Customize readability
Aa

Algo Yace Más Allá del Vacío

All Rights Reserved ©

Summary

Un infante desea escapar de una colonia minera ubicada en un planeta fronterizo afectado por constantes conflictos, para comenzar una nueva vida más allá del espacio de la Federación Legadora Intergaláctica. En su afán por lograr su objetivo, el chico realiza un hallazgo que pone en peligro la vida de su mejor amigo y le obliga a atestiguar a través del abismo algo que nunca debió haber visto. "Algo Yace Más Allá del Vacío" es el 1.er libro de la saga Anvertropía

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Aunque en el mundo capital ya se celebraba la llegada del nuevo milenium, el ciclo 997 de la Era de la Expansión, en el temporio imperial, apenas llegaba a su fin para los tripulantes de la nave halconte, Protheus.

Embarcados durante largo tiempo en un viaje de ambiciosos objetivos, no había certeza alguna de que, al regresar, encontrarían en pie el mismo hogar del que partieron. El presente era lo único a lo que podían aferrarse mientras se internaban en la inmensidad del vacío perenne. Y aún así, la mayoría tenía la esperanza de que todo valdría la pena al final.

El alario, Howard Ban Hets, por su parte, había aceptado el trabajo porque sabía que era su último viaje. Detrás de aquellas arrugas endurecidas, y ese desprecio por el mundo afuera de su petaca, llena de historias ahogadas en usque j’saari, Ban Hets había resuelto ya que en aquel pedazo incierto del universo, en medio de una insondable oscuridad, morir no sería un mal final después de todo.

LIVIA, despierta a los críos —dijo con voz carrasposa el alario, aclarándose la garganta.

Ban Hets se descalzó las botas y estiró los dedos de los pies sin apartar la mirada de la imagen proyectada en la radiopantalla frente a él. Su silla estaba igual de cómoda que siempre, justo en medio del puente de mando.

Iniciando reanimación de cápsulas crioestáticas… —contestó la suave voz artificial de la Inteligencia Virtual Integrada Autónoma.

Gracias a un vínculo forjado en ciclos de servicio activo, la asistente virtual, a pesar de su fría y lógica naturaleza, aceptaba que Ban Hets modificara su acrónimo a algo más parecido a un nombre avante. Además de mejorar la eficacia de la comunicación entre ambos, después de un tiempo, también comenzó a agradarle.

Proceso de reanimación completado, alario—informó LIVIA.

—¿Qué hacemos con la hojalata? —preguntó Ban Hets, observando la imagen de una habitación pequeña y oscura donde se apreciaba la figura de un robot avantoide en estado de suspensión.

No voy a introducirme en su primitiva red neural—contestó LIVIA con tono desdeñoso—. No le hará daño estar apagado un poco más de tiempo.

—Cuando encuentren a ese mecánimo, les diré que fuiste tú quien lo encerró en el compartimento de desechos —accedió Ban Hets con una carcajada.

Creo recordar que el mecánimo le sirvió de cantinero la última vez que estuvo ebrio, alario. Y todas las veces anteriores en que despertó para su chequeo de rutina. La mayor parte del tiempo terminaba usted en un estado cognitivo bastante pobre, teniendo que arrastrarse de vuelta a su cápsula crioestática. La última vez, simplemente encerró a Zeta-Uno en el compartimento de desechos porque, según usted, no era bueno para tener una charla entre colegas.

—Por favor, LIVIA, deja que los recuerdos de un ebrio desaparezcan con la resaca —dijo Ban Hets frunciendo el ceño—. Y eso fue hace varias fases estelares, soplona.

Fue hace cuatro fases estelares y cinco días, borracho.

Cuando Ban Hets se preparaba para replicar con algunas de las mejores piezas de su repertorio de palabras vulgares, un avante se aclaró la garganta detrás de él.

—Un gusto verle, magistro Xuler —dijo Ban Hets, dándose la vuelta, apretando los dientes y separando los labios. Era su mejor forma de fingir una sonrisa.

