Capitulo Unico.
La distancia que hay entre nuestros labios es la misma que la de una bala para matarte...
La noche en el castillo de Hogwarts era espesa y silenciosa, envuelta en una atmósfera cargada de misterio y magia. La luna llena iluminaba los pasillos con su luz plateada, y cada sombra parecía murmurlo, ocultando secretos antiguos y susurros de intriga. En uno de esos pasillos, un encuentro inesperado estaba a punto de desatar pasiones ocultas y despertar deseos que habían permanecido en la oscuridad durante demasiado tiempo.
Harry Potter se movía sigilosamente entre las sombras, consciente de los peligros que acechaban en cada rincón. Sin embargo, esta noche, la ansiedad y el miedo eran eclipsados por una irresistible atracción que lo guiaba, como un imán, hacia la cámara oculta de Tom Riddle. Había algo en la presencia de Tom que lo fascinaba; ese aire de misterio que lo rodeaba, la inteligencia reluciente en sus ojos oscuros y un peligro latente que le provocaba escalofríos en la piel.
Cuando Harry finalmente llegó a la sala de la cámara de loa secretos después de haberlo pensado hasta su ultimo año escolar, sus deseos finalmente cedieron al llamado. Encontró a Tom en un rincón, iluminado por la luz tenue de una antorcha. Su cabello negro caía en desperdicio sobre su frente, y sus ojos brillaban con una intensidad inquietante. La figura esbelta de Tom irradiaba poder y una confianza inquietante. La mezcla de emociones, deseo y peligro saturaba el ambiente mientras Harry se acercaba lentamente.
—¿Has venido a rendirte, Harry? —la voz de Tom era suave, pero cargada de un sabor amenazante—. O tal vez, esperas hacer un trato conmigo.
Harry sintió cómo su corazón latía con fuerza, el deseo y la curiosidad chocando dentro de él. A pesar de saber lo que Tom Riddle representaba, había una parte de él que estaba desesperada por ignorar el peligro y dejarse llevar. Un cosquilleo de anticipación recorrió su cuerpo, despertando en él sensaciones que nunca había imaginado.
—No estoy aquí por eso —respondió Harry, su voz un hilo tembloroso—. Pero hay algo que necesito entender.
El aire se volvió pesado con la tensión entre ellos, los ojos de Tom recorriendo el rostro de Harry, la lujuria y la inteligencia resplandeciendo en su mirada. Harry pudo sentir el fuego que se encendía entre ellos, una corriente eléctrica que prometía un mundo de experiencias que nunca había explorado.
—¿Entender? —repitió Tom, acercándose un paso, su sombra proyectándose sobre Harry—. ¿Qué es lo que necesitas, Harry? ¿Entender cómo se siente el poder? O quizás, cómo se siente atraer a alguien hacia tu oscuridad.
Un escalofrío recorrió la espalda de Harry mientras Tom lo observaba con una intensidad que lo hacía sentir expuesto y vulnerable, al tiempo que un torbellino de emociones lo invadía. Esa atracción era innegable, un deseo que burbujeaba en él, transformándose en un hambre insoportable, una necesidad que no podía ignorar.
—Eres peligroso —susurró Harry, sus palabras balbuceaban entre sus labios—. Y aún así hay algo... algo que me llama hacia ti.
Tom esbozó una sonrisa, una mezcla de desafío y satisfacción, alimentando la intriga en su mirada.
—Dices que soy peligroso, pero tú no temes cruzar el umbral. Hay un fuego en ti que arde. Ven, Harry, deja que te muestre lo que realmente significa ser poderoso.
Con un gesto casi hipnótico, Tom se acercó más, y la distancia entre ellos desapareció. Harry podía sentir el calor del cuerpo de Tom, como una llamarada en la fría noche. La atracción se volvía insoportable, una cuerda tensa entre el deseo y el temor. Los sentidos de Harry se agudizaban; el aliento de Tom golpeando su rostro se sentía como un veneno dulce que lo consumía.
—No quiero que te hagan daño —protestó Harry débilmente, aunque su propio cuerpo traicionaba su mente al inclinarse un poco hacia adelante, ansioso por el contacto—. Sé quién eres.
—Y sé a quién perteneces —respondió Tom, sus ojos oscuros llenos de un poder inquebrantable—. Pero esa lealtad no puede detener las sombras. Te siento, Harry. Te siento en cada rincón de esta oscuridad que me rodea.
Las palabras cayeron en el aire como una invitación, seduciéndolo más cerca. La electricidad entre ellos era palpable, una tensión que amenazaba con estallar. Tom levantó su mano, acariciando suavemente el rostro de Harry, el roce ligero como un susurro. Sus labios se acercaron, y Harry sintió cómo su resistencia comenzaba a desvanecerse, atrapado en el abismo del deseo.
—No puedes resistir lo inevitable —susurró Tom, acercando su rostro al de Harry mientras el tiempo parecía detenerse—. Deja que el deseo consuma todo.
Con un gesto que combinaba elegancia y peligrosidad, Tom inclinó su cabeza y unió sus labios a los de Harry en un beso ardiente. Era una mezcla de urgencia y anhelo, como si el mundo pudiera estallar alrededor de ellos y ellos se quedaran atrapados en esa burbuja de deseo y necesidad. Harry estaba cautivado, su corazón golpeando en su pecho mientras se dejaba llevar por la seducción oscura de Tom. El beso se tornó más intenso, el roce de sus cuerpos provocando chispas de energía insaciable.
Tom rompió el beso, pero solo para deslizar su mano por la cintura de Harry, atrayéndolo más cerca. La presión de su cuerpo contra el de Harry era abrumadora, y el joven mago sintió cómo su respiración se aceleraba. Su corazón latía con descontrol, cada pulso resonando con el eco de las palabras de Tom, como si cada latido fuera un recordatorio de la entrega que lo esperaba.
