Chapter 1
-¿Qué dijiste?
-Cereal de azúcar o de chocolate.
Jungkook dudó.
-Chocolate está bien.
-Okay.
Estaba sentado en la mesa de la cocina. Una mesa redonda con espacio para dos personas, de madera oscura, astillada por el tiempo. Tenía marcas de cortes, de uñas, manchas de pintura y tinta de bolígrafo.
La cocina, que no era más que un espacio diminuto de aquella autocaravana, rebosaba de olor a lilas, un dispensador de aceite aromático que Taryung encontró en su última visita a la ciudad.
-¿Leche de sabor o natural? -volvió a preguntar, aún de espaldas.
-¿Qué?
El mayor se volteó.
-¿Leche de sabor o natural? -repitió con una sonrisa, casi burlándose de la sordera repentina del otro.
-Natural.
-Okay.
Él no solía cocinar, Jungkook era quien preparaba el almuerzo y la cena, a Taehyung no se le daba bien. Por eso mismo, insistía en hacer, por lo menos, el desayuno.
Jungkook era demasiado débil a sus encantos como para decirle que no. Nunca podía decirle que no.
De espaldas como estaba, de frente a una diminuta ventana de la caravana -la cuál abrían al cocinar- Jungkook alcanzaba ver su silueta debajo de la amplia camisa que llevaba. Era una buena vista, si podía admitir, una sombra opaca de la belleza de su cuerpo, de las curvas finas y poco pronunciadas que amaba recorrer con los dedos.
Se movía con demasiada gracia como para estar haciendo un simple cereal con leche, como alguien de la nobleza, con movimientos firmes y continuos.
Taehyung era así, un enigma. Un día era delicado, al otro le cortaba la cabeza a un zombie con un hacha. Poseía una dualidad hipnotizarte, quizá por eso andaba tan perdido ese día, estaba perdido en él.
-¿Qué planes hay hoy? -preguntó el mayor mientras ponía los tazones de cereal en la mesa y tomaba asiento.
-¿Mhg?
Soltó una risa quedita.
-No se en que tanto piensas hoy. ¿Estás bien?
-Lo estoy.
¿Lo estaba?
Se sentía raro desde hace unos días, quizá la situación de afuera lo estaba afectado al fin, pudriendo su mente con ideas y escenarios imaginarios.
La vida con Taehyung no había sido fácil en ningún punto. Al principio estaba el miedo latente de la sociedad y, después, la ausencia de esta. Nunca habían podido ser una pareja normal que tiene citas en la bahía, o va a bares por la noche.
Cuando se armaban de valor y un par de armas, se atrevían a ir a la playa y caminar por la arena durante unos momentos. A veces se tenían que confirmar con salir al patio y ver el sol caer, contar las estrellas o esperar un cometa.
Taehyung era bueno con las estrellas, le gustaba estudiarlas. Decía que, de no ser por la epidemia, probablemente hubiera estudiado astronomía. Un día lloro de emoción cuando pudo predecir, casi con exactitud, una lluvia de meteoritos. Jungkook lo abrazó con fuerza y le sostuvo en sus brazos, llenando su rostro de besos.
Quizá eran las citas más entrañables que se podían permitir, encerrados en la caravana casi todo el día o rodeados de alambres de púas en el patio, fuera de su hogar no se podían dar el lujo de perderse en sus miradas, de dejarse llevar por sus besos. El miedo latente de ser infectado no les dejaba ser ellos mismos. Incluso en estado de putrefacción, las personas seguían siendo un obstáculo.
Cada semana debían dejar el cómodo rincón de la caravana y montarse en la camioneta para ir a la ciudad por víveres. La ciudad quedaba a dos horas de su hogar, demasiado alejada de esa burbuja de comodidad que ambos habían construido.
Hurgaban en las tiendas saqueadas, en las farmacias, incluso en las tiendas de discos y una vez tomaron una TV.
Ya no existía la energía eléctrica, las centrales estaban abandonadas. Ya no había internet, pero el ingenio de Taehyung y el trabajo en equipo hizo posible las noches de películas acurrucados en la cama.
Antes de la epidemia, el arte nunca había importado tanto. Estaban las discusiones entre el arte de verdad y las falacias. Pero después cayó en cuenta que el arte ponía vida donde ya no había. Las películas, las canciones, los cuadros colgados dentro de la caravana y las luces solares del patio, todo eso le daba vida al lugar tan inhóspito en el que vivían.
-Jungkook.
-¿Qué?
Taehyung ya no sonreía. Estaba serio, con la mitad del tazón vacío.
