero no queríamos decírtelo aún, pensamos que era muy pronto, pero las cosas se dieron espontáneamente y aquí estoy. —Jennie sonrió. —Está bien, me gustaría quedarme a hablar otro rato, pero estoy muy cansada, por favor dígale a mi madre que no podré comer con ustedes y que me disculpe, con permiso. —la morena prácticamente corrió hacia su cuarto sin detenerse a los llamados de su madre.
Al llegar a su cuarto inmediatamente se encerró bajo llave, dejó sus pertenencias a un lado, sacó su teléfono de su bolsillo y le marcó a Lalisa con insistencia.
—Jennie, ¿Qué tal? ¿Cómo está-
—Jongin es el hijo del nuevo novio de mamá.
—¿Qué? No puede ser, ¿Estás bien?
—No Lalisa, no estoy bien.
—Perdóname por no estar ahí justo ahora, volvemos a la ciudad hasta el domingo, pero háblame, dime, ¿Te ha estado molestando estos días? ¿Te ha golpeado? —preguntó la pelicorta tras la línea con preocupación.
—N-No. Afortunadamente no. —mintió.
—Eso me deja un poco más tranquila, pero seguiré insistiendo en que debes ponerle un alto lo más pronto posible, no puedo seguir encubriendo las atrocidades que hace la cara de Barbie ese. —y tenía razón. Por varios meses Lalisa y Chaeyoung han sido testigos de los abusos de Jongin hacia la castaña y por más que quieran ayudarla la morena se niega a delatarlo.
—Lo sé, pero dame más tiempo, necesito fuerzas para poder enfrentarlo yo misma, pero cada vez me derrumbo más y siento que no podré aguantar otro golpe de su parte.
—No me digas eso, eres fuerte y saldrás de esto, pero déjate ayudar, nos preocupamos por ti y queremos verte bien, pero si tu no pones de tu parte Jennie, nadie más lo hará. Nadie.

El invierno estaba cerca y con ello las vacaciones.
Jennie no era fanática de esa estación de año. La odiaba.
Pero no podía controlar el clima, y si pudiera, sin duda quitaría esa estación del calendario.
El ambiente de por sí ya era deprimente. Nubes grises cubriendo el hermoso azul del cielo, la candente iluminación del sol opacada por la lluvia, la brisa fría que se colaba por su chaqueta y de vez en cuando la empujaba por la menudez de su cuerpo.
Soltó un suspiro cuando la llovizna empezó a hacerse más fuerte y gruñó al no haber traído consigo su paraguas.
—Maldita lluvia.
—Hey, ¿Qué culpa tiene la lluvia?
Levantó la mirada del suelo y se encontró con la dueña de la voz proveniente a su lado.
—¿Jisoo?
—Sí. La misma. —la azabache rio y atrajo a Jennie hacia a ella.
—El día está muy fresco cómo para terminarlo con un resfriado, ¿No crees? —la morena frunció el ceño, pero captó lo que la pelinegra quería decir al ya no sentir la lluvia caer sobre ella.
—Vamos, se nos hará tarde para la primera clase, y ya sabes, el profesor de filosofía no es muy paciente que digamos. —la morena quedó en blanco por unos segundos y su mente no lograba procesar nada en los últimos cinco minutos que llevaban de camino. Aclaró su garganta y habló: —G-Gracias Jisoo. —la azabache le sonrió y asintió volviendo a fijar su mirada en el camino.
Su pecho se contrajo al igual que comenzó a sentir punzadas en su estómago.
A igual que la primera vez que la azabache la ayudó llevándola a la enfermería.
¿Será que-
—Jennie, dame la mano. —la morena reaccionó y miró a la mayor con duda. —Tenemos que cruzar las avenidas y estás muy distraída, no quiero que ocurra un accidente. Puedes seguir pensando mientras te guió.
—A-Ah n-no no, lo siento creo que me distraje solo un poco.
—No importa, ven, acércate más. La lluvia se está incrementando, debemos correr. —la cercanía era tanta que ambas lograban sentir el calor que emanaba sus cuerpos, pero ninguna dijo nada el respecto.
La morena miró hacia la carretera y los carros pasaban a toda velocidad llegando a salpicarles de agua.
