La Voz de la Verdad

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Summary

En un mundo donde gobierna la tiranía y una falsa ideología, una joven se convierte en la portadora de la libertad y la voz de la verdad. Ella marca el inicio de una era de revoluciones inciertas que podrían traer una ciudad libre o sucumbir ante el poder del gobierno corrupto. *Cuento ganador del 2do lugar en el 1er Concurso de Escritura Creativa "Plumas Noveles: Espejos Distópicos" de la Universidad Panamericana.

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La Voz de la Verdad

Aquella tarde era diferente a todas, la cantidad de cadáveres esparcidos por el suelo, como viles animales. La tierra se había convertido en un lago de sangre oscura y pegajosa, quizás la matanza más grande de todas, después de la Gran Guerra. Los leves rayos de sol en el crepúsculo y la brisa acompañada del paisaje grisáceo convertían la escena en una situación aún más deprimente y desgarradora.

Los oficiales con cascos y uniformes blancos manchados con el aparatoso color rojo de la sangre y grandes armas exterminadoras se paseaban por entre los cuerpos con muecas de despreció. Buscaban alguna señal de vida, aunque fuera la más mínima, y si la encontraban, acababan con la vida de esa persona inmediatamente, y si por alguna razón uno solo quedaba vivo, el tiempo lo mataría. No había lugar en el que algún sobreviviente pudiera resguardarse, todo lo que alguna vez había sido hogares de aquellas personas, no eran ahora más que puros escombros y pedazos de madera desperdigados entre los cadáveres.

Un hombre relativamente joven, miembro de los oficiales, realizaba su trabajo asignado, revisando que no hubiera un solo rebelde vivo. Alejándose un poco más del aérea donde circulaban sus compañeros, movía los escombros, checando los signos vitales de uno que otro que parecía tener alguna posibilidad de seguir con vida. Cuando daba por hecho que ya nadie podía haber sobrevivido a la matanza, se percató de algo, un sonido parecido al llanto de un niño. Con su arma preparada se encaminó en la dirección de donde provenía el llanto, listo para disparar.

Dando pasos lentos y silenciosos llegó hasta una pared rota que seguía más o menos en pie, con varias ramas formando un triángulo. El oficial quitó las ramas con espinas, preparado para disparar en cuanto viera al infante. Pero no lo hizo. Simplemente no pudo lanzar una bala a la pequeña niña de cabello rubio y ojos grisáceos. Probablemente tendría poco menos de un año de vida. No estaba realmente llorando, solo sollozaba asustada de haber escuchado el estridente ruido de los balazos a su alrededor.

—¡Cyprus!

El joven oficial volteó en seguida para encontrarse con un compañero que venía en su dirección.

—Nos retiramos, el trabajo aquí está completo —informó el recién llegado.

—Me quedaré un poco más. Quiero revisar algo.

El otro no se notó muy agradado con la respuesta, pero se dio la vuelta sin decir nada más para reunirse con el grupo.

En cuanto todos sus compañeros se fueron, el joven llamado Cyprus se agachó y dejó su arma a un lado. A continuación, se quitó el casco, para poder ver con más claridad a la pequeña niña. Quitó todas las ramas y escombros para después tomar a la niña en sus brazos. ¿Qué iba a hacer con ella? No podía dejarla ahí sola a morir lentamente por falta de alimento o alguna enfermedad. Tampoco podía deshacerse de ella, era tan pequeña e inocente, y él no tenía la voluntad para asesinarla. Su mente dio vueltas, pensando en donde podría dejarla para que alguien cuidara de ella. Pronto llegó a la conclusión de que no conocía un lugar que fuera completamente seguro para la pequeña, así que tomo la decisión de cuidarla el mismo. Le daría una vida cómoda, olvidando lo que había pasado esa tarde. ¿Podría olvidarlo realmente? No, era imposible. ¿Se lo diría algún día a ella? Esa era una pregunta para la cual no tenía respuesta.

