Prólogo: la noche que se llevo la magia
“Nadie sabe exactamente cómo y por qué desapareció la magia del mundo, pero puedo asegurar que nadie olvidará la noche en que todo inició, pues la nueva era llegó con sangre y lágrimas”.
Notas del cazador I
La hermana Lily se sentó en la cama antes de terminar de abrir los ojos. Se los talló y parpadeó para acostumbrarse a la penumbra de su habitación. A través de su ventana entraba la tenue luz de la luna que le permitía ver con cierta claridad. El ruido que la despertó se repitió en el exterior. Tomó un candil y encendió la vela a medio terminar. Se dispuso a ir al cuarto que compartían los niños, el ruido podría significar que estaban desvelándose innecesariamente o cotilleando en horas no permitidas. Inconscientemente recordó a Asta, si bien en su momento fue un niño enérgico y sumamente escandaloso, cuando su espalda tocaba el colchón caía rendido y no se oía nada más de él hasta el amanecer.
“¿Cómo se encontrarán Asta y Yuno? Ahora que la guerra contra la Pica a terminado, deberían darnos una visita y contarnos sus hazañas. Los niños se emocionan mucho cuando…”.
Dejo de caminar al ver la puerta de los niños abierta. Normalmente supondría que se trataba de una travesura en donde los niños se escabullían a la cocina a por galletas. Pero el ruido amortiguado que provenía del interior le generaba una sensación desagradable.
Crack, Crack…
Se encomendó a Dios antes de asomarse.
—Niñ…
Dejo de hablar al instante. Los niños estaban sentados cada uno en su cama, con las sábanas cubriéndoles las piernas.
Crack…crack…
Sus rostros estaban direccionados hacia un mismo punto y sus expresiones denotaban un fuerte shock. No querían estar allí, pero su instinto de supervivencia les decía que no se movieran; querían gritar o dejar de ver lo que estaba aconteciendo en la cama de Nash, pero sus mentes apenas podían asimilar lo que estaban presenciando. Si para la mujer que acababa de entrar le costaba creerles a sus propios ojos, para los niños debía ser como una pesadilla hecha realidad. El candil tembló en su mano al notar la cama ensangrentada sobre la cual se llevaba a cabo el macabro espectáculo.
Vio que una de las niñas temblaba. La hermana Lily hizo acopio de valor y caminó lenta y silenciosamente hacia la niña más cercana, Aruru, quien ni siquiera volteó a verla cuando estuvo a su lado. Le puso una mano en el hombro y sintió el sobresalto de la menor a quien llegó a cubrirle la boca antes de que emitiera grito alguno. Se llevó un dedo a los labios indicándole que no hiciera ruido. Los ojos de la niña se pusieron vidriosos.
—Nash…
—Shh… —la hermana Lily también estaba afectada pero no podía dejarse llevar por su sentir en aquel momento, por lo que le susurró—. No hagas ruido, ve hacía la puerta.
La niña asintió y obedeció a pesar de que no dejaba de temblar. Mientras tanto, la hermana Lily se acercó a Recca para indicarle lo mismo. Tuvo suerte de que la joven estuviera tan pasmada que no grito cuando le tocó el hombro para llamar su atención. La pelirroja tomó su grimorio, recientemente adquirido, de la mesa de noche y se encaminó a la puerta como un alma en pena mientras el incesante sonido de los huesos quebrándose sonaba a sus espaldas.
La hermana Lily debía avanzar con mucho cuidado, pues la cama de Hollo estaba justo frente a la de Nash, y sobre la cama de este estaba aquella extraña criatura encorvada y devorando lo que hace solo unas horas era un joven lleno de esperanza y alegría. Respiro hondo y despacio, no podía darse el lujo de pensar en lo que se había perdido, su mente debía centrarse en salvar a quienes aún tenía y valoraba por encima de todo. Cuando estuvo cerca del niño este volteó lentamente hacia ella y con un dedo tembloroso señaló hacia la cama de Nash. La hermana Lily le transmitió todo su dolor contenido con una sola mirada. Una lágrima traicionera recorrió su mejilla derecha. Le hizo una seña a Hollo para que abandonara la cama y se acercara a ella. El chico asintió conteniendo su llanto y se deslizo de la cama sin hacer ruido alguno. Con pasos controlados se fue acercando a la hermana quien le indicó con una mano que fuera con las demás que esperaban en el umbral de la puerta.