—Uno, Dos, tres. ¡Corre! —el semáforo marcó en rojo y la movilidad de las calles se detuvo, apretó con todas sus fuerzas la mano de la azabache y la siguió en la pequeña travesía de cruzar. Jennie no dejó de mirar el rostro de la mayor, que pareció notar la mirada de Jennie fija en ella así que se volteó para mirarla y se encontró con los ojos esmeralda de la morena mirándola con un resplandeciente brillo en ellos.
Apartaron miradas cuando los incesantes pitidos de los carros empezaron a llenarles los tímpanos.
—¡Muévanse de la carretera niñas! —Jisoo apretó aún más el agarre en Jennie y la jaló de lleno para por fin llegar al otro lado de la avenida seguras.
—P-Perdón, te distraje también.
—No te preocupes. Peo tengo una duda. —la morena asintió alentándola a preguntar. —Alguna vez... ¿Te habían dicho que tienes unos ojos muy bonitos? —el calor de su cuerpo se almacenó en sus mejillas y desvió la mirada avergonzada. —N-No, —rió nerviosa. — eres la primera en hacerlo.
—Qué bueno, me pondría muy celosa si alguien ya se me hubiese adelantado.
Quizá eso fue raro, y un poco obsesivo de su parte, pero Jennie era ajena a los sentimientos de la azabache.
—Estamos prontas a llegar y quedan pocos minutos para que la clase inicie, ¿Alguna vez jugaste a las atrapadas bajo la lluvia, Jennie? —la morena negó sonriente sabiendo a que iba la pregunta.
—Pues hoy lo harás. —rápidamente la azabache cerró la sombrilla y se posó frente a Jennie. —Corre con cuidado. —tocó el hombro de la morena con la punta de sus dedos y se echó a correr después de gritar ferozmente: ¡Te las quedas! y ser perseguida por la morena en el trayecto restante hacia la escuela.
Jennie jamás pensó volver a reír tan alegre cómo lo estaba haciendo en ese momento, corriendo como una niña de cinco años jugando a las atrapadas con otra chica de su misma edad. La gente que las veía correr en medio de la lluvia murmuraba cosas, lo que la gente siempre hace, pero ellas eran ajenas a eso, en ese momento, en ese lugar, sólo existían ellas dos, nadie más. Y Jennie entendió que Jisoo era ese “nadie” como se lo había dicho Lalisa, que la ayudaría, especialmente a volver a ser feliz.

Las horas pasaron con suma lentitud. La clase de filosofía se había extendido a cuatro horas porque el profesor de Química faltó por las fuertes lluvias en el norte de la ciudad. Y aunque no era una excusa no tenía permitido objetar.
Jennie dejó de prestar atención a la clase en el momento en que Jisoo le lanzó una avioneta hecha en papel que una pequeña nota en él.
“¿Estás aburrida?”
A lo que ella con una sonrisa respondió un: “sí”
—Señorita Kim, espero que su sonrisa esté relacionada con algo de lo que haya dicho. —Jennie se encogió avergonzada en su lugar. —Venga, dígame, ¿Qué significa Filo y Sofía?
—A-Ah y-yo... —Jennie miró a Jisoo con una expresión que gritaba a kilómetros, “¡Ayúdame!”
Jisoo tomó su cuaderno y rápidamente escribió en él, y al terminar discretamente se lo mostró a la morena.
“Amor a la sabiduría”
—Amor a la sabiduría.
—La respuesta hubiera sido excelente si la señorita Jisoo hubiese sido un poquito más discreta. Las dos tienen cero el día de hoy en mi clase. —la azabache rascó su nuca apenada y murmuró un “Lo siento” para la morena que solo negó y agradeció por su intento de ayuda.

—Lamento haber hecho que te pusieran una mala calificación, no fue mi intención, por un momento me olvidé lo suspicaz que es el maestro. —la morena rió y negó por segunda vez en el día. —Ya te dije que no pasa nada, solo es una nota. No tienes por qué lamentarte.
—Me gustaría poder acompañarte en el receso Jennie, pero tengo que resolver unas cosas con la maestra de Catedra, ¿Te molesta si lo hago?
