Frases que te cambian la vida

Summary

Sanji y Zoro se pelean en la cocina del Thoussand Sunny. Ninguna novedad. Sanji dice algo que provoca algo en Zoro. Eso sí es una novedad. Aviso: Contenido erótico y lenguaje vulgar +18

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Frases que te cambian la vida (+18)

⚠️Aviso: Todo el contenido de este fic es adulto por lenguaje obsceno y contenido erótico, así que es para +18 de principio a fin.⚠️


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El cocinero del Thoussand Sunny cortaba con demasiado fervor los pimientos a la juliana. No por la ilusión de estar en su adorada cocina llena de utensilios de primera calidad que había proporcionado Franky al barco, y que aun dos años después seguían en perfecto estado, sino porque cierto idiota con cabeza llena de musgo le estaba tocando las narices de buena mañana.

Todos se habían recuperado de las aventuras de la isla Gyojin, de hecho el único que había salido algo más perjudicado había sido Luffy, el resto estaba bastante bien, pero el imbécil del espadachín había vuelto más esponja con necesidad de alcohol que nunca ¿se había dedicado a llenar el buche con sake durante dos años o que mierda le pasaba? Le pedía sake a todas horas y aun con todas las provisiones que consiguieron de los hombres pez, la despensa ya estaba falta de alcohol porque el muy idiota ya se lo había tragado todo.

─ Vamos, cocinero de cuarta. Yo no te digo la cantidad de mierda de nicotina que te metes en los pulmones. Dame otra botella. – ordenó el espadachín.

─ ¡No voy a darte nada! – gruñó sin molestarse a mirarle, pasando a picar otro pimiento – ¿Qué parte de tu inútil cerebro no entiende que te lo has bebido absolutamente todo?

─ Mientes, aun huelo algo.

─ ¿Eres un perro o qué? – vociferó harto – ¡Lo que queda es vino de cocina y es para eso, para cocinar! Espérate a la merienda, prepararé zumo, eso es lo único que tendrás.

─ No quiero zumo, dame ese vino. – demandó cruzándose de brazos tras chistar la boca.

─ No me toques los huevos, marino. Estoy preparando la cena y no tengo tiempo para tus tonterías.

─ ¿Y qué pretendes que haga? Me gusta dormir una buena siesta tras un buen trago.

─ ¡Yo que sé! – gritó irritado – ¡Ve y cómete una polla o algo!

Ambos se quedaron en silencio e igual de sorprendidos. Sanji no solía usar lenguaje tan vulgar, sobre todo si había alguna dama delante, por suerte la cocina estaba cerrada y dudaba que alguna de sus ángeles pudiese haberle oído, siempre tenían peleas verbales, pero nunca de ese calibre, aunque solía ser bastante común en el Baratie, Patty y los demás eran unos auténticos maestros de soltar mierda similar y luego Zeff les pateaba el trasero por enseñarles esas cosas a un crio que por supuesto absorbió como si fuese una lección vital de la vida el saber insultar a alguien. Estaba a punto de disculparse tras su evidente sonrojo por decir algo así cuando Zoro sonrió tras parpadear, divertido, por sus palabras.

─ Vaya con el cocinero pervertido, por fin me ofreces algo interesante.

─ ...¿Eh?

─ ¿Me la comeré en la merienda o de postre en la cena?

─ ¿EH?

─ Hablo de tu polla, evidentem-

No le dio tiempo a terminar la frase porque lo que fue a parar a su boca fue el zapato de Sanji acompañado de una potente patada que le mandó a volar tan fuerte que del impacto sacó la puerta de la cocina de sus bisagras y acabó en mitad de la cubierta, gruñendo de dolor mientras Luffy se reía al verlo hecho un desastre, Chopper gritaba por un médico y Franky se quejaba de que no destruyesen el barbo con el apoyo de Usopp. Mientras, el cocinero respiraba con pesadez, con la cara tan roja como los tomates que había sobre el banco de la cocina.

¿Qué cojones había sido eso? No esperaba una respuesta así de Zoro ¿desde cuándo le interesaba algo así? ¿acaso le gustaban los hombres? ¿o solo era una broma por haberle soltado esa frase? Decidió no darle más vueltas al asunto, solo era un montón de algas intentando hacer la fotosíntesis y no se le podía pedir más al espadachín.