Crack…crack…
La hermana Lily echó un último vistazo al joven que no pudo salvar. La mandíbula de la criatura emitió un ruido desagradable cuando se descolocó, la boca ensangrentada se abrió desmedidamente y apresó el cuello infantil. Sacudiéndolo con violencia de un lado a otro, el sonido de la carne rasgándose y los huesos quebrandose hicieron que la hermana apartara la mirada e indicara a los demás hacer lo mismo.
¡Crackkkk…!
De un tirón, la criatura separó la cabeza de su víctima. Esta cayó en medio de la habitación y rodo unos centímetros hasta quedar con el pálido rostro y los ojos abiertos y apagados en dirección a su familia adoptiva. La hermana Lily no pudo ignorar aquellos ojos sin brillo que demostraban el horror que vivió Nash antes de dejar de respirar.
—¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!!!
El grito de Aruru sobresalto a La hermana Lily quien inmediatamente se puso delante de los jóvenes mientras luchaba contra las náuseas que sentía. Recca tapó la boca de la menor y Hollo se posicionó delante de ambas niñas. El cuerpo carcomido y sin cabeza de Nash cayó sobre el colchón ensangrentado. La criatura comenzó a erguirse demostrando que era más alto de lo que se veía a simple vista. Giro la cabeza lentamente fijándose en la mujer con camisón que parecía dispuesta a hacerle frente a pesar de sus propios miedos.

Las cuencas de la criatura presentaban dos ojos rojizos sin parpados. La criatura giró orientándose hacia sus siguientes objetivos. La fétida boca cubierta de sangre se abrió exhalando y emitiendo un hedor que, a pesar de los metros de distancia, atacó las fosas nasales de la hermana Lily quien por reflejó se cubrió la nariz. El repugnante ser avanzó unos pasos dejándose tocar por la luz que se filtraba por la ventana, un destello de luz centró la vista de la peliazul en un crucifijo colgando del huesudo cuello. Era idéntico al suyo. Observó bien a la criatura.
—¿Padre Orsi?
La monstruosidad emitió un chillido. Se abalanzó contra la hermana Lily quien invocó su magia de agua y…
Nada…
¡Nada!
Los niños gritaron cuando la hermana Lily fue derribada con la criatura encima de ella. La boca pútrida se abrió y un salpicón de espesa sangre cayó sobre el rostro de la peliazul… era la sangre de Nash. La mujer vio como la mandíbula de su agresor se descolocaba para abrir la boca de una manera sobrenatural, pues la quijada parecía llegar al pecho.
“¡Dios mío!”.
La cabeza de la criatura se dobló a un lado cuando Recca lo golpeó con su grimorio. La hermana Lily reaccionó al instante echando mano del propio e introduciéndolo en la boca fétida la cual apresó el libro de inmediato. Fue sorprendente ver la fuerza de mordida cuando los dientes ensangrentados perforaron el grueso libro sin brillo.
—¡Corran! —gritó la hermana mientras empujaba a un lado al ser que una vez fue el padre Orsi—. ¡Salgan y cierren la puerta! ¡Busquen ayuda!
—¡Venga con nosotros! —soltó Aruru mientras Hollo tiraba de ella—. ¡Hermana!
—¡¡¡AAAWWWWGGG!!!
Evadió el agarre por milímetros. Pero las crecidas y filudas uñas abrieron surcos cerca de su hombro derecho. Le dolió… como nunca. Si bien había recibido golpes accidentales a lo largo de su vida, en especial cuando lucho contra ese caballero poseído por un elfo hace ya mucho, nunca había sentido un dolor tan punzante. Era como si ahora fuera más sensible al daño y el dolor.
“No te detengas ahora —se dijo—. Los niños deben ponerse a salvo”.
El candil con la vela que había soltado cuando fue derribada había iniciado una llama que consumía una de las camas. El fuego comenzó a expandirse y a la criatura no parecía importarle, sus globos oculares seguían fijos en la hermana Lily quien salió de la habitación y cerró la puerta con fuerza.
