CAPÍTULO I.
“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono... Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.” (Isaías 14: 12-15).
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Seúl, Corea del Sur.
Septiembre, 2024.
—¡Te dije que fue real! O al menos se sintió real.
Hay un tono de duda en la voz de Jungkook, uno que solo serían capaces de descifrar personas como Jimin o Hoseok. El campus de la universidad nunca se sintió tan pequeño, cada paso lo acercaba más hacia el destino certero del fracaso y esto lo tenía ansioso; Jimin se dio cuenta, quizá por eso toleró otra de sus pláticas sobre Jackson Wang, sin importar lo harto que se sentía de este tema. Pensó que su amigo necesitaba despejarse, no darse cuenta de lo cerca que estaban del departamento de gastronomía, y de lo lejos que había quedado la parada de autobús (después de todo, Namjoon es un hombre ocupado y no siempre puede llevarlos a la escuela). El “clack” de sus zapatos en las baldosas desgastadas se hacía más fuerte con cada andar, al igual que un reloj marcando la hora de la sentencia final, y, en un apuro por aferrarse a la idea de su salvación, Jungkook se detiene a medio caminar.
—¿Qué? ¿Ahora qué? —Jimin está cansado, su paciencia se agota, y el hombre a su lado no contribuye. — ¿No estarás pensando que fue real, verdad? Jungkook ¿cuántas veces tengo que decirte que no existe ese mundo mitológico del que habla Hoseok? ¡Aishhhh! Con razón estudias gastronomía y no algo más…
Una pausa. Solo eso basta para alterar la conversación. Jimin busca la palabra correcta, pero él se adelanta.
—¿Aburrido? —Interrumpe Jungkook, tiene el ceño fruncido, el tema sensible de su elección de carrera todavía le marea y en un momento siente que va a vomitar.
—Lucrativo.
Jimin frota los dedos de su mano derecha en un notorio signo de “dinero”, cosa que Jungkook no tiene, y al paso que va… jamás tendrá. ¿Está mal que se haya resignado a un mundo mediocre, sin aspiraciones enormes o “sueños” utópicos que lo obliguen a moverse a toda velocidad? Si ya estaba al borde de un colapso ahora se encuentra en el filo del abismo. Pero no lo dice, porque tiene la mala costumbre de guardar silencio cuando se trata de sus emociones, porque es ridículo, o eso piensa. Sumido en la brecha de la depresión-ansiedad, no se da cuenta del nuevo giro que da la situación, solo atina a contar las motas de pelusa que se pegan a sus zapatos deportivos. Llega hasta el 15 antes de que Hoseok aparezca.
—¿De qué están hablando? ¿Qué hacen aquí? Ya pasaron diez minutos ¿No deberías estar en clase, Jungkook?
Siempre es así de abierto, de expresivo y poco introvertido. Si se necesitara describir físicamente la expresión “brillante como el sol”, Jung Hoseok sería la personificación correcta. “Hobi” (como suelen apodarle) enreda el extremo de cada brazo en los hombros de Jungkook y de Jimin, ahora la escena los muestra a los tres en medio del pasillo y aunque a su alrededor está atestado de jóvenes ajetreados que arriesgan su vida en una calificación o materia, solo ellos tres parecen existir en el cuadro. Claro que debería estar en clase. Pero no lo está. ¿Por qué sigue dándole vueltas a un sueño? Nunca se consideró a sí mismo alguien sexualmente activo (en ningún sentido de la palabra), obviamente no por voluntad propia, pero… ¿Por qué ahora? ¿Es el tipo de señal que te indica la ausencia de sexo? ¿Cuándo fue su último polvo? Oh… eso es sencillo de adivinar: jamás.
—Jungkook tuvo un sueño donde Jackson Wang le hacía cosas, cosas de hombre poco heterosexual. —Es Jimin quien participa primero, obligándolo a levantar la cabeza y propiciarle un empujón. — ¡Auch! ¿Y eso a que viene? ¡Tú fuiste el que dijo que te habías acostado con él! Bravucón.
—¡No te dije que anduvieras contándolo por ahí! —Se queja, entonces Hoseok se carcajea, es notorio que lo está disfrutando. — Y en todo caso a ustedes qué les importa, pensé que iban a entenderme.
—Hey, a mi no me has dicho nada. —Hobi se defiende. — ¿Qué es eso de un sueño? ¿Qué soñaste? Mi abuela era chamana y podía-
—¡Sí, Hoseok, ya sabemos que tu abuela era chamana!