Cyprus trató de sacar todas sus dudas de su mente, al menos por el momento. En el momento que cargó a la niña y se incorporó, se percató de un collar que colgaba de su cuello, y el cual le pequeña agarraba entre sus manos. Este parecía estar hecho de piedra y tenía un grabado, donde podía leerse una palabra: verdad.

—Verdad —pronunció Cyprus en voz baja.

Extrañamente la niña sonrió un poco al escuchar la palabra. Hacía poco que había dejado ya de llorar, pero su expresión había sido de miedo hasta ese momento.

—Verity, ese será tu nombre.

La pequeña volvió a sonreír al escuchar de nuevo al hombre, quien, cubriéndola bien con sus mantas, la llevó con él de camino a la ciudad de Hal, donde le daría una vida como si fuera su hija de sangre.


Dieciséis años después, la niña había crecido y se había convertido en una joven hermosa y con un gran futuro en la ciudad de Hal, sin embargo, había algo en su ciudad que no era de su agrado, algo que le incomodaba, algo que muy pocos o tal vez nadie excepto ella podía notar. Eso le causaba un sentimiento de aislamiento con respecto a aquellos con los que compartía su vida diaria, incluyendo en sus estudios.

Ese día, Verity, cuyo nombre poseía el significado de “verdad”, se encontraba en el Instituto de la Justicia, el lugar donde los jóvenes hijos de miembros del gobierno o de oficiales de la ciudad asistían para aprender sobre los valores de su nación y como ellos deberían moverla en el futuro. Pero para Verity no era así, sino todo lo contrario.

—La Última Guerra, el evento que marcó el inició de una nueva civilización, nuestra Hal. ¿Alguien puede decirme que obtuvimos de esta guerra? Si, Lennox, dinos —decía la instructora.

—Igualdad —respondió un joven.

—Bien dicho. ¿Qué más?

—Compañerismo, camaradería.

—Así es, Larkin. Nuestra nación se formó a partir de la lucha de aquellos que defendieron los principios de muchas personas que no tenían voz contra la alta clase. Al fin alcanzamos la igualdad para todos, la justicia, la verdad.

—La verdad —murmuró Verity.

Las siguientes palabras de la instructora se desvanecieron como humo. Verity ya no prestaba atención, su mente estaba divagando en otros pensamientos más importantes que escuchar lo mismo de todos los días. No había una sola vez que no les enseñaran acerca de la Última Guerra y con que fundamentos se construyó la ciudad.

Cuando su tiempo en el instituto se había acabado, Verity se encontraba en uno de los jardines de las instalaciones, apoyada en un árbol seco. Escribía en una libreta sus pensamientos, para ella era el único lugar donde podía desahogar toda su incomodidad con el sistema que la rodeaba.

De nuevo la misma historia, los principios de Hal. ¿Qué no tienen otra cosa de que hablar? Sé que no debería comportarme así, pero no puedo evitarlo, solo hablan de igualdad cuando hay personas muriendo de hambre en los sectores, hablan de libertad cuando desaparecen aquellos que no están de acuerdo con el sistema, hablan de justicia cuando acusan sin pruebas, y hablan de verdad cuando lo único que sale de sus bocas son puras mentiras. Pero creo que el problema soy yo, todos los demás están de acuerdo. ¿Qué está mal conmigo? Me siento como un fenómeno, una falla en la secuencia. Cuando acabemos nuestros estudios en el instituto tendremos que pasar por cientos de interrogatorios para que nos asignen una vida. ¿Está mal que yo no quiera eso? No quiero la vida que escojan para mí, me escribir cosas, pensamientos, eso es lo que quisiera hacer con mi vida. Pero no importa, no soy yo quien lo escogerá. Tal vez me convierta en un Guardián Blanco como mi papá, así les dicen a los oficiales que mantienen los sectores bajo control. Pienso mucho en eso, recuerdo que un día vi un libro cuando fui a una librería en el Sector 5, era sobre teoría del color o algo así. El blanco se asocia con la pureza y la paz, y honestamente los Guardianes Blancos son todo menos eso. Solo espero que mi papá nunca lea esto. Hablando de él, no ha llegado por mí, eso es extraño. Podría caminar a casa sola, pero dijo que hoy vendría por mí. Supongo que esperaré un poco más.

