Prólogo
En la sociedad en la que vivimos los Omegas masculinos son vistos como algo raro, como un error de la diosa Luna, nos desprecian por como somos y al ser uno me dí cuenta demasiado temprano de ese "pequeño" detalle.
Mi nombre como ya todos supondrán es Park Jimin y estudió en la Universidad Hanwool. En la especialidad de Educación física, en la cual muchos atletas entrenan para competencias y así poder representar al país; yo al igual que mi madre, me dedico a la danza.
"Sé fuerte y entrena duro para ganar una medalla de oro."
Esas fueron las palabras de mi madre cuando entré a la Universidad, y a pesar de los comentarios de la gente me concentré y trabajé duro en mis clases para llegar hasta donde estoy hoy en día.
— Siguiente participante, Park Jimin de la Universidad de Hanwool, Con su baile “Libertad entre Sombras”
Era mucha presión, claro que sí, debía ganar la medalla de oro no sólo por mi equipó si no también por mamá.
La hora de presentar mi coreografía había llegado, me faltaba el aire y sentía que estaba apuntó de desmayarme, no conseguía enfocar bien mi mirada en los jueces y mierda estaba aterrorizado, bajé mi mirada y tomé mi posición mientras esperaba que comenzará a sonar la melodía de; No Time To Die de Billie Eilish, creo que me desmayare pronto, me dije a mi mismo cuando mis párpados empezaron a cerrarse.
Eso era todo lo que necesitaba.
El escenario se ilumina suavemente. Estando de espaldas al público, con mi cuerpo ligeramente encorvado, como si cargara un peso invisible. Cuando la música comenzó a sonar mi cuerpo pareció tomar vida propia y empezó a ejecutar la coreografía.
Me la sabía de memoria claro si, pero cuando el pánico llegaba a mi, mi mente se desconectaba y mi cuerpo tomaba el control.
La música comienza, y con la primera nota, mi cabeza se levanta lentamente. Doy un paso hacia adelante dudando, y mi brazo se extiende con delicadeza, como si intentara alcanzar algo que ya no está.
Giro sobre mí mismo, suave, como si fuera arrastrado por una brisa. Mis movimientos son amplios pero contenidos, como si mi cuerpo recordara aún la prisión del pasado. Cada extensión de los brazos es una súplica silenciosa, una pregunta sin respuesta.
A mitad de la canción, llega un cambio: una secuencia de pasos más decididos. Salto brevemente y caigo con suavidad, como si algo dentro de mí se rompiera pero, al mismo tiempo, se liberará. Me arrodillo, con una mano al pecho, y luego me levanto con fuerza contenida, como una flor abriéndose al sol por primera vez.
Hacia el final, mis movimientos se vuelven más ligeros. Giro con los brazos extendidos, con la cabeza inclinada hacia el cielo, como un pájaro alzando el vuelo. En el último acorde, me detengo al centro del escenario, con los brazos en alto, el rostro en paz. Ya no hay dolor. Solo libertad para una pobre alma llena de cicatrices.
Abrí los ojos para encontrarme al público, entre ellos a mi equipo que me apoyaba y gritaban mi nombre eufóricos, la audiencia se miraba asombrada y felíz.
¿Por qué yo no me sentía así?
Cometí algunos errores a lo largo del baile y eso me decepcionó, debía hacerlo perfecto.
"Si cometes un error allá afuera ellos no se darán cuenta, los únicos que sabemos sobre el error somos tus entrenadores y tu."
Las palabras de la señorita Yongsun se repiten una y otra vez en mi cabeza hasta que siento como mis lágrimas amenazan con salir.
Me despido con una reverencia de inclinación de 90 grados y las luces se apagan, mientras salgo corriendo del escenario oigo cómo presentan al siguiente participante.
Mi rival.
Apenas llegó al camerino cierro la puerta y voy hacía el tocador, me siento en una de las sillas mientras controlo mi llanto.
No podía darme el lujo de cometer un error, era una de las últimas competencias que tendría antes de las nacionales, estoy compitiendo con personas que ya han estado aquí antes y son mucho mejores que yo.
Calmate Jimin.
— ¿Crees que diste lo mejor de ti allá afuera? - era ella, la señorita Yongsun.