O al menos esa fue su intención.

No fue la única ocasión en la que Zoro sugería o exigía su polla para comérsela, al menos no era tan estúpido como para hacerlo descaradamente. Delante de otros, solamente pedía su “postre especial” que acababa con alguna patada en alguna parte de su cuerpo, al principio Luffy y Chopper también pedían de ese postre misterioso, pero cuando vieron que al final solo era recibir patadas por parte del cocinero dejaron de pedirlas, cosa que Zoro no.

Cuando estaban a solas, el peliverde era más descarado, a veces ni siquiera lo verbalizaba, hacía un gesto obsceno con la mano como si se llevase un pene imaginario a la boca y le llenase la mejilla y se relamía los labios, provocando que la sangre de Sanji hirviera y más de una vez le atizó con sus llamas activadas.

Era absolutamente ridículo hasta que punto pretendía llevar todo el asunto Zoro, vale que no se había disculpado apropiadamente por haberle dicho aquello, no es que la dinámica entre ellos fuese esa, antes preferían arrancarse los brazos que decir un simple “perdón” y no iba a empezar ahora y menos porque el idiota verde estaba disfrutando con ponerlo de los nervios.

Sanji había pensado en decirle que sí, que se la comiera de una buena vez, pero solo la idea de decirlo en alto le ponía histérico y sabía que el otro se negaría y volverían las burlas de que era un acosador sexual o similares... y lo peor de todo es que ahora la idea se había instalado en su cabeza y eso sí le convertía en un pervertido.

A ver, vale que tuviese un ojo cubierto por el flequillo, pero por el otro pudo ver perfectamente la primera vez que vio a Zoro. Su primer pensamiento fue “a este me lo follaría”, pero luego descubrió que era un imbécil y esa idea murió tan pronto como en cuanto lo vio masticar con la boca abierta. Y más cuando descubrió que iba a ser su nakama, vale que estaba bueno, pero no era el único hombre en la faz de la tierra que lo fuese, así que aquello quedó olvidado... hasta ahora.

Su estúpida imaginación era demasiado buena, podía verlo con claridad entre sus piernas, lamiendo con esa sonrisa arrogante su glande como si fuera el mejor manjar que había probado en la vida, en el baño, la biblioteca, la cubierta, ¡incluso en la cocina mientras preparaba una deliciosa sopa!, iba duro la mayor parte del día y por culpa de ese calenturiento pensamiento que se había instalado en su cabeza, joder, si hasta tenía problemas nocturnos de los cuales se tenía que encargar con urgencia a primera hora de la mañana.

Es que ¿cómo no hacerlo? ¡analicémoslo con detenimiento, maldita sea! Ese obsesionado de las espadas cargaba con una en la boca y era capaz de degollar a una persona con la fuerza de sus mandíbulas, vale que era aterradora la idea de que se le fuese la cabeza y de un simple mordisco podría arrancársela de cuajo incluyendo sus joyas reales. Sin embargo, la idea de que esa feroz boca fuese capaz de complacerle le volvía loco... esa boca sujetaba una espada, podía hablar a la vez con ella y no se cansaba... y con eso en mente ¿cómo no iba a pensar que ese tipo sería capaz de estar lamiéndole la polla durante horas? No, en serio ¿cómo no iba a sangrarle la nariz de imaginarlo? Se estaba ganando a pulso el título de cocinero pervertido con honores.

La idea de tener un escarceo con alguien de su tripulación era lo único que le echaba para atrás, no quería problemas de que luego pudiese ser incómodo para alguno de los dos, es que ni se le había ocurrido la idea, y siendo realistas, tampoco es que hubiese mucho para elegir en ese barco, salvo por supuesto, esas dos Diosas del cual tenía el privilegio de poder besar el suelo que pisaban, no había hombre más orgulloso de ello que él. Quitando esas delicias para la existencia quedaban los hombres:

─ Luffy: Un chiquillo de goma que solo la palabra sexo no encajaba por ningún lado ante su actitud infantil. Una vez lo vio jugar con su pene estirándolo de tal manera que fue doloroso para todos mientras él solo se reía escandalosamente. Una imagen que quería olvidar y era imposible.