La joven rubia cerró la libreta y recargó la cabeza en el árbol. Veía a los demás pasar platicando entre ellos, después se despedían y se subían en sus autos flotantes que al encenderse hacían un ruido parecido al canto de las ballenas; luego arrancaban dejando momentáneamente un rastro de ondas azules. Verity miró al cielo, gris como siempre, con tenues rayos de luz asomándose entre las nubes. Poco después escuchó que alguien le llamaba.

—Hey, Ver.

Era un chico de oscuros ojos rasgados fácil de identificar por su cabello siempre teñido de azul oscuro, o tal vez era natural, realmente no era algo que Verity se preguntara mucho. Él era de los pocos que le dirigía la palabra y no la consideraba una falla, a pesar de no ser amigos cercanos.

—¿No llega siempre tu papá temprano por ti? —preguntó este.

—Ya vendrá. Seguramente surgió algo importante. Ya sabes, cosas de los Guardianes Blancos —Verity respondió tratando de sonar despreocupada.

Al mismo tiempo, checó la pantalla en su reloj de muñeca, casi media hora desde que habían terminado las lecciones.

—Si quieres puedo llevarte a casa, no tengo nada que hacer.

—Hmm… le llamaré por si acaso ya está cerca.

El joven asintió con la cabeza. Ella llamó a su padre a través de la misma pantalla del reloj. Una proyección salió de la pantalla indicando que estaba llamando. Nadie contestó. Verity lo intentó de nuevo, pero fue lo mismo. Está vez, ella dejó ver que estaba preocupada.

—Quizás no tiene el reloj a la mano —supuso su compañero.

—Supongo… ¿Podrías llevarme, Raz? —preguntó ella poniéndose de pie.

—Claro, ven sube.

Raz activó su característica patineta voladora. Ella subió detrás del chico, colocando sus pies en el lugar correcto para cuando viajaban dos personas.

Pronto cruzaron la ciudad hasta llegar a un establecimiento de color gris, como el resto de los edificios en Hal, pero que era bastante más vistoso que otros. Las ventanas altas de daban cierta elegancia. Sin embargo, el auto blanco de su padre no estaba, lo cual le inquietaba más.

—Gracias, Raz. Ya puedes irte, no quiero quitarte tu tiempo —dijo ella.

—Esperaré hasta saber que todo está en orden. Te vez preocupada.

Verity le hizo una ligera sonrisa e introdujo el código en la pantalla de la puerta de su casa para entrar. Encendió la luz para ver mejor, pero se llevó una enorme sorpresa, tanto que hasta gritó. Raz entró rápidamente en la casa solo para encontrarse con el destrozo que había dentro. Una infinidad de cristales rotos se encontraban esparcidos por todo el suelo, los muebles estaban rotos, las pantallas rotas y los cajones abiertos a la fuerza.

—¿Qué pasó aquí? —Raz exclamó.

—¡Papá! —gritó Verity y corrió hacia las escaleras.

En el segundo piso todo estaba igual. Era obvio que alguien había entrado a buscar algo, no solo a causar un destrozo. Pero eso no era lo que más le preocupaba a ella, sino el hecho de no saber absolutamente nada de su papá.

—Quien quiera que sea estaba desesperado por encontrar algo —señaló ella.

—¿Y crees que lo haya encontrado? —inquirió Raz.

—No lo sé. Pero sin duda sabía como entrar. Viste la puerta, no había señales de que hubiera sido forzada. Y eso solo puede significar una cosa…

—¿Los mismos Guardianes Blancos?

—Quizá… si no es que alguien de las autoridades.