—No, no. Para nada, puedes ir tranquila.
—Bien, nos vemos después. —la azabache se alejó agitando su mano en señal de despedida con una sonrisa, mientras la morena con asentimiento de cabeza y una mueca la vio desaparecer entre la multitud.
—Me gustaría saber cuál es el motivo de esa sonrisa Kim, quizá yo pueda ser el motivo de una también.
La castaña se sobresaltó al sentir a Jongin detrás suyo. No tuvo tiempo de reaccionar porque ya se encontraba rodeada por los amigos del moreno.
—Ven Jennie, vamos al baño. Tenemos que discutir el hecho de que ahora somos como familia.
A rastras y entre gritos amortiguados por la mano de Jongin, la castaña fue llevada al baño de los hombres, que no era muy trascurrido en este tiempo. Uno de los fieles amigos de Jongin se quedó afuera para vigilar que ningún profesor o alumno decidiera acercarse al lugar. Mientras que adentro se quedó el moreno junto a Mark acorralando a la morena.
—Mark, puedes salir junto a Sehun, hoy me encargaré yo solamente. —el nombrado acató lo dicho y salió unos segundos más tarde.
—Pequeña y hermosa Jennie.
—¡No me llames así!
—Oh Jennie, cállate. El único que puede hablar aquí soy yo. —el moreno se acercó a la castaña y la obligó a mirarlo. —¿Alguna vez te has preguntado por qué hago esto? ¿Por qué te golpeo? ¿Por qué te obligo a chuparme la polla cuando quiero? —la morena quien se hallaba tirada en el suelo asintió. —Pero ninguna de las respuestas que te has de haber imaginado es correcta. ¿Por qué no le preguntas a tu madre?
—¿M-Mi madre? ¿Qué tiene que ver ella aquí?
—Oh, —el moreno fingió sorpresa. — no lo sabías, no sabías que tu mami se revolcaba con mi padre, que ellos eran amantes, ¡No sabias que tu maldita madre arruinó mi familia, Jennie! —Jongin la tomó por el cuello y la acercó a su rostro, rozando casi sus narices. —Y ahora te voy a hacer pagar por todo eso, te voy a arruinar como lo hizo tu madre con mi familia.
Jennie ahogó un grito cuando Jongin le arrancó la camisa dejando al aire libre sus pechos aún en el sostén.
—Jongin por favor, no hagas esto, yo no tengo la culpa de los errores de mi madre, y si a alguien tienes que reclamarle es a ella no a mí. —la morena reprimió sus lágrimas y trato de cubrirse con sus brazos.
—¡Cállate! —gritó apartando los brazos de Jennie de sus pechos. —Hoy te tomaré aquí, en el piso de este sucio baño, porque es lo mínimo que mereces después de todo los que tu madre le hizo a mi familia.
Jongin despojó completamente a la morena de sus prendas, e igual, realizó el mismo procedimiento con las suyas. —Eres tan hermosa, si estuviéramos en otras circunstancias definitivamente me gustarías. —acercó su rostro al de la castaña y la atrajo hacia un beso forzado que no era correspondido por la castaña, quien con la poca fuerza que tenía hacia hasta lo imposible por apartar a Jongin de ella.
—Basta Jongin, no lo hagas.
—Hace unos días me dijiste que podía hacer lo que yo quisiera si te dejaba en paz, y lo voy a hacer.
Jongin empezó a recorrer el cuerpo de la castaña con sus manos, tocando y apretujando todo a su paso. Besando y mordiendo, proclamando aquel cuerpo como suyo.
—Agh, Jongin n-no.
—No lo niegues Kim, te gusta, no lo reprimas. Gime, demuestra lo perra que eras. Demuestra que esa inocencia tuya no es más que una doble cara.
—N-No hagas que te repudie más Jongin, suéltame por favor. —sollozó en un intento de reprimir aún más sus lágrimas. El chico negó y tomó los muslos de la castaña haciéndolos a un lado dándole una vista plena de la intimidad de la morena.
Cuando estaba a punto de cometer su atroz acto, a las afueras del baño se escuchó un fuerte estruendo contra la puerta, Jongin frunció el ceño y preguntó: —¡¿Qué pasa ahí afuera?!
Silencio.