-¿De verdad estás bien? -le tocó la frente.
-No tengo nada...
-¡Tienes fiebre! ¿Por qué no me dijiste que te sentías mal?
Inmediatamente, el mayor se levantó de la mesa y corrió la habitación por el kit de medicamentos que habían preparado.
-Nunca te quedes callado -le regañó -si te sientes mal dime, no seas así.
Tomó varias cajas de medicamentos y se decidió por el paracetamol antes de abandonar el kit.
-Vas a tomarte esto.
Jungkook aún estaba como ido, perdido dentro de su propia mente que no alcanzaba a entender todo tan rápido.
Taehyung volvió a estar de espaldas para buscar un vaso y llenarlo con alguna.
Su cabello dorado caía con gracia sobre sus hombros, como finos hilos de oro que brillaban al mínimo rayo de sol. Hace unos años podía peinarlo en una hermosa trenza que le llegaba al pecho, pero por motivos de seguridad lo había cortado.
No le gustaba que estuviera así de corto. Por segunda vez, Tae sacrificaba algo que le gustaba por cosas externas, no es que quisiera cortarse el cabello, es que debía hacerlo. Por eso no le gustaba, significaba más de lo que parecía.
Pero seguía siendo hermoso, aunque fuera diferente.
-Ve a acostarte -indicó -yo limpio aquí.
Jungkook solo asintió con la cabeza y la sola acción le hizo marearse, perdiendo la orientación por un segundo.
-Descansa -le dio un corto beso en la frente.
El menor intentó sonreír, aunque sus labios se acercaron más a una mueca que a una sonrisa.
Se dirigió a la habitación que compartían con pasos lentos y suaves, como un ave que se aproxima al nido con cautela y ansias.
La cama aún estaba detenida cuando se acostó. El aroma a detergente, mezclado con la esencia de su novio hacían de ella el lugar más cómodo del mundo. Era, de hecho, su lugar favorito para estar con Taehyung en todos los sentidos. A veces ocupaban el sofá, a veces la incomoda mesa de la cocina, a veces los asientos de la caravana y, en los momentos más especiales, en esa cama.
Se abrazó a las sábanas cuando la fiebre hizo temblar su cuerpo, sumiéndolo en un sueño profundo como quien cae en un agujero de la tierra, tragado por un gigante.
Tuvo un sueño, uno que parecía más un recuerdo que una invención de su mente. Aunque el agua del lago estuviera en calma y cristalina, con Taehyung en la orilla, peinando su larga cabellera y casi cantando una canción, el sueño se sentía como una pesadilla.
Quería gritar, pero no le salía la voz, era como si no perteneciera a ese lugar y, por lo tanto, no tuviera palabras. Quería advertirle que se alejará de la orilla, que corriera a casa y avisara a todos que el final estaba cerca, que los salvará de su muerte. Pero entonces los rayos del sol se volvieron rojos y Taehyung, en un atrayente punto, no podía apartar sus ojos de él, de detallar cada movimiento que hacia con su cuerpo. Lo deseaba, no de la manera común, quería acercarse a él, tocar su piel, darle un mordisco y ... comerlo.
Saber a qué sabía su carne. El cuello. Alimentarse del olor delicioso que despedía, de su corazón latente que hacía a su sangre correr. Esa temperatura caliente que embriagaba su cuerpo y hacia rugir su estomago en una hambre voraz...
Cuando despertó, notó que era de noche. Tenía la frente bañada en sudor al igual que su espalda. No podía respirar bien, como si tuviera algo en la garganta que impidiera el paso del aire. Al igual que en su sueño, quería gritar, pedir ayuda, pero su voz estaba apagada.
Se llevó las manos al cuello y comenzó a arañarse, buscando quitarse la sensación de ahogamiento.
Entre su trance, el sueño y su imposibilidad de respirar bien, no notó el cuerpo de Taehyung dormido a su lado, en unas silla, sereno hasta que escuchó la cama moverse.
-¿Qué estás haciendo? ¡Jungkook!
El mencionado se retorcía entre las sábanas, tomándose del cuello como si una serpiente estuviera oprimiéndole.
-¿Qué sucede? Tranquilo, tranquilo.
Con todas sus fuerzas, se sentó detrás de él y tomó ambos brazos para que dejara de lastimarse.
-Estás conmigo ¿Lo recuerdas?
Jungkook aún hacia esfuerzo por mantenerse cuerdo, perdido entre las luces rojas que invadían la habitación.
-Estas conmigo, en casa. Recuérdalo. Vamos, se que puedes hacerlo. Respira.