“Dios, por favor, que no salga… —suplicó mientras la pena se asomaba en su corazón—. Que se queme allí dentro”.
La hermana Lily intentó invocar su poder mágico… sin éxito alguno. No se sentía diferente y aun así no podía evocar su poder.
¡CRACK!
El sonido de la madera quebrándose le hizo reaccionar. La criatura había embestido la puerta desde el interior y esta se había quebrado casi por completo. La peliazul no se quedo a ver si la rompería con un segundo intento, sino que comenzó una carrera para abandonar la iglesia. Su camisón de dormir no le ayudaba, pero detenerse y romper la parte inferior solo le haría perder tiempo. Alcanzó la primera planta y vio la puerta principal de la iglesia abierta, en el exterior los niños de pie observando en dirección al pueblo.
“¿Por qué no fueron a pedir ayuda?”
Un rugido espantoso proveniente de la segunda planta le recordó que no debía aflojar el paso. La luz lunar la recibió en el exterior y antes de detenerse a respirar cerró la puerta doble de madera esperando que la criatura que devoró a Nash no llegara a derribarla.
Se llevó una mano al hombro. Sintió la calidez de su propia sangre deslizándose a través de sus dedos. De pronto fue consciente del dolor de los cortes y el como se sentía más débil pues había dejado un lindo rastro de sangre mientras huía. A todo eso debía agregarle el dolor interno que luchaba por aflorar a causa de la perdida de Nash. Uno de sus protegidos devorado por el hombre que la había apoyado durante años… y de hecho hasta hace solo unas horas.
—Hermana… —la voz llorosa de Aruru—. ¿Q-qué… está pasando?
La hermana Lily se percató que ninguno de los niños la estaba viendo. Al seguir la dirección de su mirada quedo pasmada.

Algunas casas estaban en llamas. Los gritos amortiguados que se oían provenían no solo del pueblo sino también de los campos de siembra. Aun a la distancia se apreciaban siluetas oscuras que brincaban de un tejado a otro o se deslizaban entre las calles. La hermana Lily no quería imaginar el tamaño de lo que sean que fueran esas sombras, si se podían ver desde donde estaban, mejor evitar verlos de cerca.
—Vamos, niños —la peliazul abrazó a los niños cuyo llanto comenzaba—. Hay que escondernos… vamos…
—E-estas sangrando… hermana…
—No es nada, Hollo —apremió a los niños a moverse—. Estaré bien. Solo necesito lavarme y vendarme… vamos…
“¿Por qué no dejo de sangrar? —comenzó a sentir el brazo dormido—. De hecho, debería sangrar con más lentitud… comienzo a sentirme débil”.
Mientras se alejaban en dirección al bosque, las llamas surgieron al exterior y envolvieron la iglesia que había sido su hogar. Lily hizo un esfuerzo para que los niños siguieran andando sin voltear atrás. Ver su hogar incendiándose sería demasiado para ellos. Pronto llorarían a Nash y al padre Orsi… pero la prioridad en ese momento era ponerse a salvo… aunque le pesarán los parpados y se sintiera más y más débil.
Cuando el bosque los acogió, la puerta de la iglesia se abrió de par en par dejando en libertad a la criatura que había estado contenida en su interior. Buscó con la mirada y al no hallar nada a su alrededor, emitió un alarido en dirección al cielo nocturno.

“Las criaturas que surgieron parecen estar diseñadas para cazar humanos, cada uno lo hace de manera distinta, por lo que es más efectivo llamarlos por su cualidad de caza “Triturahuesos”, “Desollador”, “Chillón”, hay muchas criaturas y más nombres como esos de los que nos gustaría oír”.
Notas del cazador II
El pasillo parecía no tener fin. Loropechika corría tras su esposo Gadjah quien tiraba de ella para que no se quedara atrás. Hace solo una hora habían estado durmiendo plácidamente en su cama matrimonial cuando los gritos del exterior resonaron en su habitación. Lo primero que intentó la reina del corazón fue ver que estaba sucediendo mediante pantallas mágicas, pero estas no funcionaban y su esposo le advirtió que no sentía magia en el ambiente. Undine tampoco estaba ni respondía llamado alguno. Loropechika se preocupó en demasía al intentar usar magia sin conseguir nada. Los grimorios de la pareja yacían sin brillo y daban la sensación de ser simples libros. Aun así, los llevaron por hábito.