Al ver que no hubo respuesta decidió continuar con lo que iba a hacer hasta que la puerta finalmente fue abierta dejando ver a una pelinegra evidentemente molesta, y vaya, su expresión se endureció aún más cuando sus ojos acapararon la vista de Jennie desnuda en el suelo del baño de los hombres llorando y tratando de cubrirse para no ser más expuesta a punto de ser abusada por Jongin.
—¿Qué mierda crees que haces Jongin?
—¿Tu que carajos haces aquí?
—Oh, lo sabrás. Porque vine a partirte la maldita cara de Barbie que tienes. —Jisoo se dirigió directamente al moreno y lo tomó de la camisa alzándolo como una pluma y le dedicó una mirada completamente de odio. —Eres es el ser más repugnante que conozco. —Jongin sonrió con descaro y escupió el rostro de la mayor quién rio sarcástica sin importarle tener saliva del moreno en su cara soltando un puñetazo en el rostro contraria dejando caer de bruces al suelo a Jongin quién se quejó.
Se acercó hasta quedar a la altura de su rostro para posterior, con su zapato aplastarle la mano completamente haciendo que el moreno pegara un fuerte gritó de dolor.
Pero él no se dejaría. No dejaría que lo humillaran de esa manera.
Tomando desprevenida a la azabache, y con su mano otra mano aún buena, la jaló derribándola al suelo dándose un fuerte golpe en la espalda que la hizo encorvarse del fuerte dolor.
—Eres una estúpida, Kim. No ganas nada defendiendo a esta perra de aquí. —dijo el pelinaranja señalando a la castaña y levantándose para acercarse a la azabache y patear su estómago con fuerza varias veces, escuchándose así solo los quejidos de dolor de la otra.
—¿Lo ves? Ella no hará nada por ti. —la morena se encogió en las frías baldosas del baño y lloró en silencio, sintiéndose incapaz de hacer algo para ayudar a la azabache.
Jisoo suspiró recobrando el aire y miró a la castaña quién agachó la cabeza ocultando su vergüenza.
Ella ama a Jennie.
Y Jennie la ama a ella.
Y sin importar cuantos golpes reciba, ella siempre estaría para la morena.
Sin importar qué.
El moreno de alejó acercándose a la morena nuevamente quién chilló cuando sintió ser jalada abruptamente de los brazos.
—Quiero que me chupes la polla frente a ella. —Jennie negó repetidas veces y con todas sus fuerzas trataba de soltarse del agarre de la peli naranja. —Lo harás porque yo lo ordeno, ¿O quieres ver cómo meto su cabeza en el inodoro? —la morena levantó la vista y la fijó en la azabache quién negó y le susurró que no lo hiciera.
—N-No lo hagas Jennie. Por favor. —rogó la azabache. Jennie apartó la mirada y dirigió su mano al borde del bóxer del moreno quién sonrió victorioso al lograr su cometido.
Jisoo se levantó sangrando y con todas sus fuerzas alejó a Jennie del moreno y comenzó a brindarle golpes tras golpe al rostro del moreno. Uno tras otro con toda su fuerza, sin compasión alguna, derramando una que otra gota de sangre que salía de su boca en el cuerpo casi inerte del pelinaranja.
—¡Nunca más te atrevas a ponerle un solo dedo encima! —Jongin aún con la poca fuerza que le quedaba, trató de defenderse contraatacando los golpes de la pelinegra, pero la mayor tenía la ventaja y tras unos puños más cayó inconsciente en el suelo.
—J-Jisoo yo, lo siento, no quería que- —la morena detuvo sus palabras al sentir los brazos de la mayor rodear su cuerpo.
—Te quiero, Jennie. —confesó. Los ojos de la castaña se humedecieron y esta vez, correspondió al abrazo permitiendo desahogarse sobre la pelinegra quién sonrió y se separó para mirar el rostro de la castaña y se tomó el atrevimiento de besar su rostro, secando con sus besos cada lágrima derramada por la morena. —No voy a permitir que vuelvan a dañarte. Nunca más. —ambas, se miraron a los ojos y sus cuerpos reaccionaron ante la necesidad de unir sus labios en un beso, un beso que demostraba sinceridad, deseo, pero, sobre todo, amor.
