Two Shots: Latidos En El Asfalto [Umemiya/TogamexOC] [WindBreaker]

Summary

¿Quién dijo que un pandillero no sabe amar?

Status
Complete
Chapters
2
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n/a
Age Rating
18+

Umemiya Hajime

Las chicas de la división especial solo intercambiaron miradas entre ellas, ya sabían cuánto se había molestado Shiori al respecto de lo que se decidió en la reunión. La morena en cuestión se retiró del salón entre los comentarios de los chicos y bajo la mirada azul de Umemiya, quien ya se imaginaba a qué se debía la reacción de su novia.

La muchacha de segundo año de la Escuela Secundaria Furin entró al baño de chicas y golpeó la puerta de uno de los cubículos, fastidiada. Se miró al espejo, el dorado de sus ojos rebosaba de enojo y frustración. ¿Por qué él había rechazado tan deliberadamente la estrategia propuesta? Su disgusto llenaba su mente al punto de impedirle comprenderlo y respiró hondo, intentando contenerse. En unos minutos, las demás vendrían por ella y pensaba que no era apropiado que la vieran así, aunque lo más probable era que ya se habían dado cuenta de su parecer.

Abrió la llave del lavabo para lavar sus manos y acomodó sus finos rastas azules que caían sobre sus hombros, y fue entonces que las muchachas entraron al baño, llenándola de preguntas y comentarios con el fin de ayudarla y apoyarla. Habló con ellas unos minutos y sonrió un poco, aceptando su invitación a almorzar juntas, como solían hacer.

Comer junto a ellas y pasar la tarde logró relajarla, mas inevitablemente, su mente volvía a divagar en su novio. Revisó su teléfono en numerosas ocasiones, con la esperanza de encontrar una notificación,… y nada. Suspiraba y ya no solo pensaba en lo acontecido en la reciente reunión, volvían a ella aquellos momentos de amor y pasión que vivían juntos en cuanto encontraban un poco de soledad y privacidad. Al despedirse de las integrantes de su división, no resistió las ganas de ir a buscar a Umemiya.

El sol pronto comenzaría a bajar en Makochi, lo que le indicaba a Shiori que ya no debía haber casi nadie en la Furin, la hora apropiada para encontrar al albino a solas. Esconder su relación romántica había sido el acuerdo al que habían llegado y lo apropiado, al fin y al cabo. Y pese a que no era fácil, evitaban ponerse en riesgo de que algún otro estudiante de la Escuela los viera en alguna situación comprometedora. Pero en esa ocasión, le urgía verlo y hablar con él, por lo cual sus pasos se dirigieron con sigilo hacia allí.

Umemiya dio un bostezo, ya había terminado de regar todas las plantas del huerto en la azotea de la escuela. Solo faltaba lo más especial en ese momento, lo que había plantado especialmente para el deleite de su novia. Antes de dirigirse a ello, miró su celular, percatándose de que no había ni un mensaje de su parte. Suspiró triste al tiempo que se ponía de pie para dirigirse hacia las fresas, definitivamente Shiori debía encontrarse muy enojada. En serio quería que comprendiera su punto, deseaba explicárselo y suponía que no le quedaba más que esperar al momento de hablar con ella.

Al agacharse frente a la planta, escuchó la puerta que daba a las escaleras abrirse, seguida de pasos suaves y volteó. Allí estaba su hermosa chica con expresión seria y enfadada, pero en paz. Cuánto le gustaba su versión del uniforme de la Furin sobre su piel morena y sus curvas. Había cortado la chaqueta de la escuela, usando una camiseta blanca y corta debajo, y había reemplazado la mini falda a la cintura por shorts negros y ajustados también a la cintura en compañía de calentadores azules con zapatillas blancas. No pudo evitar su sonrisa, luego de que había pensado en ella la tarde entera, por fin la tenía allí.

—¡Shiori! Pensé que no ibas a venir a verme, pero que bueno que estás aquí. —Le dijo, su voz varonil sonó cariñosa y alegre. Su novia mantuvo su expresión, pese a las ganas de sonreír que le generaba su sola imagen.

—Sí —contestó la aludida, acercándose a él y hechando un vistazo a lo que hacía.

—Mira, las fresas blancas que planté para ti están casi listas —comentó Umemiya, mostrándolas con cuidado. La muchacha de piel tostada pareció molestarse mucho más y no resistió.

