Avance
El silencio en la casa es sepulcral; volteo a ver a mis amigos y todos tienen las manos cubriendo sus bocas, dejando un espacio minúsculo para respirar. Siento cómo el corazón me late con fuerza, es como si se me fuera a salir del pecho; las gotas de sudor caen desde mi nuca hasta la espalda y mis piernas se empiezan a dormir.
En el suelo hay un pedazo de madera faltante, es del tamaño de un clip de papel, pero me permite ver hacia el segundo piso. Me doblo un poco para ver más de cerca. Cuando los pasos llegan al segundo piso, están cerca.
—Ustedes vayan a las habitaciones, yo voy arriba —su cabello castaño me hace reconocerlo en seguida.
—Tú no das las órdenes aquí.
—Te estoy pagando, así que obedece.
No sé con quién discute; desaparece de mi campo de visión por unos minutos antes de volver sobre sus pasos. Viene para acá.
Un susurro me hace voltear; están llamando a la policía. Cuentan la situación, dan la dirección y en el momento que está por decir su nombre, la puerta se abre, dejando caer la escalera al segundo piso; los pasos se hacen más claros y ante nuestros ojos aparece esa figura tan familiar.
—Te encontré.
—John.
Es la última palabra clara que debieron escuchar a través del teléfono; no tardan nada en llegar sus acompañantes y arrastrarnos al primer piso, no entiendo lo que pasa.









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