Frenesí [Shaman King]

Summary

"¿Tus manos benditas me harán cometer un pecado?" En un campo de batalla iluminado por la luna, Hao y Yoh se enfrentan en una lucha que va más allá de la rivalidad. La tensión sexual, el juego de poder dominan la escena, llevándolos a un encuentro apasionado que desafía sus límites y deseos. *************** Serie: Shaman King. Pareja principal: Hao& Yoh Asakura. Ambos 20 años Estado: En emisión Los personajes no me pertenecen, solo los uso para fines de entretenimiento. Queda estrictamente prohibido cualquier copia o adaptación de esta historia sin mi consentimiento.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1.

La luz plateada de la luna bañaba el campo de batalla, delineando las siluetas de Hao y Yoh, dos figuras que, en ese instante, encarnaban no solo la rivalidad, sino también una pasión desbordante que trascendía las armas y las estrategias. El aire estaba cargado de tensión, como si el mismo cielo contuviera la respiración ante el inminente enfrentamiento. Ambos hombres, de pie en extremos opuestos del claro, se miraban con una intensidad que iba más allá de la simple competencia. Era la última batalla, el torneo que decidiría todo, pero en sus ojos no solo había determinación; había algo más, algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.


Hao, con su presencia dominante y su mirada fría, parecía un depredador acechando a su presa. Su cuerpo esbelto pero musculoso se tensaba bajo la luz lunar, y su sonrisa era una mezcla de desafío y algo más oscuro, algo que hacía que Yoh se sintiera tanto atraído como intimidado. Llevaba una túnica ligera que se movía con la brisa nocturna, revelando la fuerza que yacía bajo ella. Era un hombre que no solo buscaba la victoria, sino que también disfrutaba del juego de poder que se tejía entre ellos. Yoh, por otro lado, era un contraste marcado. Con su cabello alborotado , su postura ligeramente encorvada, parecía más tímido y sumiso.


Pero bajo esa fachada había una volatilidad que Hao reconocía demasiado bien. Yoh era como un volcán dormido, capaz de estallar con una fuerza inesperada. Sus ojos, aunque llenos de incertidumbre, también brillaban con un deseo que no podía ocultar. Llevaba una camisa sencilla y pantalones ajustados, su cuerpo delgado pero ágil listo para el combate.


—Esto se acaba aquí —declaró Yoh con voz firme, aunque en su interior una llama secreta ardía al ritmo de la provocación de Hao. Sus palabras eran un intento de mantener la compostura, de recordar por qué estaban allí, pero su cuerpo traicionaba sus intenciones. Sus manos temblaban ligeramente, y su mirada no podía evitar ser atraída por la sonrisa traviesa de su oponente, que parecía leerle el alma.


Hao sonrió, como si disfrutara del juego de poder que se tejía entre ellos. Su sonrisa era una promesa peligrosa, un desafío que iba más allá de la batalla física.


 —¿Detenerme? —replicó con una voz que era una mezcla de  burla y seducción—. Eres tan predecible, Yoh. Pero, ¿y si le damos un giro a esto? ¿Algo más… intenso? —susurró, su tono cargado de insinuaciones que flotaban en el aire como una promesa peligrosa.


La tensión entre ambos era palpable, un hilo a punto de romperse, cargado de una electricidad que amenazaba con consumirlos. 


Yoh sintió cómo su corazón latía con fuerza, cómo su cuerpo respondía a las palabras de Hao de una manera que no podía ignorar. Era una mezcla de miedo y excitación, de deber y deseo. Sabía que no debía dejarse llevar por esas sensaciones, pero Hao tenía una forma de desestabilizarlo que nadie más podía lograr.


—No es solo una batalla, ¿verdad? —murmuró Yoh, su voz apenas audible, pero Hao lo escuchó con claridad.


La sonrisa de Hao se ensanchó, y dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos. El aire parecía vibrar con la energía que los rodeaba, como si el mundo entero se detuviera para presenciar lo que estaba a punto de suceder.


—Nunca lo ha sido —respondió Hao, su voz baja y ronca, llena de una intención que Yoh no podía ignorar.


Sus ojos se encontraron, y en ese momento, todas las barreras que habían construido a lo largo de los años  parecieron desmoronarse. La rivalidad, el odio, la desconfianza… todo se desvaneció ante la fuerza abrumadora de la atracción que sentían el uno por el otro. Yoh tragó saliva, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba en respuesta a la proximidad de Hao. Sabía que debía mantenerse firme, que debía recordar por qué estaban allí, pero la forma en que Hao lo miraba, la forma en que su presencia lo envolvía, era demasiado para resistir. Hao dio otro paso adelante, y Yoh no se movió, no podía moverse. Estaba atrapado en la red de deseo que Hao había tejido a su alrededor.


—¿Vas a seguir escondiéndote detrás de esa fachada de sumisión, Yoh? —preguntó Hao, su aliento cálido rozando el rostro de Yoh. —¿O vas a admitir lo que realmente quieres?