El barullo de sonidos externos se acrecentó cuando terminaron de vestirse. Gadjah no lo demostraba, pero interiormente estaba siendo martirizado por el miedo. No podían usar magia y estaban por ir al exterior de donde provenían aquellos lamentables sonidos. El mal presentimiento que lo invadía era demasiado acuciante.
—Iré a investigar, quédate aquí —dijo Gadjah.
—No, iré contigo —Loropechika le tomó una mano—. Tengo un mal presentimiento.
Gadjah notó que su esposa hablaba en serio, pero notaba algo más tras su mirada suplicante. Tantos años a su lado le habían facilitado el entenderla y en ese momento, aquella mirada activaba en el un hilo de nervios. La corazonada que sentía le provocaba cierta…esperanza.
“¿Sería posible?”
Trago saliva.
—¿Tienes algo que decirme? —preguntó mientras entrelazaba sus dedos con los de su amada.
Loropechika se sintió algo más segura, bajo la vista por un segundo y asintió.
—Cariño, yo…
—¡Shh! —Gadjah le silenció los labios con el dedo índice, su mirada determinaba recorrían la habitación—. ¿Escuchas eso?
Loropechika agudizó el oído notando un sonido similar al de la piedra moliéndose. De pronto, Gadjah tiró de ella y la puso tras él al tiempo que una de las paredes se quebraba y una espantosa criatura emergía emitiendo chillidos agudos.
—¡¿Qué es eso?!
—Quédate detrás —ordenó Gadjah mientras se hacía con un candelabro de piso que podía usar como una vara—. Vamos hacia la salida.
La criatura era parecida a un gusano de tierra, con la diferencia de que medía unos tres metros de largo y tenía el volumen de un carruaje. Además, tenía extremidades largas y pequeñas patas puntiagudas. Su cabeza se abría como una vorágine de pequeños dientes afilados que trazaban circunferencias que se adentraban hasta donde se podía ver. Y de las profundidades de su boca circular surgía una lengua bífida delgada y veloz como un látigo. No tenía ojos.
Gadjah fue inteligente en lugar de impulsivo, retrocedió a paso seguro sin darle la espalda a la criatura que se retorcía en medio de la habitación. Loropechika a sus espaldas buscaba la puerta en la pobremente iluminada habitación. Fue en su apuro que su hombro golpeó suavemente el armario. El sonido fue casi inaudible pero la criatura viró su cabeza en su dirección, no tardo nada en abrir la boca circular y arrojar su larga lengua Gadjah y Loropechika se arrojaron a un lado mientras el armario era sujetado. De un tirón de lengua el armario fue a parar en las fauces de la criatura, la cual se trago medio mueble sin problemas. La pareja aprovechó el momento para correr hacia la puerta de salida, para cuando la abrieron el sonido de la madera siendo triturada los hizo ver hacia atrás. La cabeza del gusano giraba como una tuerca ajustándose cada vez más mientras el mueble era prácticamente triturado, de dos giros más el mueble entero fue engullido. Gadjah y Loropechika cayeron en la cuenta de algo espeluznante: de haber sido ellos, hubieran sido licuados.
—Corre —apremió Gadjah mientras dejaba caer el candelabro pues no le serviría de nada—. Rápido.
Grave error, la cabeza se desenroscó y viro en dirección del tintineo, yendo hacia ellos mientras iniciaban su carrera por el pasillo. Gadjah era más rápido por lo que le cogió la mano y tiro de ella, forzándola a ir más rápido de lo que normalmente iría. Es así como llegaron a la situación presente. Con una criatura del todo extraña persiguiéndolos y guiados únicamente por el sonido de sus pasos. Ambos sabían lo último, pero detenerse y dejar que la cosa esa los alcance no era una opción.