— No entiendo qué fue lo que pasó - dije casi de inmediato mientras me volteo para estar frente a frente.
— No dormiste toda la noche porque te la pasaste practicando una y otra vez la coreografía hasta que te salió perfecta, ¿y ahora cometes errores? — al realizar la pregunta dejó escapar su irá por medio de un grito, mi cuerpo se tenso y las lágrimas amenazaban nuevamente en salir — Hemos estado preparándonos para esta competencia todo el año, no puedes subir allá y cometer tantos errores.
— Lo siento mucho — hice una reverencia de 90 grados para disculparme, creo que la señorita Yongsun se calmó un poco porque no volvió a hablar, sin embargo lo que dijo después me dejó atónito.
— La próxima vez, consideraré llevar a Wonyoung a la siguiente competencia, estoy segura de que ella no cometerá tantos errores como tú.
Y eso fue todo.
Las lágrimas comenzaron a salir nuevamente mientras retenía mis sollozos.
Me esforcé demasiado para llegar hasta aquí.
Entonces.
¿Porque no podía realizar una coreografía sin cometer errores?
En mi mente sabía la coreografía de principio a fin, al derecho y al revés, la practicaba hasta que saliera perfecta pero cuando salía al escenario simplemente no podía realizarlo a la perfección como lo había hecho antes.
Wonyoung por otro lado no solo era la Omega más hermosa de la Universidad, si no también era conocida por sus hermosas coreografías y lo perfecta que era a la hora de realizarlas.
La envidiaba tanto.
Además de ser la Omega perfecta, Wonyoung también era la bulling más malvada del campus y aún que todos sabían las maldades que ella hacía, nadie nunca se atrevió a acusarla con algún profesor.
La maldita era capaz de mandar a uno de los tantos Alfas que gustaban de ella para seguirte hasta tu casa y darte un golpe del que te acordarás por el resto de tu vida.
Permanezco en el camerino una hora hasta que llega el momento de nombrar a los ganadores, hay tres filas de participantes detrás de la presentadora, yo como de costumbre me encuentro en la primera fila con una pequeña sonrisa y rezando por obtener el primer lugar.
— Tercer lugar; de la Escuela de danza Sakurai's High, Wang MinYeon, con una calificación de 7.5 puntos.
Se oyen los aplausos de la gente emocionada al ver cómo la participante va a recoger su medalla de bronce, al parecer nadie se da cuenta, o solo soy muy observador cuando puedo ver cómo la sonrisa de la Omega se tuerce y fue por un segundo que pude apreciar su enojo en la ligera expresión que realizó.
Siempre es lo mismo.
— Segundo lugar; de la Universidad Nacional de Artes, Hirai Momo, con una calificación de 8 puntos.
No era sorpresa para nadie, últimamente Momo había ganado casi en todas las competencias a las que había asistido, si no ganaba el primer lugar entonces era el segundo, pero nunca obtenía una posición menor, era una gran rival, y aunque muchos decían que era una Omega bastante ruda y presumida debido a su olor a frutos secos, la verdad era que Momo resultó siendo todo lo contrario.
Muy amable para sorpresa de todos.
A diferencia de MinYeon, Momo no pareció importarle el segundo lugar, o quizás sí le importaba pero lo ocultaba demasiado bien del ojo público.
Cuando Momo recibió la medalla de plata, se posicionó a la par de MinYeon quien aparentemente tenía una lucha interna por controlar sus emociones.
— El primer lugar de la competencia nacional de Corea Del Sur es para...
El pánico se apoderó de mí en cuestión de segundos.
Debo ganar, debo ganar, debo ganar.
Eso era lo único que repetía mi mente, mis manos comenzaron a sudar y no sé en qué momento empecé a temblar.
Mucha presión.
Y es que si no ganaba no sólo la señorita Yongsun empezará a tomar más en cuenta a Wonyoung para sus planes a futuro, si no que en mi estaba el peso en si mi equipo obtendría por tercera vez consecutiva la victoria en esta competencia o no.
Creo que voy a desmayarme.
— ¡Park Jimin, con una calificación de 9.5 puntos!
¿Qué dijo?
¿Era yo?
¿Se había presentado otro Park Jimin?