─ Franky: del cual ya no podía estar demasiado seguro de si tenía al menos un pene normal, porque el concepto “normal” de Franky consistía en ser medio ciborg, así que seguramente tendría entre las piernas un consolador vibratorio con velocidades y todo, no es que le pareciera mal, pero no estaba interesado. Por las miraditas que se echaba con Robin, seguramente ella sí lo estaría, aunque eso le daban ganas de llorar a él.

─ Usopp: de él solo podía envidiar dos cosas, su valor y lo que tenía entre sus piernas. Pocas veces se burlaba ahora de su nariz porque la nariz no era nada comparado con lo que se gastaba el tirador. Solo podía rezar por Kaya, o iba a ser muy bendecida, a saber.

─ Chopper: No y no. Nunca.

─ Jimbe: no estaba interesado en cómo era la verga un hombre pez, si fuese una sirena sería otra cosa.

─ Brook: Bueno, es evidente ya que no tiene nada. (yohohoho)

─ Marimo: la falta de higiene era un gran factor (aunque no le molestaba su olor), le ponía de los nervios (pero reconocía que eso también le excita), tenía cuerpazo (esas tetas también le volvían loco como buen hombre amante de tetas sin importar si eran de hombre o mujer) y sinceramente pensaba que era asexual o espadasexual si es que ese término existía siquiera.

Todos estaban tan sumamente descartados que era como si le hubiesen dado un sartenazo en la cara y le gritasen “¡aprovecha la oportunidad, estúpido!“, así que ahí estaba ahora, fumando él solo y bebiéndose una botella de alcohol (porque por supuesto que quedaba en su reserva privada) sopesando la idea de aceptarla y sinceramente le dolía ya tanto la polla de mantenerla en alto que seguramente sería para añadirlo en el libro Guinnes de los records.

─ ¡A la mierda! – apagó el cigarrillo en el cenicero hasta aplastarlo.

Gritó tras apurar lo que quedaba de la botella, se levantó de golpe y usó el sky walk para subir hasta el nido de cuervo donde sabía de sobra que estaría Zoro, abrió la puerta sin ceremonias y lo encontró sentado en el sofá secándose el sudor con una toalla por haber estado entrenando.

─ Coci...

─ ¡Quiero que me comas la polla ahora mismo, Marimo!

***

Todavía podía sentir un buen puñado de dientes sueltos por la patada que le mandó volar y más cuando se reía, pero joder, ¿cómo no iba a aprovechar la oportunidad de burlarse del mujeriego cocinero del amor?

Chopper insistió tanto en revisarle la boca que tuvo que ceder, por suerte estaban todos en su sitio, aunque no fue la única vez, y cada vez que Zoro se burlaba del rubio lo encontraba más y más divertido y en algún momento de toda aquella broma, empezó a disfrutar de ver el bonito sonrojo que se formaba en las pálidas mejillas del cocinero.

Cuando lo vio por primera vez en aquel restaurante flotante, tan elegantemente vestido con esos pantalones que le hacían un trasero impresionante pensó “joder, a este me lo follaba”, pero luego se puso a babear por Nami demostrando que era un auténtico cretino y lo dejó estar y más cuando apareció Mihawk y pensó que no volvería a ver al cocinero. Se equivocó y aun así, la idea de acostarse con él desapareció ante el desgaste de diarrea verbal que tenía el rubio acosador hacia Nami o cualquiera con vagina.

Conocía de sobra lo malhablado que podía llegar a ser el rubio si le pulsabas las teclas adecuadas, sin embargo, nunca habían cruzado la línea de mandarse a la mierda de forma obscena y le resultó tan gratificante haberlo desquiciado tanto como para lograrse esa medalla que no dudó en machacarle. No le importaba que Sanji descubriese que era gay, no era algo que le quitase el sueño porque le daba lo mismo lo que pudiese pensar de él, rara vez había tenido algún escarceo para follar con alguien, no era algo prioritario como era en el caso del rubio.

Pero ahora que se lo había sugerido... ¿cómo no interesarse? El cocinero era un auténtico pervertido, estaba convencido que era de esos que gemirían y hablarían sin parar mientras tiene sexo, aunque con lo empalagoso que era con las mujeres seguro que se reprimiría para satisfacerlas. En cambio, Zoro se imaginaba a Sanji con un hombre ordenando e imponiendo su voluntad, presionando con llevar las cosas a su ritmo y gusto diciendo cosas como “más fuerte” o “más rápido, joder” y la idea de estar entre esos poderosos muslos que podrían destrozarle la cabeza al estar entre ellos dejándose llevar por el placer, joder, eso le ponía increíblemente duro.