Cuando Raz estaba a punto de responder se escuchó un disparo que provenía de la entrada de la casa. Rápidamente los dos jóvenes se pusieron detrás de un sofá, desde donde podían ver las escaleras completas para identificar quien había llegado. Su duda se resolvió al ver a algunos hombres vestidos de blanco con cascos y armas largas, definitivamente eran Guardianes Blancos.

—Verity Cyprus, sabemos que se encuentra aquí. Salgan de inmediato usted y su acompañante o enfrentarán peores consecuencias —uno de ellos dijo.

Raz y Verity intercambiaron una mirada de inquietud. El joven de cabello azul le hizo la seña de que se mantuvieran en silencio. Los oficiales se adentraron más en la casa, pero afortunadamente ninguno subió o se acercó a las escaleras. Verity aprovechó para indicarle a su compañero que la siguiera. Entraron en la habitación de su padre, donde ella abrió el armario para sacar el arma de su padre. Se la dio a Raz y este se dio cuenta de que un sobre pequeño estaba en el gatillo.

—Ver, creo que esto es importante —le dijo a ella y se lo entregó.

Verity tomó el sobre y lo abrió rápido. Dentro de este había una carta y un medallón con un grabado de la palabra "verdad".

Hija, si estás leyendo esta carta significa que seguramente ya no estoy. Por años estuve esperando que esto sucediera, desearía poder haberme despedido de ti. Este medallón que dejo con la carta, lo tenías tú el día que te encontré, desde ese momento supe que tú serías la voz de la verdad y por eso te llamé así. Eres lo más hermoso que me pudo pasar en esta vida. Te amo, Verity, siempre recuérdalo y se la verdad que estás destinada a ser.

P. D. ¡Huye!

Al terminar de leer la carta, intercambió una mirada de inquietud con Raz, quien le hizo la seña de que no dijera nada, pues los oficiales estaban subiendo. Juntos se escondieron detrás de la puerta. Los Guardianes Blancos ya estaban en el segundo piso.

—Señorita Verity Cyprus, esta es su última oportunidad, entréguese ahora o enfrentará las consecuencias —dijo de nuevo el oficial de hace rato.

Raz negó con la cabeza y preparó el arma por si tenía que disparar. Ella miró el medallón y posteriormente lo guardó en su chamarra. Con señas, su compañero le dijo que tenían que salir de ahí cuanto antes, a lo que la chica estuvo de acuerdo y señaló una ventana por la que podrían salir. Poco a poco y sin hacer ruido, los dos se fueron acercando a la ventana, pero los oficiales se dieron cuenta y comenzaron a disparar contra ellos. Enojada, Verity le quitó el arma a Raz y les disparó, acabando con uno de ellos. Raz se puso frente a ella para pelear cuerpo a cuerpo, pero no fue suficiente y terminaron hiriéndole el hombro. Verity le gritó que era mejor irse antes de saltar por la ventana, seguida de él.

Estando afuera corrieron hasta que encontraron el auto blanco y rojo característico de los oficiales de la ciudad. Raz tomó el lugar del piloto, mientras Verity se quedaba en la parte de atrás con el arma cargada. Después de arrancar, los oficiales los alcanzaron con el resto de sus autos, eran al menos unos seis. Verity les disparó desde su lugar y constantemente le decía a Raz que fuera más rápido. Los oficiales también disparaban contra ellos desde sus autos, que afortunadamente estaban blindados. Luego de varios intentos, Verity logró hacer explotar uno de los autos, aunque no supo ni como, algún punto débil tenía. Raz aceleró tanto como pudo y se metió por calles más angostas y poco concurridas para intentar confundir a sus perseguidores. Para su alivió, estaba funcionado, aunque todavía los seguían, en algunos puntos se retrasaban un poco. Gracias a esto, pudieron integrarse a la avenida principal y mezclarse con el resto de los autos. Verity se pasó al asiento junto al piloto y movió algunas cosas en la pantalla para cambiar el color del vehículo a uno gris, así sería más fácil que no los identificaran. Ella soltó un suspiro de alivio.

