Prólogo
¿Qué es la verdadera felicidad?
¿Qué nos motiva a seguir cada día?
En este mundo, nunca tuve a nadie a mi lado. Siempre estuve solo desde mi nacimiento. A medida que iba creciendo me di cuenta de que mi vida no tenía valor alguno y que nadie se preocuparía por mí.
Los días eran monótonos, una rutina que se repetía, era como estar en un bucle sin final. Cada día era repetitivo, no había nada que me motivara realmente a seguir pero no tenía el valor necesario para ponerle fin a todo.
Pudo haber sido posible que, todo mi pensar haya sido solamente un engaño para no quebrarme por el vacío que siempre sentí? O es que había algo en ella que cambió todo en mí?
Como un ser, que alguna vez quiso dejar todo atrás, puede atesorar tanto unos momentos que ahora son fugaces?. Su partida, no fué una llaga en mí, al contrario, así como su presencia me sanó, su partida hizo que quisiera seguir viviendo más, hacer lo que ella no pudo, y cumplir nuestros sueños. Sin importar cuanto doliera.
Ella era como el cielo nocturno, llena de tranquilidad, solitaria y fría. En sus ojos podía ver estrellas, eran tan brillantes que no podías apartar la mirada de ellos, ella era mi refugio, mi lugar seguro, mi paz. Aunque la he descrito como la noche, me gusta más compararla con la luna, ya que ella fué la que me sacó de la oscuridad, llenandome de luz y acompañandome sin importar la distancia.
Podría ser esta historia sobre mi vida con ella, el cambio que generó en mí? O tan solo un dejá Vu de lo que pasé con ella?
Fué tan importante en mi vida que es difícil soltarla. Y aunque he estado en paz después de su partida. Una culpa me envuelve por no haberme dado cuenta antes. Pude haber evitado lo que ahora considero inevitable? Una hermosa luz que ilumina a otros, se apaga a causa de su propio fulgor. No logré brillar lo suficiente para ella. Y en medio de mi oscuridad, aun hay marcas de aquel lucero que quedó incrustado en mi, para no volver a caminar en soledad.








