Niñero (Toll)

Summary

Tom era un viudo con una hija pequeña, y necesitaba con urgencia una niñera para que le ayudara con los quehaceres y el cuidado de su hija. Bill apareció justo en el momento indicado, pero… Aportaría más en su vida de lo que él tenía previsto.

Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

El castaño sujetó la mano de su esposa en el consultorio, apretándola conforme escuchaba las palabras del doctor.

—Sí, señores. Sé que usted tiene un estado avanzado de embarazo, pero que lo lleve a término implica que no pueda sobrevivir del parto. Si desea podríamos programarle una cirugía para un aborto, no obstante, implicaría riesgos también. Su corazón no podría soportarlo —comentó el doctor, y ambos se miraron devastados.

—No, doctor. Llevaré el embarazo a término —masculló la rubia, con el llanto en sus ojos pero al mismo tiempo llena de determinación.

Tom no pudo decir nada en ese momento.

En el transcurso de regreso al departamento de ambos, es que él se quebró.

—Hubiera… Hubiera usado protección de saber que no podías quedar embarazada. No… No me imagino la vida sin ti, Meg —sentenció el castaño entre lágrimas.

—Tom, sé que no es como lo esperabas. Pero realmente yo quería ser madre, y… La vida me está quitando la oportunidad de serlo, de disfrutar serlo al menos, sin embargo, sé que tú serás un buen padre —farfulló la rubia, acariciando su mejilla.

—Meg… Yo no sé si pueda hacerlo sin ti —musitó Tom, sintiendo que su mundo se venía abajo.

—Tom, ¿desde cuándo nos conocemos? —preguntó Megan, viéndole con fijeza.

—Prácticamente te conozco desde niños, hemos sigo mejores amigos siempre…

—Sí, y sé que el amor que me tienes, será el mismo que tendrás por este bebé. Nadie nace sabiendo, pero tengo la certeza de que serás un excelente padre —alentó Megan, sonriéndole.

—Es que sin ti… No sé qué más haría, sabes que no soy de tener amigos… Simplemente fuiste tú quién se acercó a mí cuando éramos niños, ¿y ahora con quién contaré? ¿Quién estará ahí para mí? —cuestionó Tom, sintiéndose deshecho.

—Tienes que ser fuerte, nuestro hijo no va a ser alguien en quieras puedas apoyarte, más bien, tú serás en quien él se apoye. Y… Sé que mi familia no es la mejor, pero también estarán contigo en todo momento —masculló Megan convencida.

—Meg…

—Tom, de verdad, no es el momento para que te rompas. Te necesito fuerte, por ti y el bebé —pidió Megan.

De eso ya habían pasado cuatro años, y ahora Kelsie ya tenía cuatro años, sí, en la ecografía parecía un varón, pero sólo eran sombras, en realidad fue una pequeña muy hermosa, que ahora dibujaba con crayones mientras estaba comiendo su desayuno.

Escuchó cómo tocaron el timbre y fue a abrir la puerta.

—Tom, hola —saludó secamente la madre de Megan, pasando al departamento de su yerno.

—Hola, Felicity —respondió al saludo—. Yo ya tengo que irme al trabajo, te encargo a Kelsie, ahora mismo está desayunando.

El castaño se acercó a su hija y le dejó un beso en la cabeza.

—Sí, justo de esto iba a hablarte. Sino que ya no voy a poder cuidarla, hoy es el último día —dijo la mujer, Tom la miró confundido.

—¿No entiendo? Yo… ¿No es suficiente con lo que te pago por su cuidado? Sabes que te ofrecería más de tenerlo, pero debo usar lo demás para sus gastos… —se apuró a decir, mientras miraba su reloj, porque se le estaba haciendo tarde para llegar a su trabajo.

—Tengo que disfrutar mi vejez, y cuidarla es una responsabilidad muy grande. Prefiero no hacerlo, ya… Siento que hiciste bastante en quitarnos a nuestra hija como para que también me estés quitando mi vejez —se quejó la mujer, y Tom sintió sus palabras como puñaladas. La familia de Megan nunca le perdonaron el que ella hubiera muerto en el parto.