Alario, me alegra verle vivo —contestó el magistro Evander Xuler Ish'tan, jefe del equipo cienofista. Un avante alto y delgado con apenas cabello a lo lados de su cabeza y el rostro más petulante que Ban Hets haya visto jamás—. Y está sobrio, además.

—No por elección —dijo Ban Hets, observando en la consola cómo el suministro de energía de la nave se restituía, ahora que las cápsulas crioestáticas estaban apagadas.

—Pues qué suerte que se le haya limitado el acceso a las reservas de licores —replicó Xuler, arqueando las cejas—. Ninguno de nosotros hubiera querido despertar y encontrarle inconsciente en medio de la sala del reactor.

—Gracias por traernos hasta aquí, alario—interrumpió una femina con atavíos de magistra que se amarraba su largo cabello rizado con prisa.

La voz de aquella femina le producía a Ban Hets una sensación más adictiva que el jacvit analgésico, una sustancia química que solía inyectarse con frecuencia para suprimir los recurrentes dolores en su cuerpo.

Xuler carraspeó como lo hacía con regularidad.

—Bueno, basta de formalidades —espetó, con la quijada en alto—. Nosotros nos encargamos a partir de aquí, alario. Puede ir a descansar. Le llamaremos cuando terminen los preparativos de la expedición.

—Me gustaría hacerme un chequeo de rutina, magistra Sans—solicitó Ban Hets antes de que Xuler terminara su discurso.

—Como desee, Ban Hets —contestó la magistra, Jinn Sans, mientras Xuler les acusaba con la mirada.

—Por cierto, ¿alguien ha visto al mecánimo Zeta-Uno? —preguntó Xuler, cruzando los brazos.

La imagen que mostraba al robot avantoide reposando en el compartimento de desechos desapareció en un parpadeo de la radiopantalla.

Ni rastro, magistro —contestó LIVIA.


—¿Crees que sospeché algo? —preguntó el alario, acomodándose en la camilla, mientras la magistra Jinn revisaba el estado del equipamiento médico de la cubierta de enfermería.

—Xuler es muy astuto. —Los ojos profundamente negros de Jinn se paseaban entre el rostro de Ban Hets y las pantallas que mostraban informes en tiempo real de la salud de los tripulantes de la nave. Todas las gráficas indicaban un estado de salud estable, a excepción de Ban Hets, cuya señal emitía una luz roja parpadeante.

Ban Hets esbozó una sonrisa genuina debajo de su poblado bigote, perdiendo la cuenta de las pulsaciones que medía con sus dedos en el costado de su cuello.

—Se está poniendo peor —dijo Ban Hets aspirando fuerte—. Los dolores, quiero decir.

—Estando sobrio, se intensifica tu actividad neuronal —explicó Jinn.

—Lo sé —dijo Ban Hets con una sonrisa pícara—. Me lo dijiste la última vez que te desperté.

—Algo que no debiste hacer en más de una ocasión —Jinn sonrió.

Ban Hets se levantó de la camilla, tomó a la magistra Jinn por la cintura y preguntó:

—¿Sabes qué intensifica más mi actividad neuronal?

Jinn miró a Ban Hets a los ojos con una mezcla entre afecto y lástima. Últimamente no podía evitar pensar que le permitía estar cerca solo por condescendencia.

Nadie más la hacía sentir así de deseada, a pesar de ser consorte de alguien más que esperaba su regreso en el sistema capitolio. Ella llenaba un vacío en su corazón que en su hogar nunca pudo, y él experimentaba el amor en la víspera de su último aliento. Un intercambio justo para ambos, al parecer.

—¿Por qué has venido realmente? —preguntó la magistra, agachando la cabeza—. Pudiste aplicar para el tratamiento experimental del que te hablé en Arthurus. Con suerte, hubieras podido vivir unos quince o veinte ciclos más.

—O hubiera muerto de igual forma —respondió Ban Hets con obstinación.

—Las probabilidades eran muy buenas para ti, Howard.

—No me importa morir, Jinn.

—¿No te parece egoísta? Estar aquí ahora y luego dejarme sin más.

