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Killer Witch

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Summary

En un país gobernado por brujas, la supervivencia humana depende de obedecer un régimen cruel. Ami siempre aceptó esa realidad para proteger a los suyos, hasta que una noche lo destruye todo. Tras vivir el evento más horrible de su vida, Ami se verá obligada a enfrentarse a un mundo que nunca debió conocer: el mismo que su hermano eligió cuando decidió rebelarse contra un sistema que lleva siglos sin caer.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Chispa de Rebelión — Parte I —

5 de junio, año 1701

La casa está en silencio. Afuera, el canto de los grillos apenas logra llenar la noche, y aun así todo se siente extraño. Estoy acostada, mirando el techo sin pestañear, dejando que la oscuridad me envuelva mientras el aire mueve lentamente las cortinas y la tenue luz de la luna entra por la única ventana de mi habitación.

No puedo dormir.

Me giro de un lado a otro, intentando encontrar una posición cómoda. Me cubro hasta el cuello, me encojo en posición fetal y cierro los ojos con fuerza, pero mi cabeza sigue sin dejarme tranquila.

El teléfono suena de pronto, y el timbre rompe el silencio de golpe. Parpadeo, sobresaltada, y estiro el brazo hasta alcanzar el auricular, todavía con esa sensación incómoda apretándome el pecho.

—¿Aló…? ¿Quién es?

—Hola, mi amor… solo quería saber cómo estás. Extrañaba escuchar tu voz.

—Vaya… qué tierno de tu parte, Erick —dejo escapar una pequeña risa al escuchar la voz de mi prometido—. Estoy bien… bueno, más o menos, creo.

—¿Creo? —su tono baja un poco—. Eso no suena muy convincente, Ami. ¿Sucede algo?

—No es nada grave… solo estoy un poco nerviosa.

—A ver… —hace una pequeña pausa al otro lado de la línea— déjame pensar… seguro es por la boda, ¿no? Aunque sabes que no tienes por qué preocuparte por eso.

—No… no es eso —suspiro suavemente—, pero casi.

—Entonces sí es algo importante… ahora me dejaste con la duda.

—Mejor te lo cuento después de la boda, ¿sí? Así tiene más gracia.

—No es justo… me voy a quedar dándole vueltas toda la noche.

—Ese es el punto. ¡Wa-ja-ja-ja!

—Ya veo… —su voz se suaviza—. Con que misteriosa, ¿eh? Me gusta cuando te pones así.

—Lo sé.

—Oye… estaba pensando en algo.

—¿Mmm?

—¿Qué te parece si mañana salimos? Podríamos ir al parque de diversiones. A las diez, si te parece.

—Sí… me parece perfecto. Estaré ahí.

—Bien… tengo ganas de verte.

—Yo también quiero verte.

—Descansa, ¿sí? Intenta no pensar demasiado.

—Lo intentaré… tú también descansa, mi amor.

—Te quiero.

—Yo también… bye.

La llamada termina, y me quedo unos segundos con el auricular pegado a la oreja, sosteniendo una sonrisa que poco a poco empieza a desvanecerse. Dejo el teléfono a un lado y me hundo otra vez en la cama.

Mis dedos se mueven sobre las sábanas sin que me dé cuenta, mientras la ansiedad se instala otra vez, como si nunca se hubiera ido. Cierro los ojos e intento calmarme, pero no funciona.

Los pensamientos vuelven, desordenados, insistentes, empujándome siempre al mismo lugar, al mismo nombre que intento evitar.

"Sky… ¿por qué siempre tienes que ser así? Tú y esa idea tuya de querer hacer algo al respecto... Desde que éramos pequeños nunca soportabas ver a alguien en problemas. Siempre tenías que dar la cara, aunque fueras tú quien terminara lastimado."

Me levanto sin pensarlo. Mis pies tocan el piso frío y camino hacia la ventana, sin prisa, sin dirección real. Me quedo ahí, mirando el cielo oscuro al otro lado del vidrio.

"Y yo aquí… sin poder hacer nada por él. Si pudiera hacer algo… no estaría así."

El cielo sigue igual. Gris. Vacío.