Sí, la broma ya no era una broma. Era una necesidad.

Se moría de ganas de escucharlo, de estar entre sus piernas y follarse su polla con la boca, que le agarrase del pelo rogando por más, gimiendo todos esos estúpidos motes que había ido dándole a lo largo de sus aventuras y por una vez no le molestaría. Le demostraría lo bueno que podría ser, del placer que le daría al hacerle la mejor mamada de su vida, no es que hubiera hecho muchas, solía recibirlas más que otra cosa, pero le pondría las mismas ganas que a uno de sus entrenamientos y eso era decir mucho.

¿El problema? Sabía que el cocinero jamás aceptaría tener a un hombre como amante aunque fuese solo cosa de una noche, tampoco es que buscase una relación romántica o puramente física, de hecho era mejor que no fuese así ya que, en caso de que sucediese, conocía de sobra a su nakama para saber que le daría tantas vueltas al asunto que al final todo se iría a la mierda, así que solo quedaba resignarse a parar con la no–broma, porque al final iba a convertirse en obsesión si es que no lo era ya.

Aun entrenando notaba que no estaba centrado, solo podía pensar en complacer al cocinero pervertido, empujarlo a ese sofá y que todo el maldito barco escuchase sus gritos. Estaba completamente frustrado y aun faltaba para la siguiente isla, porque follar con cualquiera de la tripulación estaba simplemente descartado:

─ Luffy: era su capitán y seguramente no sabía ni siquiera que dos personas pudiesen follar, ni sabría qué es eso y mejor así, pobre del idiota que buscase tema con él porque le cortaría los huevos.

─ Chopper: rotundamente nunca jamás, antes se cortaría él los huevos si alguien le obligarse a follarse al renito.

─ Franky: la última vez que miró a su entrepierna fue tan raro lo que vio que acabó con un mini derrame cerebral y ya no recordaba lo había, tampoco es que tuviese intención de recuperar ese dato.

─ Brook: un pervertido hecho de huesos, aunque algo le decía que aun sin pene, ese tipo podría hacer toda clase de perversiones, eso sí, heterosexuales.

─ Usopp: era un monstruo, hasta él tenía sus límites.

─ Jimbe: Nunca había follado con un gyojin y no sabía cómo funcionaría eso.

─ Nami y Robin: egh, vaginas. Sólo de pensarlo podía notar como su pene se encogía, como un conejo escondiéndose en su madriguera. No, gracias.

─ Cocinero (jamás Sanji): obsesionado con la higiene (prefería su mezcla de especias y cigarrillo), le ponía de los nervios (cosa que también le pone mucho), un mujeriego idiota que sabiendo que era un felpudo humano se dejaba pisotear, un idiota demasiado amable y con el mejor culo que había visto en su maldita vida. No solo eso, su cintura le volvía loco ¿cómo podía ser tan estrecha? ¿y sus piernas? Tan fuertes capaz de destruir buques de guerra y jodidamente guapo a pesar de esa espiral absurda que tenía como ceja.

Dejó de hacer flexiones y recogió la toalla para secarse el sudor, tomando una pausa del entrenamiento y reflexionar sobre toda esta locura. Suspiró con fastidio porque sabía que lo único que le quedaba por hacer era disculparse y su orgullo y testarudez le gritaba que no lo hiciese, que simplemente dejase de incordiarle y así quedaría todo olvidado, porque sabía de sobra que Sanji nunca aceptaría su propuesta aun siendo el único ser vivo del planeta, seguro que antes se follaba a Chopper, maldito degenerado.

La puerta se abrió de golpe, sobresaltándolo y el cocinero entró como si de un maldito huracán se tratase, con las mejillas y ojos encendidos en puro fuego habló. Estaba realmente enfadado.

─ Coci...

─ ¡Quiero que me comas la polla ahora mismo, Marimo!

Al igual que aquella mañana en la que el cocinero le hizo estallar el cerebro, de nuevo, volvía a decir una frase que ponía su mundo del revés, lo peor de todo, es que no veía burla alguna en su mirada, todo su cuerpo revelaba lo en serio que estaba hablando. Zoro tragó saliva y sonrió triunfante, se relamió los labios y curvó sus labios hacia un lado.