—Los dos hemos sido egoístas —respondió Ban Hets acariciando las mejillas de la avante que amaba—. Tú tienes una familia, un nombre con significado. Yo solo quiero sentirme bien antes de estirar la pata. Vine aquí porque en medio de la nada, podía tenerte solo para mí. No importa si hubiera podido vivir cincuenta ciclos más. Sé que venir aquí era importante para ti. Y quiero llevarte a salvo de vuelta a casa una última vez.

Un reflejo cristalino cubrió los ojos de Jinn y una pequeña lágrima se deslizó hacia sus labios. Justo antes de llegar a su boca, la lágrima se perdió dentro del bigote de Ban Hets y los labios de ambos se abrazaron apasionadamente.


Ban Hets logró descansar apenas un par de días antes de acudir al llamado del deber. Haber navegado por tanto tiempo en el espacio más allá del borde de la galaxia era un esfuerzo considerable, incluso con la tecnología de viajes interestelares más avanzada de la Federación, pero la parte más complicada del viaje estaba por comenzar.

—¿Qué es eso? —preguntó Ban Hets, observando el cúmulo nebular proyectado por los escáneres frontales de la nave sobre la mesa radiográfica.

—¿Cree usted en algún dios, alario? —Devolvió Xuler la pregunta, peinando el poco cabello que tenía a los lados de la cabeza, como solía hacer cuando estaba a punto de dar una explicación extensa.

—No —se limitó a contestar Ban Hets.

—Una respuesta concisa —constató Xuler, fascinado—. La mayoría se dispone a explicar el porqué de su falta de fe, mientras que otros profesan la fuente de sus creencias. Pero usted no pierde el tiempo, alario. Y es el tiempo, sobre todo, la cuestión que se presenta ante nosotros. Verá, lo que se muestra ante usted es lo más parecido a una deidad que existe en nuestro universo. En el interior de este glóbulo de Bork se gesta la creación de una pequeña galaxia.

—Entonces, ¿es eso lo que habéis venido a estudiar? —preguntó Ban Hets.

—La verdad, alario, es que no hace falta venir hasta aquí para... estudiarlo. En casa tenemos el mejor observatorio de la galaxia binaria, pero entiendo su ignorancia.

Ban Hets reprimió un gruñido de desaprobación. No le gustaba la manera en que Xuler le escupía en la cara cada vez que tenía oportunidad, regodeándose por usar palabras más complicadas que él. Si no hubiera sido porque Jinn estaba allí, pidiéndole con la mirada que lo dejara pasar, el alario le habría quebrado la dentadura al viejo avante con sus nudillos desde mucho antes de que partieran de Atlas.

—¿Qué es lo que debo hacer? —preguntó Ban Hets, a secas.

Xuler soltó una sonrisa arrogante mientras manipulaba una base de datos que mostraba datos incomprensibles para el alario. Lo único que lograba distinguir era una especie de mapa estelar que señalaba una serie de coordenadas; eso sí que le era familiar.

—Antes de dar inicio a nuestro viaje, recibimos señales extrañas provenientes del interior de este glóbulo. Al principio nos pareció una anomalía similar a las que suelen provocar amalgamamientos de materia oscura disipándose entre las nebulosas. Sin embargo, seis fases estelares después, la señal se intensificó en este punto. —Xuler realizó un acercamiento en el mapa estelar que mostraba una región que parecía haberse borrado del mapa.

—Allí no hay nada.

—Es lo que el mapa nos hace creer —dijo Xuler, con el dedo índice apuntando hacia arriba—. Pero esta mancha que usted ve es solo una región cuyo espectro electromagnético es ilegible.

—No hay luz —dijo Ban Hets frunciendo el ceño y el bigote.

—Exacto. Una fuente de energía está consumiendo cualquier rastro de luz que atraviesa la zona y expandiéndose hacia el centro del glóbulo. Las fluctuaciones nos hacen creer que, dentro de esa región, se oculta un objeto de enormes proporciones con características muy diferentes a lo que normalmente identificaríamos como un vórtice oscuro. Pero desconocemos la naturaleza de dicha anomalía. Con su ayuda, esperamos averiguar de qué se trata.