Jungkook y Jimin se quejan al mismo tiempo, con las mismas palabras. Entonces ese ambiente oscuro que los envolvía desaparece, los dos se ríen, la tensión queda olvidada y es el mayor de los tres quien chasquea la lengua en un gesto despreciativo que solo aumenta la diversión en la plática.
—No valoran a mi abuelita, descanse en paz. —Los tres guardan silencio un par de segundos, como una mutua señal de respeto a los difuntos. Jungkook se pregunta que sentido tiene si ya están muertos, pero no lo dice. — En fin, ella sabía interpretar sueños, yo sé algo de eso. ¿Me vas a decir que soñaste? Así te pierdes otro rato de clase, de todas maneras, no creo que la Licenciada Jieun te deje pasar a estas horas.
Y tiene razón.
(O es solo una excusa que la cabeza de Jungkook toma como aceptable)
—¡Agh! No aquí. No a medio pasillo de la escuela, por favor.
Y es que las miradas externas empiezan a ponerlo nervioso, siente un par de ojos encima suyo, pegados a él. Tal vez sea paranoico pensarlo y él lo sabe, pero, desde hace un par de días no se le quita la sensación de ser observado. Cada vez que busca al culpable no encuentra nada, ni una pista o indicio, pero el sentimiento crece, va en aumento justo como ahora. Ya no tiene duda, se está volviendo loco. Lo atribuye a la semana de exámenes que acaba de pasar, pero, en el fondo, sabe que hay algo más que desconoce.
Jimin es quien toma las muñecas de ambos y los saca del edificio, se nota en su aura lo enfadado que está del asunto (o quizá solo no ha desayunado, lo cual es común), pero no parece quejarse de perder una hora de clase (como haría Namjoon). Ni él ni Hobi protestan, en realidad, el aire fresco le viene bien para despejar los recurrentes recuerdos de esa noche.
“Jungkook…”
Jungkook se pega un susto. Ahí está de nuevo esa voz que no puede quitarse de la mente ni aunque tuviera la manera de hurgar directamente en su memoria y arrancársela. La imagen es vívida, pero recordarla le causa escalofríos, de solo sopesar la idea ya siente un ardor quemándole las mejillas.
“Jungkook…”
Que se le acelere el corazón no es buena señal ¿verdad? “Es Jackson” piensa, “por eso estás así”, cree ¿O intenta creer? Rememorar su sueño no es la mejor de sus ideas, no tan temprano, y que siga tan fresco en su interior tampoco es un buen augurio. Nada lo es ¿verdad?
—¡Jungkook!
Esta vez es una voz real (¿La otra no lo es?). Es la voz de Jimin.
—¿Hmm? —Pregunta Jungkook, esta vez de vuelta en sus sentidos (¿Dónde estaba antes?), por un momento se desconecta de la realidad y las hojas amarillentas bajo sus pies que indican los inicios del otoño crujen cuando se mueve. — ¿Qué?
—¿Lo ves, Hobi? A eso es a lo que me refiero. —Jimin rueda los ojos, y de no conocerlo le habría parecido grosero, pero Jungkook sabe que lo hace porque está preocupado, porque la situación se sale del control imaginario que cree que ejerce sobre los demás. — Ya estamos solos ¿Puedes contar el sueño de nuevo para que te escuche Hobi?
¿Qué parte debe contar?
“— Jackson… ten más cuidado.
Jungkook suplicaba entre gemidos para que Jackson disminuyera el ritmo de sus embestidas, pero éste no hacía caso, y dentro de sí Jungkook sabía que eso solo lo hacía desearlo más; cada vaivén atizado a sus caderas le hacía temblar, estaba boca abajo con la cara semi hundida en la almohada, entregando su cuerpo como ofrenda hacia quien se encargaba de la mayor parte del trabajo. Su mente desconocía el porqué, pero se sentía caliente, de la forma más literal posible sentía que su cuerpo ardía como si las llamas de un fuego eterno estuvieran abrasándolo y consumiéndolo de a poco. El sueño era demasiado real, como estar en otra dimensión, sintiendo de forma completa y total cada caricia, roce y beso.
—Jungkook…
Sus ojos se abrieron en la máxima expresión, esa voz no era la de Jackson, era una voz distinta. El miedo le atravesó la piel de repente, pero casi de inmediato se disipó. El otro largó un gruñido tan grave que le erizó la piel y provocó un cosquilleo en la zona baja de su vientre, mientras quienquiera-que-fuera se mantenía en la misma posición, sin darle un solo segundo para respirar. Un millón de pequeñas corrientes de electricidad picaron a lo largo de su columna, un escalofrío lo hizo palidecer.