—¿Por qué no me enviaste ni un mensaje? —indagó, su mirada dorada fija sobre los ojos azules que la observaban. Él mantuvo la sonrisa.

—Bueno, porque sé que me ignoras cuando estás enojada. Soy tu novio y te conozco.

Shiori se sonrojó, mirando a todos lados.

—¡Ssshh! Alguien te podría escuchar —susurró, en tono de reclamo.

—Pierde cuidado, ya todos se fueron. Solo estamos tu y yo —dijo él, su sonrisa se volvió algo sugerente a la vez que admiraba su belleza. Sin embargo, prefirió hacer esos pensamientos a un lado para ponerse algo serio-. Vamos, dime por qué te enojaste tanto.

Ella era una buena estratega y muy inteligente, una chica que siempre tenía algo que decir y que siempre se daba a escuchar. Sin embargo, esa vez en la reunión, no había dado en el clavo con su propuesta a ojos del mismísimo líder. La vio suspirar y cruzar los brazos, su fastidio creció.

—Ya lo sabes, ¿no? Rechazaste la estrategia que las chicas y yo ideamos —respondió Shiori y su novio supo que había acertado.

—Esa idea las pone en peligro a ellas y a ti.

—No por nada la ofrecí, todas estamos dispuestas a hacer lo que esté a nuestro alcance por Bofurin.

Umemiya volvió a sonreír, sus ojos brillaron todavía más y de puro amor por ella. Se puso de pié y se le aproximó, seguía sintiéndose embelesado y orgulloso por su forma de ser, como la primera vez. Tomó con delicadeza el mentón de su pequeña novia, obligándola a subir su mirada dorada hacia la suya. La muchacha no fue capaz de resistir un sonrojo y su frustración ya empezaba a esfumarse.

—Hermosa, siempre he admirado tu inteligencia y tu capacidad para liderar a las chicas. Pero yo me preocupo por la integridad de todas, especialmente de ti, ¿es que no me entiendes? —susurró el ojiazul y la aludida sintió un escalofrío al escuchar su voz en un tono más bajo.

Él dio otro paso más, sus cuerpos ya casi se tocaban y sus perfumes se mezclaron, lo que estaba logrando calmar a la chica de rastas azules.

—Sí, comprendo —murmuró ella. Los dedos del líder de Bofurin acariciaron la mejilla de su novia y entrelazó su mano libre con la de ella.

—¿Entonces?

—Quiero que se note cuanto me importan los conflictos que pueda tener la pandilla y que lo que pensamos las chicas sea tomado en cuenta.

—Nombra solo una vez en la que no haya prestado atención a lo que dicen ustedes. —Le pidió él y Shiori permaneció callada. Era verdad, su novio la había escuchado a ella y a su división en todo momento-. Y yo más que nadie sabe cuánto te interesa todo esto, si aceptaste ocultar lo que tenemos para no crear ninguna tensión interna.

La chica de mirada dorada sonrió, nuevamente Umemiya había logrado disipar su fastidio y cómo le fascinaba eso.

—Tienes razón —contestó y él aprovechó su tranquilidad para tomarla de la cintura, pegándola a su cuerpo.

—¿Ves? No tienes motivo para estar enojada con el líder de Bofurin.

Su novia iba a responder algo, mas él se inclinó abrazándola por la cintura, a concretar lo que habían querido la tarde entera, un beso suave y profundo. Ella llevó las manos a su rostro y el beso se volvió ardiente, a la vez que el viento pasaba por encima de la piel y la ropa. En cosa de un minuto, estaban olvidando el hecho de que se trataba de la azotea de Bofurin y pronto se hallaron dispuestos y deseosos de subir de nivel. No obstante, había un punto muy relevante del cual asegurarse y Shiori detuvo un poco el beso para murmurar agitada sobre sus labios.

—Oye,… ¿estás seguro de que no hay nadie más por aquí? —preguntó. Sus ojos dorados ya reflejaban su amor y pasión incontenibles. Umemiya simplemente asintió, atrayéndola más a él y presionando el bulto de su entrepierna contra el vientre de la muchacha de piel tostada, sacándole un gemido suave.

—Me gusta mucho cuando te enojas. —Le dijo él, llevando una mano a estrujar su trasero abultado y ella suspiró sensual.

—Ah, ¿sí?

—Sí, sobre todo cuando es por mi causa —contestó el albino, sus ojos azules llenos de amor y deseo por su novia. Tenía que tomarla por enésima vez.