Ban Hets estuvo unos pocos segundos observando fijamente la región oscura del mapa estelar. Tenía un mal presentimiento, no solo por la incertidumbre de lo que pudieran encontrar allí, sino porque sabía que no iba a entrar solo.


—¿No deberías quedarte en la Protheus? —preguntó Ban Hets, mientras la magistra Jinn regulaba el flujo de aire del traje presurizado del alario.

—Soy la única que puede salvarte la vida si por alguna loca razón pierdes un pedazo de tu cuerpo —respondió Jinn, ayudando a Ban Hets a mejorar el ritmo de su respiración con los nuevos ajustes del traje—. ¿Mejor?

—Joder, sí —respondió Ban Hets frotándose el cuello con una mano—. Lo que más odio de estos trajes es que no puedo beber.

—Tú no debiste venir. Ahora siento que estoy aquí solo para cuidarte.

—Ya veremos quién cuida a quién, nena —dijo Ban Hets, aumentando la potencia de los propulsores de la pequeña nave vespula que se alejaba rápido de la imponente halconte Protheus.

La magistra Jinn, el mecánimo Zeta-Uno, que había sido encontrado de forma misteriosa en la cubierta de desechos, y cuatro cienofistas más, acompañaban a Ban Hets en su ruta a aquella región oscura del mapa estelar. Mientras tanto, Xuler y el resto del equipo supervisaban la expedición desde la Protheus.

Los radares de la nave detectaban poca cosa en los alrededores, además de los regulares picos de energía que se emitían desde varios puntos del glóbulo de Bork.

—¡Nos estamos acercando! —exclamó Ban Hets.

Muy bien, alario —contestó Xuler desde la Protheus, estacionada justo en el límite exterior del glóbulo—. Mantendré esta línea de comunicación abierta con usted.

A medida que la nave vespula se acercaba a su objetivo, una especie de agujero se expandía frente a ellos. Parecía la entrada hacia un abismo sin fondo. Ni siquiera una luz de alguna estrella lejana se proyectaba a través de él.

—¿Ves algo, LIVIA?

No hay lecturas claras desde esta posición, alario —dijo la inteligencia virtual, quien se había conectado al módulo operacional de la nave vespula. A través del entrelazamiento cuántico era capaz de operar en ambas naves al mismo tiempo mientras hubiera un nodo de superposición instalado en cada una.

—Entonces, hay que entrar —dijo Ban Hets impulsando la nave hacia el vacío.

La nave se sacudió violentamente mientras atravesaba el umbral de la región oscura. Jinn aprovechó para acercarse a Ban Hets en silencio y posó su mano sobre su hombro. Por unos minutos, lo único que podían ver era la luz que emitían las consolas de la cabina del piloto. Lentamente, la incertidumbre se iba acumulando como gotas de agua cayendo en un recipiente poco profundo.

Al cesar la turbulencia, la nave se había adentrado en un espacio cuyo espectro de luz era casi nulo, pero había algo diferente allí que no habían mostrado los mapas estelares. En los alrededores flotaban pequeñas formaciones cristalinas que proyectaban los destellos de luz provenientes de la nave vespula.

—Diagnóstico, LIVIA.

Todo en orden, alario—contestó la inteligencia virtual—. La presión de la cabina se está estabilizando. Las cápsulas de emergencia no han sufrido daños.

En el centro del cúmulo, los visores térmicos revelaban una gran masa flotante, un asteroide con forma poco común. Una capa de formaciones cristalinas semejantes a las de un glaciar formaba parte de la superficie exterior. A Ban Hets le pareció que lucía como la punta de una lanza mellada.

—Hay algo debajo del hielo —sugirió Jinn, distinguiendo formas y un tono más oscuro debajo del glaciar.

—Es cierto. ¿Puede ver esto, Xuler? —preguntó Ban Hets, pulsando el comunicador.

Buen trabajo, alario—la señal del comunicador era débil—.¿Puede acercarse... objeto?

Un análisis de emisión de energía me ha permitido detectar una sutil emisión proveniente del interior del objeto — añadió LIVIA.

—¿Es una nave? — preguntó Ban Hets.

No es energía de fusión ni eléctrica. No concuerda con algún tipo conocido de onda generada de manera artificial. Parece poco probable que se trate de una máquina.

