Mito
En un gran continente, en un vasto reino y un imponente castillo, el rey leía historias a su pequeña princesa mientras le enseñaba a leer.
—¡Papi, papi! ¿Puedes leerme la historia de los dragones otra vez? ¡Porfis, porfis! —exclamó la niña, entusiasmada por su cuento favorito.
El rey Belial tomó a su hija en brazos y el gran libro, buscando la página que a ella le gustaba. Entonces, comenzó a leer:
—Siglos atrás, antes incluso de que los reinos fueran separados por el vasto mar, caminaban a la par de los dioses unas criaturas temidas, pero a la vez admiradas. Fueron un recuerdo pasajero de lo que el hombre nunca podría ser. Los dioses los protegían y nuestros antepasados les temían. Nadie era capaz de acercarse a aquellas bestias, que ahora solo están esculpidas en las antiguas ruinas de lo que alguna vez fueron castillos.
Dicen los antiguos escritos que sus alas eran más extensas que el mar y su fuego podía consumir pueblos enteros con una sola llamarada. Pero un día, un hombre con la suficiente valentía logró montar una de estas bestias. Al principio, no sabía cómo controlarla, pero el respeto mutuo que se tenían se convirtió en una amistad. Pronto, el jinete le enseñó a responder a una palabra que perduraría en las generaciones venideras… Fermax.
Nadie sabe su significado, pero con esa sola palabra, el jinete ordenaba a la criatura desatar su fuego. Un ser poderoso, majestuoso…
Dime, princesa, ¿cómo se llamaban estas criaturas tan poderosas?
La pequeña sonrió con entusiasmo ante la pregunta.
—¡Dragones! El gran antepasado Ferrir los llamó dragones, y todos los demás reinos estuvieron de acuerdo con sus sabias palabras.
El rey rió ligeramente, guardó el libro en uno de los estantes y acostó a la princesa, arropándola con suavidad. Ella lo miró con ojos curiosos y pensativos.
—Papi… ¿Los dragones de verdad existen?
Sus lindos ojos lo observaron con anhelo, buscando una respuesta.
El rey dudó unos segundos, pero luego suspiró, le sonrió y besó su frente.
—No, cariño… Solo son un viejo cuento de hadas, nada más que eso. No te preocupes, nunca te encontrarás con uno que te haga daño… porque no pueden salir de las páginas de un libro antiguo.








