Prohibido
Lucerys observaba las costas de Dragonstone desde una de las ventanas de la fortaleza, ya pasaba la hora del lobo pero el sueño lo había abandonado, eso le pasaba a menudo por esas fechas.
Pronto cumpliría dieciséis onomásticos, el mismo tiempo que llevaba su madre muerta, de igual manera sus hermanos Aemerys y Baelon acababan de cumplir seis onomásticos, el mismo tiempo que llevaba su madre muerta, a veces pensaba en como los Dioses permitieron que su padre pasará por lo mismo dos veces.
Cuando su madre Baela Velaryon murió su padre espero ocho inviernos para volver a casarse, su felicidad no duró mucho ya que cuando nacieron sus hermanos su segunda esposa Cassandra Baratheon también murió, después de eso el decidió no volver a casarse y dedicarse a ellos y sus deberes como heredero al trono de hierro.
Se encontraba sumido en sus pensamientos que no se percató de la presencia de alguien más en el pasillo.
—Luke. —llamo dulcemente Aemond—. Mi perla ¿Que haces aquí? Deberías estar durmiendo. —se acercó hasta la ventana donde el omega estaba.
—Lo siento, es que no puedo. —su tono triste llamo de inmediato la atención de su padre.
—Que te aqueja mi amor. —lo abrazo suavemente por la espalda pegándolo a su pecho.
—Se acerca la fecha de la muerte de muña. —susurro apenas.
Aemond lo apretó más contra el queriendo reconfortarlo.
—Mi niño, ya hablamos de esto muchas veces, no debes olvidar que también es tu día del nombre, te aseguro que a tu madre no le gustaría verte así en un día tan especial.
—Si yo no hubiera nacido ella estaría aquí contigo todavía. —dijo separándose de su padre, sin observarlo.
—Lucerys. —advirtio el alfa—. No hagas eso. —lo tomo del brazo para que lo viera—. Te e contado muchas veces como fueron las cosas, si quieres culpar a alguien culpame a mí, si yo hubiera estado más pendiente ella no hubiera quedado en cinta a tan corta edad, es lo mismo con los gemelos, yo era el que tenía la responsabilidad de cuidar de mis parejas, pensar en su bienestar más que en otra cosa, y no lo hice. —sus ojos se aguaron ante el recuerdo tanto de Baela como de Cassandra, una aunque alfa, muerta por qué su cuerpo no estaba listo para engendrar vida y la otra al ser beta no resistió llevar dos vidas en su vientre, aunque se lo advirtieron ella prefirió traer al mundo a sus cachorros muriendo en el parto. Aemond se culpaba por ambas el era su alfa tenía que haberlas cuidado más.
—Papi. —la voz de Luke lo trajo de vuelta a la realidad—. Tu tampoco lo hagas, madre y Cass decidieron dar la vida por sus hijos, tu como el buen alfa que siempre haz sido respetaste sus decisiones a pesar de tu dolor, si quieres que yo cambié mi forma de pensar hazlo tu también. —pidio abrazándolo.
Aemond recostó su barbilla en la cabeza de su cachorro absorbiendo el aroma de sus rizos, para su edad y casta Lucerys era alto, su mejilla descansaba en el fornido pecho de su padre pegándose más contra el.
—Te amo papi. —dijo dulcemente.
—Y yo a ti cachorro. —Aemond lo apretó más contra el queriendo tenerlo así para siempre.
—Ya no soy un cachorro. —contesto Lucerys subiendo la mirada, encontrándose con los hermosos ojos violeta de su padre.
—Claro que lo eres, para mí siempre lo serás mi perla. —el cariño se dejaba sentir en su voz, se observaron por unos segundos, Luke escondió su rostro en el pecho de su padre queriendo ocultar su sonrojo.
—Pronto me casaré y algún alfa me reclamará, ya no seré más tu cachorro. —aseguro sin salir de su escondite.
El cuerpo de Aemond se tenso al escuchar esas palabras salir de la boca de su hijo.
—Claro que no. —dijo bruscamente—. No tienes edad todavía.
Luke se separó de su abrazo viéndolo a los ojos.
—Soy el futuro Señor de las mareas, es mi deber casarme y tener a mi propio heredero. —su voz era calmadapero dejaba ver la seriedad de sus palabras.
—Vete a dormir. —ordeno Aemond fijando su vista hacia las costas de Dragonstone.