─ Has tardado, cocinero pervertido.

*@*@*

La sangre hirvió en ambos, Sanji cerró la puerta de un talonazo que casi también saca del sitio por la fuerza con la que le arreó y acortó distancia con Zoro que se levantó del sofá para recibirlo con un profundo beso húmedo. No es que los besos estuviesen normalmente incluidos en las mamadas, pero sin duda fue bien acogido por el rubio que lo respondió con la misma fogosidad, aferrándose al cabello verde arrancando un gemido por parte de ambos.

Debería haberle discutido de que su lengua era una mezcla de sabores de tabaco y alcohol, porque supuestamente no había más vino en el barco, sin embargo, tras esa mezcla estaba el sabor del cocinero y eso era lo suficientemente bueno como para no quejarse. Zoro fue directo a las nalgas de Sanji y joder como le gustó amasarlas y comprobar lo duras que estaban, pegó sus caderas a las contrarias y le sorprendió notar como estaba tan erguido como él.

─ Tú...

─ Cierra la boca, Marimo o te juro que te arranco la lengua.

Lejos de asustarse, el espadachín gimió complacido cuando el cocinero bajó a lamer uno de sus pectorales, cruzándose con uno de sus pezones, en esos momentos, poco le importaba que luego fueran a arrepentirse. Prácticamente le arrancó la chaqueta que acabó en la otra punta de la estancia y se subió a Sanji a su cintura para cargar con él mientras este se sujetaba a su cintura usando sus piernas para rodearla. Apenas debería haber tardado un segundo en llevarlo al sofá y arrojarlo para comerle la polla, pero se sentía realmente bien besar al cocinero y frotarse contra él como si le estuviese tomando, conseguía roncos gemidos mientras sus uñas paseaban libremente por su espalda, esas marcas sin duda no le deshonrarían como espadachín.

Ambos estaban ansiosos, y Sanji finalmente le dio un tirón al cabello verde como advertencia de que estaba perdiendo la paciencia porque quería mucho más, así que Zoro le bajó y con sorprendente habilidad, desabrochó el cinturón y el pantalón cayó al suelo dejándolo con la camisa blanca, la corbata azul marina floja y los ajustados bóxers negros que ya estaban un poco manchados por el liquido preseminal. Se le hizo la boca agua.

El pecho de Sanji subía y bajaba agitado, estaba cachondísimo y cuando Zoro se arrodilló quedando entre sus piernas exhaló su aliento sorprendido, ¿Cuántos hombres habrían doblegado así a Zoro? Tenerlo justo ahí, dispuesto a satisfacerle, con su pupila tan dilatada que parecía que su mirada era totalmente oscura. Las manos de Zoro recorrieron sus muslos desde las rodillas hasta las caderas, deleitándose con las vistas y el rubio jadeó maravillado por esa caricia.

Zoro estaba duro, durísimo y eso que Sanji no le había tocado prácticamente nada, pero tenerlo ahí, a su merced le estaba enloqueciendo y no quería acabar tan pronto, así que se dedicó a lamer y mordisquear la cara interna de esas armas letales que eran los muslos del cocinero y fue recompensado con gruñidos de pura satisfacción.

─ Ah, sí, joder... – murmuraba complacido por sus atenciones, las manos de Zoro no paraban quietas, se colaron bajo su camisa y sus dedos recorrieron su piel, no recordaba haber tenido nunca tanto calor, ni siquiera en Arabasta – sigue, mmm...

Zoro ronroneó pletórico al haber acertado, lo sabía, sabía que el cocinero sería hablador en el sexo y quería escuchar mucho más y sonrió complacido cuando Sanji se desabrochó la camisa para exponerse quitándose también la tortura esa llamada corbata. Zoro descendió a mordisquear las pantorrillas, los tobillos, incluso mordió los pies que tantas veces le había pateado y ahora mismo reverenciaba. No lo soportaba más, necesitaba tener la polla de Sanji en su boca, así que sus manos prendieron los bordes de los bóxers y sin necesidad de petición, el rubio alzó su trasero lo justo para que la última prenda desapareciese dejando a la vista la sonrosada y goteante polla de Sanji.