Ni procese bien la información cuando las personas que tenía a mi lado empezaron a empujarme para que pasará a recibir mi medalla de oro.
¿Se habrán dado cuenta de mis errores?
¿Realmente no fui tan malo?
¿Gane?
— Felicidades — dijo la presentadora colocando la medalla en mi cuello, aun seguía aturdido pero me limité a sonreírle cuando ella me extendió un ramo de flores.
En verdad gané.
La gente aplaudía con entusiasmo, me coloque al lado de Momo y la Omega solo me sonrió, dirigí mi vista al público y encontré a mi equipo gritando y saltando de felicidad al ver lo que logre, entre ellos estaba la señorita Yongsun quien me miraba con una ligera sonrisa, pero sabía que aun que había ganado, mi posición no estaba asegurada.
No mientras siguiera cometiendo tantos errores.
Esta era la última competencia que tendría este año, las vacaciones de invierno serían la próxima semana, por lo que tendré tiempo para descansar y seguir practicando hasta que vuelva a clases.
Mientras tanto, celebraré esta victoria junto a
mamá.
— ¿Cómo está mi campeón? — exclamó cierto chico alegre peliblanco entrando a los vestidores.
— De la puta mierda — respondí frustrado.
— ¿Peleaste con Sohee?
— No, termine con ella hace una semana — dije restándole importancia.
— Joder Jungkook, ¿otra vez?
— No me gustan las distracciones cuando las nacionales están cerca — dije con simpleza.
— Si no es ella, ¿entonces qué sucede?
— Pelee con mi padre otra vez.
— ¿Lo mismo de siempre? — asenti — Joder, que puta mierda.
— La competencia me quitará el estrés, solo necesitó golpear a alguién y estaré mejor — aseguró mientras me colocaba los guantes de boxeo.
— No dejes a tu rival tán mal está vez, el año pasado casi te descalifican por como dejaste al chico.
— Pero aún así gané — sonreí como el hijo de puta que soy — mientras no lo mande al hospital todo estará bien.
— De acuerdo — dijo no muy convencido — pasaré las vacaciones en Hawái con mi familia estas vacaciones, ¿te gustaría ir? — negué.
— Por más que me guste pasar tiempo con tu alegré familia Hoseok, ya tengo planes.
— ¿Lo mismo de siempre? — asenti — si te graduas antes de convertirte en un alcohólico juro que haré una puta fiesta Jungkook.
— No molestes Hoseok — el pareció ignorarme y solo se limitó a ver su celular.
— Dos minutos Jeon — aviso dándome una rápida mirada de arriba a abajo — ¿listo?
— Joder si — respondo ansioso
Hoseok me guía a la salida de los vestidores y enseguida veo el cuadrilátero a lo lejos, salto, golpeo mis puños y golpeó al aire tratando de liberar un poco mi enojo antes de que mi víctima sufra mi mal humor.
Cuando llegamos me subo al cuadrilátero y es ahí donde veo a mi rival.
El maldito de Kim Jongin.
Les contaría nuestra muy amistosa historia y el porque nos amamos muchísimo.
Que se note el sarcasmo.
Pero lamentablemente para ustedes, hoy no será el día en el que cuente esta desafortunada historia, tenemos tiempo de sobra para que llegue el momento adecuado.
La campana sonó, marcando el inicio de la pelea. El aire en el lugar estaba cargado de tensión. La gente se había reunido emocionados para ver la batalla, y entre los gritos y los aplausos, se podía sentir que esto no era solo un combate. Era un choque de voluntades, una rivalidad que había comenzado mucho antes de ese día.
Y joder que me fascinaba.
Jongin y yo nos miramos, ojos fijos, como si pudiéramos quemarnos con solo mirarnos.
— Jungkook — exclamó con cinismo, idiota — ¿listo para que te parta la cara otra vez?
— Hoy no, hijo de perra.
El primero en moverse fue Jongin. Con pasos rápidos, avanzó y lanzó un golpe directo a mi rostro, un golpe que logré esquivar. La multitud contuvo el aliento.
Esto no se quedaría así.