Cuando Jungkook giró la cabeza para ver a quien le estaba insistiendo con tanta vehemencia, se encontró con un rostro completamente diferente al de Jackson Wang, había un hombre de algunos 29 años, con un rostro hermoso, pero un gesto siniestro que tildaba hacia la locura pura. La impresión fue tanta que casi grita, se removió en la cama, pero las esposas que lo ataban a la cabecera no le permitieron hacer mucho movimiento, sin embargo, cuando volvió a mirar, el rostro de Jackson estaba de nuevo ahí.
Quizá estaba alucinando, o soñando…”
No, eso no. No así. Jungkook se deja caer en una de las sillas de plástico estratégicamente colocadas a lo largo del campus, las bisagras chirrean con su peso y es solo segundos después que sus amigos lo imitan, entonces las cosas se ponen serias, y él les cuenta desde el inicio toda su travesía, con tanto detalle que Jimin casi vomita, pero que les deja pensando: Si fue un sueño ¿Por qué lo conserva tan bien en su memoria? Es una duda válida que nadie se atreve a verbalizar. Los tres están callados, meditando quizá el significado detrás de, y aunque el viento le despeina el cabello, Jungkook sigue sintiendo un calor ridículamente sofocante en pleno inicio de temporada. Los labios de Jimin se tuercen, tiene una mueca bien puesta que significa “estoy pensando”, lo ha aprendido a lo largo de los años; Hoseok por su parte está jugando descuidadamente con las cintas desatadas de sus converse, como si lo que acababa de escuchar fuera cosa de todos los días. “Me cogí a Jackson Wang en un sueño”, por supuesto, una conversación cotidiana.
—¿Entonces dices que había otro tipo ahí? ¿Hiciste un trío? Dios mío, Jungkook, no creí que fueras de ese tipo, pero no importa. —Ha quitado la mueca, ahora parece más bien concentrado en otra cosa, a saber qué.
Jungkook pone los ojos en blanco. ¿Por qué no le ponen atención?
—No fue un trío. —Se apresura a corregir. — ¡Y en todo caso eso que les importa! Era alguien más, no Jackson. Pero no importa, al final volvió a ser Jackson, fue mi inconsciente y sus malas bromas ¿verdad?
Aunque la pregunta es para los dos, solo Jimin pone atención. Hobi parece haber creado una especie de deporte con sus cintas, ahora son los dos pies. Él se hace nudillo en la silla, pronto sube los pies y abraza ambas rodillas como si buscara algún tipo de consuelo que hasta ahora no ha encontrado en ninguno de sus amigos. ¿Namjoon le diría algo diferente? No, de todos él es el más escéptico a este tipo de cosas.
—Y… ¿Era guapo?
Jimin levanta una de sus comisuras en un gesto pícaro, insinuando algo que hace enojar a Jungkook. Hoseok se ríe, ahí se dan cuenta de que está siguiendo la conversación, aunque (cosa rara) no haya dicho ni pío.
—¿Eh? ¿Perdón? —Indignado, frunce el ceño. — ¿De todo lo que les acabo de contar, esa es tu gran duda, Mimi? ¿En serio?
—Aish… ¿Pues qué pregunté? —Jimin le da una mala mirada, aunque se nota divertido por el enojo de Jungkook. —¿No era guapo? ¿Por eso estás de tan mal humor?
Le cuesta decirlo, pero lo piensa. “Sí, era guapo” recuerda. Otra vez su cabeza se desvía al frecuente recuerdo de esos ojos verdes inundados de deseo, del tornasol en sus pupilas que pintaban de rojo, tiene una piel morena que le recuerda al calor del verano, recién tostado por el sol de la playa, o a los atardeceres de color naranja que suelen pintar la costa. Era muy guapo, pero no lo va a admitir así como así. Mucho menos con la sensación helada de los temblores que amenazan su cuerpo ante la simple memoria.
Ambos lo miran esperando una respuesta.
—Lo era, pero no tiene nada que ver. —“Claro que tiene que ver, sino no estaría sintiendo el vientre cosquillear” — ¿Es todo lo que tienen para decir? No debí contarles, son terribles amigos ¿lo saben?
La mirada fría de Jungkook junto al gesto acusatorio que hace señalándolos con el dedo solo provoca una risa en Hoseok y un suspiro en Jimin.
—Jungkook ¿Qué te podemos decir? Fue un sueño, ya está. Tuviste un sueño raro donde hacías cochinadas con tu Bias ¿qué hay con eso? Lo único que pienso es que se te está yendo de las manos tu lado de fanático. —Tras una pausa, donde finalmente Jungkook divisa el rostro tranquilo en Jimin, mientras éste se arremanga el suéter de cachemira que fue su última adquisición. Entonces, como una revelación, vuelve a hablar. — ¿O quieres que interpreten tu sueño? Ahí está Hobi, pregúntale, te va a decir que necesitas sexo ¿no es así, Hobba?