Pero entonces una idea aparece en mi cabeza.

"¡Lo tengo! Mamá siempre nos decía que si ves una estrella fugaz le puedes pedir un deseo… y ese deseo se cumple. ¡Solo tengo que pedir uno!"

Apoyo la mano contra el vidrio frío.

"Aunque… a decir verdad, nunca he llegado a ver alguna de esas estrellas pasar por mi ventana."

Bajo la mirada un momento.

"Pero si apareciera una… sin dudarlo pediría que no asesinen a mi hermano. Que sobreviva para que pueda volver a casa con nosotros."

"Aunque… si Sky sobrevive pero no logra acabar con las brujas… eso tampoco cambia nada, ¿verdad?"

Frunzo el ceño.

"¿Y si las estrellas pueden conceder más de un deseo? "

Me quedo pensativa, mirando el cielo.

"Mmm… nunca se me había ocurrido. Mamá siempre decía que podías pedir un deseo, pero… ¿quién dice que solo puede ser uno?"

Inclino un poco la cabeza.

"Si fuera así… entonces podría pedir uno para Sky…"

"Y otro para que las brujas desaparezcan."

Aprieto la mano contra el vidrio.

"Sí… si pudiera pedir dos deseos, todo estaría bien."

"Entonces podría pedir…"

—Que todas las brujas sean exterminadas.

Después de soltar esas palabras me quedo pegada mirando al cielo por unos segundos.

Y entonces lo veo.

Cientos de estrellas cayendo todas a la vez, llenando el cielo entero de luz. No puedo creerlo. Jamás en toda mi vida había visto algo tan hermoso. Y sin embargo, ahí estaba, frente a mí. Un espectáculo de colores que no terminaba.

Mi mente se pierde.

La ansiedad se diluye sola, poco a poco. Mis ojos brillan solos mientras los sigo, hipnotizada, sin poder apartar la mirada ni un segundo.

No quiero que pare.

Pero entonces una de las estrellas deja de caer.

Se detiene en seco.

Al darme cuenta, me congelo. La observo, confundida, sin entender lo que estoy viendo. Su luz es diferente a las demás. Pulsando en medio del cielo como si latiera.

Algo no está bien.

Y entonces se mueve directo hacia mí.

Un silbido corta el aire. Cada vez más fuerte. Demasiado rápido para reaccionar.

Y en un parpadeo, el vidrio explota.

—¡No, no, no…!

Levanto los brazos por instinto y cierro los ojos con fuerza. Esperando el golpe. Pero no llega.

Bajo los brazos despacio. Y entonces abro los ojos.

Está dentro de mi habitación. Flotando. Con una luz intensa, fija. Color rojo sangre.

Mi cuerpo está tenso. No puedo moverme. Solo me quedo mirándola.



Retrocedo un paso.

—¿Qué… es eso…?

Un silencio pesado se mantiene en la habitación. Y entonces se lanza directo hacia mí, sin darme tiempo de reaccionar.

Siento el impacto en la frente.

Todo se apaga.




—Introducción—

Magic Land. Así se llama este lugar. En el momento en que las brujas llegaron a este país, nos aplastaron como si fuéramos insectos. Sobre los escombros de lo que quedó, impusieron un gobierno al que llamaron Halloween.

Bajo el control de esa dictadura se estableció un sistema de ofrendas: cada familia debía proveer treinta niños a lo largo de sus vidas. En el momento en que nacen, las brujas se los llevan. Solo dos pueden sobrevivir y llegar a crecer como adultos para continuar el ciclo. Los demás son devorados por esos monstruos. Y quien no cumple es castigado con la muerte.

Un siglo entero bajo ese sistema fue suficiente para que muchos dejaran de cuestionarlo. Mi hermano Sky nunca lo aceptó. Esa tarde se unió a la rebelión, decidido a erradicar a las brujas.

Antes de irse, hicimos un pacto de hermanos. Él pelearía afuera. Yo me quedaría para que los Linlin no se extinguieran.

Eso creíamos.

Pero esa noche… todo comenzó.




A la mañana siguiente...

Me despierto desorientada.