No quería oírle, después del sueño solo quería alejarse de él, huir. Pero también quería tenerlo cerca, como en ese momento, con su voz grave y serena que le animaba a volver en sí.
-Eso, lo estás haciendo bien. Respira, cariño. Con calma.
¿Cómo podía respirar con calma si había tenido una pesadilla así? ¿Cómo estar tranquilo después de sentir el deseo de... probarlo?
Taehyung fue aflojando su agarre conforme la respiración de su novio se fue calmando, hasta llegar a un ritmo normal.
-¿Ya estás mejor? -preguntó -¿Una pesadilla?
Las luces rojas dejaron de ambientar la habitación, dándole paso a un cuarto casi a oscuras, con la luces doradas del patio entrando por las ventanas.
Jungkook no quiso responder nada, la sola idea de recordarlo le daba... náuseas. Tomó un gran respiro, al igual que un naufrago después de llegar a una isla. Entonces no pudo sino llorar.
-¿Qué pasa, amor?
El menor se dio la vuelta, lanzándose a sus brazos como si estos tuvieran las respuestas a todas sus dudas y a todos sus sentires.
-Kookei -susurró correspondiendo con fuerza.
Se dejó vencer en ese rincón de la vida. No sabía si lloraba por algo en específico, quizá lloraba por todo, lo real, lo imaginario, el presente, el pasado, el futuro o el hubiera. No importaba, lo único que deseaba era no pensar en nada.
Se quedaron así momentos eternos, lo que tarda el reloj en dar una vuelta entera con cualquiera de sus manecillas, no importaba. En ese nuevo mundo un segundo valía tanto como una hora.
-Te hubiera despertado antes -comentó el rubio mientras acariciaba el cabello contrario -te tocaba el medicamento otra vez.
Jungkook no supo responder. Ya no sentía fiebre, pero aún estaba desorientado.
-¿Ya te sientes mejor?
-si.
Su voz salió apagada, apretada, como si le dolieran las palabras.
-Iré por él, no tardo.
Besó su cabeza antes de moverse por la cama y salir de la habitación.
El menor volvió a quedarse solo, sumido en una espesa oscuridad, acompañado solo de sus pensamientos. El rugir de su estómago volvió a tensar su cuerpo, esa hambre voraz que se instaló en él le dio un escalofrío en el cuello, bajando con lentitud por su espalda y meterse hasta sus manos.
No había comido nada en todo el día, quizá era eso. Si. Era eso, ¿Qué otra cosa si no?
Respiro una, dos, tres veces. Buscando tranquilizarse, volver a la normalidad. Pero sintió otra vez esa obstrucción en la garganta, un clavo inmenso atorado que no le dejaba respirar. Tosió. Esperando que la sensación se fuera pero... cuando miró sus manos se topó con manchas de un color oscuro y brillante que reflejaba las luces del patio: era sangre.
-¿Aún tienes fiebre o ya no? -Tae dijo apenas volvió. No vio de inmediato el estado de su novio, estaba concentrado tratando de leer las cajas de medicamentos -¿Jungkook?
El mencionado sintió otra punzada en el estómago, un dolor, más profundo que cualquier otra cosa que hubiera sentido. Limpio las manchas de sangre en su playera y salió de la cama.
-¿Te duele algo o...
Jungkook paso a su lado, como si estuviera intoxicado de alcohol. Tambaleante, débil.
-¿A dónde vas?
Llegó hasta la cocina, porque se desorientó aún más. Todo a su alrededor parecía dar vueltas, pintándose de un rojo brillante donde no podía distinguir la oscuridad de la luz.
-¿Qué sucede?
Lo único distinguible en ese mar rojo era un punto amarillo que se movía hacia él, hipnotizante, atrayente, delicioso...
La tos volvió, mucho más incontrolable. Sentía un picor doloroso en la garganta, incapaz de respirar. Se tomó del lavamanos y dejó salir la tos.
-¿Cariño?
Apenas notó que Taehyung dio un paso más hacia él, tomó un cuchillo que reposaba cerca del lavamanos y no dudó en amenazarlo con él.
El rubio se quedó paralizada firme sobre el suelo, con sudor frío recorriendo su espalda, los ojos sumamente abiertos y las palabras atoradas en la lengua. Pero no era porque Jungkook lo estuviera amenazando, era por su rostro, de su nariz escurría una fina línea de sangre.
-No te acerques -amenazó y en su tono de voz pudo identificar el cambio.
-¿Cuándo... cuándo... qué paso? - Taehyung intentó preguntar, pero las lágrimas acumulándose en sus ojos.