Separándose poco a poco del beso, sorbiendo su nariz, preguntó: —¿Por qué haces todo esto?
—Porqué quiero ayudarte a sanar tu dolor, quiero que sepas que me tienes a mí y podrás contar conmigo cuando lo necesites Jennie, no quiero que tenga dudas sobre mí.
—Y-Yo, no sabría si confiar completamente en ti, no puedo-
—Entonces déjame demostrarte que puedes confiar completamente en mí, déjame hacerte sentir que puedo curar cada parte de ti.
Jennie sonrió. Cómo hace mucho tiempo no lo hacía y asintió.
Por petición e insistencia de Jisoo, se dirigieron a la coordinación de la institución a reportar el caso de la morena, demoró más de lo esperado, pero para Jisoo no era una opción levantarse de allí hasta que le pusieran un alto a Jongin y sus amigos.
Mientras esperaban sentadas en la sala de espera a que los padres de los demás llegaran, incluida la madre de Jennie, ella se encargó de llevar a la azabache a la enfermería para limpiar sus heridas.
Y, aprovechando que la auxiliar no estaba, estando solas, Jennie pasó sus dedos a través de la melena pelinegra esponjada de la mayor, dispersándolos del rostro con delicadeza, la morena pasó un paño con desinfectante sobre las heridas abiertas de la azabache, riendo bajo por las quejas de la mayor.
Su rostro estaba con algunos moretones y ligeros rasguños, sumando que su labio inferior comenzaba a hincharse un debido al puñetazo que anteriormente Jongin le plantó. La azabache tenía una expresión serena reprimiendo sus quejidos por al ardor, y Jennie sólo pudo encontrarla tierna, y aún toda golpeada su piel de porcelana estaba casi intacta.
—Gracias por todo, Jisoo. —la azabache levantó la mirada del suelo y la miró fijamente y sonrió. —No tienes que agradecer nada.
La morena pareció pensarlo por un momento, pero al final tomó la iniciativa y se acercó al rostro contrario y besó los labios de la azabache siendo correspondida, pasando su pulgar por el labio roto inferior de la pelinegra acercándola más a ella. Brindando picos por todas las heridas de la mayor. La menor se separó un poco para tomar aire entre jadeos y la azabache no le dio tiempo porque la atrajo hacia ella juntando sus labios con frenesí, abrazándola por la cintura y posicionándola sobre su regazo, pero de a poco la mayor se dio cuenta de lo que estaba haciendo y a fuerzas rompió el beso riendo avergonzada por su actitud.
—L-Lo siento, Jen.
—N-No, está bien.
—Tenemos que volver a la oficina del director. Tu mamá ya debe de haber llegado. —la morena asintió y dejó el pañuelo a un lado para salir de la enfermería junto a la mayor, quién no tardó en notar su nerviosismo, así que, tomó su mano en la suya y la llevó hacia sus labios para dejar un sonoro beso en ella. —No te preocupes, yo estoy aquí. —la morena la miró y apretó su agarre sintiéndose segura a su lado.
La reunión duró aproximadamente unas dos horas, Jennie se desahogó y dijo absolutamente todo, desde los insultos de Jongin, hasta su intento de abuso, el dolor emocional que sentía la madre Jennie era asfixiante, sentía que cómo madre había fallado completamente y claro, la discusión entre ella y el padre de Jongin no se hizo esperar, la sala estaba en total silencio, lo único que se oían eran los gritos de dolor por parte de Chaerin hacia su pareja y su hijo, y en una de esas se escuchó una fuerte bofetada que fue a dar al rostro de Jongin.
Jennie no podía seguir aguantando todo esto, simplemente se acurrucó en los brazos de Jisoo esperando a que toda esta pesadilla terminara.
“—Los estudiantes, Kim Jongin, Mark Tuan y Oh Sehun quedan expulsados de la institución, sin derecho a graduarse de otra forma o terminar la secundaria por la nocturna.
—La señorita Jennie Kim será remitida a psicología.
—¡Mi hija no volverá a poner un solo pie en esta institución!
—Usted señorita Kim, será sancionada por agredir y tomar represarías por su propia cuenta.”