Luke ignoro la orden dada, este era el momento de aclarar las cosas, su padre le debía algunas explicaciones.
—El abuelo Corlys me envió todas las cartas de compromiso que han estado llegando a Higtide, ya que varios Lores alegan que ni si quiera han obtenido una negativa de tu parte ya que te niegas a contestarles. —Lucerys lucia calmado pero por dentro anhelaba que su padre le dijera las verdaderas razones tras su comportamiento.
—Así que es él el que te a estado metiendo esas ideas en la cabeza. —las feromonas del alfa comenzaban a inundar el pasillo, enojo y furia era lo que dejaban ver.
—El solo quiso hacerme saber que hay alfas y betas interesados en mí...
Toda cosa que fuera a decir fue cortada por las acciones de su padre, solo sintió como su espalda daba de lleno contra la pared cerca de la ventana, Aemond lo tenía sujeto de los brazos sus caras estaban frente a frente, Luke podía sentir su aliento chocar contra su rostro, Aemond lo cubría completamente con su cuerpo, un alfa en todo sentido.
—No hagas eso otra vez. —advirtio entre dientes el alfa pegadolo más a la pared.
—No tendría qué, si tú fueras más valiente. —dijo sosteniendole la mirada mientras ambos respiraban con dificultad, anticipando lo que podría pasar.
—Obedece y vete a dormir, olvida eso de una vez por todas. —Aemond lo soltó dándose la vuelta dispuesto a marcharse.
—¡Cobarde! Eso es lo que eres, incapaz de tomar lo que sabes te pertenece. —Lucerys casi grito aquello, la ira y frustración se notaban en su voz.
—Aemond paro en seco sin voltear al oír las palabras del omega—. Callate, no sabes lo que dices. —advirtio serio.
—Solo digo la verdad. Te he escuchado, llamando por mi durante tu celo, repitiendo mi nombre una y otra vez mientras te corres.
Luke no previno las acciones de su padre, lo único que sintió fue como la gran mano de este daba de lleno en su rostro tirándolo al suelo de inmediato, su hermosa piel blanca rápidamente fue adquiriendo un tono rojo, la palma de Aemond casi había quedado marcada en el rostro del omega.
—¡NO! —grito Luke al ver a su padre querer acercarse apresurado—. No vuelvas a tocarme. —su voz salió apenas, nunca creyó que su padre fuera capaz de ponerle una mano encima, no de esa manera, se levantó apresurado y sin querer verlo más salió corriendo en dirección a sus aposentos, dejando a Aemond parado en medio del pasillo sin saber que hacer.
Lucerys corrió lo más rápido que pudo, entro a su habitación cerrando con llave tras de sí. Todavía estaba en shock por lo que su padre había hecho, fue hasta el cuarto de baño y se lavo la cara está ardió de inmediato, aunque el agua fría ayudó para el dolor.
Sus lágrimas comenzaron a salir sin detención se sentó en la orilla de la cama viendo a la nada, todavía sin creer totalmente lo que acababa de pasar, su vista nublada por el llanto no lo dejó ver la figura que se acercaba saliendo de entre las sombras, con todo lo que acababa de pasar Lucerys habia olvidado el pasadizo que había en su habitación.
—Luke... —su voz salió apenas, no quería alterar a su hijo—. Lucerys. —repitio un poco más alto.
Al escuchar la voz de su padre Luke volteo de inmediato hacia donde provenía esta, intento retroceder subiéndose a la cama, fallando al ser detenido por los brazos fuertes de Aemond.
—No por favor. —sollozo intentando safarse de su agarre—. Ya no diré nada. —aseguro cerrando los ojos con fuerza—. Pero no me vuelvas a pegar.
Aemond lo soltó de inmediato retrocediendo, se maldijo internamente, ¿Como había sido capaz de golpear a su propio hijo, solamente por no aceptar la verdad dicha por este. Se maldijo aún más al aceptar que lo que había dicho Luke era totalmente cierto.
Sus propias lágrimas salieron mojando sus mejillas, se acercó nuevamente al omega arrodillándose ante el suplicando por su perdón.
Lucerys de igual forma solo lloraba escuchando las súplicas de su padre, acarició sus largos cabellos platinados peinandolos suavemente.
—Shh shh, esta bien padre, todo está bien. —su voz salía apenas, ronca en un susurro.