—¿Sabes llegar al Sector 10? —le preguntó a él.

—Pero ya no hay Sector 10 —protestó Raz.

—Por eso. ¿Puedes llevarme ahí? Después regresa a casa.

—No voy a dejarte ahí sola. Me metí en esto y te voy a acompañar. Además, no es como que en mi familia me necesiten mucho, soy el menos favorito de entre los cuatro hermanos que somos. Y ya es hora de que alguien les de una advertencia a esos oficiales, ¿no crees?

—¿Quieres hacer eso? ¡Vaya!, pensé que yo era la única.

—Te he observado, Verity, eres diferente, hablas con la verdad, y no hay muchas personas que se atrevan a hacer eso aquí en Hal.

La chica no supo que más responder, así que simplemente sonrió un poco.

En su camino al Sector 10, o lo que quedaba de él, Verity no paraba de ver el medallón. Era circular y le faltaba una pequeña parte. Cuando ya estaba oscureciendo por fin llegaron a la zona llena de escombros y restos de cuerpos humanos.

—Deberíamos dejar el auto por aquí. Las autoridades pueden rastrear cualquier vehículo, no tardarán en encontrarnos —dijo Raz.

—Tienes razón —Verity estuvo de acuerdo.

Se bajaron del auto y lo dejaron en la entrada de la zona antes de seguir a pie. Mientras caminaban huesos crujían debajo de sus pisadas. La joven hizo una mueca de desagrado. Pronto la noche cayó por completo y el frío comenzó a intensificarse. Raz sugirió que descansaran. Podían formar algún tipo de refugió temporal con los escombros. Finalmente escogieron un lugar donde aún había una pared más o menos en pie con varias ramas secas encima. Entre los dos quitaron las ramas. Se sorprendieron al ver un pedazo de metal con una parte circular. Enseguida, Verity sacó el medallón, era la parte que faltaba. Ese debía ser el lugar donde su padre la había encontrado hace dieciséis años. A continuación, Raz se encargó de juntar escombros grandes para hacer otra pared mientras ella colocaba las ramas como un tejado. Posteriormente encendieron una fogata para entrar en calor. Al poco rato, Verity se quedó dormida, mientras Raz se mantenía alerta por si los oficiales decidían ir al Sector 10.

En la mañana, Verity se despertó con los rayos de sol que entraban por los huecos de las ramas. Encontró a Raz dorando un pescado en la fogata, que según dijo, lo había conseguido de un arroyó no muy lejos de la frontera con el Sector 9. Habiendo desayunado, aunque fuera solo el pescado y algunas frutas de los pocos arbustos que encontraron, se encaminaron a la frontera con el Sector 9, donde podrían conseguir provisiones para el resto del viaje hacia las afueras de Hal. Verity constantemente escribía en su cuaderno.

Han pasado días desde la última vez que estuvimos en la capital de Hal, nos hemos escondido en las ruinas del Sector 10. Me siento extraña, mi padre me hace mucha falta, lo único que tengo para recordarlo es la carta que me dejó y el medallón. Todo pasó muy rápido, en un mismo día salía del instituto con Raz y al rato ya estábamos huyendo. Por cierto, me hace sentir bien que esté aquí, sacrificó muchas cosas por seguirme. Él era prácticamente el único con el que cruzaba una que otra palabra en el instituto, pero ahora que nos conocemos mejor, realmente valoro su amistad. Me pregunto cuanto tiempo más estaremos así, vagando en un paisaje gris, creo que tendré que acostumbrarme a la idea de vivir como exiliados.