—Yo… Bueno, buscaré una niñera que me ayude en la casa entonces. ¿No puedes darme un poco de tiempo para al menos encontrar una persona? ¿O tal vez tienes alguien que puedas recomendarme? —cuestionó Tom.

—No, no conozco niñeras. Y no, sólo hoy te apoyaré con esto —respondió Felicity, acercándose a su nieta y sentándose a su costado.

Tom se sintió terriblemente mientras se fue a su auto. Apretó el volante, sintiéndose frustrado. Ni siquiera tenía un momento para tener una crisis, así que empezó a conducir. Debía llegar a su trabajo. Ya en el descanso se pondría a buscar alguna niñera en internet. Maldecía su suerte.

En el almuerzo, estaba comiendo su sándwich y revisaba los anuncios en craiglist a ver si alguien se ofrecía como niñera, sabía que no era lo más prudente, pero estaba desesperado, y no era precisamente una persona sociable como para pedirle ayuda a un amigo.

Hasta que escuchó cómo hablaban un par de compañeras de su trabajo.

—Sí, mi sobrino está buscando desesperado trabajo. Sólo que es algo complicado porque estudia, aunque lo hace desde casa, ya sabes, esas carreras modernas a distancia. Entonces es difícil que encuentre un trabajo que sea flexible con eso… —comentó una de las señoras de contaduría.

—¿Y qué es lo que sabe hacer?

—Uy, es que el pobre no sabe mucho, sólo ha trabajado de niñera. Y bueno, mayormente le ponen trabas por eso. Creo que en sí serviría como esposo trofeo —rió—, porque sabe cocinar, limpiar, pero nada más. Apenas tiene veinte, y bueno, su fuerte no son las matemáticas, si está estudiando una carrera de letras.

—Ay, qué barbaridad. Siendo hombre podría trabajar en algo de construcción o así —comentó la otra.

—Ay, no, no tiene el físico, yo quiero mucho a mi sobrino, pero no te voy a mentir, es un flacucho y, ¡se maquilla! ¿Puedes creerlo? —preguntó escandalizada.

—Ehem… Buenas tardes, señoras —interrumpió la conversación Tom, aclarándose la garganta, ambas lo miraron arqueando la ceja—. Yo… Lamento la interrupción, pero… No pude evitar escuchar lo que hablaban.

—¿Y no te da vergüenza? No creas que porque eres viudo te compadeceremos.

—No, y disculpen. No era mi intención escucharlas, sólo que oí que su sobrino necesita trabajo, ¿verdad? —interrogó Tom. La mujer lo miró curiosa.

—Sí, ya están por botarlo de su departamento. Le urge trabajo para pagarse sus estudios —respondió la señora.

—Sí, es que justamente por eso quería ver si era posible que me brindase su número, porque bueno. Necesito una persona que me ayude en casa, y si tiene experiencia al cuidado de niños, aparte de cocinar y limpiar pues podría serme de mucha ayuda —comentó Tom.

—Pues… Está bien. Sí, él puede tu niñero. ¿Tienes un lugar dónde apuntar?

Tom sonrió, abriendo la agenda de su móvil para apuntar el número.

Tom a la salida, llamó al teléfono.

—¿Quién es? —dijo a modo de saludo el sobrino de doña Gertrudis, de una forma muy seca.

—Oh, hola. Soy Tom, Tom Kaulitz. ¿Tú eres Bill Trümper? —preguntó Tom, sorprendiéndose un poco por la forma en que le habló.

—Sí, ¿por qué?

—Ah, es que trabajo con tu tía, doña Gertrudis. Me dijo que estabas buscando trabajo con urgencia —comentó Tom.

—Ah, lo siento. Es que prefiero que me hablen por Whatsapp y no por llamada, sí, estoy buscando trabajo —respondió de forma más amable.