—Perdoname mi niño por favor. —pedia el mayor, intensificando su llanto al oír las palabras amables de su cachorro. —No te merezco, nunca lo haré. —sollozo tomado una de las manos de Luke y llevándola hasta sus labios para besarla—. Mi perla, mi hermosa perla, te amo Luke te amo tanto, perdoname por no ser un buen padre, perdoname por no verte como lo que eres... Mi hijo, yo-yo no sé en qué momento... Yo... Lo siento lo siento lo siento. —su llanto siguió, aún recostado en el regazo de su hijo aferrándose a su cintura, no se contuvo dejando salir todo lo que llevaba reprimiendo desde hace un par de años.
—Lo se papi, claro que lo sé. —la dulce voz de su hijo lo ayudaba a calmarse.
—Se lo que sientes, yo me siento igual, lo e sentido por varias lunas, no lo podemos evitar.
Ninguno dijo palabra alguna por un rato, ambos se fueron calmando poco a poco.
—Quedate conmigo. —pidio Luke.
—Lucerys yo. —alzo su mirada encontrándose con la de su hijo.
—Por favor. —sus ojos se aguaron nuevamente al ver la negativa en la mirada de su de su padre.
—Esta bien, pero primero iré con el maestre para que me dé algo para el golpe. — no espero respuesta se levantó del piso encaminándose hacia la puerta.
Lucerys se quedó ahí mismo esperando, el amaba a su padre, muchas veces se cuestionó si lo que sentía era verdad, o si solo era su mente jugando con el, cada toque cariñoso cada beso en sus mejillas hacia que su Omega saltará de felicidad, queriendo más de él, anhelando que esos labios besaran más que solo sus mejillas y frente.
Se subió a la cama recostandose un rato mientras su padre volvía, perdido en sus pensamientos se quedó dormido de inmediato.
Aemond regreso lo más rápido que pudo, ya era tarde así que tuvo que despertar a Gerardys para que le diera algo para el golpe de su hijo, el maestre pregunto preocupado si había pasado algo, Aemond invento rápidamente que Luke había tropezado y se había lastimado el rostro, Gerardys quiso ir a revisarlo pero Aemond lo calmo diciéndole que no era necesario solo era un mínimo golpe, eso dejo tranquilo al hombre.
Cuando volvió encontró a Lucerys ya dormido, su pecho bajaba y subía al compás de sus respiraciones, su boca entreabierta soltada suaves suspiros apenas audibles, la ancha camisa de seda que cubría su cuerpo se había subido un poco dejando ver sus blancas piernas, Aemond se acercó lentamente sentándose en el borde de la cama, solo observando al omega, su mente divago en el que pudiera pasar si decidía mandar todo a la mierda y tomar a Lucerys como su esposo.
Un quejido lo saco de sus pensamientos, Lucerys se había volteado su mejilla lastimada ahora rozaba la sábana, de inmediato trato de darle vuelta para que no se lastimara más, —alfa—. Pronunció Lucerys entre sueños, esto lo desconcertó por un momento más se recuperó inmediatamente, coloco el ungüento lo más suave que pudo, decidió salir de la habitación antes de cometer una locura.
Lucerys no salió de sus aposentos por varios días, no quería que los gemelos lo vieran mal, su padre había inventado que su celo se adelanto así nadie sospecho lo que realmente había pasado.
Cuando volvió a salir su cara ya no se veía hinchada el moretón que la adornaba fue justificado con la caída que Aemond había inventado días atrás.
Aemond lo evitó por bastantes días, no habían hablado después de lo sucedido, apenas y le daba una mirada cuando compartían la mesa.
Regreso a sus actividades de siempre, ayudando a los gemelos con sus estudios, entrenando con Ser Erryk, aprendiendo todo lo necesario para algún día gobernar Drifmark, las cosas volvían a la normalidad. Lucerys lo odiaba, odiaba que todo fuera igual, odiaba que su padre no aceptará sus sentimientos hacia el, y se odiaba a sí mismo por no poder hacer algo para cambiar eso.
Abrumado por sus pensamientos un día decidió salir a volar, el cielo estaba despejado era el momento perfecto para hacerlo, se encaminó hacia la playa de Dragonstone para llamar a su dragón, Arrax había crecido en gran medida, gracias a la libertad que Lucerys le daba había adquirido un tamaño formidable en esos años.