Todo fue tedioso. Completamente. Pero Jisoo se sentía totalmente tranquila de que el problema haya sido resuelto, al menos por el momento.
Y el nudo que yacía sobre el pecho de Jennie desapareció, volviendo a sentir esa paz de saber que podría volver a vivir sin miedos.

Cambiar de rutina definitivamente no había sido nada fácil.
El cambio de escuela al principio le costó, pero logró acoplarse, y aunque se negó completamente al cambio porque estaba ya cerca de las vacaciones, su mamá ya había tomado una decisión. Lalisa y Chaeyoung estaban muy felices por el cambio radical que estaba dando la vida de su amiga, y estaban agradecidas eternamente por la intervención de la azabache al tomar por los cuernos el problema que estaba causando Jongin.
—¡Por Dios Lalisa, no digas esas cosas!
La pelicorta rió reprimiendo las carcajadas.
—Pero, ¡cómo es posible! Sabes que la profesora de filosofía es un radar, no puedo creer que hayan hecho eso.
—A mí me parece romántico. —suspiró Chaeyoung al escuchar todo lo que les había contado la morena sobre Jisoo mientras ellas estaban de viaje. —Correr bajo la lluvia, el cómo te defendió de ese patán, todo. Se nota que está enamorada.
—No, bueno no lo sé. —iba a agregar algo más pero su teléfono sonó y en la pantalla aprecio el contacto de su madre.
—Jennie por favor, necesito que vuelvas a casa. Se está haciendo tarde y no quiero que andes a estas horas en la calle. Tengo que salir a resolver mi situación con Jungjae.
La morena colgó, y se apresuró a tomar sus cosas, se despidió de sus mejores amigas y emprendió camino a casa.
El trayecto a pie era de aproximadamente 20 minutos, así que solo caminó sumida en sus pensamientos.
—¡Hey, Jen! —su rostro gira levemente apartando la mirada del camino y miró en dirección al grito de la azabache que corría hacia ella y apenas invadió su espacio personal la atrajo contra sí.
La mayor se unió al recorrido de la castaña a su hogar mientras conversaban de cosas triviales, la castaña le ofreció pasar a su casa en cuanto llegaron.
—¿Me puedes prestar tu celular? Es para avisarle a mi mamá que ya no iré a casa de mi padre. —la morena le extendió su celular y le hizo una seña indicándole que iría a su habitación a dejar sus pertenencias.
Justo cuando la azabache iba a marcar el celular de la morena vibró y su curiosidad hizo que le diera un vistazo, frunciendo el ceño cuando un número desconocido comenzó a enviarle mensajes.
Eran fotos.
Y Jisoo deseó no haberlas visto.
—¿Jisoo? —la mayor se sobresaltó. —¿Qué estás haciendo? ¿Ya llamaste a tu madre?
La mayor no pudo moverse de su lugar, en su lugar sólo pudo articular una pregunta: —¿Q-Qué es esto, Jennie?
—¿Qué cosa? —la morena se acercó a la azabache y ésta le entregó el móvil exactamente en donde le enseñaba esos mensajes. —A-Ah, yo no-
—¡¿Por qué no me habías dicho eso?! —la azabache se acercó a ella posando sus manos sobre los hombros de la contraria. —¿No confías en mí? Te dije que estaría aquí cuando-
—¡Pero no lo estuviste! ¡No cuando yo te necesité!
—¿De qué estás hablando? —preguntó la mayor sin entender.
—El día en el que te llamé incontables veces era porque, p-porque, —su voz se entrecortó y el llantó salió a cascada de sus ojos— Jongin abusó de mi antes de irse a California. Me obligó a hacer cosas que yo no quería, me amenazó con matarme si me negaba y no tuve otra opción, ¡Y tú ese día no estuviste cómo tanto lo prometiste!
La mayor se alejó negando repetidas veces. Ella no había cumplido su promesa, y ahora por su culpa Jennie había sido dañada.
—Yo, n-no puedo, no e-entiendo...
