Capítulo Uno: El Omega
Johan
El reloj marcaba las ocho en punto cuando Johan entró en la Torre Prism, uno de los edificios más altos en el centro de la ciudad. Con un vaso de café negro en una mano y su portafolio en la otra, avanzó con paso firme por el lobby iluminado por la elegante cristalería del lugar.
No era el único en llegar temprano, pero sí el único cuya presencia parecía atraer miradas. La gente lo observaba, aunque no se atrevieran a dirigirle la palabra. No por su lugar en el organigrama —nadie sabía que era el heredero de la empresa—, sino por la manera en que exudaba confianza por todo el lugar: alto, de porte impecable, con una expresión imperturbable que hacía pensar que no se molestaba en notar a los demás.
Atravesó los torniquetes pasando su ID por el sensor de seguridad y tomó el ascensor hasta el piso donde trabajaba. Hill ya estaba en su escritorio, como de costumbre. Su compañero Alfa le lanzó una mirada de complicidad mientras bebía un sorbo de su propio café.
—Siempre tan puntual.
Johan dejó sus cosas sobre la mesa y se sentó con un suspiro leve.
—Bueno, alguien tiene que dar el ejemplo —murmuró—. Aunque tú eres mejor en eso que yo.
Hill ha sido condecorado un sinfín de veces como el empleado del año, ha cerrado más contratos que cualquiera de los que están ahí.
Su padre le dijo que necesitaba aprender un poco más sobre modales. Por eso Hill le pareció una buena elección.Bah.
Hill sonrió como el santurrón que aparentaba ser.
El aire acondicionado inundaba el lugar con una melodía constante, un ruido blanco contra el tecleo rítmico y las conversaciones ahogadas del piso treinta. Siete meses. Llevaba siete meses fingiendo ser sólo un Alfa más en el departamento de marketing, y no Johan, el único heredero del imperio que su padre construyó.
La fachada era agotadora, pero necesaria.
«Humildad», había dicho su padre. «Aprende desde abajo, entiende a la gente que hará funcionar tu legado». Y aquí estaba, asintiendo a las directrices de jefes intermedios y compartiendo un espacio de trabajo codo a codo con Hill.
—¿Viste el memo sobre la cuenta deChao Phraya Glow? —preguntó Hill, inclinándose sobre el divisor bajo de sus cubículos. Su aroma a madera y sándalo era familiar, muy por debajo del parche de olor que todos llevaban de forma obligatoria—. Parece que quieren una campaña agresiva para la temporada de verano.
Johan asintió, escaneando el correo en su pantalla.
—Lo vi ayer en la noche. Parece arriesgado.
—Siempre lo es —rió Hill, encogiéndose de hombros—. Todo sea por los bonos, ¿no?
Johan sonrió levemente.
Sí, bueno,no es como si su padre le hubiera cortado las tarjetas por algún berrinche de niño rico. Pero toda esa charla sobre la humildad incluía vivir con un sueldo digno del oficinista promedio de Bangkok, así que sí, sus ingresos no se comparaban ni de cerca a lo que estaba acostumbrado.
A veces creía que haberse quedado en Boston hubiera sido una mejor opción, de todas formas no iba a mentirse a sí mismo, era algo divertido andar libremente por los pasillos de Prism sin que nadie supiera que era el futuro dueño del lugar.
Y Hill era un buen tipo, un Alfa trabajador y sin pretensiones. Se habían hecho amigos rápidamente, unidos por la rutina compartida y, quizás, por una mutua falta de interés en la política de oficina más allá de lo necesario. Nadie sospechaba nada.
Cuando estaba aburrido le gustaba crear escenarios imaginarios en donde le contaba a Hill quién era en realidad.
¿Cómo reaccionaría? ¿Se enojaría con él por mentirle en la cara? ¿Se reiría al pensar que era una broma? ¿Se dibujaría una mueca de terror?
Cualquiera que fuera la respuesta, no le gustaría perder su amistad.
Fue el único que no huyó despavorido con la mirada la primera vez que los presentaron, los demás Alfas se sintieron intimidados con su presencia porque apareció de la nada, culpa de su padre, por supuesto. Y los Omegas, sólo se limitaron a mirar en escondidas. Eran mucho más profesionales que sus compañeros Alfa, aunque nada discretos.
—Escuché que Kohsanaa Group terminó contrato con una de sus cuentas más grandes —Hill mencionó con una voz sospechosa a su lado.
Johan presionó Enter al correo que escribía.
—No me sorprende —murmuró—, después del fiasco con esa comida precalentada... yo también me iría.
Listo, enviado.
La silla rechinó con descaro cuando se volteó hacia su compañero con los brazos cruzados, sabía bien por qué sacó el tema.
—Estás pensando en ir a pescar —Johan no lo dijo como pregunta, era una afirmación.