Su aterrizaje hizo temblar la playa, Lucerys lo saludo dándole algunas caricias que hicieron al dragón soltar gruñidos complacidos, subió por las cuerdas hacia su silla acomodándose bien y sujetándose a esta.
—Sōvēs. —comando, Arrax alzó el vuelo de inmediato.
Volaron durante varias horas al rededor de la isla, aventurándose un poco más Lucerys se alejó bastante, cuando a lo lejos observó que King's Landing ya se podía ver sabía que estaba en problemas, se había alejado demasiado, el viento helado que comenzó a correr le hizo saber que se acercaba una tormenta, comando a Arrax para que volará más rápido de regreso, este obedeció.
El viento en su cara lo golpeaba fuerte, la ropa que tenía no lo abrigaba lo suficientemente bien, se supone que sería un vuelo corto en Dragonstone nada más, King's Landing no estaba lejos pero lo suficientemente como para preocupar a su padre por su ausencia.
Lo mataría estaba seguro, bueno si es que se dignaba en hablarle, ese pensamiento lo hacía enfurecer, ¿Le era tan difícil a su padre aceptar lo que sentía por el? Lucerys no lo sabía, tampoco lo entendía, ellos eran Targaryen's cosas así pasaban en su familia, sus abuelos eran hermanos, su mismo padre se había casado con su prima, su tío Aegon pronto se casaría con su primo Jacaerys, no entendía porque ellos no podían hacer lo mismo.
Un estruendoso rugido lo saco de sus pensamientos, apenas y pudo observar de quién se trataba ya que la noche lo había alcanzado y todo estaba oscuro. Caníbal apenas era visible, sus escamas negras se perdían entre la oscuridad, Aemond le hizo señas para que lo siguiera, Lucerys obedeció, ambos aterrizaron en una pequeña isla ya casi cerca de Dragonstone, Lucerys podía ver aún de lejos el ceño fruncido de su padre una clara mueca de enojo se dibujaba en sus facciones.
—¿Donde estabas? —grito serio, ninguno había bajado de su dragón todavía—. Según Gerardys saliste hace mucho, todos están preocupados por ti. No puedes ser tan inconsciente Lucerys. —bajo de su dragón encaminándose hacia su hijo.
—Lo siento. —dijo nada más, comenzando a quitar las cadenas que lo aseguraban a Arrax.
—¿Donde estabas? —volvió a preguntar.
—Solo salí a volar un rato y se me pasó el tiempo. No fue mi intención preocupar a nadie. —hablo seguro pero en realidad si se sentía culpable.
—¿Y tú? ¿Donde estabas? —pregunto terminado de bajar de Arrax—. No te e visto en todo el día. —camino hasta llegar frente a su padre, este desvío su mirada tras la pregunta de Lucerys.
—Tenia asuntos que arreglar. —contesto sin verlo.
—¿En Drifmark?. —cuestiono Luke—. Venías de allá, ¿Que asuntos te competen en Drifmark? —su ceño se frunció ante la nula respuesta de Aemond.
—¿Padre? —llamo nuevamente, quería respuestas y Aemond ni siquiera podía mirarlo a los ojos.
—Fui a hablar con Corlys... Sobre las cartas de compromiso. —Lucerys tardó un momento en procesar las palabras de su padre, la preocupación se apoderó de el pensando que quizá se habían peleado.
—¿Que paso? —la expresión de su padre solo lo hacía preocuparse más, no lucía enojado ni mucho menos, más bien su expresión denotaba tristeza, o eso pensó Lucerys.
—Se las pedí, las revisaremos en estos días, tienes razón es momento de que te comprometas con alguien Luke.
—su sangre se heló al escuchar esas palabras salir de la boca de su padre. ¿En serio estaba considerado casarlo con algún lord?.
—No quiero. —su voz fue apenas un susurro pero lo suficientemente clara para que Aemond lo escuchará, Arrax rugió ladeando su cuello hacia ellos, este reaccionaba ante las emociones de su jinete, Caníbal hizo lo mismo tan solo a unos metros de ellos, ambos dragones siseaban contra si
—Calmate. —pidio Aemond observando al dragón—. Tu mismo lo dijiste hace unos días, creo que es momento de que te cases. —su mirada choco con la de su hijo, los ojos verdes de este estaban acuosos y no era por la tenue lluvia que caía.