—Sí, me dijo que sabías cocinar, limpiar y cuidar niños. Y que por ahora estás con riesgo de que te boten de casa. Bueno, yo tengo una hija de cuatro años, y necesito una persona que me ayude en casa. Cuento con un cuarto para huéspedes, si deseas puede ser cama adentro, y comerías con nosotros —ofreció Tom.

—Vaya, ¿le importaría que hoy mismo vaya? —cuestionó Bill, que ya estaba harto de las amenazas de su casero que le decía que en cualquier día que saliera cambiaría la chapa del departamento.

—Claro. Sólo que… De todas maneras, quisiera decirte que por ahora no cuento con mucho dinero como para pagarte, es decir, no digo que lo harías gratis, sólo que quizá no tengo un sueldo competitivo para ti —avisó Tom.

—¿Es más de 500 dólares? —interrogó Bill.

—Sí.

—Entonces acepto —dijo Bill convencido, con lo que se iba a ahorrar en comida y alquiler con más de 500 dólares le alcanzaba para pagar la beca y costear sus gastos.

Tom llegó cansado a su casa, y vio que Felicity estaba con mala cara por haber demorado un poco más.

—Lo siento, había tráfico —dijo Tom, sujetando a Kelsie.

—Bueno, cuida a la bebé —masculló la mayor, para tomar su cartera e irse.

—Abu se fue, pa —farfulló Kelsie.

—Sí, mi amor. La abuelita se fue. ¿Sabes qué? Dentro de un rato va a venir alguien que te va a cuidar a partir de ahora —comentó Tom.

—¿A mí? —preguntó Kelsie, señalándose.

—Sí, mi amor. Porque la abuelita ya no va a poder venir por ahora. Entonces cuando papá se vaya a trabajar, él te va a cuidar —contó Tom, poniendo a su hija en la silla, para quitarse la maleta, y refrescarse el rostro. Se quitó el saco y lo colgó, aflojándose la corbata—. ¿Ya comiste, bebé?

—No —respondió la pequeña rubia.

—Bien, vamos a lavarte las manos para que cenemos, ¿ok? —pidió Tom, tomando a su hija de la mano para llevarla al baño.

La aseó y luego la ayudó subirse a la silla nuevamente. Calentó lo que había cocinado Felicity y luego lo sirvió para ambos. Ya estaban comiendo cuando sonó el timbre. Tom suspiró. Al menos estaba seguro que era el niñero, así que no habría más interrupciones por esa noche.

Abrió la puerta y se quedó boquiabierto, sí, sabía que el chico era menor que él, no por mucho, por sólo ocho años, pero… No sabía que era tan hermoso… Era un muchacho de piel blanca como alabastro, nariz respingada, labios carnosos y unos ojos perfectamente delineados con maquillaje, con el cabello negro hasta los hombros, tenía una ropa estilo emo que le hacía sentirse un tanto nervioso por lo ajustada que era.

—Hola, ¿puedo pasar? —preguntó Bill.

—Ah, sí. Hola, claro, pasa —pidió Tom, haciéndose a un costado para que entrase.

El moreno entró con sus maletas, dejándolas en la sala. Se lavó las manos en la cocina, y se acercó a Kelsie.

—Hola, pequeña —dijo, sentándose a un costado—. Mi nombre es Bill, ¿cuál es el tuyo?

—Hola, mi nombre es Kelsie.

—Mucho gusto, Kelsie —masculló Bill, extendiéndole la mano a la pequeña, la cual dejó su tenedor y tomó la mano del mayor, sonriéndole. Tom parpadeó sorprendido, normalmente su hija no aceptaba tan rápidamente a otras personas.

—¿Quieres un poco de comida? —ofreció Tom, Bill asintió.

—Sí, por favor —respondió. Tom le sirvió un plato y comieron los tres juntos. Kelsie por momentos tiraba la comida, pero al final, terminó por comer la mayor parte.

