"EL REGALO DE MI MADRÉ"

All Rights Reserved ©

Summary

"Lilia, una mujer de indestructible espíritu, demuestra al mundo que la fuerza, la valentía y el ingenio pueden triunfar sobre la adversidad. Después de enfrentar el maltrato y la oscuridad, Lilia renace como el ave fénix, convirtiéndose en un ejemplo inspirador de superación y desarrollo. Su calidez y amor hacia aquellos que rodean su vida son el resultado de un proceso de sanación profunda, que la ha llevado a transformar el dolor silencioso en una llama que ilumina su camino. Con una determinación inquebrantable, Lilia se propone vivir sin el lastre de un pasado sombrío, creando un presente radiante y un futuro lleno de promesas. Lilia nos muestra que es posible crecer antes de vivir, renacer antes de morir, y encontrar la luz en medio de la oscuridad. Su historia es un testimonio poderoso de la resiliencia humana y un recordatorio de que siempre hay esperanza para empezar de nuevo." Lilia: En lo más profundo de mi alma, te recuerdo. Recuerdo a aquella guerrera que luchó en incontables batallas internas y salió triunfadora, aún cuando nadie fue testigo de ello. Así que sigue luchando, porque eres una triunfadora. Este libro es para ti. "Lo que puede pasar, va a pasar". ❤️

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1 -"¿Y dónde estabas?"

¡Tienes que contarme! Ya no soporto la curiosidad —dijo Nait, con una sonrisa dulce que iluminaba su rostro.

—De acuerdo, está bien, te lo contaré. Pero es un secreto, ¿escuchaste? —le respondí, mirándola a los ojos.

—¿Cómo que estás embarazada? ¡Estúpida! —exclamó mi madre, con una expresión de decepción y enfado.

—¿Cómo se te ocurre hacerlo? Me has decepcionado, Lilia —continuó, su voz llena de rencor.

—Pero mamá, tú lo invitaste a vivir con nosotros, sabiendo bien el tipo de persona que es. Bien sabes que es un borracho y un mal educado —le repliqué, tratando de defenderme.

—Ahora, ¿es mi culpa? —preguntó mi madre, su voz llena de ironía. —Yo no tengo la culpa de que seas una golfa y una zorra

—Me espetó, su rostro enrojecido por la rabia. —Ahora asume tus consecuencias —concluyó, su voz llena de desprecio.

En ese momento, sentí que se cerraba aquel sentimiento de amor que había estado construyendo por mi madre durante tanto tiempo.

Me sentí sola y sin nadie con quien desahogarme, muriendo por dentro.

—Mamá, ¿por qué no le dijiste que te dolían sus palabras? —preguntó Nait, rompiendo el silencio.

—Nait, ella lo sabía muy bien lo que me hacía sentir y lo que causaba dentro de mí

—Le respondí, tratando de explicarle. —Ella desde que era pequeña se había ido, pero siempre seguí buscándola, aún teniéndola cerca. Sonaba con que algún día no tan lejano me brindaría su amor y no su desprecio —continué, recordando aquellos momentos. —Solo me dijo: "Lilia, mi querida hija, sé tan claramente como sé que moriré, que me habías amado más que a cualquier cosa que jamás hayas visto o imaginado en la tierra" —recordé, tratando de reproducir sus palabras. Pero ella solo me miraba como una rama seca, una hoja muerta, un ego de lo que tiempo atrás fui: flaca, pálida y ahora contaminada con el hijo de aquel hombre que robó mi inocencia. —Con el ceño serio, diciendo y repitiendo en voz baja: "¡Maldigo la hora en que te tuve y el hecho de que no hayas sido un hombre que tu padre tanto quería!" —recordé, tratando de reproducir su voz. Me fue muy difícil recordar lo que mi madre Lilia me decía. Ahora, cumpliendo con la dificultad para expresar con fuerza adecuada, esa llamarada, ese estremecimiento y el impacto causado, en el brevísimo instante durante el cual mi mirada envolvió la suya. Llena de sufrimiento y melancolía, así como representada por sus lágrimas, aquel pasado lleno de oscuridad y sombras. El vacío de su alma que reflejaba, logró succionar toda mi curiosidad y mi inquietud por conocer su historia y cada detalle de su gran lucha interior que demostraba hermosura convertida en desgracia. Después de aquella charla con mi madre, me dediqué a afrontar mi realidad y a hablar de frente con Antonio. Pero lo cierto es que él también sabía cómo hacerme daño y contaba con una habilidad especial para herirme. —El me provocaba miedo con su simple mirada, me causaba inseguridad cuando estaba junto a él —recordé, tratando de explicar mi situación. —Dejaba de soñar, de querer, de reír, de emocionarme e ilusionarme. Cada palabra era una daga apuñalando lo más profundo de mi corazón —concluí, tratando de expresar mi dolor.