—T-tu sabes muy bien por qué dije lo que dije. —Lucerys sentía un nudo en su garganta, no podía creer que su padre en verdad pensaba que eso era buena idea.
—Lucerys. —advirtio Aemond—. Tu sabes muy bien que eso no está bien, nunca lo estará. Tu vas a cumplir tu deber y desposaras a algún Lord de Westeros. —dijo tajante, intento acercarse hasta su hijo más este retrocedió, el suelo tembló ante los grandes pasos de Arrax quien avanzó la poca distancia que lo separaba de su jinete.
Aemond paro al observar al dragón de su hijo sacar humo por sus fosas nasales observándolo fijamente, Caníbal por su lado solo siseaba en su dirección manteniéndose un poco alejado.
—No lo hagas. —advirtio Aemond viendo cómo Luke comenzaba a subir a su dragón—. Solo te pondrás en peligro a ti y a Arrax. —el alfa tuvo que gritar para ser escuchado, la lluvia amenenazaba con volver en cualquier momento, los truenos se escuchaban cada vez más fuerte y los relámpagos iluminaban el cielo oscuro.
Lucerys se detuvo al percatarse del cambio de clima, su padre tenía razón, no pondría en peligro a Arrax por su enojo, parecía ser que la tormenta no terminaría pronto más bien regresaría con fuerza, así que bajo de su dragón encaminándose lejos de Aemond, buscaría una cueva o algún lugar donde pasar la noche.
Aemond siguió los pasos de Lucerys siendo fijamente observado por el dragón de su hijo, Arrax era muy protector con Luke, eso alegraba a Aemond pero en momentos como estos esa cualidad jugaba en su contra.
—Lucerys. —llamo alto para que el Omega se detuviera.
—Dejame en paz. —contesto sin voltear.
—Y con esa actitud dices que no eres un cachorro. —quiso provocarlo para detenerlo, lo cual funcionó Luke paro en seco volviéndose hacia su padre.
—No, ya no lo soy, pero en estos momentos lo último que quiero es verte. —se dio la vuelta continuando su marcha.
—Deja de actuar así, está oscuro podrías hacerte daño. —se quedó parado viendo cómo Luke se alejaba más—. Las cuevas están por allá. —dijo señalando en la dirección contraria.
Lucerys volteo reconociendo que su padre tenía razón iba en la dirección equivocada cuando quiso retroceder su pie resbaló en el barro húmedo, cayó rodando un poco hasta un pequeño yacimiento de agua que había ahí, la pendiente apenas y se veía por la oscuridad.
—Mierda. —se quejó sintiendo como el frío invadía cada parte de su cuerpo.
—¡LUCERYS! —grito Aemond al verlo caer—. ¡Carajo! ¿Estás bien?
—pregunto más que preocupado, bajo rápidamente la pequeña pendiente hasta llegar a Luke, sus pantalones se mojaron al entrar para ayudarlo, el menor estaba empapado de pies a cabeza, tomo la mano que su padre le ofrecía y subieron juntos nuevamente.
—Estas temblando seguro te enfermaras. —dijo preocupado aún.
—Sera mejor que regresemos a Dragonstone. —hablo Lucerys, sus dientes castañeaban por el frío, el viento helado que corría no ayudaba en nada.
—Claro que no. —afirmo Aemond—. Las cuevas están cerca nos quedaremos aquí hasta que pase la tormenta y por lo que veo creo que tardará.
Ambos caminaron hasta una de las cuevas cercanas, era grande pero no tanto para que sus dragones entraran.
—Llama a Arrax. —pidio Aemond, Lucerys obedeció y en unos instantes el enorme dragón estaba cerca de ellos, Aemond comenzó a recoger ramas de árboles que habían regadas por ahí, cuando junto una buena cantidad le pidió a Lucerys que comandará a Arrax para que calentará la cueva.
—Dracarys. —ordeno Luke firme pero calmado, Arrax entendió lanzando una potente llamarada que inundó la cueva por completo, las ramas mojadas ardieron de inmediato ante el fuego de dragón.
—Sȳrī gaomagon, ao issi nykeā sȳz. —Lucerys recompensó a su dragón dándole unos cuantos mimos.
Bien hecho eres muy bueno.