—Jongin me marcó para siempre. Cada cicatriz en mi cuerpo, cada rasguño, cada toque, hizo odiarme, me hizo sentir como si fuese una mujer que no vale la pena. No puedo lograr amarme, ¡Jongin me destruyó! ¡Acabó conmigo! Y-Y si no hago esto, va a exhibirme y no puedo permitir que arruine la nueva vida que ya comencé. Se que no soy deseable para nadie, ¡Odio mis cachetes rechonchos! Y me lo hizo saber, ¡Mi estatura baja! ¡Odio todo de mí!
—Eso no es cierto Jennie. Nada de eso es cierto. ¡Deja de pensar que todo lo que te dijo ese imbécil es cierto! Eres una mujer completamente hermosa, él es un poco hombre que no sabe respetar cuando una mujer dice no. Nadie tiene porque decirte lo contrario. —dijo la azabache, sorbiendo su nariz evitando derramar algunas lágrimas.
—Jongin me marcó por el resto de mi vida, Jisoo. No puedo. Soy una mujer rota, cada parte de mi cuerpo está manchada, cada partícula en mi grita el nombre de Jongin. No puedo, simplemente no puedo. —la menor se derrumbó en el suelo, casi a los pies de la azabache, quién se agachó a su lado tomándola en sus brazos.
—Mis palabras no pueden hacerte cambiar la perspectiva que tienes sobre ti. Pero para mí eres la mujer más hermosa sobre la faz de esta tierra, la mujer que me enamoró con su simpleza desde que tenía 15 años, la mujer porque la he luchado y he hecho hasta lo imposible para que nadie la dañe. Y me odio por no haber cumplido mi promesa y haber permitido que te tocaran, te deseo Jennie, amos tus hermosas mejillas regordetas porque cuando sonríes te conviertes en una masita adorable la cual me gustaría proteger el resto de mi vida, tu estatura es perfecta, es promedio a comparación de otras, esos pequeños detalles son lo que te hacen ser tú.
Jennie lloró a un más fuerte y se abalanzó sobre los brazos de la azabache, quién perdió el equilibrio y ambas terminaron aporreándose en el suelo.
—Yo también te amo Jisoo, cada una de tus pequeñas acciones y tu afán de protegerme hizo que me enamorara de ti. Hiciste cosas que nunca alguien hizo por mí y eso te convierte en una persona especial para mí. Cada uno de tus besos llena un vació en mí.
—Déjame amarte Jennie. —pidió la mayor mirando fijamente los orbes esmeraldas de la castaña. La morena sonrió y tomó las manos de la azabache en las suyas. —Dejaré que me ames, Jisoo.
A pasos torpes y entre besos toscos, la castaña dirigió a la mayor hacia su cuarto, chocando con algunas cosas en el trascurso del camino. Los chasquidos de sus besos eran sonoros. Jadeando, llegaron al cuarto y la menor sentó a la azabache en el borde de su cama para montarse sobre ella y aumentar la intensidad del beso. La morena comenzó a menearse sobre el regazo de la azabache y ésta cómo respuesta succionó los labios de la castaña, mordiendo e introduciendo su lengua en la cavidad bucal de la contraria.
—Oh... —gimió la morena cuando la mayor desabotonó su camisa y acarició su abdomen con sus manos completamente frías, delineando las curvas de la morena, acariciando su abdomen lenta y tortuosamente, tocando parte de sus puntos sensibles.
—Besaré cada parte de tu cuerpo hasta que las ames tanto cómo yo. Besaré cada una de tus inseguridades y esta noche podré asegurarte lo hermosa que eres.
Sus miradas conectaron, y las mejillas de la morena se tornaron de un tono carmesí sonriendo.
Los fuertes brazos de la azabache sostuvieron a Jennie en el aire y la acomodó sobre la cama posicionándose encima de ella para comenzar a brindar pequeños besos en su rostro, bajando por toda la extensión de su cuello, bajando lentamente por sus pechos aún cubiertos por su sostén y lo quitó, marcando a mordiscos con sus dientes los pechos de la morena, quien bajo el toque de la azabache se retorcía, completamente excitada.
Siguió su recorrido hasta llegar a la intimidad de la otra, no obstante, no se atrevió a tocar más allá, no hasta que la morena estuvo segura y asintió dejándose a ella y a su cuerpo a disposición de la azabache. Apoyándose sobre sus antebrazos, levantó la cadera viendo como su pantalón y su braga se deslizaban por sus muslos y posterior sus piernas, sintiendo como las frías manos de la mayor se estamparon contra ellos no pudiendo evitar gemir ante el tacto de estas.
