exitus letalis

Silenciosa, paciente, en la sombra escondida,
con manos de frío y un beso que espera,
la muerte se cierne en la trama tejida
del tiempo que huye y la carne que muera.
No hay grito que esquive su paso certero,
ni pacto que frene su abrazo final,
es juez y testigo en el viaje postrero,
umbría frontera de todo mortal.
Más no es enemiga, ni reina tirana,
es río que fluye al mar infinito,
es llama que apaga su luz temprana
y deja en la niebla el último grito.
¿Qué miedo encadena su nombre sombrío?
Si vive en el pulso de cada latido,
y alarga sus manos sobre el desvarío
del hombre que sueña jamás haber ido.
La muerte no duele, lo agrio es la ausencia,
de aquellos que amamos y parten sin huella,
es eco y misterio, es sombra y esencia,
la noche que calla y al alma revela.