—Entra. —ordeno Aemond, Lucerys obedeció, se desconcertó al ver como su padre iba hasta su dragón y subía en el, pronto suspiro aliviado viendo cómo este avanzaba hasta quedar frente a la cueva. Aemond bajo llevando consigo unas alforjas, las colocó cerca del fuego para después volver a salir, Lucerys comenzó a quitarse la ropa mojada, la cueva estaba lo suficientemente caliente para abrigarlo, se quedó sólo con su camisa y pantalones puestos, coloco su ropa mojada cerca de la fogata para que se fuera secando, reviso las alforjas de su padre buscando algo de ropa para poder cambiarse, encontró una camisa que seguro le quedaría demasiado grande pero ayudaría, se quitó la propia y rápidamente se la coloco. Siguió buscando y por un momento sus ojos se aguaron al encontrar las cartas de compromiso, suspiro resignado decidiendo mejor sentarse junto a la fogata para agarrar calor.
Unos momentos después Aemond volvió a entrar llevando consigo más ramas húmedas, las colocó cerca del fuego y volvió a salir, Lucerys solo lo observaba desde abajo, escucho como comandaba algo a Caníbal y volvía a entrar, el dragón se acercó más a la cueva colocándose frente a la entrada, su enorme cuerpo la cubría completamente, la cueva se sentía más cálida ahora.
Aemond ni siquiera lo veía, la tristeza de Lucerys aumento aún más.
—Tienes que quitarte todo. —su mirada ni siquiera se poso en el al decirlo—. Puedes enfermar. Toma. —le tendió una enorme capa que Lucerys supuso era de el, lo confirmo al colocarla sobre sus hombros y absorber el delicioso aroma del alfa.
—Gracias. —dijo apenas, con la capa ya puesta se dio la vuelta alejándose un poco y se quitó los pantalones quedando completamente desnudo, los coloco igualmente cerca del fuego, la capa y la camisa lo cubría perfectamente.
Lucerys busco la mirada de su padre, más este estaba más concentrado en avivar el fuego, un suspiro abandono sus labios. Unos momentos después Aemond se sentó del otro lado de la fogata justo frente a él. Sus miradas se encontraron más ninguno mencionó palabra alguna, Lucerys vio como su padre rebuscaba en las alforjas tomando el gran manojo de cartas y de un movimiento las lanzó al fuego. Lucerys le vio perplejo.
—Hay que mantenerlo vivo. —dijo serio—. Deberías intentar dormir la tormenta no parará quizá pasemos aquí la noche.
—No tengo sueño. —contesto Luke en un susurro, solo viendo cómo las cartas se quemaban.
—Algun día tendrás que hacerlo.
—afirmo Aemond viendo lo mismo.
—Si no es contigo no lo haré nunca.
—su voz tembló al decir aquello, sabiendo que eso quizá nunca pasaría.
Aemond subió su mirada viendo a su hijo, su corazón dolió al ver las lágrimas surcar las mejillas del Omega, pero pensaba que era mejor así cuánto más pronto Luke aceptará que eso no era posible más pronto se olvidaría de el.
—Tienes que aceptarlo, tú eres mi hijo esto no puede ser esta mal, sabes que lo mejor es que nos mantengamos alejados. —su mirada estaba puesta en el fuego al decir aquello, ni el mismo creía sus palabras pero era lo mejor.
Lucerys limpio sus lágrimas yendo hacia donde su padre estaba, la capa de este se arrastraba con cada paso que daba, quedó frente a él solo observandolo, Aemond no previno sus acciones solo vio como su capa caía de los hombros de su hijo dejándolo únicamente con su camisa encima, Aemond se perdió entre las curvas del cuerpo del Omega, su camisa era blanca gracias a la luz de las llamas se transparentaba en algunas partes, inmediatamente quiso recogerla más Lucerys fue más rápido colocándose a horcajadas encima de él.
Aemond trago grueso al sentir el cuerpo de su hijo tan cerca suyo.
—Nyke aōhon se ao issi ñuhon kepa.
—Las palabras de Lucerys lo hicieron temblar y más dichas en el idioma de sus ancestros.
Yo soy tuyo y tu eres mío padre.
—Hen bisa tubis ēva se mōris hen issa tubissa. —le fue inevitable no contestar, era un juramento westerosi pero dicho en su idioma lo hacía más personal para ellos.
Desde este día hasta el final de mis días.