“Si tan solo pudiera usar mi magia de rayo —fue el pensamiento de Gadjah—. ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo hacer? ¡Oígo como se acerca!”.
También escuchaba la respiración cada vez más agitada y la resistencia que iba poniendo su amada esposa con cada metro que avanzaba. Se lamento el tener que hacer que pasara por aquello, así como culparse de su inutilidad actual. Él, que había jurado ser la espada de la reina y protegerla siempre, se sentía impotente sin la magia que tanto había entrenado. Incluso en esos momentos en que sus piernas se iban deteniendo intentaba conectar con su poder… pero este simplemente no estaba allí.
“¿Ahora soy como Asta?”
Fue un pensamiento involuntario, y el recuerdo del rubio le vino a la mente. Se detuvo. Loropechika tras él se dobló y se llevó una mano a un costado del abdomen. Definitivamente había estado aguantando el dolor de la carrera a toda velocidad.
—Si doblamos aquí, podremos salir —Gadjah hablaba agitadamente—. De allí tendremos acceso a los jardines, estos conectan con el gran bosque, podremos… ¡Ah!
—¡¡¡Cariño!!!
Sintió el golpe contra el suelo en toda su espalda y la sensación de ser arrastrado por una fuerza desmedida. No podía separar los pies pues habían sido apresados por la lengua de la criatura. Del oscuro pasillo salió el gusano gigante que reptaba con ayuda de sus extremidades. Gadjah sintió el miedo por primera vez en mucho tiempo cuando vio como se introducía en la boca de dientes cerrados. Loropechika le atrapó las manos, pero no era lo suficientemente fuerte como para tirar de su esposo y librarlo de la bestia. Por el contrario, los pies de la mujer resbalaron en el suelo siendo jalada hacia adelante.
Gadjah gritó cuando la boca circular se cerró apresándole medio cuerpo. Sintió los muchos colmillos de la criatura incrustarse en sus piernas y cadera. Le bastó que la criatura girara su cabeza una sola vez para sentir como toda su carne y huesos eran triturados. Nunca en su vida había gritado con todas sus fuerzas. Para colmo, la criatura parecía succionarlo todo, básicamente se estaba alimentando de él.
—¡Huye! ¡Corre! —le grito a su esposa—. ¡No te quedes! ¡Ve!
—¡No pienso dejarte aquí!
La succión hizo que el cuerpo de Gadja fuera tragado hasta el centro del pecho. La presión dentro de la boca de la criatura había aumentado.
—Es muy tarde para mí —sangre emanaba de la boca de Gadjah—. Vete, por favor.
—No quiero perderte —Loropechika no contuvo sus lágrimas ni su tristeza—. No ahora… —se llevó una mano al vientre—. Te necesitamos…
Gadjah se olvidó de dolor por un segundo al fijar su vista en el vientre de su esposa y comprender el mensaje. Logró esbozar una sonrisa antes de ser engullido por completo y licuado dentro de la aberración que se saciaba con su carne, huesos y sangre.
Loropechika quedo en shock, con la vista fija en donde hace solo unos momentos había estado su esposo. Las lágrimas humedecían las mejillas y su cuerpo temblaba incapaz de moverse. La criatura viró su cabeza desenroscándola y la oriento en varias direcciones, como buscando algo, sin notar a la mujer que tenía delante. Quizá fuera porque estaba paralizada y con la mente ida, pero su quietud y silencio la libraron de la atención del gusano gigante, el cual paso reptando por la pared lateral. Si Loropechika hubiera estado en el centro del pasillo en lugar de a un lado, hubiera chocado con la bestia y posiblemente hubiera sido devorada. No se movió hasta después de pasado treinta largos minutos y cuando lo hizo, sus movimientos se asemejaban a los de un espíritu en pena.
Después de aquella noche en la que apareció la luna carmesí, muchas cosas cambiaron. El orden del mundo se vio afectado. Sin la magia, muchas cosas se vieron obligadas a cambiar; política, economía, tecnología, medicina, estratos sociales, leyes, etc. Por si fuera poco, con la misteriosa aparición de las aberraciones, la humanidad de vio, por primera vez, en un serio peligro de extinción.
Notas del cazador III
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