—Muy bien, los sensores parecen descontrolados, pero buscaré un lugar seguro para aterrizar.

La nave de transporte parecía un insignificante insecto posándose sobre la piel gélida de una gran bestia. Luego de aterrizar, el equipo de excursión se tomó su tiempo antes de pisar la superficie del asteroide, con los trajes anclados a la nave mediante cuerdas de carbonio atadas a arneses de seguridad.

—Pisamos el asteroide, Xuler —informó Ban Hets a través del comunicador del traje—. Nuestros pies no se han derretido, lo cual es una buena noticia. ¿Ahora qué?

Excelente, alario —contestó Xuler con tono excitado—. La fuente de la anomalía parece estar en un punto específico debajo de la superficie. Zeta-Uno, despliegue el equipo de excavación en las coordenadas enviadas— ordenó, mientras los cienofistas testeaban la estabilidad del terreno para movilizarse.

El mecánimo, obedeciendo las órdenes, descargó de la nave vespula una máquina que parecía un taladro gigante, aunque en realidad era un proyector láser de alta intensidad. Mientras los demás recolectaban muestras del cristal de hielo, el láser de la máquina atravesaba el hielo revelando una capa dorada de láminas sobrepuestas que reflejaban la luz emitida por los cascos de sus trajes.

—¿Esto es oricalco? —dijo uno de los cienofistas, cuya nariz era tan alargada que rozaba la máscara protectora del traje.

—¿No llevan oricalco y otros metales los asteroides? —preguntó Ban Hets.

—Sí, alario—respondió el cienofista, acariciando la sólida superficie dorada con la punta de los dedos—. Sería algo común en un asteroide o cualquier cuerpo celeste compuesto principalmente de roca, pero esto no luce como una veta de oricalco normal. Parece que el metal ha sido manipulado, moldeado o forjado en láminas como si formaran parte de una cubierta. Jamás había visto algo así.

Zeta Uno, despliega una carga sísmica en las coordenadas indicadas —ordenó Xuler a través del comunicador.

—Magistro, no creo que sea buena idea… —balbuceó el cienofista de la nariz pronunciada.

La orden está dada.

—Por favor, Xuler —dijo Ban Hets asegurándose de que los arneses de todos los tripulantes estuvieran bien sujetos a la vespula—. ¿No te parece apresurado abrir un agujero aquí sin saber si quiera si el terreno es estable?

Están caminando sobre él, alario. Me parece que está bastante estable, así que haga su trabajo y déjeme hacer el mío.

—Mantened las distancias —sugirió Ban Hets tomando de un brazo a la magistra Jinn—. Esto me da mala espina —le susurró, mientras el grupo se alejaba del sitio donde se había colocado un artefacto con ganchos alargados como las patas de una terapula.

Al activarse la carga, los ganchos se enterraron en el hielo y el suelo tembló levemente. Una luz verde indicó que la bomba estaba activada y una luz roja parpadeante indicó la cuenta atrás. Ya se podían ver pequeñas grietas en las placas doradas y los cristales de hielo alrededor. El hielo se resquebrajaba lentamente, mientras el suelo se desplazaba en dirección a la carga sísmica, abriendo un cráter de cierta profundidad. Cuando la bomba estalló desintegrando en un parpadeo todo lo que había en un perímetro de diez metrios, lo que apareció frente a ellos les dejó sin palabras.

Una capa de carnosidad con bultos membranosos y orificios carnosos se extendía en todas direcciones en el interior del cráter. Por un momento, Ban Hets pensó que era una fosa común donde se apilaban cuerpos desmembrados y quemados con la carne viva expuesta, pero nada de lo que vio tenía forma reconocible, o la forma de algún cuerpo avante o xenófago que hubiera visto.

Una sustancia extraña brotaba tímidamente desde varios puntos del suelo carnoso. Tenía un color rojizo al brotar de este, pero cambiaba a un tono muy oscuro, como el de la sangre oxigenada, cuando se alejaba del suelo. El estado de la materia era desconcertante, pues al tacto parecía vapor, pero se desplazaba como un líquido, siguiendo un extraño cauce hacia el vacío.