Jimin gira la cabeza hacia el nombrado, la mesa circular los obligaba a formar una especie de triángulo donde Jungkook era la cabecera y los otros dos estaban sentados casi juntos, podía sentir las vibraciones del pie de Hobi que se movía sin descanso en una especie de TIC nervioso al que ambos se habían acostumbrado ya. Con la presión de dar una respuesta, Hoseok finalmente se queda quieto, apoyando uno de sus codos en la mesa empieza a dar su “conclusión”.
—Mira, estaría preocupado si le hubieras dado permiso de correrse adentro de ti o algo así, pero solo fue un sueño cachondo por lo que veo ¡Así que no dejes que esto te desconcentre! Todo va a estar bien, siempre lo está, es tu primera vez siendo objeto de un íncubo, por eso te sientes así, te acostumbras después de la segunda o tercera vez.
Hay un tinte de poca preocupación en el gesto aireado de la mano de Hoseok, pero para Jungkook es todo menos eso. ¿Cómo fue…? Ah, sí, sí le dio ese permiso. Lo específico de la oración le regala escalofríos que Jimin percibe de inmediato con esos ojos que podrían encontrar hasta el último pecado dentro de una persona.
—¿Cómo que un íncubo? ¿primera vez? Hobba, no hablo taka-taka. Explícate.
Pero Jungkook ya no está escuchando, demasiado sumido en el terror que aprieta la boca de su estómago como si buscara, además de irrumpir su respiración, decirle “te tengo en la palma de la mano”. ¿Quién? Quien sabe. ¿Por qué? No tiene ni idea; pero es tan escalofriante que, de nueva cuenta, cree que va a devolver su desayuno en ese instante. ¿Por qué debería importar el mencionado permiso? No…¿Por qué él le dio permiso en primer lugar? Y quiere golpearse la frente, tan fuerte como para quedar en coma por el resto del año.
“—Jungkook…
Otra vez esa voz. Tragó saliva, sus manos se cerraron en dos puños mientras el palpitar caliente del otro se hundía en su interior, siendo recibido y ceñido por las paredes de su cuerpo.
—Jungkook… ¿Puedo venirme adentro?
La forma extraña en que estas simples palabras provocaron una oleada de deseo en el cuerpo de Jungkook debía ser un delito; la cara se le enrojeció, no podía hablar porque lo único que salía de sus labios, humedecidos por su lengua, eran jadeos, gemidos y palabras incompletas que no lograban expresar con claridad lo mucho que disfrutaba de su encuentro.
Jungkook asintió con la cabeza, apretando los ojos cuando su cuerpo empezó a prepararse para el clímax.
—Dilo. Dime que puedo venirme adentro. —Repite.
Jungkook se preguntó para qué tanta insistencia. ¿Sería que su bias tenía una especie de fetiche con las palabras? Pero siendo él se lo diría cuantas veces se lo pidiera. Jungkook enmudeció por un instante y abrió los ojos para conectar de forma invisible sus miradas.
—Pued- ¡Ah!
El escozor en la piel fue el indicador del golpe recibido en una de las nalgas de la nada y sin previo aviso; la piel de su cuerpo ardía donde la mano había tocado, un ardor diferente, un ardor que quemaba como fuego vivo.
—Puedes. Puedes venirte adentro.”
Jimin está a punto de golpear a Hoseok con una botella de agua semi vacía (¿de dónde la sacó?), cuando Jungkook se traga la ansiedad, el miedo y la preocupación para preguntar lo que tanto le aterra. ¿Por qué tiene miedo de una respuesta? “No es como que pudiera embarazarme” piensa, pero eso solo lo altera más, llamémosle… premonición.
No ha dicho nada aún, Jimin detiene la mano que sostiene la botella, y Hoseok ya tiene una cara de espanto que solo lo aterroriza más. Los dos se quedan fijos en él que ha abierto los labios, el corazón le late en el cuello y nunca ha sido tan consciente de su entorno como en ese momento donde el sol le quema la cara, las aves murmuran su futura desgracia (que no es capaz de comprender aún) y las palabras salen solas, sin explicación.
—¿Y… si le di permiso? ¿Qué ocurre entonces?
Los ve contener el aliento, en cámara lenta vuelven a su posición original. Hobi se hunde en el asiento con una cara de pocos amigos, Jimin no parece entender un demonio, pero dentro, muy dentro, él sí.
Ese fue el último segundo de libertad de Jungkook.