最初の会議
•Sasuke
En las calles oscuras y desoladas de Tokio, un lugar donde durante el día siempre había oleadas de japoneses yendo a sus trabajos, escuelas y hogares, reinaba un silencio inquietante. Era una ciudad que aparentaba ser tranquila y "segura", donde nadie se entrometía en los problemas de los demás. Eso último era casi una ley no escrita que todos seguían al pie de la letra.
Todos menos yo.
Iba corriendo por las calles, ya casi vacías a esas horas de la noche. Realmente odiaba al imbécil de mi maestro, que me obligó a quedarme a clases extra por el simple hecho de no poder hablar ruso. De todos los idiomas que pudieron enseñarnos, tenía que ser ruso. Un idioma de mierda.
Además, me dio una charla sobre mi futuro. Que tenía mucho potencial, que no podía desperdiciar mis oportunidades y bla, bla, bla...
Mis piernas me dolían, demasiado para ser sincero. Odiaba correr. Bueno, realmente odiaba todo lo que tuviera que ver con el ejercicio.
Por suerte, recordé un atajo que acortaba un poco el camino y que ya había tomado algunas veces. Sin pensarlo demasiado, decidí ir por ahí.
Entré por calles aún más desoladas y oscuras, con muy pocas luces que parpadeaban. La verdad, no me asustaba demasiado, así que, confiado, seguí corriendo hasta pasar junto a un pequeño callejón estrecho y completamente oscuro.
Entonces escuché un grito ahogado proveniente de su interior.
Me detuve en seco.
Por instinto volteé hacia esa dirección, aunque la oscuridad apenas me permitía distinguir algo. No me atrevía a encender la linterna del móvil, pero la curiosidad me estaba matando. Quería entrar y averiguar qué estaba ocurriendo ahí
Como dice el dicho: "La curiosidad mató al gato".
Pero yo no soy un gato.
¿Cierto?
Mis pies comenzaron a moverse por voluntad propia hacia el interior del callejón.
Olía fatal. No entendía cómo un lugar podía desprender un olor tan desagradable. Seguí avanzando mientras sujetaba con fuerza las dos correas de mi mochila, sintiendo cómo el nerviosismo aumentaba con cada paso.
Cuanto más me adentraba, con mayor claridad escuchaba algunos quejidos y otros ruidos que no lograba identificar del todo.
Me detuve de golpe cuando sentí que había pisado algo líquido.
Que sea agua... Que sea agua, por favor.
Bajé la vista, aunque apenas podía distinguir lo que había bajo las suelas de mis zapatos.
El olor metálico me dio la respuesta.
Esa era mi señal para salir corriendo.
Pero no lo hice.
Seguí caminando hasta quedar a pocos centímetros de la enorme espalda de un hombre.
Gracias a la tenue luz que se colaba entre los edificios, pude distinguir que tenía el cabello revuelto, de un tono claro. No llevaba camiseta, así que pude ver su ancha espalda cubierta de tatuajes que parecían extenderse hasta su brazo derecho. Vestía unos pantalones holgados grises, manchados por un líquido oscuro.
De pronto se dio la vuelta, como si hubiera notado mi presencia.
Debió de ser por el olor de mis feromonas, que estaba liberando involuntariamente a causa del miedo y los nervios.
Clavó en mí unos enormes ojos color rubí.
Durante un instante nos quedamos observándonos, analizando las facciones del otro. Alcancé a percibir sus feromonas, una mezcla de miel y caramelo que contrastaba de forma inquietante con el intenso olor metálico del ambiente.
Entonces levantó el cuchillo, aún cubierto de ese líquido rojo.
Y corrí.
Escuchaba sus pasos detrás de mí.
Cada zancada sonaba más cerca que la anterior y, aun así, sentía que mis piernas apenas avanzaban. Corrí más de trece calles sin dejar de escuchar sus pesados pasos siguiéndome.
No quería mirar atrás.
Sabía que, si lo hacía, me arrepentiría.
Empecé a meterme por calles sin ningún sentido hasta llegar a una zona mucho más iluminada y concurrida.
Fue entonces cuando dejó de seguirme.
O, al menos, eso quería creer.
Todo había pasado mucho más rápido de lo que esperaba.
Ni siquiera sabía que podía correr así.
No quería volver a casa por miedo a que todavía me estuviera siguiendo. Definitivamente no pensaba permitir que supiera dónde demonios vivía.