Era simplemente perfecta, el tono de piel era levemente más oscura que el resto de su cuerpo, con el glande rosado, su polla tan dura y necesitada que contagió a Zoro por la urgencia de atenderla, abrió la boca y lamió desde la base hasta la punta, saboreando a Sanji en toda su esencia.

─ Oh, joder. – gimió de nuevo el rubio que no se había dado cuenta que un hilo de sangre se derramaba por su nariz.

─ Eres un auténtico cocinero pervertido, rizado. – besó el tronco de la polla para luego lamerla una vez más.

─ No soy yo el que tiene una polla en la boca. – gruñó con las mejillas rojas.

─ No soy yo el que se está desangrando por verme con una polla en la boca.

Sanji balbuceó algo sin sentido mientras se limpiaba la cara y Zoro aprovechó para lamer el glande sobresaltando al rubio al que mantuvo fijo en el sofá sujetándolo con sus manos, se ganó un “idiota” contenido y sacando un poco la lengua recibió toda la dureza humedeciéndola a su paso.

─ Ahh... joder. – repitió el rubio cerrando los puños con fuerza a falta de poder sujetar algo.

Zoro disfrutó de ello, de sentir su boca llena, usando su lengua para ensalivar bien la dureza y recorrerla una vez más con sus labios en un suave vaivén en el que el rubio se sumergía, deslizándose poco a poco por el sofá, por lo que el espadachín tomó las corvas de las rodillas de Sanji y las puso sobre sus hombros para que así estuviese más cómodo y se dejase llevar más si es que eso era posible. Un ritmo lento, para desquiciar al jadeante cocinero y también para que él pudiese degustar aquel momento, porque era la primera vez que él, haciendo la felación, lo estaba disfrutando tanto. Necesitaba tocarse a sí mismo, pero la necesidad de tocar a Sanji era mayor, así que continuó acariciando su piel ahora rosada hasta llegar a los pezones que pellizcó y logró que Sanji se retorciese aun más en el placer, era muy sensible.

─ Mnng, ah, sigue... – gimoteó con urgencia el rubio, posando una de sus manos en el cabello verde, instándole a aumentar el ritmo – Más... más, Zoro.

Aquello fue demasiado para el espadachín que concedió el deseo del cocinero, subiendo y bajando por su falo, usando su boca y un poco de dientes en el glande para hacerlo estremecer, tanto que echó la cabeza hacia atrás, balbuceando su nombre sin parar. Dios, iba a correrse en sus propios pantalones sin necesidad de tocarse como siguiese así. Aumentó el ritmo abandonando uno de los pezones para jugar con los testículos. Sanji se tensó y sus muslos apretaron la cabeza de Zoro y los talones sobre su espalda, Zoro gruñó de puro placer animándolo a seguir con la mamada.

Sanji entreabrió los ojos como pudo para mirar a su nakama, entregándose completamente a la labor, aunque apenas podía ver mucho, solo la mata de pelo verde subir y bajar, a veces cambiaba algo el ángulo y podía ver como la boca estaba llena de su polla húmeda por la saliva y el presemen, la acelerada melodía de los pendientes dorados tintineando entre ellos. Aquella iba a ser una vista muy difícil de olvidar para el resto de su vida y sintió como el placer se iba acumulando en su bajo vientre.

─ Sí, sí, no pares... eso es, cariño. – se acodó como pudo y su mano que acariciaba el sorprendentemente suave cabello verde bajó a la mejilla – Mírame, mírame, Zoro.

El peliverde obedeció sin dejar la faena y un escalofrío placentero recorrió su espalda, ver a Sanji con la camisa hecha un revoltijo por sus codos, mostrando totalmente su torso rosado, los pezones hinchados por haber trabajado en ellos, las gotas de sudor creando caminos por sus abdominales perdiéndose por el vello dorado que había encima de su dureza. Su rostro era la definición perfecta del erotismo ¿desde cuándo el cocinero era capaz de poner una cara tan provocativa? Sus labios entreabiertos e hinchados por los besos anteriores, sus mejillas sofocadas y el cabello revuelto de tal forma que podía entrever el ojo que ocultaba tras el flequillo y podía ver su brillo lascivo, porque lo único que podía hacer en esos momentos era disfrutar del placer que le estaba brindando.

─ E-Estoy cerca... joder, es demasiado bueno.