Una tímida sonrisa adorno las facciones de Lucerys al recibir la respuesta de su padre, sus manos temblorosas subieron hasta sus mejillas tomándolas suavemente acercó su rostro dejando un suave beso en los labios del alfa, Lucerys enrojeció al instante, era su primer beso y había sido con Aemond, su padre, su alfa.
Aemond solo pudo observar cada acción de Lucerys, ese pequeño beso había removido todo en su interior sus emociones estaban a flor de piel, no pudo aguantar más y subió su mano hasta la nuca del menor atrayéndolo hacia el, ese beso fue diferente más necesitado más demandante, Lucerys gimió sobre sus labios apenas podía mantener el ritmo que el alfa imponía, sus manos tomaron el cuello de este queriendo aferrarse a algo, cuando se separaron sus labios estaban hinchados y húmedos su respiración era agitada, sus miradas se encontraron, se quedaron en silencio por un momento.
—Tomame. —pidio Lucerys recuperando el aliento.
—Luke. —llamo Aemond agitado.
—Por favor. —suplico—. Soy sólo tuyo alfa. —Aemond solo lo observaba debatiéndose que hacer.
Lentamente bajo su mano tomando la de su padre y subiéndola hasta su boca dejo un casto beso sobre esta para después tomar dos de sus dedos y lamerlos, Aemond quiso retirar su mano más no lo dejó y en un movimiento inesperado para el alfa Lucerys introdujo los dos dedos en su boca, un gemido ronco escapó de la boca del alfa sintiendo como Lucerys chupaba y succionaba sus dedos, inevitablemente su miembro reaccionó endureciendose de inmediato, sus feromonas salían sin parar dejando ver lo excitado que estaba por las acciones de su hijo.
Lucerys retiro los dedos de su boca, un hilo de saliva quedó entre los dígitos y sus labios, el alfa se perdió por completo en la visión que Lucerys le daba, labios húmedos rostro sonrojado, la punta de su lengua se asomaba por su boca, Luke se acercó nuevamente a Aemond sin soltar su mano, lo beso una vez más, despacio intentando replicar lo que el alfa había hecho hace unos momentos, Aemond se dejó hacer.
Aprovechando la distracción del beso Lucerys llevo la mano del alfa hasta su entrepierna.
—Luke. —llamo el alfa algo desconcertado.
—Por favor. —pidio el omega
Aemond sintió la humedad en sus dedos, el lubricante de Lucerys comenzaba a salir, el olor era embriagante, Aemond escondió su rostro en el cuello de su hijo queriendo recuperar la cordura, más las feromonas de este solo hacían que quisiera enterrarse en su interior y dominarlo completamente.
—Hazlo papi, por favor. —dijo como si adivinara sus pensamientos, quizá era su olor el que lo delataba, lo deseaba, deseaba profanar el pequeño cuerpo de Lucerys y marcarlo solo para el, más sabía que si lo hacía no habría vuelta atrás.
Lucerys gimió al sentir el fuerte agarre en su cintura, la mano de su padre seguía entre sus piernas más este no hacía nada.
Su cuerpo se tenso al sentir como Aemond colaba un dígito por su entrada, se deslizó tan bien gracias al lubricante, este ya resbalaba por sus piernas manchando la ropa del alfa.
Le fue inevitable no gritar al sentir como un segundo dedo entraba en el, cerro sus ojos disfrutando de las sensaciones, su cuerpo lo recibía tan bien, Lucerys se sentía flotar, comenzó a moverse por sí solo queriendo más.
—Tan necesitado. —Lucerys abrió sus ojos encontrandose con los ojos rojos de su padre, este usaba su voz alfa exitandolo aún más.
Sus dedos comenzaron a moverse en su interior, Aemond los abría y cerraba causando espasmos en el cuerpo de Lucerys.
—¡Mmjm! así por favor no pares. —su voz entrecortada dejaba ver cuanto lo disfrutaba, se había tocado innumerables veces durante sus celos y fuera de estos, siempre con una sola imagen en su mente, la de su padre follandolo. Más lo que sentía en esos momentos no se podía comparar con nada, el placer era abrumador su cuerpo no resistía tanto.
Sus miradas se perdieron en la del otro, los ojos llorosos de Lucerys le hacían saber que estaba cerca, Aemond subió su mano alcanzando uno de los pezones rosados del Omega apretándolo un poco y halandolo para después soltarlo, Lucerys no pudo más, su semilla salió manchando la ropa de su padre, su mancha escurrió por la mano de este, Aemond siguió embistiendo provocando una serie de temblores en el cuerpo del omega, logró que se corriera una segunda vez.