Jisoo se ubicó entre las piernas de la morena y se agachó a la altura de su feminidad para olisquear la humedad que yacía sobre ellas y sin darle tiempo de procesar a la castaña su rostro se hundió en su núcleo.
La otra reprimió un gemido mordiendo ligeramente su labio inferior.
Sus labios se movieron, acariciando con su lengua el clítoris de la morena y mordisqueando este, y fue ahí cuando la castaña dejó de reprimir sus instintos y gimió fuerte ante esa acción.
—Mgh si, así. —dijo alzando más su pelvis y apretando más su intimidad contra los labios de la mayor.
La azabache sonrió y tomó por el trasero a la morena dejándola firme en su boca.
Lamió, mordió, succionó hasta que el pequeño temblor en el cuerpo de la morena le hizo saber que estaba cerca, y agilizó más su acción sintiendo cómo los fluidos de la castaña llenaron por completo su boca, saboreándolo y tragándolo todo cómo si fuese un manjar el cual no se negaría a probar. Su cuerpo estaba sensible y por los toques de la mayor se debilitó aún más, así que no era de esperarse que su primer orgasmo fuese tan pronto.
—Oh por Dios. —Jisoo sonrió irguiéndose nuevamente para admirar el cuerpo sudoroso de la morena bajo su dominio. La sonrisa pícara que le dio la morena la incentivó a acercarse y la castaña la atrajo hacia sus labios tomándola por la nuca para besarla con ímpetu rogándole entre gemidos que la hiciera suya. Jisoo deshizo el beso y procedió a morder las clavículas de la otra dejando uno que otro chupetón sobre ellas, su mano bajó por todo el abdomen de la morena acariciándolo hasta llegar a su feminidad y pasar sus dedos sobre ella ganándose un jadeo por parte de la morena en medio del beso.
—¿Deseas que lo haga? Puedo detenerme si así lo deseas. —Jisoo paró sus caricias y encaró a la morena para asesorarse de que no se sintiese incómoda con sus toques.
—Hazlo. —demandó con su voz agitada.
Jisoo sonrió y besó sus labios fugazmente y con cuidado empezó a introducir sus dedos en la vagina de la menor, sabía que no era su primera vez, pero se negaba a ser brusca sabiendo ahora lo que había tenido que pasar Jennie a manos de Jongin.
Al principio fue un poco doloroso e incómodo para la morena, pues le hacía a la mayor detenerse cuando sus dedos se curvaban buscando su punto dulce y se quejaba, pero después de varios intentos esas quejas fueron reemplazadas por jadeos y gemidos intensos, sus manos apretaban duramente las sábanas a sus costados.
—Jisoo, oh, Dios, si así... —sus ojos se blanquearon de placer cuando a la vez de ser penetrada la mayor masajeaba sus pechos con su mano libre y los mordía levemente. Unas cuantas lágrimas se escaparon de sus orbes, el placer que le brindaba la mayor era inexplicable y su cuerpo se lo hacía saber queriendo más y más de sus toques.
Las embestidas se hicieron más rápidas, la menor arqueó la espalda y eso fue suficiente para llegar a la cima del éxtasis, junto con un casto beso para finalizar ese maravilloso orgasmo.

Jisoo recorrió todo el cuerpo de la morena con besos, acariciando cada una de sus heridas, trazando cada cicatriz con recelo, no le perdonaría a Jongin nunca lo que hizo, pero en ese momento para ella sólo existía Jennie, su cuello, sus hombros, sus piernas, su espalda, sus labios quedaron marcados por ella, esa noche le hizo saber lo maravillosa que es, una mujer extremadamente fuerte por soportar ese tipo de tratos por parte de ese infeliz, y ahora más que nunca mantendría su promesa de protegerla siempre de todo y de todos, sin importar qué.
Porque con cada beso le demostró que no debe dejar apagar su belleza si otro no la sabe apreciar.
Porque con cada beso le demostró lo mucho que la ama y estará ahí para ella.

© jensoour