Los días pasaban, uno tras otro, igual de grises, igual de apagados, mucho más que de costumbre. No habían visto a nadie más cerca de ahí, la zona estaba completamente abandonada. Pero un día, Verity se encontraba mirando su medallón al atardecer, pensando que debía hacer a continuación. Como si quisiera responder a su pregunta, el sol lanzaba sus últimos rayos, los cuales se reflejaron en la pieza de metal, haciéndola brillar. La palabra “verdad” resaltó, más brillante que lo demás, y así, la joven supo cual era su propósito. La carta de su padre, su manera de ver el mundo, su historia, todo eran señales para encontrar su misión. Ella sería la voz de la verdad y estaba dispuesta a hacerse escuchar.

Tres años, he madurado. No soy la misma que era cuando salimos de Hal. Aún recuerdo esa tarde, cuando el sol se estaba poniendo, desapareciendo para recuperar su brillo y dar inicio a un nuevo día, el día que supe cuál era mi misión. Soy la única sobreviviente de la destrucción del Sector 10, creo que por eso persiguieron a mi padre, se enteraron de que había adoptado a una niña que debería haber matado. Pienso mucho en él y en su carta, la leo casi todos los días y me repito la misma frase una y otra vez, “eres la voz de la verdad”. Raz y yo hemos viajado de un sector a otro, buscando gente como nosotros, que no tenga miedo de alzar la voz. Somos el inicio de la rebelión, y nuestro momento está por llegar.

Verity cerró su cuaderno y lo puso dentro de una caja donde guardaba la carta de su padre, el medallón y las libretas donde escribía. Al instante alguien tocó la puerta de su habitación, era Raz.

—Hey, ¿estás ocupada? —preguntó.

—No… ¿Debería estarlo?

—Tienes que ver algo, es importante. Tal vez sea hora de salir.

Dicho esto, Verity lo siguió hasta llegar a la sala principal de su fortaleza. Al centro había una pantalla, por la que accedían a las transmisiones de Hal y su gobierno. Esta vez, el presidente estaba hablando, algo poco común, ya que siempre eran sus representantes los que daban avisos.

—Ciudadanos de Hal, hemos recibido noticias de un grupo rebelde cerca del Sector 10. Estos rebeldes ponen en peligro nuestro sistema y nuestra forma de vida. A partir de ahora, será imperativo que cualquier información que posean sea entregada a las autoridades, los Guardianes Blancos se encargaran de visitar cada una de las residencias en la ciudad. Por la seguridad y conservación de Hal, se realizarán interrogatorios a todas los habitantes sin importar edad o posición. Agradecemos profundamente su cooperación y apoyo a las autoridades.

En cuanto la transmisión terminó, todos los que se encontraban ahí empezaron a comentar entre ellos, compartiendo su incertidumbre por lo que sucedería a continuación. Después dirigieron sus miradas a Verity, quien no supo que decir en ese momento. Su compañero le puso la mano en el hombro y con la mirada le dijo que ya era hora. La rubio asintió decidida y a continuación subió por una escalera de metal a un pequeño palco. Desde ahí habló a sus seguidores.

—Se que esto puede ser confuso y preocupante para todos, pero lo que acabamos de ver es la señal de que ha llegado el momento de dar inicio a lo que hemos estado planeando todo este tiempo. Por tres años nos hemos infiltrado y espiado al gobierno de Hal, nuestro tiempo de permanecer ocultos se ha acabado, ahora debemos mostrarles de lo que somos capaces, que estamos del lado de la justicia, la verdad y la libertad.

Murmullos de aprobación brotaron de entre los congregados y algunos repetían las últimas palabras de la chica, quien continuó.

—Hace diecinueve años sucedió la masacre del Sector 10, el sector que alguna vez fue mi hogar. Antes de iniciar esta resistencia, estuve un tiempo ahí, recordando lo que alguien muy importante en mi vida me dijo una vez, “tú eres la voz de la verdad”, sin embargo, en estos años me he dado cuenta de algo. Yo no soy la voz de la verdad, todos nosotros lo somos, yo, ustedes y todos los que se unirán en el futuro. Pero ¿de qué sirve ser la voz si no se levanta entre el silencio? Yo viví en la capital de Hal, se lo que sucede ahí, están tan acostumbrados a mentir, que hasta ellos mismos se creen sus mentiras. Es hora de liberar esta ciudad, es hora de darle voz a los sectores, es hora de mostrarle la verdad a los ciudadanos de Hal.