A pesar de la amenaza, se animó a dar un paso, mismo que Jungkook dio hacia atrás.
-¿Porqué... no me dijiste nada?
El menor sintió otro dolor en el estómago, como si él mismo estuviera enterrándose el cuchillo que sostenía. El hambre volvió y lo único que veía era a Tae...
-No te acerques -amenazó con la voz temblorosa.
Pero el rubio no le hizo caso, siguió avanzando, como si estuviera a punto de desmayarse, sosteniéndose de todo aquello que encontrara. Lucia casi tan mal como Jungkook.
-No pasa nada -mintió -todo estará bien.
Sabía que se estaba mintiendo, el ojo derecho de Jungkook lo demostraba. Su piel se estaba oscureciendo en la zona, como si las raíces de un árbol se hubieran adherido a él y estuvieran creciendo, infectado cada parte de su ser.
Al notar que Taehyung no paraba de acercarse, Jungkook corrió a la puerta de la caravana, aún si el mareo aumentaba, y salió.
Corrió tan rápido como pudo, alejándose de la caravana y de sus luces. No venía nada, solo un inmenso mar rojo que se extendía hasta el infinito. No sé dio cuenta de que sus pasos se volvían lentos y erráticos, lo suficiente para que Taehyung no tardara en alcanzarlo.
-¡No te acerques! -gritó, apuntando el cuchillo hacia su dirección -¡Vete!
-No, no me iré.
-Estoy infectado, vete.
-No.
-¡No quiero contagiarte! ¡Por favor vete!
Pero el rubio quedó firme en su lugar, sin avanzar pero tampoco sin retroceder.
-Voy a morir pronto -le dijo, como si no fuera algo obvio -por favor, sálvate.
En medio de la noche, a varios metros del patio de su caravana, ambos se quedaron en silencio por un instante.
-Desde que empezó esto no he parado de perder lo que amo -dijo Taehyung dando un paso hacia su novio -y si he llegado hasta aquí fue porque aún me quedabas tu.
-No...
-¿Qué caso tiene vivir en un mundo destruido, si no estás conmigo? No quiero estar solo.
-Debe... habrá alguien más -respondió con la voz rasposa, tensa.
-No quiero a nadie más -llegó frente a él -Esta bien. Iré contigo.
El dolor en sus huesos se hizo presente, haciendo sus piernas temblar. Cayó de rodillas en el suelo, tenso, con la mancha negra de su rostro extendiéndose por todo su cuerpo.
-No...
-¿Qué caso tiene? En algún momento todo se va a acabar ¿Y luego? Sin ti, este mundo no es más que un lugar destruido y abandonado.
-¡Agh!
Taehyung, bañado en lágrimas que no dejabas de salir de su rostro, también se dejó caer en el suelo y lo abrazó. Había visto suficientes transformaciones para saber que era lo que pasaba. Así que, aunque su corazón latiera con fuerza, no lo dejó escapar de sus brazos.
Jungkook soltó el cuchillo cuando sus dedos se tensaron tanto que era imposible sostenerlo. El dolor que la bacteria producía era incomparable, como si le insertaran espinas en todo el cuerpo y un líquido caliente se extendiera por su interior, licuando sus entrañas hasta convertirlas en una masa viscosa.
Taehyung no dejaba de sollozar y, aunque era incapaz de ver su rostro, podía oírle con claridad.
Ojalá alguien hubiera encontrado una cura, ojalá la bacteria nunca hubiera salido a la superficie, ojalá su Tae-Tae no tuviera que pasar por esto.
Quería verlo, de nuevo en el lago. Con su larga cabellera rubia, sereno. Ese día de campo debió ser el más feliz e importante de sus vidas, iban a decirle a su familia que estaban saliendo y, de hecho, ya tenían planes de vivir juntos. La epidemia llegó ahí, de repente. El momento en que esas cosas te tocaban, la bacteria se trasmitía y avanzaba, directo al cerebro.
Él y Jungkook eran los únicos que habían sobrevivido de toda la familia, quizás de los pocos de toda la ciudad. Cuatro largos años en una soledad total donde solo se tuvieron el uno y el otro, viviendo en su caravana y adaptándola al inhóspito lugar que se había convertido el planeta.
-Te amo.
Para ese momento Jungkook ya no podía hablar, la bacteria había avanzado tanto que su transformación estaba casi completa.
Taehyung cerro los ojos, aceptando que habían llegado hasta ahí. Lloró tanto como pudo, aceptando que estaba abrazando a un cadáver. Se quedó a su lado, desecho, hasta que Jungkook volvió a moverse.
Entonces lo mordió.