Así que la mejor idea que se me ocurrió fue ir al hospital donde mi hermano mayor estaba haciendo sus pasantías.
No quedaba muy lejos de allí
Además, podría llevarme de regreso en su auto y no tendría que caminar más.
—Claro, Sasuke... Eres un genio. Pero ¿crees que sabría dónde trabaja Itachi si quisiera hacerte algo? Sí que eres un idiota...
Sacudí la cabeza, intentando callar esa voz.
Tomé rumbo hacia el hospital.
En el exterior había varios pacientes sentados en las bancas; otros caminaban lentamente sosteniéndose de un tubo metálico del que colgaba una bolsa con algún medicamento.
Entré al edificio completamente blanco y me crucé con varios enfermeros y enfermeras vestidos con uniformes azules, batas blancas y cubrebocas. Pasé de largo mientras algunos me saludaban; ya me habían visto antes cuando iba a buscar a mi hermano.
Les respondía con una pequeña sonrisa.
Cuando reconocí a uno de los enfermeros, amigo de Itachi, corrí hacia él.
—¿Sabes dónde está mi ani?
Claro que lo sabía. Ese chico se la pasaba pegado a él como una chinche.
—Está con el enfermero jefe.
Me indicó la dirección.
Le agradecí y fui hacia donde me había dicho.
Atravesé múltiples pasillos iluminados por las típicas luces frías, perfectas para ese ambiente helado y lleno de falsas promesas.
Promesas que les hacían a los pacientes para que afrontaran sus últimos días con algo de paz.
Era cruel.
Y aquel ambiente me acompañaba mientras seguía temblando.
Qué idiota soy.
¿Por qué no seguí de largo?
¿Qué era lo que me impulsó a entrar?
Ahora no podía dejar de pensar que seguía detrás de mí, acechándome, esperando pacientemente el momento perfecto para matarme.
Me tomó un poco encontrar a mi hermano. Ese día había más gente de lo normal.
Bueno... era viernes. ¿Qué podía esperar?
Llevaba puesta una bata blanca que le llegaba hasta los tobillos. Su uniforme gris hacía contraste con su piel pálida, muy parecida a la mía. Su larga cabellera negra estaba recogida en una coleta que le llegaba hasta la cintura.
Sostenía una carpeta mientras anotaba todo lo que el enfermero jefe le iba diciendo.
Cuando levantó la vista y me encontró con sus rasgados ojos negros, una sonrisa apareció de inmediato en su rostro.
Yo no tardé en devolvérsela.

Estábamos caminando hacia el estacionamiento, donde estaba el auto que el novio de mi hermano le había regalado apenas se graduó de la universidad. A pesar de que mi hermano era alfa, logró conquistar a otro alfa. Aunque este era dominante y tenía mucho dinero, siempre estuvo seguro de que mi hermano no estaba con él por interés.
De hecho, durante los dos años que estuvieron juntos en la preparatoria, antes de que Shisui se fuera a la universidad, fingió ser pobre. Incluso mantuvieron su relación a distancia durante ese tiempo
Mi hermano siempre ha tenido un gran corazón, así que nunca le importó que fuera "pobre", siempre y cuando siguiera siendo él mismo. Y justamente eso fue lo que terminó conquistando a mi cuñado.
Claro que mis padres estuvieron totalmente en desacuerdo con la relación. Fue entonces cuando Itachi decidió huir de casa junto con Shisui, y fue ahí cuando este le contó toda la verdad.
Por lo que me contó mi hermano, al principio se sintió muy decepcionado por la mentira, pero no le duró mucho. Mi cuñado le rogó como un perro, y nadie me quitará de la cabeza que solo le faltó besar el suelo para que lo perdonara.
Ahora viven felices en el departamento de Shisui. Él fue quien pagó la universidad de mi hermano, ya que mis padres se negaron a hacerlo.
Siempre que quiero, me dejan quedarme con ellos. Además, mi cuñado me debe muchas, porque durante años fui quien los cubría cuando se escapaban para verse. Así que no tiene derecho a quejarse si me quedo todo el tiempo que quiera.
Como ahora.
Íbamos camino a su casa.
—¿Cómo te fue, hermanito? —preguntó Itachi mientras esperaba a que el semáforo cambiara de color.
—Se podría decir que bien —contesté, sin querer profundizar demasiado.