La llevó de la mano a la bodega, a unos metros de donde se encontraban. Abrió la puerta y la hizo entrar, empujándola inmediatamente contra una de las paredes.

—¿Te volviste loco? —preguntó Shiori en un susurro, sonrojada.

—¿Por qué dices eso? —murmuró él, algo extrañado, aproximándose a ella.

—Mira a dónde me has traído.

—Aquí nadie nos encontrará. Es más seguro que en cualquiera de los salones —explicó Umemiya sobre los labios de ella, levantando su remera con el fin de apretar sus senos por encima del encaje de su brasier.

Su novia gimió y él se dirigió a tocar su trasero una vez más, con ese short negro que quedaba tan perfecto ajustado a sus curvas generosas y haciéndola frotarse sobre su creciente erección.

—Mmm…Ume… —susurró Shiori, deseosa.

—Voltea… Tenemos que hacerlo rápido… —ordenó él, con firmeza. Ella siguió su mandato y se dio vuelta, apoyando sus manos en la pared. El líder de Bofurin se bajó los pantalones y los boxers, y luego se apresuró a ayudarle a su chica con los shorts y su pequeña tanga de encaje celeste. Entonces, su erección se posó en su entrada, resbalando suave y sensual hasta el fondo. Él gruñó—. Aaahh hermosa…

—Dios mío… —murmuró ella, gimiendo sexy ante el movimiento lento de las caderas de su novio, quien disfrutaba de su cálida estrechez.

—Eres increíble, mi amor… —susurró él, tocando sus senos bajo la ropa.

Tenía muy claro lo complicado que estaba siendo esconder su romance, pero Shiori le daba una paz y una confianza que le hacía tener la certeza de que todo iba a salir bien. Eso le encantaba, además de su gran inteligencia estratégica que encendía hasta el último rincón de su alma y de su cuerpo. Amaba a esa chica, era una de sus razones para seguir y hacía lo posible porque ella lo sintiera con claridad en cada mirada, en cada momento de amor a solas, cada beso, cada caricia, cada arremetida.

—Aaahh… Ume…

El albino la tomó de las caderas con fuerza, embistiéndola más rápido y la muchacha de piel tostada se volteó un poco hacia atrás, su mirada brillante de amor y deseo por él. Umemiya la agarró del rostro con el objetivo de besarla apasionadamente y pudo sentir que su orgasmo estaba cerca. Todo lo que ella sentía por él comenzaba a acumularse, era como un montón de mariposas reuniéndose en su vientre, amenazando con explotar. Volvieron a mirarse y él empezó a mover sus caderas con mayor velocidad, cogiéndola firme de la cintura.

—Eso es, hermosa —dijo él en voz baja y se inclinó con el fin de hacer sus rastas a un lado, mordiendo su cuello gentil y sensual a la vez.

—Aaahh, mi vida… —gimió ella y cerró los ojos, arqueando la espalda. Fue en ese momento en que ese irresistible estadillo tuvo lugar en ella, quien se volvió más mojada y estrecha.

—Maldición, Shiori… —gruñó el albino y su orgasmo lo alcanzó, uniéndose a ella en el momento cúlmine del amor y el deseo mutuo.

La aludida apoyó su frente contra el muro, recuperando su aliento, al tiempo que él hacía lo mismo, descansando sobre su espalda.

—Carajo, jamás lo habíamos hecho acá mismo en la escuela —murmuró, riendo un poco. Las risas de él se sumaron a las suyas.

—Hay que repetir, ¿no crees? —preguntó Umemiya, abrazándola fuerte por la cintura, besando su cuello y ella asintió.

—Amor,… creo que estaría bien que fuéramos a mi apartamento. —Le dijo ella, mirándolo de reojo hacia atrás.

El albino la miró con una pequeña sonrisa.

—Si, hermosa. Vamos ya —contestó él, levantándose para acomodar sus ropas a la vez que su novia imitaba su acción.

Una vez listos, la chica de piel ligeramente tostada volteó hacia su novio y éste ya se encontraba sonriendo lleno de amor y pasión, solo por ella. Shiori reflejaba el mismo sentimiento por él en el intenso dorado de su mirada y también le sonrió, enamorada. Un romance de pandilla como sacado de un libro, pero mucho más real que cualquiera de ellos. Un amor que a duras penas podía ser escondido, amenazando con ser evidente en cualquier momento. Una pareja hecha el uno para el otro, manteniendo a su amor vivo bajo un mundo de bandas.