Yoh cerró los ojos por un momento, luchando contra la tormenta de emociones que lo inundaba. Quería negarlo, quería decir que Hao estaba equivocado, pero las palabras no salían. En su lugar, sintió cómo su cuerpo se inclinaba hacia adelante, cómo sus labios se acercaban a los de Hao sin que él lo decidiera conscientemente. Hao sonrió contra su boca, una sonrisa triunfante que hizo que Yoh se sintiera tanto frustrado como excitado.


—Sabía que no podrías resistirte —murmuró Hao, antes de capturar los labios de Yoh en un beso feroz.


El beso fue una explosión de sensaciones, una mezcla de deseo y conflicto que dejó a Yoh sin aliento. Los labios de Hao eran firmes y demandantes, y Yoh no pudo evitar responder, sus manos temblorosas subiéndose a los hombros de Hao mientras se perdía en la intensidad del momento. Hao lo sujetó con fuerza, sus manos grandes y cálidas rodeando la cintura de Yoh, atrayéndolo más cerca hasta que no hubo espacio entre ellos.


Pero incluso en medio del beso, Yoh sentía la lucha interna. Sabía que esto estaba mal, que no debían dejarse llevar por sus deseos en medio de la batalla final.  Sin embargo, la forma en que Hao lo tocaba, la forma en que lo miraba, era demasiado tentadora para resistir. Hao parecía leer sus pensamientos, porque se separó ligeramente, sus labios rozando los de Yoh mientras susurró:


—¿Ves? No puedes negarlo, Yoh. Esto es lo que realmente queremos.


Yoh abrió los ojos, encontrándose con la mirada penetrante de Hao. Quería discutir, quería decir que no era cierto, pero en lugar de eso, sintió cómo sus manos se movían por su propia voluntad, deslizarse bajo la túnica de Hao, tocando la piel cálida y dura que había debajo. Hao soltó un gemido bajo, sus ojos cerrándose por un momento mientras su cabeza caía hacia atrás en un gesto de placer.


—Joder, Yoh —murmuró Hao, su voz ronca y llena de necesidad—. No sabes lo que haces conmigo.


Yoh no respondió, pero sus acciones hablaron por él. Lo empujó contra un árbol cercano, usando su cuerpo para inmovilizar a Hao mientras sus labios se movían por su cuello, dejando un rastro de besos y mordiscos que hicieron que Hao se arqueara contra él. Hao rio entre dientes, sus manos agarrando las caderas de Yoh con fuerza mientras lo atraía más cerca.


—¿Quién es el sumiso ahora, Yoh? —preguntó Hao, su voz cargada de desafío y deseo.


Yoh no respondió, pero la forma en que sus caderas se movían contra las de Hao, la forma en que sus labios buscaban los de Hao con desesperación, era toda la respuesta que necesitaba. Hao sonrió, una sonrisa victoriosa que hizo que Yoh se sintiera tanto frustrado como excitado.


Sabía que estaba perdiendo el control, que Hao lo estaba manipulando, pero en ese momento, no le importaba. Las manos de Hao se movieron con habilidad, desabrochando los pantalones de Yoh y deslizando una mano dentro. Yoh soltó un gemido ahogado, su cabeza cayendo hacia atrás mientras su cuerpo respondía al toque experto de Hao. Hao lo miró con intensidad, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de dominación y deseo.


—¿Te gusta, Yoh? —preguntó Hao, su voz baja y seductora—. ¿Te gusta cómo te hago sentir?


Yoh no pudo responder, su cuerpo temblando mientras el placer lo invadía. Hao sonrió, su mano moviéndose con un ritmo que hizo que Yoh se arqueara contra él, buscando más. Pero justo cuando Yoh estaba a punto de


alcanzar el clímax, Hao se detuvo, su mano retirándose con una lentitud torturante.


—No tan rápido —murmuró Hao, su aliento cálido rozando el oído de Yoh—. Esto es solo el principio.


Yoh abrió los ojos, encontrándose con la mirada de Hao, y en ese momento, supo que no había vuelta atrás. La batalla, la rivalidad, todo había quedado en segundo plano ante la fuerza abrumadora de la pasión que los consumía. Hao lo había atrapado en su red, y Yoh no quería escapar. Con un movimiento rápido, Yoh invirtió sus posiciones, empujando a Hao contra el árbol y sujetándolo con Fuerza. Hao levantó una ceja, sorprendido pero claramente divertido por el cambio de roles. Yoh sonrió, una sonrisa que era una mezcla de timidez y determinación.


—Mi turno —murmuró Yoh, antes de capturar los labios de Hao en un beso feroz, un beso que era una declaración de que, aunque fuera sumiso en otros aspectos, en este momento, él estaba al control.


Y así, bajo la luz plateada de la luna, en medio del campo de batalla, Hao y Yoh se entregaron a la pasión que había estado latente durante tanto tiempo. La rivalidad, el odio, todo se desvaneció ante la fuerza de su deseo mutuo. Y aunque sabían que la batalla final aún no había terminado, en ese momento, nada más importaba.


Estaban perdidos el uno en el otro, consumidos por una pasión que era tan peligrosa como irresistible.


Continuara....