Capítulo 1 Mía.
Mi vida siempre fue tranquila, crecí junto a una familia unida donde había mucho amor y comprensión. Siempre me apoyaron en todas mis decisiones, incluso me apoyaron en mis locuras, que por cierto, tan locas no eran. Mi madre era una mujer risueña, amorosa, siempre dispuesta a ayudar a quien sea, siempre daba lo mejor de sí misma, sin importar que pudieran compensarla o no. Eso me llenaba de orgullo, nada en el mundo hubiese podido hacer algo al respecto para que yo no me sintiera así sobre ella. Luego estaba mi padre, un hombre intachable, pulcro, ordenado y también muy cariñoso, me trataba como una princesa, pero no de esas princesas que esperan a ser rescatadas por el noble caballero, sino de esas princesas que eran capaces de salvarse sola. Me enseñó a nunca esperar nada de nadie, y hasta me enseñó a reparar cosas de una casa, “aprende princesa, todo lo que puedas, porque un día serás una adulta y así no tendrás que depender de nadie”. Y vaya que aprendí. Mi padre también me llevó a clases de defensa personal durante años, aprender a defenderme ha mantenido la seguridad en mí misma, en creer que soy capaz de cosas grandes. Mi padre y mi madre también me enseñaron y prepararon para la vida de adulta, me dieron toda la independencia posible, dejaron que cometiera errores y luego me ayudaron a ponerme de pie y aprender de eso. “El objetivo, es que seas un persona autosuficiente” me decían, y lo lograron.
Este año entro a la universidad Sant Laurens, medicina fue mi decisión, pero no voy sola, mi mejor amiga y hermana del alma va conmigo. Lucía y yo nos conocemos desde siempre, es mi vecina de la casa de al lado, celebramos nuestros cumpleaños juntas porque nacimos el mismo día, fuimos a la escuela juntas, a veces dormíamos juntas, siempre hacíamos todo juntas. De pequeñas, nuestro juego favorito era las señoritas médicos y el paciente, el paciente siempre era mi papá, de ahí nuestro sueño de estudiar medicina. Cuando cumplimos 18 años, decretamos que seríamos médicos y de las mejores, y sé que eso será una realidad.
Lo único malo de todo esto es que nuestra nueva casa de estudio no está cerca de donde vivimos, está bastante alejado como a un par de horas de nuestros hogares, lo que significa que debemos mudarnos a un lugar más cerca de la universidad Sant Laurens, pero sólo seremos Lucía y yo. Nuestros padres consiguieron un departamento para que pudiéramos vivir durante nuestros años de estudio, y queda bastante cerca, así que solo debemos caminar unos minutos y llegamos. Estamos nerviosas y ansiosas porque en pocas palabras, esta será la primera vez que viviremos sin el resguardo de nuestros padres, y por otro lado, nuestros padres han depositado toda la confianza en nosotras, saben que somos muy capaces de cuidarnos solas en todo el sentido de la palabra.
- Date prisa Mía, que aún debemos llegar a ordenar nuestras cosas al departamento y solo Dios sabe cuánto tardaremos. – me dice Lucía cuando voy a buscar la última caja con mis pertenencias para ponerlas en el auto.
- ¡Tranquila mujer! Todo el mundo sabe que la demorosa eres tú. – le respondo sacándole la lengua.
Me despido de mis padres con el abrazo de oso que siempre me reconforta, no los quiero soltar, pero Lucía tiene razón, aún queda mucho por hacer una vez que lleguemos al departamento, y además debemos prepararnos para mañana, nuestro primer día de clases.
- Los voy a extrañar mucho. – Digo con lágrimas en mis ojos.
- Nosotros también te extrañaremos mi princesa Mía. – Dice mi padre mientras me seca una lágrima que se escapó sin que lo notara.
- Estamos muy orgullosos de ti, hoy y siempre mi pequeña, estamos muy seguros de que todo irá bien para ti. Recuerda que estamos a una llamada siempre que nos necesites. – Dice mi madre, con su rostro sereno, transmitiéndome toda la seguridad y tranquilidad que necesito.
- Los amo y los llamaré apenas llegue. – Los abrazo por última vez y me voy al auto.
Mi copiloto Lucía me espera con sus lentes de sol puestos, como la conozco tanto como a mí, sé que tiene los ojos llorosos por la despedida. Prendo la radio del auto y nos ponemos rumbo a nuestro nuevo hogar.








