Venganza Desde Las Sombras

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Summary

Sakura, una niña atormentada por el bullying de sus compañeros y la negligencia de su familia en la escuela primaria, crece para convertirse en una mujer exitosa y poderosa. Cuando se encuentra con sus antiguos acosadores en un evento de ex alumnos, decide vengarse de manera meticulosa. Utilizando su inteligencia y habilidades, manipula sus vidas para hacerles experimentar un infierno emocional y personal. Sin embargo, mientras ejecuta su venganza, Sakura también busca encontrar paz y redención, cerrando así un oscuro capítulo de su vida.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

INFANCIA TORMENTOSA

Era lunes, el primer día de clases después de las vacaciones. Sakura, una niña tranquila y reservada, no solía hablar con sus compañeros. Siempre se encontraba en su lugar, junto a la ventana, mirando el cielo azul adornado por suaves nubes. Esa vista la transportaba a un mundo de calma, un pequeño refugio donde su mente podía descansar. Pero esa paz se desvaneció en un instante cuando sintió un tirón doloroso en su cabello.

El pulso de Sakura se aceleró, y unas lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, mientras una voz cruel rompió el silencio:

—Pensábamos que no regresarías, pero aquí sigues, cerda.

Era una voz de niña, afilada como una cuchilla.

—Por favor, suéltame… —susurró Sakura, su voz quebrada por el miedo.

—¿Que te soltemos? Tú sabes cómo te tratamos, si no quieres que te tratemos así, cámbiate de escuela.

Las palabras hirieron como dagas. Sakura no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a caer, pero trató de contenerlas. Ojalá que alguien intervenga, pensó, deseando con desesperación que alguien hiciera algo. Sin embargo, no sucedió. Las risas crueles siguieron.

—Aww, ya está llorando la cerda.

—Apenas es el inicio, cerda.

El sonido de esas voces hizo que las lágrimas de Sakura se derramaran con más fuerza. Quería irse, huir, pero sus pies parecían estar clavados al suelo. No era solo el dolor físico lo que la lastimaba, sino la impotencia. Y no fue hasta que entró la maestra, que el acoso se detuvo, aunque no sin antes recibir un empujón en la cabeza, un recordatorio de su debilidad.

Intentó concentrarse en las clases, pero la angustia la consumía. El día continuó, pero el agobio seguía en su pecho, como un peso imposible de quitar. Cuando finalmente llegó el recreo, el grupo de acosadores, compuesto por seis niños, se acercó a ella, rodeándola. Uno de ellos la amarró con su suéter, impidiéndole escapar.

Sakura comenzó a llorar al sentir los pellizcos en sus brazos, mientras otros se burlaban y le vaciaban la mochila, arrojando sus pertenencias a la basura. El tiempo parecía detenerse mientras ella solo podía esperar que el día terminara. Finalmente, cuando las clases concluyeron, salió corriendo hacia la entrada, donde su padre la esperaba, sin decir una sola palabra de consuelo.

En casa, su padre se fue directo a su habitación. Sakura, vacía, fue a la cocina, en busca de algo que la ayudara a calmar la angustia. No había comido nada durante el día, el maltrato de sus compañeros la había dejado sin apetito. Se sirvió lo que había preparado su madre y, tras terminar, se retiró a su habitación a hacer sus tareas, como si eso pudiera despojarla de la tristeza.

La noche llegó, y mientras cenaba con sus padres, su madre rompió el silencio:

—Estás muy gorda, ¿no? —dijo con indiferencia.

Sakura, con tan solo ocho años, no sabía qué decir. Solo levantó la mirada, sus ojos llenos de incertidumbre.

—Ya no comerás porquerías, aparte pareces una de esas pelotas inflables.

Con las palabras aún resonando en su mente, Sakura terminó de cenar en silencio y se retiró a su habitación. Aquella noche, la pesadilla la alcanzó, como siempre lo hacía.

Eran las 2 a.m. y Sakura se movía inquieta en su cama. En su sueño, los ecos de sus acosadores la perseguían:

—¡Qué cerda eres! —le gritaban mientras le arrojaban tierra.

—Ups, jajaja, se me fue —se reían mientras le lanzaban una piedra.

La empujaban por las escaleras:

—Te estorbabas, eras muy lenta, así que te ayudé.

Una voz más, la de su madre, se unió a la pesadilla:

—No sé cómo eres mi hija, si ni te pareces a mí.

Sakura despertó de golpe, el corazón desbocado y el sudor frío recorriéndole la frente. Las lágrimas, silenciosas pero abundantes, cayeron. Ya no podía soportar más.

Con el miedo aún palpitando en su pecho, se levantó y fue a la habitación de su madre. La despertó, temblorosa, con los ojos llenos de terror.

—¿Qué quieres? —preguntó su madre, con voz somnolienta, sin entender el dolor de su hija.

—Tuve una pesadilla, mamá… —susurró Sakura, tratando de calmarse.

—¿Solo me levantaste para eso? Son las 2 a.m., vete a dormir.

Sakura, con el corazón roto una vez más, regresó a su habitación. Se abrazó a su peluche, buscando consuelo en ese pequeño objeto que se había convertido en su único refugio. Intentó conciliar el sueño nuevamente, deseando que la pesadilla desapareciera, pero el dolor seguía acechando, como una sombra que no la dejaba.

Los días pasaban y el acoso nunca cesaba. Cada día parecía ser igual al anterior: las burlas, los empujones, las risas crueles. No había un solo día en que pudiera sentirse segura. Durante cinco largos años, soportó la constante humillación. Pero antes de comenzar la secundaria, algo en ella cambió. Algo iba a cambiar.