—¿Y cómo vas con... ya sabes, Mirion? —preguntó con cuidado, refiriéndose al alfa con el que estaba saliendo. Al igual que él, yo también sentía atracción por los alfas, algo bastante normal en nuestra familia.
—Acabamos de romper. Ya sabes... teníamos planes diferentes.
—Vaya...
Volvió a concentrarse en el camino.
—Sí, ya sabes. Si terminas con tu ex, solo queda ir por el siguiente.
Apenas esas palabras salieron de mi boca, Itachi frenó de golpe, haciendo que casi me estrellara contra el parabrisas.
—¡¿Qué te pasa, Itachi?! ¡Casi me matas!
Afuera comenzaron a escucharse los pitidos y los gritos de otros conductores
—Perdón, perdón. Solo... ¿cómo que ya tienes a alguien más? —preguntó mientras retomaba la marcha.
—Pues en eso estoy. Todavía solo somos quedantes. Nada es oficial... aún.
Después de un viaje lleno de silencio, llegamos al edificio donde vivía mi hermano. Dejó el coche con uno de los empleados para que lo estacionara en el sótano y ambos entramos al edificio.
Subimos por el elevador hasta los pisos más altos.
Al llegar frente al departamento de Shisui, cuya puerta tenía el número 459 en letras doradas, Itachi sacó su tarjeta y abrió la puerta.
Un agradable departamento completamente blanco y limpio apareció frente a nosotros.
Apenas puse un pie dentro, el olor a curry picante llenó mis pulmones, envolviéndome en una sensación de calidez.
Por fin me sentía seguro.
Shisui salió de la cocina con un mandil rosa pastel y unos guantes negros. Apenas me vio, su rostro se iluminó y corrió hacia mí para recibirme con un abrazo.
Si prácticamente vivía con mi hermano.
Hasta el mismo Shisui me había dicho que ya me consideraba como un hijo. Y no era para menos. Aunque comenzaron su relación en la preparatoria, ambos ya se conocían desde la secundaria, así que prácticamente me había visto crecer.
Sin embargo, llevaba un mes sin quedarme con ellos. Estaba en época de exámenes y tenía que llegar más temprano de lo normal a la escuela.
Además, el departamento quedaba algo lejos, así que me quedaba con mis padres.
Pero ahora realmente necesitaba la compañía de mi hermano y de mi cuñado.
Todavía tenía miedo.
No podía dejar de pensar en lo sucedido.
Ese hombre me había seguido.
No sabía durante cuánto tiempo ni hasta dónde.
Y eso era precisamente lo que más me aterraba.
Aunque, de alguna manera extraña, también me emocionaba
No entendía por qué.
Sacudí la cabeza.
No quería pensar más en eso.
Solo quería descansar.
Le devolví el abrazo a mi cuñado. Aunque no era muy fanático del contacto físico, por esta vez lo dejaría pasar, aun cuando ya empezaba a incomodarme.
Por suerte, terminó separándose.
—Me da mucho gusto que estés de vuelta.
Me tomó de los hombros antes de regresar a la cocina, no sin antes darle un beso a Itachi.
—Tu habitación sigue igual que como la dejaste. Ve a dejar tu mochila y date un baño. Se nota que corriste, estás todo rojo
Me dio un ligero golpecito con dos dedos en la frente.
Fui hasta mi habitación, que estaba algo alejada de la principal. No me molestaba; al contrario, disfrutaba tener mi propia privacidad.
Era muy distinta al resto del departamento.
Mi cuarto era completamente negro.
Y me encantaba.
Arrojé la mochila en una esquina y entré a darme un baño de agua fría.
Fue increíblemente relajante
Después de todo lo ocurrido, sentía que cada gota se llevaba un poco de la tensión que había acumulado.
Salí de la ducha con una toalla enrollada alrededor de la cintura y caminé hasta el armario. Saqué una pijama compuesta por un pantalón corto, que me llegaba un poco más abajo del muslo, y una camiseta negra.
Siempre que estaba en casa de mi hermano procuraba vestirme un poco más cubierto, por respeto a su pareja
Me sequé el cabello con la secadora e hice mi rutina de noche. Me puse algunas cremas antes de salir rumbo al comedor, donde ya me estaban esperando
Tomé asiento al lado de Itachi.
Shisui comenzó a servir el curry en nuestros platos y empezamos a cenar
La comida transcurrió entre risas, las burlas de Itachi hacia Shisui y mis constantes insultos hacia mi hermano.


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