No tardé en responder. Di un paso adelante y conectó un golpe al costado del imbécil, buscando debilitar su defensa. Él se tambaleó, pero apenas se detuvo. Se ajustó y, con una mirada llena de furia, soltó un gancho que golpeó mi mandíbula. El golpe hizo que retrocediera, pero no caí. La rabia en mi pecho me impulsó a seguir luchando.
Los dos nos movíamos de un lado a otro, buscando abrir espacios para golpear. Era una pelea rápida, llena de reflejos y agallas. Sin querer esperar más lanze una serie de golpes al cuerpo, buscando cansar a Jongin. Pero este, más agresivo que nunca, se acercó de nuevo y soltó un golpe al rostro que hizo que tuviera que retroceder, tambaleando por un segundo.
Directo a mi preciosa cara,
maldito.
La campana sonó. Fin de la primera ronda. Ambos estábamos agotados, sudorosos, con la respiración agitada. Pero el odio entre nosotros nos mantenía en pie.
Mientras me dirigía a mi esquina asignada para tomar un poco de agua mi entrenadorme dio una mirada seria.
— No puedes dejar que se acerque tanto. Controla la distancia — me dijo, mientras me pasaba la toalla.
La segunda ronda comenzó, y el ritmo aumentó. Ambos estábamos más conscientes de las debilidades del otro.
Jongin trató de sorprenderme con un golpe bajo, pero lo esquive y lanze un gancho al costado que hizo que el idiota se encorvara de dolor. Sin embargo, no fue suficiente para derribarlo.
Maldición.
El combate continuó como un juego de ajedrez. Cada uno buscando abrir una brecha, explotando cualquier oportunidad para atacar. Pero también defendiendo con todo lo que teníamos, sabíamos que un solo golpe mal dado podría ser el final.
En un momento crítico, decidí lanzarme al frente y, con un movimiento rápido, lo sorprendí con un golpe directo al rostro. La multitud rugió emocionada mientras Jongin retrocedía, claramente afectado por el impacto.
Podía sentir las enormes ganas que tenía de matarme.
La tercera y última ronda llegó. Ambos sabíamos que no quedaba mucho tiempo. El cansancio comenzaba a pesarnos, pero la animosidad era más fuerte que nunca.
Jongin, con rabia, se lanzó hacia adelante. Pero claro que con mis reflejos intactos, esquive y lo golpee justo en el costado una vez más. Él se dobló, vulnerable. Fue mí oportunidad.
Avance y, con todo lo que me quedaba, conecté un golpe directo al rostro que hizo que Jongin se tambaleara y cayera de espaldas al suelo. La multitud estalló en un grito unánime.
El árbitro comenzó a contar, pero el idiota no se levantó.
“¡Diez!”
Sonó la campana final. El combate había terminado. El público, que había estado al borde de sus asientos durante toda la pelea, estalló en aplausos clamando mi nombre.
Con el rostro marcado y la respiración aún acelerada, levanté los puños. Había ganado. No solo la pelea, había demostrado una vez más quién era el mejor entre los dos.
Más les valía a los demás no volver a dudar de mi talento de nuevo.
— Definitivamente ese idiota es el mejor — dijo cierto peli blanco mientras grababa entre carcajadas como Jongin yacía tendido en el suelo tratando de levantarse de la paliza que le di.
— ¿No tendrás competencias a las que asistir estas vacaciones? — interrogó extrañada.
— Aún no nos han informado algo respecto a eso, si mi presencia es requerida en alguna competencia, me llamaran — Asegure distraído mientras el balón giraba en mi dedo índice.
— Tu presencia siempre será requerida por ellos — aseguró con molestia — Después de todo, si tú no estás presente, ¿qué será de ellos?.
No supe qué responder, así que sólo me quedé en silencio, eventualmente me distraje lo suficiente como para que el balón resbalara de mi dedo y cayera fuerte contra el suelo, interrumpiendo el momento incómodo con mi madre.
Mi madre.
— Mientras te alojes de nuevo en casa deberás de entrenar la mayor parte del día, no quiero que tu condición física disminuya — ordenó mientras me dedicaba una mirada de advertencia — Si la Universidad no te asigna una competencia pronto te dedicaras todo tu tiempo libre en entrenamientos y dietas estrictas.
— Enterado.