—¡Voz de la verdad! ¡Voz de la verdad! —los rebeldes gritaron a coro.

En los próximos días, se organizaron patrullas para buscar más aliados entre los sectores, llevando el mensaje de una ciudad libre, justa y verdadera, buscando convencer a la gente de unirse a ellos. En la fortaleza subterránea, se dedicaban a entrenar más duro para no perder a nadie cuando se mostraran en la capital.

—¿Y qué es lo que haremos? —le preguntó Raz cuando observaba el entrenamiento.

—El gobierno de Hal actúa mediante transmisiones. Utilizaremos su propio método en contra suya. Además, quería pedirte que lideres nuestra entrada mientras yo hablo con la población. Debemos asegurarnos de que llegue a todos los sectores y a los ciudadanos de la capital, ellos también merecen la oportunidad de ver la verdad —ella explicó.

—Bien pensado, Ver. Por eso eres nuestra líder.

—Nada de esto habría sido posible sin ti, lo sabes. Gracias por todo, Raz.

Dicho esto, ambos intercambiaron una sonrisa y se abrazaron. Verity estaba agradecida con él por haberla acompañado desde el principio, aunque ella le había insistido en que regresara a su vida normal, él prefirió dejarlo atrás.

El Día de la Revelación, como los rebeldes le habían llamado, Verity se alistó tomando el arma blanca de su padre, en su mente le prometió que lo que estaba a punto de hacer también era en su nombre. Se colgó el medallón para que le diera fuerza a ella y sus seguidores. Los rebeldes se dividieron en escuadrones y abordaron autos hechos por ellos mismos. Los rápidos y reforzados vehículos partieron rumbo a la capital, atravesando las ruinas del Sector 10. Pronto, en la capital, los oficiales comenzaron a alertar de la llegada de los rebeldes. Esto no tardó en llegar a oídos del presidente, quien inmediatamente mandó tropas a exterminarlos. Para cuando los oficiales llegaron a la frontera entre la capital y el Sector 10, los rebeldes ya habían entrado en la ciudad, con Raz guiándolos. Verity y su escuadrón se encaminaron a una torre de transmisión, desde donde llamarían a todas las personas a levantarse, sin importar si pertenecían a los sectores y a la capital. Por su parte, el presidente al ver todo el alboroto que se estaba generando y la fuerza que traían los rebeldes, comenzó su propia transmisión. Como de costumbre, las personas habitantes de los sectores eran forzadas a salir de sus casas y mirar el discurso en las pantallas públicas.

—Ciudadanos de Hal, los rebeldes han irrumpido violentamente en nuestra ciudad —empezó a hablar —Son salvajes y problemáticos, pero no cavarán con nuestro sistema. Los Guardianes Blancos se encargarán de…

La transmisión empezó a cortarse, causando incertidumbre. El discurso del presidente ya no podía entenderse. Las pantallas de todo Hal se apagaron por unos segundos para después volver a encenderse, pero esta vez, era la joven rubia de diecinueve años quien se dirigía a la población.

—Este día me dirijo a todos los sectores y a la capital de Hal. Nosotros somos la resistencia a la tiranía y la opresión. Mi nombre es Verity Cyprus, soy la última sobreviviente del Sector 10, mi hogar que fue destruido y manchado con la sangre de inocentes. Hoy, yo y el resto de la resistencia, hemos decidido salir de las sombras para hablarles con la verdad, al contrario de lo que muchos pensarán, especialmente en la capital, no hemos venido a matar o a iniciar una guerra. Nos hacemos presentes para darles la libertad de decidir.