Hill estuvo a punto de responder, pero las palabras ni siquiera rozaron la punta de su lengua. La mirada del Alfa quedó hipnotizada por algo que se avecinaba desde lejos, Johan miró hacia esa dirección y resopló cuando se dio cuenta de quién era.
Fue entonces cuando Ter, uno de los supervisores Omega del equipo —cuyo aroma a canela y vainilla siempre parecía flotar discretamente a su alrededor—, se acercó a la zona común. A su lado, una figura nueva. Un Omega.
—Equipo, quiero presentarles a North —dijo Ter con su habitual tono alegre pero profesional—. Se unió a nosotros como asistente de marketing junior la semana pasada. Por favor, háganlo sentir bienvenido.
—Hola, North —Hill fue el primero en presentarse, siempre con esa sonrisa de que no mataría a ninguna mosca—. Es un gusto tenerte aquí, vas a amar este trabajo, lo juro.
Johan levantó los ojos, su mirada encontrándose brevemente con la del recién llegado. North era... agradable a la vista. Cabello oscuro y ligeramente despeinado, ojos grandes y expresivos que recorrían el entorno con una mezcla de curiosidad y... ¿aprensión? Era delgado, vestido con una pulcritud casi nerviosa.
Pero fue otra cosa lo que captó la atención de Johan, algo que atravesó la barrera química de los supresores y parches de olor que todos usaban como política de la empresa para mantener un ambiente neutro. Un susurro casi imperceptible, dulce y calmante:lavanda y miel.
El aroma era tenue, probablemente sólo perceptible para un Alfa con sentidos agudos o quizás por la proximidad inicial, pero era inconfundiblemente atractivo. Sin embargo, más allá del aroma, Johan notó la tensión en los hombros de North, la forma en que evitaba el contacto visual directo, especialmente con los Alfas del grupo,especialmente con él.
Cuando la mirada de North pasó una vez sobre los ojos de Johan, hubo un respingo casi invisible, un endurecimiento de su postura antes de desviarla rápidamente y borrar cualquier rastro de sonrisa que hubiera tenido cuando se dirigió a Hill en un principio.
Johan inclinó la cabeza, interesado.
—Bienvenido —el mencionado pareció inquieto cuando se dirigió a él—. Soy Johan. Hill y yo nos encargamos de las cuentas.
El rostro del hombre se iluminó en una sonrisa practicada y asintió.
—Mucho gusto, es un placer conocerlos a ambos.
—¿Te estás adaptando bien? Espero que Ter no esté siendo tan duro contigo —el otro Alfa bebió un sorbo de su café.
Johan evitó hacer una mueca de asco, era un secreto a voces sobre la relación a escondidas que tenía Hill con Ter, o más bien, un secreto a voces entre Johan y... Johan, porque los demás eran completamente ignorantes ante la forma asquerosa y cursi con la que Hill coqueteaba con el Omega.
North asiente entusiasmado—. Sí, yo... —miró a Johan y todo ese regocijo con el que empezó a hablar desapareció, pero intentó con todas sus fuerzas recuperar su estado anterior—. Todos aquí han sido muy amables conmigo, es un gran cambio desde mi último trabajo.
La inquietud recorrió el cuerpo de Johan como un veneno letal. No había imaginado eso, cómo el rostro de ese Omega se deformaba al mirarlo, ¿cierto? Pero ahí estaba de nuevo esa mirada, recelosa e incómoda.
¿Hizo algo para ser merecedor de esa mirada? Era la viva descripción de si las miradas mataran...
Mientras una conversación trivial sobre el trabajo en Prism iniciaba entre Ter, Hill y North, Johan pasó sus dedos con disimulo por el pequeño parche que se colocaba por debajo del cuello de su camisa cada mañana, sólo para descubrir que seguía ahí; no había bañado la habitación con su aroma, el bloqueador de olor funcionaba a la perfección.
—Bueno, nosotros tenemos que regresar —la suave voz Ter lo sacó de sus pensamientos—. Hay mucho trabajo que hacer.
Hill no perdió la oportunidad de hacer uno de sus movimientos—. No te preocupes, todo saldrá bien.
Ellos se quedaron embelesados uno con el otro por como tres segundos antes de que Ter suspirara y se alejara con North detrás de él.
Johan estaba paralizado, y no por el espectáculo de horror que acababa de presenciar con los tortolitos, sino por la extraña interacción. No es que tuviera que caerle bien a todo el mundo, estaba muy consciente sobre sí mismo como para entender que eso era imposible. No era un enviado del cielo, ni la paloma más santa allá afuera. Ese papel ya le pertenecía a Hill.
Sin embargo, se sintió inusual, de la forma más incómoda posible.
—Parece un poco asustado, ¿no? —murmuró Hill, siguiendo la mirada de Johan.
Ese tono de voz cauteloso lo conocía bien.