No espero más y se fue, no sin antes escanearme de arriba a abajo, no parecía contenta con mi falta de actividad este período de descanso, pero tampoco parecía querer mandarme lejos de nuevo.
Eso estaba bien.
Después de un año lleno de competencias interminables y duros entrenamientos, por fin tenía un descanso.
No era tan duro, al fin y al cabo ese ha sido mi estilo de vida los últimos años, pero regresar a casa siempre terminaba siendo sofocante.
En una familia donde todos son Alfas Dominantes, yo nací siendo un Omega Dominante, y aún que no era un Omega común, siempre viví bajo las estrictas expectativas de mis padres.
No era hijo único, pero aún así ninguno de los dos soportaría vivir con la carga de tener un hijo que no era lo suficientemente bueno.
Siempre tengo el sentimiento de no ser suficientemente bueno para ellos.
Nunca seré reconocido por ellos.
Y joder.
Eso me enfadaba demasiado.
Min Yoongi no es insuficiente.
Pasaron las horas y la cancha estaba en silencio, salvo por el eco sordo del balón golpeando el suelo. Empecé a entrenar solo, de noche, cuando todo parece estar más tranquilo. El sudor me empapa la camiseta, pegándose a mi cuerpo, y mis pasos son cada vez más pesados. Tengo los ojos cansados, la mandíbula tensa. Cada drible parece una batalla contra el agotamiento.
Me obligó a moverme rápido: cambio de dirección, hago fintas, ensayo pases contra la pared como si jugara con un compañero invisible. Corro hacia la línea de tres, lanzo, recojo el rebote y vuelvo a intentarlo, una y otra vez. A veces el tiro entra limpio; otras, golpea el aro y cae con un sonido seco que resuena más fuerte de lo normal en mi cabeza.
Me detengo por un segundo, con las manos apoyadas en mis rodillas, respirando como si hubiera corrido un maratón. Miro el aro con frustración, pero también con hambre. No puedo parar. No quiero parar. Se que como base del equipo, tengo que ver todo, prever todo, controlar todo… incluso cuando todo dentro de mí parece desmoronarse. Así que aprieto los dientes, me enderezo y empiezo de nuevo. Porque si no lo hago yo, ¿quién lo hará?
Cuando mi respiración vuelve a ser inestable, caigo al suelo sin fuerzas, estando ahí, en el frío suelo, con los ojos cerrados mientras regulaba mi respiración, oigo como alguien entra, con pasos lentos, así que abro mis ojos y veo como desde arriba, frente a mi esta una de las empleadas de la mansión con una sonrisa amable en su rostro.
— Joven Yoongi, el joven Kim ha llegado, en estos momentos se encuentra en la sala de estar, ¿desea que le diga que en un momento estará con él?.
— No es necesario Hana, dile que pase — mientras la chica salía de la cancha, volví a cerrar mis ojos.
Estaba muy cansado tanto física como mentalmente, casi había olvidado que hoy me reuniría con Namjoon, y sinceramente, necesitaba urgentemente al Alfa, no sabía como expresarlo, pero él podía ser tan calmado y comprensivo, que eso era lo que mi malhumorado y gruñón Omega necesitaba para encontrar un poco de paz en su pequeña burbuja caótica llena de caos a la que llamaba vida.
— ¿Por qué no vas a descansar? — Interrumpiendo mis pensamientos, el Alfa se acercó donde se encontraba mi cuerpo en el suelo — Cuando me llamaste creí que sería para tener una charla tranquila — se sentó a mi lado — pero parece que estás tan cansado que pronunciar palabra te es casi imposible.
— Hace unas horas estaba bien — susurre adormilado.
— ¿Qué sucedió entonces?
Hubo un momento de silencio donde no me atrevo a decir algo, no sabía qué decir, ¿para qué molestarlo?, estaba enfadado, pero no sabía la razón, ¿me frustre?, ¿sobrepense demasiado?, ¿quizás mi Omega estaba inquieto?, no lo sabía.
Sin darme cuenta, sentí como una de las manos de Namjoon acariciaba mis cabellos, como si tratara de tranquilizarme.
Me gustaba eso.
Me trataba como un cachorro que debía cuidar.
Se sentía familiar.