—¿Pero qué clase de asteroide es este? —preguntó Ban Hets, mientras un leve zumbido le atosigaba los oídos.

—Esto no es un asteroide —contestó Jinn con los ojos bien abiertos, distinguiendo la forma de algunas membranas de tejido y también trozos de huesos—. Es un ser orgánico.

¿¡Qué están esperando!?—exclamó un Xuler, excitado—.¡Recoged las muestras!

El grupo de cienofistas tardó un par de minutos en recuperarse del asombro. El mecánimo fue el primero en descender el borde del cráter hasta pisar el suelo carnoso con su cubierta de lata. Los demás le siguieron, luego de comprobar que el robot parecía estar a salvo.

—No me gusta esto, Jinn —susurraba Ban Hets a medida que se adentraban en la herida supurante.

—Lo que sea que es esto, está muerto, Howard —contestó Jinn, intentando calmar los nervios de Ban Hets aunque no sonaba muy convencida—. Parece que desde hace mucho.

—No pareces muy segura de lo que dices —dijo Ban Hets con los ojos dilatados.

El silencio de Jinn confirmó su teoría.

—Aún no entiendo cómo es posible que el tejido interior no esté congelado, o se comprima por la presión del vacío.

Un millar de hilos de aquella sustancia aceitosa que se desprendía del suelo putrefacto pululaban en el aire como hebras de tela muy delgadas, dando la sensación de que llovía al revés; salían del suelo y se elevaban sin un rumbo aparente.

—Estas cosas se mueven solas —dijo Ban Hets observando su traje. Algunos hilos de la sustancia oscura formaban redes a su alrededor, desplazándose sutilmente como si tuvieran voluntad propia y aferrándose a cualquier cosa en movimiento que estuviera cerca.

Zeta-Uno ha detectado variaciones en la temperatura debajo de la superficie —dijo Xuler a través del comunicador—. ¿Alguna sugerencia, magistra Sans?

—Podría ser una respuesta post-mortem a los estímulos de la bomba sísmica —sugirió Jinn, haciendo gestos a Ban Hets para que mantuviera la calma.

Tiene sentido, ¿crees que podríamos transportar el espécimen completo? —preguntó Xuler excitado.

—¿Estás demente? —exclamó Ban Hets, negando con la cabeza.

—Creo que con unas muestras nos basta por ahora, Xuler —interrumpió Jinn—. Parece seguro volver en otro momento si todo sale bien.

—¡Eh, por aquí! —exclamó uno de los cienofistas, acelerando el paso hacia una extraña formación carnosa que parecía palpitar.

—¡No os alejéis del grupo! —advirtió Ban Hets.

El extraño montículo carnoso se expandía lentamente como una ampolla, y se contraía de forma irregular. Parecía acumular en su interior un depósito de aquella sustancia viscosa oscura que flotaba por todas partes.

Fascinante, tomad muestras — ordenó Xuler.

—¡Espera! — advirtió Ban Hets, acelerando el paso hacia el cienofista.

Haciendo caso omiso de la advertencia, el cienofista de la nariz pronunciada se acercó a la protuberancia y se dispuso a tomar una muestra cortando un pedazo de la membrana exterior del espécimen. Al apenas entrar en contacto con la membrana, la pústula estalló, dispersando una mancha de sustancia oscura en todas direcciones. El suelo se sacudió de forma violenta, haciendo que el cienofista perdiera el equilibrio, se enredara con la cuerda de su arnés y se estrellara contra el suelo.

—¡Quedáos todos quietos! —ordenó Ban Hets haciendo señales al resto del equipo.

El cienofista tuvo algunas dificultades para ponerse de pie. Mientras que Ban Hets tenía la impresión de que la ampolla carnosa detrás de él crecía de forma acelerada. El millar de hilos flotantes de la sustancia oscura vibraban al mismo ritmo que el palpitar de aquella formación tumoral.

—¡Vuelvan a la nave! —exclamó Ban Hets, mientras ayudaba al cienofista a estabilizar sus pasos—. ¡Todos, vuelvan a la nave!