—Bueno, la rutina de Kelsie después de comer, es llevarla a lavarle los dientes y bañarla, para luego acostarla. Pero por lo general yo estaré en las noches, la cosa va a ser en las tardes, que después de comer tendrás que lavarle los dientes y cambiarle de ropa, ya que como ves, se hace un desastre —comentó Tom, mientras llevaba a Kelsie al baño—. La estoy enseñando a que ella se debe lavarse sus partes íntimas, así que en ese sentido es muy independiente, más que nada necesitaría ayuda con su cabello y pasándole agua.

—Me gusta el agua tibia —dijo Kelsie, sonriendo.

—Sí, mi amor. Mira, Bill, con este lado echas el agua fría, y con este otro caño echas el agua caliente. Y así vas controlando la temperatura, ya sabes, tibia para que no se queme ni se muera de frío —farfulló Tom, mientras Kelsie no quería quitarse la ropa—. Bebé… Mira, cuando yo no esté y necesites un baño, Bill tendrá que hacerlo.

—No quiero.

—Si ella no se siente cómoda, es mejor dejar que se siga bañando contigo y sólo cambiarle la ropa si se ensucia, tampoco hay que incomodarla —comentó Bill—. Es normal que sienta pudor, aún no me conoce, y digo, en realidad es mejor así. Ella debe tener decisión sobre su cuerpo desde pequeña para evitar cualquier abuso.

—Bueno, sí. Entonces, mejor la baño yo. Sobre sus comidas, pues, desayuna, come un poco de fruta a media mañana pero se encargan en la escuela, luego almuerza contigo, otra vez algo de fruta si tiene hambre y luego comemos juntos en la noche. Kelsie siempre se ensucia, es normal en ella. Trato de evitar darle galletas, lo limito a una vez por semana, y bueno, sus jugos no llevan azúcar, pero, ¿creo que eso debes saber? Creo que así hacen con otros niños, ¿verdad? —preguntó Tom, mientras la ayudaba a lavarse sus dientes—. Trato de que sea independiente pero siempre la ayudo en caso necesite algo. La televisión está bien pero no en exceso. Ella entra a las 8 am al kínder y sale a las 12 pm, igual te voy a dar la dirección y todo, ya hablé con sus profesoras sobre ti, no te conocen pero les di tu nombre, sería bueno que les muestres tu identificación.

—Eres un muy buen papá —halagó Bill, sonriéndole, Tom se sonrojó y aclaró su garganta por el nerviosismo.

—Bueno, eso sería todo. Las comidas pues… Bajas en sal y aderezo por ella, pero no habría nada más que decir. Ah sí, su leche en las mañanas y en la noche. Igual me gustaría que fuéramos los dos al supermercado los fines de semana para comprar las cosas para la semana, también si quieres algún snack para ti sólo me lo dices —musitó Tom.

—¿Y la mamá cuándo viene a verla? —preguntó Bill.

—Ah, es que soy viudo. No hay mamá. Y bueno, normalmente no tengo visitas. Entiendo que estás estudiando así que puedes estar en tu laptop, sólo un ojo con mi pequeña en ese tiempo. Ahora te paso la clave del wi-fi —farfulló Tom.

—Lo lamento, no sabía que eras viudo… Pensé que eras divorciado. Fue inadecuado de mi parte —se disculpó Bill, un poco sonrojado.

—No te preocupes, supongo que lo pensaste porque me ves joven. Pero soy tu mayor, eh —rió—, tengo veintiocho años.

—Ay, sólo por ocho años casi ni se siente —se mofó Bill.

—Bueno, Bill. Voy a bañar a Kelsie. Y probablemente luego vea algo de televisión, y me duerma. En el segundo piso el primer cuarto es el mío, y el que le sigue es el tuyo, lo vas a diferenciar porque está sin seguro. Luego te doy tu llave, ¿está bien? Gracias por todo, Bill —dijo Tom, el moreno asintió y se fue a acomodarse. Tom cerró la puerta y miró a su hija—. ¿Estás lista para el baño?

Su pequeña asintió efusiva y empezó a quitarse su ropa. El castaño le sonrió y cerró el caño, ya se había llenado la tina.