— No te esfuerces demasiado Yoon — dijo con voz suave — Eres el mejor de tu equipo, te aseguró que descansar un poco no afectará tu rendimiento.
Sin poder evitarlo, mi rostro se suavizó.
— A pesar de tu aspecto imponente, eres alguien muy blando — me burlé al ver el pequeño sonrojo en sus mejillas.
— Si, bueno, puedo decir lo mismo de ti — sonrió burlón — La pequeña fuera gruñona de Min Yoongi, al parecer, tiene sentimientos.
Sin poder evitarlo mi ceño se frunció, al parecer él lo noto y sólo río aún más fuerte. Quizás hubiera seguido riendo unos minutos más, pero el sonido de su celular anunciando un nuevo mensaje lo hizo detenerse. Yo ya había tomado asiento a su lado mientras él buscaba su celular en los bolsos de su pantalón.
— Es Hoseok — sonrió mientras desbloqueaba el celular — Jungkook ganó la competencia contra Jongin.
— ¿Enserio? — Me acerqué más a su lado interesado en lo que contenía el chat. Efectivamente, Jungkook había ganado — Si que es un animal — jadeó sorprendido — Diablos, mira como le dejó el rostro, necesitará una cirugía plástica para que le quede igual que antes — exclame al ver el video que envió Hoseok donde reía mientras enfoca al moribundo de Jongin.
Namjoon sólo soltó una carcajada ante mis palabras, parecía muy divertido, pero siendo sincero en verdad me preocupaba como Jungkook dejó al desgraciado de Jongin.
Son unos animales.
Negué ante mis pensamientos.
Definitivamente los Alfas son unos animales descontrolados.
— Bienvenidos a la competencia Regional de Tenis en Busan.
La cinta blanca de la red se tensa frente a mí como una frontera. Mi respiración está controlada, como siempre. El sol no me molesta, aunque empiece a quemar la nuca. Mis guantes están bien sujetos. El mango de la raqueta encaja con naturalidad en mi mano derecha.
— Recuerda quién eres, no cómo te ven — dice mi entrenadora, ajustándome una cinta en la muñeca — Tú no estás aquí para demostrarle nada a nadie, solo para jugar limpio.
— Lo sé — le sonrió con gratitud — Gracias, coach.
Camino a la cancha. Mi rival ya está allí. El Beta Kang Jiwoon "el Torbellino", lo llaman. Ruidoso, temerario, pura potencia sin control. Me mira con desprecio apenas disimulado.
—Vaya, el príncipe ha llegado —murmura con media sonrisa— ¿No te da miedo ensuciarte hoy?
No respondo. Solo asiento con una expresión neutra. Él odia eso: que no me moleste. Que no me rebaje.
Primer set.
Pierdo. No por falta de técnica, sino porque necesito medir su ritmo. Él grita cada punto, lanza miradas al público, hace gestos grandilocuentes. Yo solo suspiro y camino al banco.
— Te está provocando. No caigas — dice mi entrenadora.
— No lo haré. Esto es un juego, no una guerra — respondo, mientras bebo agua sin prisa.
Segundo set.
Cambio de estrategia. Uso su velocidad contra él, alargó los puntos, lo obligó a correr. Su respiración se vuelve más pesada. La tensión se nota. Yo mantengo la compostura. Me concentro en el sonido de la pelota al golpear la cuerda, en el eco sutil de mis pasos sobre el polvo.
Empatamos: un set para cada uno.
— Tienes suerte —dice Jiwoon en voz baja al cambiar de lado— Pero no vas a poder conmigo en el último.
—¿Eso crees? Yo solo vine a jugar.
Tercer set.
El estadio contiene el aliento. Algunos ya gritan mi nombre, otros el suyo. El partido se extiende. 6-6. Tie-break.
Cada punto es una batalla silenciosa. Él fuerza saques, pero sus errores no forzados lo traicionan. Yo no busco la gloria, solo la precisión.
Último punto. Subo a la red. Él me lanza un globo desesperado. Doy un salto limpio y aplicó una volea perfecta. La pelota besó la línea. El juez canta:
— ¡Juego, set y partido!
Aplausos. Gritos. Pero mi mirada se va directo a él. Me acerco con la mano extendida.