Algo está mal.

Me arrastro hasta el espejo y lo que veo me detiene en seco. Mi cabello fucsia, que siempre llevo en un Messy Bob, está completamente fuera de control. No el despeinado calculado de siempre, sino algo completamente diferente, un Bedhead salvaje e imposible que no reconozco como mío. Tomo el cepillo e intento arreglarlo, pero cada mechón vuelve a su lugar como si tuviera voluntad propia.

—¿Qué… qué está pasando…?

Antes de que pueda intentarlo de nuevo, mi cuerpo se detiene en seco.

Mis pies se separan del suelo. Mis brazos se tensan y mi cabeza cae lentamente hacia atrás. Mis ojos se abren de golpe… y todo se vuelve rojo.

Una corriente brutal atraviesa cada parte de mi cuerpo y se concentra en mi cabeza. Entonces algo estalla dentro de mi cráneo.

Todo sucede demasiado rápido. Voces, destellos, sangre, rostros deformados, ojos rojos con pupilas de gato, almas que aparecen y desaparecen entre sombras. Imágenes de destrucción y muerte se suceden unas sobre otras mientras símbolos desconocidos atraviesan mi mente.

No puedo apartar la mirada. No puedo cerrar los ojos. No puedo respirar.

Mi cuerpo tiembla en el aire mientras aquella avalancha de información me aplasta el cerebro. Las imágenes cambian sin detenerse y, entre las voces, empiezo a escuchar algo más claro.

Una palabra.

Magia.

Después llegan las instrucciones. Cómo usarla. Cómo controlarla. Cómo hacer que responda a mí.

Es demasiado. Todo ocurre al mismo tiempo.

Y entonces, se acaba.

Caigo al suelo y quedo sentada, temblando, intentando recuperar el aliento.

“¿Qué fue eso…?”

Trago saliva. El nudo en mi garganta apenas me deja respirar.

“Esto no puede estar pasando…”

—Despierta, Ami… —murmuro—. Despierta…

Niego con la cabeza una y otra vez, intentando convencerme de que todo aquello fue una pesadilla.

—No… No estoy soñando…

Me abrazo a mí misma. Todavía estoy temblando.

“Tengo… magia…”

La palabra vuelve a mi cabeza y siento un escalofrío.

“¿Por qué yo…?”

Bajo la mirada hacia mis manos.

“Yo no pedí esto. No quiero esto. ¿Para qué demonios necesito magia?”

Aprieto los dedos contra mis piernas.

“Esto debería tenerlo alguien como Sky. Él sí quiere enfrentarse a las brujas. Él sí está dispuesto a luchar… yo no.”

Respiro hondo, pero el aire me tiembla en el pecho.

“Yo solo quería vivir tranquila. Casarme. Tener una familia y cuidar de mis hijos…”

Me quedo unos segundos en silencio.

Entonces… ¿por qué yo?

Cierro los ojos con fuerza.

“Espera…”

La imagen de aquella estrella vuelve a mi mente.

“Antes de que apareciera… pedí dos deseos.”

Abro los ojos lentamente.

Que Sky sobreviviera… y que las brujas desaparecieran.”

Mi corazón vuelve a acelerarse.

“¿Y si… esto tiene que ver con eso?”

Niego inmediatamente.

—No… Eso es imposible.

“Las estrellas fugaces no cumplen deseos. Eso solo es una historia que mamá contaba…”

Me quedo inmóvil.

“¿Verdad?”

El miedo vuelve a apretarme el pecho.

“Esto tiene que ser una pesadilla…”

Después de un largo rato recorriendo la casa, por fin logré calmarme.

Me detengo en medio del pasillo, respiro hondo y alzo una mano; la cierro en un puño y la golpeo contra mi otra palma, como si necesitara obligarme a reaccionar.

—Bien… —tomo aire otra vez—. Mamá y papá ya están en el hospital… por fin será el último.

Levanto un poco el mentón, intentando sostener la idea sin que me tiemble.

—El último de mis hermanos… eso significa que ahora yo soy la siguiente. La siguiente en el ciclo de ofrendas… para las brujas.