—Eres tan inocente, Harry —murmuró Tom, sus labios apenas separándose de los de Harry—. Pero hay un fuego en ti que anhela ser avivado.
Con un movimiento rápido, Tom giró a Harry, empujándolo suavemente contra la mesa. El contacto del frío mueble contra su espalda lo hizo estremecerse, pero el calor de Tom lo envolvía, haciéndolo olvidar el miedo. La deliciosa mezcla de tensión y deseo que lo rodeaba lo mantenía en un estado de excitación y ansiedad, una danza entre lo prohibido y lo inevitable.
—¿Te asusta lo que podrías sentir? —preguntó Tom, su voz un murmullo seductor mientras sus manos exploraban el torso de Harry, desabrochando lentamente su camisa, bajando hasta la delicada entrada del chico. Cada botón que tocaba Tom, soltaba en Harry un paso hacia la revelación de un deseo profundo e inexplorado.
Harry cerró los ojos, sintiendo cómo la piel de su pecho se erizaba bajo el toque de Tom. El deseo lo consumía, y aunque sabía que estaba jugando con fuego, no podía evitar dejarse llevar. Era un fuego que lo envolvía, un calor intenso que abrazaba su alma y que anhelaba ser alimentado.
—No... no quiero esto —protestó, aunque su voz carecía de convicción, aunque sus caderas de movían ansiosas por ser destrozadas por Tom. El deseo se entrelazaba con la negación, una batalla interna que solo aumentaba la intensidad del momento.
—¿No lo deseas? —Tom lo miró con desafío, sus ojos oscuros llenos de conocimiento—. Siento tu deseo, Harry. Es tan palpable como la magia que nos rodea.
Tom se inclinó, sus labios recorriendo el cuello de Harry, dejando un rastro de fuego en su piel. Cada roce, cada aliento sobre su piel, hacía que Harry se sintiera más desesperado por ceder. El fuego del deseo ardía, alcanzando cada rincón de su ser, y todo lo que había conocido se desvanecía en la vorágine de ese momento.
Con un giro de su cadera, Tom empujó a Harry hacia la mesa, presionando su cuerpo contra el de él. Harry sintió la fuerza de Tom, el control que ejercía sobre la situación, y algo dentro de él se encendió. Una mezcla de miedo y excitación bombardeaba su cabeza, pero allí, en ese rincón aislado de Hogwarts, era el deseo el que prevalecía.
—Eres mío, Harry —susurró Tom, su voz cargada de una posesividad que lo hizo estremecer—. Y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. Las palabras eran un sello, un compromiso irrevocable que lo atrapaba en el laberinto de su propia ansia.
Con un movimiento ágil, Tom tomó el rostro de Harry entre sus manos, sus labios se encontraron de nuevo en un beso voraz. Esta vez, no había duda, no había miedo; solo el deseo desbordante que los consumía. Las manos de Harry buscaban desesperadamente el cabello de Tom, aferrándose a él como si fuera su única salvación en medio del caos de sus emociones.
—Deja que todo se desvanezca —susurró Tom, su voz llena de urgencia—. Deja que el mundo exterior desaparezca. Solo existe este momento.
Harry sintió cómo el deseo lo envolvía por completo, y en un acto de entrega incondicional, se rindió ante Tom. Sus cuerpos se unieron en una danza apasionada, cada roce, cada susurro intensificando la conexión que los unía. Era un sentimiento que desafiaba toda lógica, una necesidad tan profunda que casi se podía tocar.
El aire se volvió denso con la intensidad de su unión, y Harry sintió cómo el mundo a su alrededor se desvanecía en cada penetración. La magia entre ellos era palpable, un fuego que ardía en sus venas. Tom lo poseía, no solo físicamente, sino también emocionalmente, y Harry supo que jamás podría separarse de él. La esencia de Tom se fundía con la de Harry, creando una conexión que resonaba a través de su ser.
—Eres todo lo que he deseado —declaró Tom, sus ojos fijos en los de Harry, llenos de una devoción oscura—. Nunca más estarás solo. Un eco de promesa y posesión llenaba cada palabra.
Harry sintió que su corazón se llenaba de una calidez que nunca había conocido. Era un amor prohibido, pero también era liberador. En ese instante, comprendió que estaba dispuesto a todo por Tom, que la oscuridad que lo rodeaba no era un obstáculo, sino un refugio en el que podría perderse y encontrarse a sí mismo al mismo tiempo.
A medida que se entregaban el uno al otro, el tiempo se detuvo. Sus cuerpos se movían al unísono, una sinfonía de deseos y susurros, y Harry sintió que su alma se entrelazaba con la de Tom. No había más miedo, solo una conexión irrompible que los unía en un lazo eterno.
—Siempre serás mío, Harry —prometió Tom, su voz resonando en la penumbra—. Y juntos, dominaremos la oscuridad.
Harry sonrió lleno de placer, sintiendo que su corazón latía al ritmo del amor que compartían. La entrega era total, y el destino que habían forjado juntos era inquebrantable. Aquella noche, las sombras del castillo de Hogwarts se convirtieron en un santuario para los secretos y susurros, un lugar donde el deseo floreció en el corazón de la oscuridad, un amor que resistiría la prueba del tiempo, un amor en el que los dos eran finalmente libres para ser quienes realmente eran.
—Que así sea Tom.— Susurro entrecortado arqueando su espalda, aferrándose con fuerza a su amante.
Tom sonrió con satisfacción, tocando el climax al derramarse por completo dentro de su igual. Beso con ternura a anhelado Harry sellando eternamente su pacto y creando a su primer heredero, sin que harry lo supiera.
Fin.