—Buen partido, Jiwoon.
Él dudó un segundo, masculla:
—No ganaste porque eres mejor... solo tuviste suerte hoy.
—Tal vez. Pero gracias por jugar conmigo.
Me retiro sin mirar atrás, con el sudor mezclándose con el polvo. No busco a nadie en las gradas. Sé que están vacías para mí. Como siempre. Pero dentro, algo arde: no la victoria... sino haber jugado a mi manera, limpio, con elegancia.
Como me prometí.
— Felicidades Jin Hyung.
Me detengo en seco.
¿Qué?
Tardó un poco en voltear, pero cuando lo hago, lo encuentro a él.
Taehyung.
— ¿Qué haces aquí? — interrogue aún sorprendido — Creí que estarías en Seúl con Jimin.
El solo río, parecía divertido al verme aún desconcertado.
— ¿Creíste que te dejaría solo? — interrogó ofendido — No me perdería una competencia de Tenis, y menos si se que la Luna de la Universidad Hanwool competirá.
— ¿Qué hay de Jimin? — murmure — Te dije que asistieras a su competencia, sabes lo nervioso que se pone.
Él se encoge de hombros despreocupado.
— Su equipo y su madre están ahí para animarlo, no hay de qué preocuparse — se acercó hasta estar frente a mi — Pero yo quería ver cómo ganabas la competencia — sonrió — Y lo hiciste bien Hyung, ganaste con la elegancia que sólo tú posees, digno del mejor — me guiño un ojo — Vamos, te invito a comer.
Sin esperar mi respuesta, aquel Alfa de cabellos castaños empezó a caminar a mi lado.
Se sentía cálido.
Nunca esperé que mi familia asistiera a mis competencias, nunca mostraron interés genuino por mi deporte y estaba bien. Aún así anhelaba tener a alguien entre las gradas, esperándome, viéndome ganar.
Nunca lo tuve.
Pero conseguí amigos, que a diferencia de mi familia, ellos estuvieron presentes en todas mis competencias, a veces creía que era demasiado, o podría aburrirlos.
Pero ahí estaban.
Jimin nunca dejaría que estuviese sólo.
Y Taehyung es demasiado detallista como para olvidar mis competencias.
¿En verdad merezco ese tipo de atención y reconocimiento?
¿Por qué ellos me darían algo que ni siquiera mi familia puede darme?
No importa si soy mayor que ellos, tanto Taehyung como Jimin verán por cuidarme.
¿Así se siente el amor de una familia?
Mientras comíamos ramen en uno de los mejores restaurantes de Busan, Taehyung recibió una notificación de su teléfono.
— Ganó el primer lugar — dijo sonriendo — Minnie debe de estar feliz.
— Con su talento y belleza es prácticamente imposible que no gane — comente mientras comía mi ramen — A Veces me sorprende lo inseguro que puede ser.
Taehyung negó sonriente ante mis palabras.
— Deberíamos salir los tres juntos, Hyung, así celebramos ambas victorias.
— Eso está bien — sonreí — Pero tendremos que convencer a Jimin de salir — el Alfa solo gruño cuando termine de hablar.
— Hablaré con la señora Park, si su madre se lo dice, Jimin no podrá negarse.
Reí ante el rostro determinado de Taehyung, a veces podía olvidar lo malhumorado que se ponía ante la terquedad de Jimin por no querer salir de casa.
— ¡Tomemos hasta el amanecer! — lo oí gritar — ¡Brindemos! — Alzó su copa de vino — ¡Por Jim Hyung! ¡El mejor jugador de Tenis!
Podía ver a la gente vernos extrañados, sentía una vergüenza inexplicable ante sus miradas, pero sólo pude reír a carcajadas. Alzando mi copa, la choque con la de Taehyung, y ambos bebimos todo su contenido.
— Felicidades por tu victoria Hyung.
Este sentimiento solo podía presentarse cuando estaba con él y Jimin.
Esto era la calidez de una familia.
Aunque mi familia no esté presente, sé que puedo contar con mis amigos.
El mundo no parece tan aterrador cuando estoy con ellos.
Los cuidare como ellos cuidan de mi.
— Gracias, Taehyung.
Espero que la historia