La frase pesa más de lo que quiero admitir.

Deslizo la mano hasta mi mentón, pensativa. Mi expresión se endurece apenas, aunque ese gesto ligero no desaparece del todo.

“Ya está… no pienses en otra cosa más que en tú boda y tu cita Ami, lo de esa estrella nunca pasó. Solo sigue con tu vida y ya...”

Exhalo despacio, intentando estabilizarme.

—Eso es todo, aqui no paso nada.

Levanto la vista sin pensarlo demasiado y mi mirada se cruza con el espejo. Mi expresión cambia al instante, torciéndose en fastidio.

“Pero… ¿cómo rayos me quito este look? Haga lo que haga, mis mechones se vuelven a alborotar… estoy harta.”

Inclino ligeramente la cabeza, pensativa.

“…A menos que…”

Mis ojos se iluminan de golpe.

—¡Oh! ¡Ya sé qué hacer!

10:00 A.M.

Avanzo por las calles. Cada paso me acerca al parque de diversiones, pero el trayecto se me hace eterno. El sol golpea la plaza y la gente se mueve rápido, esquivándose unos a otros, evitando cualquier roce entre ellos. Es una marea de figuras grises que solo quieren llegar a su destino sin mirar a nadie a la cara. Yo soy la única que tiene un objetivo claro: Erick.

Lo veo a lo lejos, de pie junto a la entrada. Se ve impecable, como siempre. Su cabello rubio está peinado hacia atrás, con los costados cortos en un Undercut perfecto; viste una camisa blanca con los primeros botones desabrochados y un pantalón negro ajustado que marca su figura atlética. Se mantiene firme, seguro de sí mismo, como si este mundo de sombras no pudiera tocarlo.

Cuando nuestras miradas se cruzan, su rostro se ilumina. Recorre mi vestido con la vista y da un paso hacia mí.

—Vaya… —murmura en cuanto me acerco, con esa media sonrisa que siempre me desarma—. Sabía que eras hermosa, pero hoy te has superado, mi amor. Ese peinado te queda perfecto.

Siento un vuelco en el pecho y mis mejillas se calientan un poco.

—¿De verdad lo crees? —pregunto, ladeando la cabeza con una sonrisa coqueta—. Fue un arreglo de último minuto.

—Lo creo absolutamente. —toma mi mano con delicadeza y deposita un beso suave en mi piel—. ¿Tan ansiosa estabas por verme que llegaste antes de tiempo?

Me acerco y enredo mi brazo con el suyo, sintiendo la textura de su camisa. Al final, la única forma de domar el desastre rebelde de mi cabello fue recogerlo en una coleta sencilla, exactamente el mismo peinado tipo Ponytail que suele usar mi madre. La coleta se balancea suavemente con mi movimiento, haciéndome sentir un poco más cerca de ella.

—Bueno… ¿quién llegaría tarde a la diversión? Jeje… —suelto una risita nerviosa, alisando la tela de mi vestido—. Además, ya no podía hacerte esperar más. ¡Vamos a disfrutar el día!

Él asiente y su sonrisa se amplía. Cruzamos la entrada del parque tomados de la mano, como si el resto del mundo hubiera dejado de existir. Luces, risas y música nos envuelven de golpe. Me obligo a mirarlo solo a él, a concentrarme en su voz.

A partir de este momento, todo se siente ligero. El sol, la brisa y la suavidad de mi vestido se mezclan con una chispa de emoción que me niego a dejar ir.



Mientras algunos ignoran la realidad de este país, en el centro del gobierno de Halloween, ubicado en el Castillo de la Reina Bruja, resuenan gritos de desesperación y llantos de niños que son devorados. Su sangre se derrama en el piso y las paredes son salpicadas con sus visceras mientras la secta de Halloween ejecuta sus rituales, ofreciendo oraciones para alimentar la existencia de sus soberanas. Ajena a la masacre, Ami Linlin camina convencida de que su única prioridad es ser feliz junto al hombre que ella cree amar; ignorando que ella misma es el factor que destrozará el equilibrio de este cuento de hadas enfermo.

CONTINUARÁ...



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