Where Our Hearts Meet

Summary

Amaron con desesperación, se hirieron con la misma intensidad. Jimin y Taehyung fueron una historia marcada por el apego y el dolor, un amor tóxico que dejó cicatrices imposibles de ignorar. Cuando todo terminó, Jimin creyó que jamás volvería a encontrar la luz... hasta que apareció Jungkook. Con sus silencios seguros y sus miradas sinceras, Jungkook reconstruyó un corazón que creía haber perdido para siempre. Lo que empezó como un refugio se transformó en un amor imparable, tan profundo que desafió heridas pasadas y temores futuros. Pero sanar no significa olvidar, y el pasado siempre encuentra la forma de regresar. Entre lágrimas, decisiones imposibles y promesas susurradas bajo cielos infinitos, Jimin deberá aprender que a veces el verdadero amor no es el primero, sino aquel que llega cuando más roto estás… y aún así decide quedarse. ♡Mención del Vmin ♡Mpreg ♡Kookmin

Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
18+

La Primera Vez

Esa noche quedó grabada en mi piel como una cicatriz silenciosa.

Habíamos discutido por cualquier tontería —como siempre—. Palabras afiladas volaban entre nosotros, cada una buscando herir un poco más que la anterior. Reproches, acusaciones, celos disfrazados de orgullo. Estábamos de pie en medio de tu departamento, los ojos ardiendo por la rabia, las manos temblando por la tensión.

“¿Y qué quieres que haga, Jimin? ¿Que me arrodille y te ruegue? ¡No soy tu juguete!”, gritaste con la voz rota.

“¡Y tú no eres el mío!”, respondí, aunque sabía que sí. Lo éramos el uno para el otro. Piezas rotas que encajaban solo en la oscuridad, no en la vida real.

El silencio cayó de golpe. Y en ese vacío, solo se escuchaban nuestras respiraciones agitadas. Me miraste como si fuera la única persona que podía salvarte y destruirte al mismo tiempo. Y yo te miré igual.

Te acercaste. No dijiste nada. Tus manos se apoyaron en mi rostro, temblorosas, y tus labios tocaron los míos con una desesperación que solo conocen los que aman mal. Respondí sin pensar. Te abracé como si quisieras escaparte, y nuestras bocas se buscaron como tantas veces antes, pero esta vez fue distinto.

Esta vez no hubo prisa. No hubo máscaras.

Nos desnudamos sin apuros, como si cada prenda fuera una culpa que dejábamos caer al suelo. Entramos en tu habitación, donde la luna se colaba por las cortinas blancas, pintando nuestras pieles con una luz suave, casi irreal.

Te vi temblar. No de miedo, sino de algo más profundo: vulnerabilidad. Y cuando me preguntaste con la mirada si estaba seguro, respondí con un beso lento, torpe, lleno de ternura. Porque sí, lo estaba. Porque en medio de toda la locura, aún había una parte de mí que te amaba tanto que dolía.

Esa noche fuiste mío. Y yo tuyo.

No hubo promesas ni juramentos. Solo dos cuerpos buscando consuelo en el otro. Nos entregamos como quien se lanza al abismo esperando encontrar alas en la caída. Y por un instante, sentí que quizás podíamos volar juntos.

Pero volar nunca fue lo nuestro.

A la mañana siguiente, desperté sintiendo el calor de tu espalda, y por un segundo creí que al fin habíamos encontrado el camino. Pero cuando abriste los ojos, no dijiste nada. Te levantaste, te vestiste, y me llevaste de regreso a casa en ese silencio que ya conocía bien. El mismo que usabas para esconderte de lo que sentías.

No hablamos del tema. No mencionamos lo que pasó. Pero a partir de ese momento, algo cambió.

Nos habíamos dado lo más íntimo... sin saber si estábamos listos para recibirlo.

Y desde entonces, nos convertimos en extraños con demasiada historia en común.