Lucerys estaba exhausto Aemond lo sabía, dejo salir sus feromonas tranquilizantes haciendo su su hijo se fuera rindiendo poco a poco hasta caer dormido en su hombro.
Aemond lo tomo con cuidado impregnandolo con su aroma, lo levanto suavemente recostandolo sobre la capa que yacía tirada en el suelo.
Aemond pasó toda la noche en vela solo viendo dormir a Luke, aún sin creer lo que había pasado, podía hachar la culpa a su alfa por haberlo dominado pero la verdad era que el estaba bastante consciente cuando paso todo. No sabía que debía hacer, no quería lastimar más a Lucerys, si este no hubiera caído rendido por el cansancio seguramente lo habría tomado ahí mismo sin importarle las consecuencias.
La mañana llego, Lucerys aún dormía plácidamente la luz iluminaba un poco la cueva Caníbal volaba cerca junto con Arrax, la lluvia había cesado hace mucho, Aemond veía a Lucerys removerse entre su capa, pensó que despertaría así que inundó la cueva con su olor, las feromonas calmantes lo mantendrían en un sueño profundo por algún tiempo más.
Aemond salió de la cueva apresurado se alejó bastante para llamar a su dragón, no quería que Lucerys se despertara con el aterrizaje de este, Arrax seguía sobrevolando la pequeña isla sintiendo la tranquilidad de su jinete, lanzó un rugido bajo al ver a Caníbal alzar el vuelo y alejarse.
Aemond regreso unos momentos después verificando que Lucerys seguía dormido, dejo un cambio de ropa cerca para el y alguna comida que trajo desde Dragonstone.
Todos se habían preocupado al verlo llegar solo, temiendo lo peor, les dijo la verdad a medias, que la tormenta los había alcanzado obligándolos a pasar la noche en una isla cercana no queriendo volar con ese mal clima, claramente omitió la parte donde le hizo cosas a Lucerys de las cuales se arrepentía, diciendo que lo había dejado para que durmiera un poco más.
No quiso esperar a que despertara y se fue nuevamente dejándolo solo, no quería enfrentarse a el, ni ahora ni nunca.
Los rayos del sol dieron directo en el rostro de Luke haciendo que se despertara, se estiró bostezando aún un poco desorientado sin recordar donde estaba, una sonrisa se adorno su rostro al recordar todo lo sucedido, e ahí que se percató de la ausencia de su padre, no quiso alterarse precipitadamente así que se levantó para buscarlo más paro en seco al ver la ropa y la comida cerca de donde había estado la fogata antes.
Se cambió lo más rápido que pudo y se dispuso a comer, una vez termino salió para ver si su padre estaba cerca, al no encontrarlo en ningún lado llamo a Arrax para que aterrizará, saludo a su dragón y subió de inmediato para irse, no mentiría estaba preocupado pensando que quizá algo le había pasado a su padre. Lo averiguaría cuando llegará a Dragonstone, Arrax alzó el vuelo rumbo hacia allá.
Unos momentos después ya estaba aterrizando en la playa de su hogar, Gerardys ya lo esperaba junto a unos soldados.
—Mi príncipe. —saludo el maestre haciendo una reverencia junto a los soldados—. Su padre nos dijo que lo esperaramos, estábamos muy preocupados por usted.
—Lo siento. —dijo realmente apenado por haberlos preocupado—. No calculé el tiempo y cuando me di cuenta ya estaba algo lejos, mi padre me encontró y la tormenta nos alcanzó a ambos.
Gerardys asintió a lo dicho diciéndole que no tenía que pedir disculpas ellos solo les servían, Lucerys lo cayó de inmediato sabiendo que todos en la isla los apreciaban en gran medida haciéndole ver que ellos eran importantes para la familia.
Juntos caminaron hasta la entrada de la fortaleza Lucerys no pudo resistirse por preguntar por su padre, el maestre le informo que estaba atendiendo unos asuntos importantes que requerían su atención. Lucerys entendió, era por eso que no había vuelto, su pecho se sintió cálido al pensar que ahora todo sería diferente y Aemond por fin aceptaría sus sentimientos.
Su padre tenía otros planes...