—¡Ban Hets, no olvidéis las muestras!—se quejó Xuler a través del comunicador.

—Espera… —balbuceó el cienofista sujetando con fuerza el brazo de Ban Hets. Había una rotura en su máscara de protección.

Como si fueran partículas de metal atraídas por un imán, la sustancia oscura que se aferraba al traje presurizado se revolvió en torno al agujero expuesto, introduciéndose a su vez en los orificios del rostro del cienofista, quien empezó a torcerse de manera grotesca varias veces mientras Ban Hets se esforzaba en sujetarlo.

Los sentidos de Ban Hets se entumecieron como si alguien estampara su cabeza contra el suelo repetidas veces con el fin de dejarlo inconsciente. El visor de su traje se tiñó de negro. No era sombra, era aquella sustancia viscosa que se amarraba a ambos, empujando sus cuerpos hacia el tumor que había crecido al punto de doblar su estatura.

El cienofista, aún consciente, movía su cuerpo desesperadamente intentando mantenerse cerca de la superficie; ninguno podía escuchar sus gritos de terror a través del vacío inerte. Ban Hets tiró del arnés del cienofista, pero la cuerda de carbonio cedió con un latigazo seco, empujándole hacia atrás.

Ban Hets recuperó el equilibrio como pudo. Con la vista enturbiada por aquella manta de sustancia oscura que se revolvía frente a él, intentó buscar al cienofista para ayudarle una última vez, pero solo pudo atestiguar con horror cómo su cuerpo era devorado por aquella masa anormal de tejido palpitante que seguía creciendo y extendiéndose hacia él.

Entonces, una mano le sujetó el brazo. Por un segundo, pensó que era su turno de ser consumido, pero a través de la bruma del visor, encontró los ojos de Jinn. Un impulso en el corazón le puso de pie para escapar de la oscuridad que los acechaba.

Let Anvertropía know what you thought about this chapter!
Love this

2

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

3

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Was zur Hölle?! (Teil 1)

Marion: Ich habe die Story in einem Rutsch durchgelesen. Sie war mega spannend, lustig und bewegte mich auch sehr durch die familiären Neukonstruktionen, sag' ich Mal jetzt so. Wirklich gut geschrieben. Ich mag die Charaktere und was mir aufgefallen ist, dass ich an keiner Stelle das Empfinden hatte, dass e...

Read Now
Die Stimme des Wolfes

Karin Rogowski: in dieser Werwolfgeschichte. Die Protagonisten sind liebenswert gezeichnet worden und die Situationen strotzen vor Action, Emotionen und Erotik. Ich war zu Anfang etwas sehr ambivalent was die Bewertung angeht. Einerseits gefällt mir das Buch so wie es ist, andererseits muss noch einiges an abrupt...

Read Now
The Abandoned Alpha

ADELITA: Great book but is it ever going to finish or give us another book that follows

Read Now
The Rogue Trail

Evtida: The ending was rushed, but it was still a great story. The dominant male-dominant female dynamic seemed impossible, but they found a middle ground. I wish Paulo had suffered more. And I wish Morgan's recovery process had been explored further.

Read Now
Mein Alpha, sein Rudel und seine erwählte Luna (A Chosen Soulmate Story)

Susanne: Wow, eine soannende und gefühlvolle Geschichte. Yura's Wachsen un Auriks Liebe zu Yura zeigen den Kamof und das unendliche Vertrauen zueinander

Read Now
The Mendaxian Pact

Chastity Karma: I'm loving this story so much!

Read Now
My Horny Alien

ankeha70: Schade das es nicht weiter geht, ich hätte gerne gewusst was mit dem Baby ist

Read Now
The Forgotten King

YukkeTee: This opening is a breath of crisp, unforgiving cold that immediately sinks its claws into you. The polar bear shifter world feels lived-in and tense, with a quiet sense of danger simmering just below the surface.Sky’s voice feels raw and grounded, balancing everyday clan life with the growing threat...

Read Now
Another Half

Mother Superior: Please do yourself a favour and read this book! The writing is incredible, the plot well thought out. A book I could not put down.

Read Now