Las personas de los sectores intercambiaban miradas de inquietud, no sabiendo que hacer, todo era tan repentino. Los oficiales que los vigilaban tenían las armas preparadas por si debían disparar. Mientras tanto, en la capital, algunos reconocían a la chica que alguna vez había vivido ahí, asistiendo al instituto. Un oficial estaba particularmente interesado en las palabras de la rubia. Su padre adoptivo dejó a un lado su arma y se quitó el casco.

—¿Verity?

—Sé que tienen miedo de perder a sus familias y amigos, y es por eso que estamos aquí, únanse a nosotros, levantes la cabeza, abran su mente, no podemos hacer esto solos, necesitamos su apoyo. ¡Ya es tiempo de pelear por la libertad! ¡Al igual que nosotros, ustedes también pueden ser la voz de la verdad, porque esa voz no es de una sola persona, es el grito de todos!

En cuanto terminó de hablar, Verity mostró el medallón, para que todos pudieran verlo y tomarlo como un símbolo de motivación. Frente a las pantallas, algunas personas empezaban a gritar en favor de la resistencia, incentivando a más y esas otras a más, y así sucesivamente. En la torre de transmisión, un escuadrón de oficiales comenzaba a entrar y disparar. El presidente retomó su discurso cuando la resistencia terminó el suyo y lograron recuperar el control de los canales. El hombre intentaba contrarrestar el efecto que habían tenido las palabras de la joven. Con ayuda de los suyos, Verity salió de la torre de transmisión. Abajo, los rebeldes pintaban las paredes y soltaban bombas de humo, no atacaban a nadie, sus armas eran solo para defenderse de los oficiales, y mucho menos hacían daño a los civiles. Verity se unió inmediatamente a ellos, pues su mensaje ya había sido escuchado. De pronto, escuchó a un ho,bre gritar su nombre.

—¡Verity!

Ella saltó del vehículo donde se había subido, corriendo en dirección de la voz que le parecía tan familiar.

—¡Verity!

—¿Papá? —la chica exclamó al escucharla con mayor claridad.

En ese momento, lo vio, a su padre, justo frente a ella, corriendo para encontrarse con su hija después de tres años.

—¡Papá! —Verity gritó y corrió tan rápido como pudo hasta que por fin lo alcanzó.

Los abrazó con fuerza mientras lágrimas brotaban de sus hermosos ojos. Con la cabeza recargada en su pecho, podía escuchar los latidos de su corazón, comprobando que lo que veía no era una ilusión, realmente estaba sucediendo.

—Papá, pensé que estabas muerto, que jamás volvería a verte —sollozó.

—También yo. Pensé que te había perdido.

—¿Qué sucedió ese día? ¿Por qué despareciste?

—Los oficiales, mis superiores descubrieron de donde venías, querían que te entregara a ellos. Pero no dije una palabra. Después me enteré de que escapaste y te buscaron, te buscaron por todas partes, en todos los sectores. Yo también lo hice, pero estaba bajo amenaza. Perdí la esperanza, Ver, estaba vacío por dentro. Hasta hoy. Estoy tan orgulloso de ti, realmente eres la voz de la verdad, desde que te encontré esa noche con este medallón, supe que tenías una gran misión que cumplir. Me abriste los ojos, aunque fueras solo una bebé.

—Todo esto también es por ti, papá. Aún tengo la carta, la he guardado todo este tiempo. En el fondo, creo que sabía que no te había perdido para siempre.

—Y tenías razón, aquí estoy.

Fue así como la resistencia se consolidó en la ciudad de Hal. La voz de la verdad se volvió cada vez más fuerte. Grandes líderes surgieron, destinados a guiar la rebelión, y aunque solo la última líder, muchos años después, logró ver su trabajo terminado y una nación libre y verdadera, todos aquellos que lucharon fueron honrados con dignidad. Cada uno de ellos, acompañado con la fuerza de las masas, fueron alguna vez, la voz de la verdad.