Nuevos Comienzos
El sol se colaba por la ventana de la habitación de Sarah, iluminando suavemente su cabello largo y ondulado, castaño como el otoño. Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de emoción y nerviosismo mientras se miraba al espejo una última vez. Hoy era su primer día en la universidad. Un nuevo capítulo. Una nueva aventura. Y, por primera vez en años, no compartiría el salón con ninguno de sus amigos.
Se puso su mochila al hombro, ajustó su blusa favorita y salió de casa con su característica sonrisa brillante, esa que la hacía destacar incluso entre la multitud. Al llegar al campus, el bullicio de estudiantes nuevos, las risas, los abrazos y los nervios flotaban en el aire como mariposas.
En cuanto vio a su grupo de amigos, el corazón le dio un pequeño vuelco de alivio. Michael, con su piel morena, ojos grises profundos y su cabello negro azabache, la saludó con una palmada en la espalda.
-¡Sarah! -exclamó Juliet, la novia de Michael, una chica rubia de bronceado perfecto, ojos marrones y una sonrisa sarcástica que nunca fallaba en sacar una carcajada-. ¿Lista para convertirte en una nerd de las letras?
-Más que lista -respondió Sarah con una risa nerviosa.
Emily, su mejor amiga desde siempre, se acercó y le dio un abrazo apretado. Era delgada, de estatura promedio, con el cabello rubio recogido en una coleta rápida y ojos verdes que destilaban dulzura.
-Vas a estar bien -le susurró al oído-. Y nos vemos en el almuerzo. Me cuentas todo, ¿sí?
Sarah asintió, aunque la inquietud seguía anidada en su estómago.
Caminar sola hacia su edificio fue extraño. Ya no eran los pasillos del colegio, ya no estaban sus amigos en la misma clase. Ahora estaba ella... y un salón lleno de desconocidos. Llegó a tiempo, escaneó el aula con la mirada y eligió un asiento en el medio: ni demasiado adelante para parecer la empollona, ni demasiado atrás para parecer desinteresada.
Se sentó y sacó sus cosas, respirando hondo. Justo entonces, alguien se sentó a su lado. Al voltear, sus ojos se encontraron con los de un chico de cabello castaño rojizo, de sonrisa tranquila y mirada curiosa.
-Hola -le dijo él-. Soy Dylan Ahrent.
Sarah tardó un segundo en responder, sorprendida por lo rápido que su ansiedad disminuyó con solo esa sonrisa.
-Sarah... Mucho gusto.
Y así, con esa simple presentación, comenzaba una nueva historia.