Chapter 1
Gabriel apoyó su mano en el cristal del tubo transportador. El líquido verde preservador le llegó hasta el cuello cuando empezó a sentir pánico, él sabía que no era peligroso, lo sabía muy bien, pero en el fondo seguía existiendo ese instinto humano que gritaba aterrado de morir ahogado. Cuando el líquido le cubrió la nariz, se obligó a si mismo a no contener la respiración, a simplemente dejar que entrara desagradablemente por sus pulmones, que llenara su sistema. Por un momento, la sensación de asfixia saturó sus sentidos, pero el sabía que pronto pasaría, solo tenía que resistir un poco más.
Antes de desmayarse, el picor en su garganta menguó y su cuerpo cambió de temperatura hasta ese intenso frío que lo hacía sentir pequeño y desprotegido. Eso era lo peor de todo el viaje, es un tipo de frío que se te clava hasta los huesos y cada parte de tu anatomía lo resiente.
¿cuántas veces había sido empaquetado y trasladado como si fuera una cosa? ni idea, ya había perdido la cuenta.
Su viaje involuntario por la galaxia había comenzado a sus ahora lejanos 16 años, pero incluso antes de ser secuestrado por piratas alienigenas, tampoco, siendo honestos, había tenido un verdadero hogar. desde que tenía memoria, había viajado de ciudad en ciudad por el trabajo de su madre. Gabriel era muy bueno para meter su vida en cinco cómodas cajas, poner una sonrisa y hacer nuevos amigos. El buen Gaby era el mejor compañero, el mejor en deportes, el que tenía las anecdotas más interesantes y por supuesto el que desaparecía de tu vida en un abrir y cerrar de ojos.
Estaba bastante cansado de esa vida, todo lo que quería era acentarse en un buen lugar y por primera vez, ser parte de algo, solo quedarse. La oportunidad se presentó cuando a su mamá la transfirieron a una lejana sucursal de kodak en un pueblito y la duración del contrato se extendía hasta más o menos su graduación. Su mamá le había prometido tener una granja con pollitos, cerditos, obejas o lo que sea que la gente hace en el campo. Gabriel no tenía idea, pero esa noche en la ruta, descansó su cabeza sobre el cristal de la ventana intentando fantasear en todas las cosas maravillosas que podría hacer en su nuevo hogar. Para empezar tendría muebles de verdad, no alquilados, muebles fijos, suyos. Quería tener flores en el jardín, una rutina, amigos que duraran toda una vida y quería tanto enamorarse.
Se imaginó pequeñas festividades inventadas como en "gilmor girls" donde el pueblo tenía mil eventos especiales para hacer durante todo el año, como el día de la canasta, el concurso de pinturas vivas, el poema de otoño, los recitales de la clase de danza, etc. Se imaginaba totalmente viviendo en un pueblo otoñal de calabazas, cafe y ojas anaranjadas cayendo como Stars Hollow, ademas combinaba a la perfeccon con su cabello pelirrojo.
Pero no, el destino decretó lo contrario cuando su auto se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. Cuando los Sarecrich los capturaron a él y a su madre y subieron a una nave espacial para jamás volver.
tragó saliva al recordar su pasado, ya habían pasado más de 10 años desde que todo cambió par asiempre. No es que tuviera un calendario de la tierra a mano o que se detuviera a contar los 365 dia para saber su edad exacta, pero se imaginaba por las pequeñas canas que adornaban su cabello y algunas arrugas que estaban empezando a aparecerle debajo de sus ojos, que ya debía tener por lo menos unos buenos 30 años.
¿y qué había hecho en todo ese tiempo siendo arrastrado de una punta de la galaxia a la otra? recordar no estaba entre sus cosas favoritas, pero podía contar un rangking de los tal vez, peores destinos que tuvo en todos estos años, muchos se peleaban los primeros puestos, pero seguramente la época como rata de prueba en laboratorio ilegal, donde lo abrieron, cortaron y rellenaron como un pavo, era algo digno de mencionar. Aunque supongo que su primer destino en el espacio era efectivamente uno de los peores recuerdos de su vida. Estaba solo, no entendia absolutamente nada y por supuesto estaba de luto después de presenciar el terrible destino de su madre, terror era una palabra que le quedaba corta a lo que sentía cuando conoció a su primer amo.
Un aline verde y baboso, parecido aún gusano gigante de tal vez tres metros de largo, gordo y de multiples patas. Un politico muy importante e influyente en su planeta, pero puertas para adentro de su mansión, mostraba su veredadero rostro solo para su esclavo faviorito. Era un asqueroso y retorcido monstruo que disfrutaba de que un humano bebiera sus secreciones corporales y le masajeara cada uno de los bultos.
¿Cuánto tiempo estuvo atrapado con él y su asquerosa compañía? Demasiado, pero un dia todo simplemente cambio. Por lo que Gabriel sabia, el proletariado, cansado de ser explotado para el beneficio de unos pocos, se había levantado en armas contra la burguesia y por supuesto la cabeza de su amo fue una de las primeras en rodar. Bien por ellos. Viva la libertad, abajo los opresores... pero cuando se trataba de la esclavitud el canto era diferente, por que en la cuna del clasismo, incluso los más subversivos avalaba la legitimidad de la esclavitud de sere "inferiores".
Y asi Gabriel volvió a ser vendido y revendido, hasta llegar a la actualidad, vendido otra vez. No es que le gustara el planeta granja donde era usado como semental para embarazar otras esclavas humanas, de hecho lo odiaba. La maquina extractora era dolorosa, pero lo prefería antes de ser obligado a tocar a otras mujeres tan esclavas como él y lastimarlas. La sola idea de hacerles lo que él mismo había sufrido en carne propia, le repugnaba.
Tenía un establo privado, una rutina, incluso se había hecho amigo de algunas esclavas y como semental podría quedarse allí el resto de su vida sin temor. Pero ultimamente le costaba "inspirarse" y poder cumplir con su cuota. Para el dueño eso era más pérdida que ganancia, por lo que había sido vendido otra vez.
En tanto tiempo dando vueltas por la galaxia, había aprendido una cosa o dos sobre el dinero y la suma que pagaron por él era aterradoramente baja, similar a la que dieron por su madre hace tantos años.
Este debía ser su fin.
Descargaron el tanque de trasporte en la bahía de atraco y con solo dirigir su mirada a la cupula que se levantaba por encima de todos los edificios de la ciudad, supo que ese era su destino. Un escalofrío le sacudió todo el cuerpo cuando se imaginó a si mismo entrando en el domo del mercado negro, como carne barata para alimentar a las bestias del septimo subcirculo del coliseo.