—Es nuevo —respondió Johan, manteniendo su voz neutral, era lo más lógico pensar—. Bangkok puede ser intimidante. Esta oficina también.
Pero internamente, algo se agitó. Por supuesto que no era lo más lógico. Ese Omega respondió la amabilidad del otro Alfa sin problema, pero cuando se trató de Johan, todo se puso mal.
—Sí, puede ser eso...
Johan arrugó la frente consternado y miró a Hill con sospecha, el cual se tensó mientras tragaba duro, intentando regresar a lo que sea que estaba haciendo en su computadora.
—¿Qué? ¿Por qué me miras así?
—Yo sé que sabes algo.
—No sé absolutamente nada.
—Puedes decirme qué pasa con ese Omega, o puedes hablarme de ti y... Dios, ¿por qué Ter está... contigo?
El color se fue del rostro de su compañero en cuanto dijo el nombre de su amado, estaba incrédulo.
—No es en serio.
—Hill, estoy hablando muy en serio.
—Eres muy observador para llevar siete meses aquí.
—Por favor, eres estúpidamente obvio, y deja de querer cambiar el tema.
Hill dejó caer los hombros, como si acabara de recibir la peor noticia de su vida. Era ridículo, no era como si el jefe lo hubiera encontrado en medio de un amorío en la oficina.
Aunque era irónico, porque en el futuro, Johan tendría ese puesto y entonces sí que habrá encontrado a Hill enmedio de un amorío en la oficina.
—No lo sé, quizá lo asustaste tan pronto te miró —su tono desesperado era más que evidente, y lo decía sólo para salir del paso.
Johan rodó los ojos soltando un leve suspiro, fingiendo que eso no le había importado. Pero su mandíbula se tensó. No era un sentimiento al que estuviera acostumbrado. No le interesaba la opinión de la gente sobre él, nunca fue algo que le carcomiera la piel con interés. Sin embargo, por alguna razón, la idea de que North pudiera detestarlo le provocaba una extraña incomodidad.
—¿Desde cuándo me ves asustando a alguien? —murmuró Johan, recargándose en su silla.
—Desde que tienes esa cara de pocos amigos —Hill le lanzó una sonrisa burlona antes de inclinarse un poco hacia él—. Y ya déjame en paz, si quieres saber realmente qué le pasa, ve con él y pregúntale directamente.
Y así volvió a concentrarse en su trabajo.
Bah.
Johan exhaló rendido, masajeó su cuello y llevó sus ojos cansados a la pantalla de la computadora.
—Agradece que todavía no soy tu jefe —refunfuñó.
—¿Disculpa? ¿Qué dijiste? —el otro Alfa levantó la voz.
—Nada.
—Eso creí.
Bastardo santurrón.
Johan intentó concentrarse en los correos sin éxito. Por alguna razón, su mente volvía constantemente a la imagen de North, a ese ligero gesto de incomodidad en su rostro cuando lo miró. No era la primera vez que alguien lo veía con recelo,claro. Había aprendido a ignorarlo desde la adolescencia, cuando el peso de su origen familiar y la imagen que proyectaba comenzaban a moldear las opiniones ajenas sobre él antes siquiera de que abriera la boca.
Pero esto era diferente. North no sabía quién era él realmente. No tenía razones para juzgarlo bajo la sombra familiar, ni para temerle sin motivo aparente. Y, sin embargo, lo hizo.
Johan frunció el ceño y tamborileó los dedos sobre el escritorio.Mierda, quizás Hill tenía razón. Quizás simplemente lo había intimidado sin darse cuenta. No era una respuesta que le agradara, pero tenía sentido.
Su mirada se deslizó hacia la esquina donde North y Ter trabajaban. El Omega estaba sumergido en su computadora, con los ojos ligeramente entrecerrados en concentración, y a su lado, Ter le señalaba algo en la pantalla mientras hablaba con entusiasmo. North asintió, relajado, hasta que, por accidente, su mirada se cruzó con la de Johan.
Por un instante, fue como si el aire se espesara. Johan no apartó la vista, esperando ver si North lo haría primero.Y ahí estaba. Lo hizo casi de inmediato. Como si el contacto visual lo quemara.
Johan sintió un retorcido nudo en su estómago.
Bueno. Esto era oficialmente molesto.
—Voy por café —murmuró, levantándose de su asiento. Hill le dirigió una mirada fugaz pero no comentó nada.
Se encaminó hacia la pequeña estación de café de la oficina, estratégicamente situada cerca de donde trabajaba el nuevo asistente. Fingió estar distraído revisando su teléfono mientras servía su café, esperando el momento oportuno.
Llegando justo cuando Ter recibió una llamada y se alejó del escritorio, dejando a North solo por primera vez desde que lo presentaron.
Johan no dudó. Con su taza en mano, se acercó con pasos calculados y se detuvo a su lado.