Aun no, no quería acabar tan pronto. Dejó de lamerle para atacar una vez más la boca introduciendo su lengua buscando la del cocinero que no dudó en entrelazarla en cuanto la tuvo en su boca y gimió. Todavía estaban sus piernas en los hombros de Zoro, era condenadamente flexible y el espadachín se frotó contra él consiguiendo que ambos gimieran a la vez.

─ Q-Quítate los putos pantalones, Musgo. – pidió sofocado.

En su vida había sido más rápido en obedecer al cocinero, bajó suficiente la prenda para liberar su dureza, no usaba ropa interior y pronto su verga se encontró con la de Sanji, húmeda y dura todavía y se movió contra ella.

─ ¡Ah! Qué buena polla, Zoro... – gimió ante la fricción y tomó ambas durezas con la mano para que fuese más intenso – Estas muy duro, joder, estás increíble.

─ Mierda, cocinero... – gruñó contra su cuello, mordiéndolo y succionando su piel, iba a ser un maldito adicto a su sabor – no hables así, yo... joder eres demasiado sexy.

─ Uff, mari...mo, d-dilo otra vez...

─ Eres jodidamente sexy, cocinero. Me pones demasiado, estoy a punto de correrme.

─ J-Joder, no puedo más... estoy muy cachondo. Necesito verlo. – pidió sacando la cabeza de Zoro de su escondite para poder mirarlo – Quiero ver cómo te corres sobre mí.

─ Joder, joder... – gruñó Zoro, el movimiento de mano de Sanji no era suficiente, se apoyó mejor usando sus manos para soportar su peso y embistió contra la mano y el miembro del rubio como si lo estuviese follando, cerrando los ojos con fuerza dejándose llevar por el placer.

─ ¡Ah, sí, sigue...! – gimió el rubio apretando sus manos contra las mejillas de Zoro – Mírame, abre los ojos, mi amor.

Aquello fue demasiado, no tuvo tiempo de procesar si Sanji se había equivocado y quería haber dicho “marimo” en vez de “mi amor”, eso no importaba, porque esos ojos azules fueron suficientes como para derramar su orgasmo por todo el torso del rubio seguido de inmediato por Sanji que contuvo el gemido mordiéndose el labio inferior, no por mucho tiempo ya que el espadachín reclamó su boca una vez más mientras todavía se vaciaba sobre él.

Las rodillas de Zoro flaquearon y aplastó un poco a Sanji que no se quejó al sentirlo sobre él, de hecho, pasó su mano libre por la espalda, acariciando desde la nuca hasta el coxis mientras trataban de recuperar el aliento, y por desgracia, también la cordura.

Ambos se miraron en silencio directamente a los ojos, no sabían qué decirse, aunque ambos tuvieron la certeza de que aquello había sido increíble y que eran totalmente compatibles en el sexo.

─ Yo... mmm... – carraspeó Sanji su garganta, cubriendo sus ojos con su flequillo para ocultar su vergüenza y sonrojo – ¿puedes apartarte? Voy a darme un baño.

─ Ah, claro. – salió de entre sus piernas y se sentó en el sofá tras ajustarse el pantalón a la cintura.

El rubio aprovechó el movimiento para levantarse y recoger su ropa esparcida mientras se abotonaba la camisa ensuciándola, por lo visto prefería mancharla antes de que alguien pudiese ver los restos del delito. Se sacó de los pantalones un cigarrillo y el encendedor con evidente nerviosismo.

─ Buenas noches, Zoro. – murmuró todavía rojo como un tomate y sin mirarlo.

─ Buenas noches, cocinero. – respondió más bien a la puerta, porque el rubio salió de allí a toda velocidad.

Zoro suspiró pesadamente y se dejó caer de lado sobre el sofá que todavía olía al rubio, al igual que un huracán, había venido, causado locura y se había ido sin más. Había sido increíble, era sorprendente que con lo mucho que peleaban, pudiesen estar tan compenetrados en el sexo. Sanji no había dudado a la hora de tocarle, a él, un hombre... ¿no se supone que era un completo mujeriego? ¿tanto había afectado su provocación como para pedirle la mamada? Gruñó, no sabía que pensar al respecto y sin mirar a nada en concreto ni esperando respuesta preguntó:

─ ¿Y ahora qué?